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Los chilenos optan por mantener la hoja de ruta de Bachelet

Independientemente de quién gane las elecciones el próximo domingo en Chile, el próximo presidente comenzará su gestión en un contexto de debilidad. Con todo, los chilenos no darán un giro radical ni hacia la izquierda ni hacia la derecha. El país seguirá por el mismo camino de reformas moderadas y pragmáticas que han sido la norma desde el retorno de la democracia en 1990.

Si bien las elecciones siempre producen resultados que se prestan a diferentes interpretaciones, la primera vuelta de la contienda presidencial de 2017 en Chile parece haber enviado un mensaje claro a la elite política nacional. Después de que varios escándalos de corrupción—y uno en particular que involucró a su hijo y a su nuera—hicieron que la aprobación de Michelle Bachelet se hundiera y que ella batiera el récord de impopularidad presidencial en Chile desde el retorno de la democracia, una mayoría de los chilenos que salió a votar el 19 de noviembre optó por candidatos que prometían continuar en la hoja de ruta de reformas sociales y de expansión de derechos que promovió Bachelet durante sus cuatro años en el poder (2014-2018). De ahí, que de cara a la segunda vuelta, el abanderado de la oficialista coalición de centroizquierda, el senador independiente Alejandro Guillier, tenga grandes posibilidades de arrebatarle la victoria al derechista expresidente Sebastián Piñera (2010-2014). Aunque Piñera era el gran favorito para suceder a Bachelet, su votación de 36.6% en primera vuelta lo deja en una posición vulnerable ante Guillier, quien pese a obtener solo un 22.7%, probablemente sumará los apoyos de los otros 5 candidatos de izquierda que, en conjunto, sumaron 32.7% de los votos. Así, un 55.4% de los chilenos votó por mantener la hoja de ruta de reformas que promovió la presidenta Michelle Bachelet.

El favorito en las encuestas tropieza en las urnas
Después de haber liderado con comodidad las encuestas de intención de voto, Sebastián Piñera recibió una votación sustancialmente menor a la que esperaba en la primera vuelta del 19 de noviembre, que las encuestas anticipaban sobre el 40% –y algunas incluso sugerían que podía obtener la mayoría absoluta en primera vuelta–. Con una participación de 46.7% de los mayores de 18 años, Piñera obtuvo la primera votación, pero muy por debajo de lo que esperaba.

Otro candidato de derecha, el conservador y simpatizante de la dictadura militar, el diputado José Antonio Kast recibió un 7,9% de la votación. Si bien Kast apoyó esa misma noche a Piñera y se ha dedicado a hacer campaña por el candidato de la coalición Chile Vamos entre los sectores más conservadores, su respetable votación también refleja que Piñera no era el candidato favorito de muchos votantes de derecha. Con todo, Piñera puede contar con que la mayoría de los votantes de Kast le darán su voto en la segunda vuelta del 17 de diciembre.

Aun así, los dos candidatos de derecha sumaron solo un 45% dela votación, por lo que Piñera deberá salir a conquistar votos moderados que optaron por alguno de los candidatos de izquierda o que se quedaron en casa anticipando que Piñera tenía la victoria segura. Para lograrlo, Piñera ya comenzó a moderar su discurso. En vez de prometer deshacer algunas de las reformas de Bachelet –en especial la iniciativa que busca garantizar gratuidad en la educación superior al 70% de los chilenos, focalizándose en los de menos ingresos–, Piñera ha debido abrazar algunas de esas reformas que son bastante populares, especialmente en los sectores de menos ingresos y de ingresos medios.

Piñera deberá también combatir el alto rechazo que su candidatura genera en sectores populares. Aunque la participación en esos sectores fue mucho más baja, el hecho de que la segunda vuelta se haya transformado en una contienda altamente competitiva amenaza las opciones de Piñera. Si la participación aumenta sustancialmente, entonces entrarán a votar muchas personas de sectores en los que el apoyo a Piñera es especialmente bajo.

Una cerrada carrera en segunda vuelta
La corta campaña antes de la segunda vuelta del 17 de diciembre ha hecho que las fuerzas se polaricen en torno a las dos coaliciones dominantes: la derechista Chile Vamos, que reúne a los partidos conservadores, a los simpatizantes de Pinochet, la derecha liberal y los defensores del modelo de economía de mercado, y la izquierdista ex Concertación, ex Nueva Mayoría –ahora Fuerza de Mayoría–, que reúne a una variopinta izquierda que incluye defensores del modelo y acérrimos críticos de la economía social de mercado, incluido el Partido Comunista y el Frente Amplio. Como los votantes que decidirán la elección se ubican en posiciones más moderadas, la segunda vuelta se centrará en esos candidatos. Aunque la izquierda buscará también capitalizar el alto rechazo que genera Sebastián Piñera y la derecha buscará destacar las debilidades de Alejandro Guillier como candidato. Después de todo, Guillier es el candidato que ha pasado a segunda vuelta con menor votación desde el retorno de la democracia y Piñera es el candidato con más rechazo popular que ha logrado entrar al balotaje.

La derecha avanza en las elecciones legislativas, pero no alcanza mayoría
Aunque Chile Vamos obtuvo más escaños que las otras coaliciones, la suma de senadores y diputados de izquierda le permitirá a ese sector controlar las presidencias de ambas cámaras y las comisiones legislativas tanto en el Senado como en la Cámara. En el Senado, 23 de los 43 escaños estarán en manos de los partidos de la Nueva Mayoría, la coalición centroizquierdista que apoya a Bachelet, y del nuevo bloque de izquierda más radical, el Frente Amplio. Con 20 escaños, Chile Vamos necesitará de senadores de izquierda y centro moderados para poder hacer avanzar la agenda legislativa de Piñera si es que el expresidente logra imponerse en segunda vuelta.
En la Cámara de Diputados, si bien Chile Vamos obtuvo 72 de los 155 escaños, el resto de los diputados pertenece a partidos y coaliciones de centro e izquierda. La Nueva Mayoría obtuvo 57, aunque fue divida en dos listas, una de partidos de izquierda llamada Fuerza de Mayoría (43 escaños) y la otra conformada por el Partido Demócrata Cristiano (14). El Frente Amplio sorprendió al recibir 20 escaños. Los otros 7 fueron para independientes y partidos de izquierda. Si bien hay alguna posibilidad de que la derecha pueda negociar con alguno de los independientes para obtener control de la Cámara, parece más probable que la izquierda ejerza también el control en ese órgano legislatvo. Así, aun si resulta ganador en la segunda vuelta, Sebastián Piñera enfrentará un Congreso hostil que se resistirá a los esfuerzos de la derecha de revertir y deshacer las reformas que implementó Bachelet.

Qué pasará después
Independientemente de quién gane, el próximo presidente comenzará su gestión en un contexto de debilidad. Si gana Guillier, su aprobación rápidamente caerá en tanto la gente votó más bien contra Piñera que a favor de Guillier. Si gana Piñera, liderará un gobierno polarizado y se enfrentará a un congreso hostil que intentará defender las reformas que buscó implementar Bachelet en sus cuatro años de mandato. Con todo, el 17 de diciembre, los chilenos no darán un giro radical ni hacia la izquierda ni hacia la derecha. El país seguirá por el mismo camino de reformas moderadas y pragmáticas que han sido la norma en ese país desde el retorno de la democracia en 1990.