artículo no publicado

Hay unos hechos

El proceso independentista de Cataluña frente a la realidad.

Hay unos hechos:

  • En las elecciones catalanas de 2015, los partidos independentistas sacaron menos votos, aunque más escaños, que los partidos unionistas. Tienen la mayoría en el Parlament, pero no el voto popular.
  • En Cataluña, por lo tanto, y a juzgar por las últimas elecciones, no hay una voluntad mayoritaria de independencia, sino de permanencia.
  • No es lo mismo ganar unas elecciones que ganar un supuesto plebiscito de independencia, como planteó Junts pel Sí las elecciones de 2015.
  • Con un 48% de los votos y una mayoría de escaños en el Parlament, los independentistas tienen el mandato de gobernar, no de independizarse.
  • Un territorio no puede independizarse con un 48% de votos a favor.
  • La coalición Junts Pel Sí junto con la CUP quiere aprobar una ley de desconexión en el Parlament, una independencia unilateral, que no podrán debatir los diputados. El contenido de esa ley es secreto. Lo único que se conoce es: “Catalunya se constituye en una República de derecho, democrática y social”. Según los firmantes,  tiene la “voluntad de garantizar la máxima seguridad jurídica en la transición a la República, una vez ganado el referéndum por la independencia.”
  • Para realizar esto, los partidos independentistas reformarán el reglamento del Parlament, sin la presencia de la oposición.
  • Esto implica “la modificación del artículo 135.2 del reglamento del Parlamento para que proyectos presentados por un solo grupo puedan ser tramitados en lectura única si hay acuerdo en la Junta de Portavoces, controlada por los independentistas. Esto significa prescindir del debate en comisión y en Pleno, además de esquivar el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias.”
  • El Parlament pretende manipular las propias leyes que lo legitiman: no solo las del Estado español sino las de Cataluña.
  • “La ley que proclame la república catalana podría estar lista en media hora sin margen para impugnar ningún trámite ante el Tribunal Constitucional. Es falso que la reforma del artículo 135 de la Constitución que pactaron PP y PSOE -que tenían mayoría reforzada- se hiciera así.”
  • La idea de la ley de desconexión exprés es pasar “de la ley a la ley”: de la ley española a la catalana en apenas unas horas.
  • Con esa nueva jurisdicción, y no la española, el gobierno catalán quiere organizar un referéndum de independencia. La fecha del referéndum se desconoce, pero Puigdemont ha prometido que será no más tarde de septiembre.
  • El mismo día que el Parlamento apruebe la ley de transitoriedad, antes de que la anule el Tribunal Constitucional, se aprobará la fecha del referéndum.
  • Los condenados por la consulta de 2014 no son víctima de juicios políticos. “Se quería incumplir, se diseñó el incumplimiento, se jactaron del incumplimiento”.
  • Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), ahora Partit Demòcrata Europeu de Catalunya (PDeCAT), está envuelto en varios casos de corrupción. Si la fiscalía ha actuado parcialmente para desvelar estos casos, como algunos especulan, no quita veracidad a las acusaciones de corrupción.
  • Los medios independentistas reciben subvenciones copiosas de la Generalitat y actúan como portavoces del independentismo. El gobierno catalán ha destituido al presidente de TV3 la misma semana en que la cadena de televisión pública se hiciera eco del caso Palau. Que existan situaciones similares, si las hay, en la prensa de Madrid no quita gravedad a este hecho.
  • El independentismo y su instrumentalización política ha creado xenofobia y discriminación. Aunque en general es minoritaria, a veces suele tener el apoyo de organizaciones públicas. De nuevo, afirmar esto no implica olvidar la actitud que una parte de la derecha española tiene hacia Cataluña y el independentismo.
  • El poder del nacionalismo catalán, tanto social como político, es mucho mayor que el del nacionalismo español.
  • Hay millones de personas en Cataluña que salen a la calle cada año a pedir la independencia. Es algo que no puede obviarse.

Hay unas interpretaciones de los hechos:

  • El gobierno de España necesita ofrecer una respuesta a los millones de personas que salen a la calle a pedir la independencia. La actitud pasiva de Rajoy puede servir para desactivar el independentismo, pero es una estrategia injusta para millones de catalanes.
  • Rajoy no es una máquina de crear independentistas. El procés político y su maquinaria propagandística es la verdadera máquina de independentistas.
  • Un referéndum pactado y vinculante puede ser una solución. Pero los referéndums no son nunca perfectos. Como dice el nobel Amartya Sen en una entrevista en el Guardian, “los referéndums son un poco como las encuestas de la opinión pública”. En un artículo en El País, Pau Marí-Klose e Ignacio Molina argumentan en contra de la idea de un referéndum. Hay cuatro puntos: 1) “no recoge la preferencia de una bolsa importante de ciudadanos catalanes, probablemente la más abundante, que rechaza el statu quo, pero no quiere la secesión, sino un nuevo pacto para renovar y mejorar el autogobierno”; 2) “la claridad es imposible en situaciones de potencial empate; y aquí sirve el precedente de Quebec, donde llevan décadas discutiendo agotadoramente qué constituye una ‘mayoría clara’ [...] ninguna fórmula, ya sea con dos o más opciones, arrojaría un resultado incuestionable”; 3) “un resultado que rechazase por poco la opción secesionista difícilmente la desactivaría”; 4) “Cuando existen problemas territoriales con matriz identitaria, un referéndum, lejos de ayudar a resolver la fractura social, polarizaría aún más.”
  • La ausencia de un referéndum, como argumentan muchos independentistas, no hace menos democrática a España.
  • No es lo mismo el procés político que el procés social. El primero es una instrumentalización política, probablemente una maniobra de supervivencia de los partidos que han gobernado Cataluña durante décadas. El segundo es un movimiento social legítimo que no puede ignorarse.
  • Es muy posible, sin embargo, que el procés social no existiría sin el procés político, al menos en la magnitud que ha alcanzado desde 2012.
  • Hay quienes piensan que el procés es una manera de tapar la corrupción de Convergencia y el caso Pujol. Otros, que es una forma de ocultar los recortes y la crisis económica. También, que es una maniobra de los partidos independentistas para poder forzar al gobierno de España a cederle más autonomía. Es posible que todas sean ciertas.
  • El silencio de la izquierda independentista frente a los excesos y manipulaciones del procés es algo que debería hacer reflexionar a muchos progresistas.
  • El verdadero debate sobre el independentismo no es entre Cataluña y el resto de España, sino entre dos Cataluñas enfrentadas. Los partidos unionistas son igual de catalanes que los independentistas. Un argumento independentista es decir a ciudadanos del resto de España que no entienden lo que ocurre en Cataluña porque no viven ahí. Ese argumento no les vale con los millones de catalanes no independentistas.