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Lecciones desde Quebec para secesionistas catalanes

Si bien el contexto cultural y político en que se ha desenvuelto el movimiento separatista en Quebec es distinto al del independentismo en Cataluña, la historia de aquel podría iluminar el devenir de este.

El nacionalismo separatista catalán tendría algunas lecciones que aprender del separatismo quebequense. Aunque estamos hablando de dos realidades históricas, culturales y políticas diferentes, los reveses que han sufrido los independentistas de la provincia de Quebec en Canadá podrían iluminar el futuro de sus pares de Cataluña. La primera lección es que una “cuasi victoria” o “cuasi derrota” siempre significa el desinflamiento de la ola secesionista. La otra lección es que el tiempo va diluyendo el sentimiento independentista de la mayoría de los electores. Quedan siempre los radicales, que hacen tienda aparte, y los soberanistas más tibios que también prefieren lanzar su propio partido.

En el caso de Quebec se celebraron dos referéndums para consultarle a los habitantes de la provincia si querían separarse o renegociar su estatus dentro de la federación canadiense. El primero se celebró en 1980. La opción federalista por el No a la separación ganó entonces con casi 60% de los votos. El segundo referéndum se celebró en 1995. La opción del No (federalista) apenas ganó con 50,58% de los votos en esa oportunidad. Desde ese entonces, el principal partido secesionista de la provincia, el Partido Quebequense (Parti Québecois) volvió a gobernar, pero la opción secesionista se ha ido debilitando.

Esto se explica por varias razones. La primera es que el frente independentista en Quebec se ha fragmentado, desde los radicales de izquierda hasta un centro contemporizador que busca nuevos compromisos con el resto de Canadá. La segunda razón tiene que ver con la inmigración, pues los nuevos quebequenses prefieren la seguridad de quedarse en el seno de Canadá y no la incertidumbre que implica una eventual secesión. Y esos votantes se inclinan por el partido liberal provincial que es abiertamente federalista. La tercera razón es generacional. Los más jóvenes ya no se sienten tan identificados con la causa de la independencia. En todo caso, se mueven más fácilmente por distintas opciones políticas. Por ejemplo, han pasado de votar con entusiasmo por la izquierda social-democrática del Nuevo Partido Democrático a los tradicionales Liberales en las elecciones federales. Por otro lado, el Bloc Québecois, que representa los intereses de los soberanistas en el parlamento canadiense ha quedado reducido a una pequeñísima representación, después de que en algún momento llegó a ser la oposición oficial en Canadá.

Claro que hay que tener cuidado con las extrapolaciones. En Quebec el grueso del movimiento secesionista se ha movido en el espectro socialdemócrata con una minoría que tira más hacia la izquierda. En Cataluña la coalición separatista es la combinación de élites de derecha asociadas con radicales de izquierda que proponen el desmantelamiento de la Unión Europea. Esta coalición, un poco contra natura, se basa en la coincidencia de “intereses apasionados” (la expresión es del sociólogo Bruno Latour) que movilizan a sectores que en otras circunstancias jamás coincidirían. También están las diferencias constitucionales. El parlamento de Quebec nunca suscribió la constitución “repatriada” desde el Reino Unido en 1982 por el entonces primer ministro Pierre Elliott Trudeau (padre del actual primer ministro canadiense Justin Trudeau). En cambio, Cataluña suscribió la constitución española de 1978 y cuenta además con un Estatut de autonomía refrendado por referéndum por los catalanes en 2006, aunque el preámbulo del mismo, en el que se declara la “nación catalana”, y otros 14 artículos fueron invalidados por el Tribunal Constitucional español en 2010.

Sin embargo, es importante notar que las medias tintas y la falta de definiciones terminan debilitando a los secesionistas en contextos democráticos. Las dos derrotas de los separatistas en Quebec enfriaron ciertamente los ánimos. Incluso, la ambigüedad de la posición secesionista no ayudó a la causa.

Mi recordado profesor de metodología de la investigación en la Universidad de Montreal, Luc Giroux, prematuramente desaparecido, nos decía que la clave de un buen cuestionario de encuesta es que las respuestas posibles no deben dejar lugar a interpretaciones ambiguas. Ponía como ejemplo la pregunta del primer referéndum que hizo el gobierno soberanista de Quebec en 1980 para consultar a los habitantes de la provincia sobre la separación del resto de Canadá.

Nuestro profesor nos decía que la pregunta planteada por el Partido Quebequense tenía una lectura ambigua y, por lo tanto, la respuesta a la pregunta podría también ser interpretada de forma ambigua. La larga pregunta decía más o menos así: el gobierno de Quebec ha dado a conocer su proposición de llegar a un acuerdo con el resto de Canadá para lograr un nuevo acuerdo que le otorgue a la provincia plenos poderes soberanos y que le permita mantener una asociación económica con Canadá, incluyendo la misma moneda. ¿Le da usted al gobierno de Quebec un mandato para negociar el acuerdo propuesto entre Quebec y Canadá?

Casi el 60% de los votantes rechazó el acuerdo de soberanía-asociación propuesto por el Partido Quebequense. Según el profesor Giroux, en ese 60% probablemente había todo tipo de opiniones. Algunos serían claramente anti independentistas, pero otros serían independentistas québecois duros que no querían negociar un acuerdo con Canadá, sino declarar la soberanía absoluta de Quebec. Ese “No” era distinto al “No” de los que querían quedarse en Canadá. Esto era un típico problema de ambigüedad de la pregunta que genera a su vez ambigüedad en la interpretación de las respuestas.

Probablemente la supuesta “victoria” que reclaman los secesionistas catalanes en el referéndum del 1 de octubre sea su principal debilidad. El President de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha declarado, el 10 de octubre, con base al resultado de ese supuesto referéndum, la independencia de Cataluña, pero en el mismo acto ha dicho que los efectos de esta declaración no entrarán en vigor por ahora. Como en el caso de Quebec, la “cuasi victoria” o la “cuasi derrota” podría fragmentar al movimiento independentista catalán, y generar un enfrentamiento entre radicales y contemporizadores, es decir, podría resultar en un secesionismo debilitado.