artículo no publicado
Foto: Alejandra Carbajal

CDMX: La ciudad que resiste

Ya habrá tiempo para pedir cuentas sobre las mezquindades que han aflorado tras el sismo. No nos distraigamos ahora, pero no olvidemos las tareas que tenemos por delante. Puede ser que no seamos la ciudad de la furia, pero sí la ciudad de la resiliencia. Esta ha sido una nueva oportunidad para demostrárnoslo.

Han pasado 48 horas del sismo. La cifra de muertos ronda los 250 y los trabajos de rescate continúan en diversos puntos de la Ciudad de México, desde donde escribo. Hemos visto y leído miles de notas sobre la solidaridad y empatía de los ciudadanos y recorrer las zonas afectadas no hace sino conmover hasta la médula: ahí están los vecinos, los amigos y los desconocidos ayudando a suplir un semáforo descompuesto para abrir paso a una ambulancia; donando dinero, víveres, medicamentos y maquinaria pesada; removiendo escombros, acarreando cubetas, haciendo cadenas humanas, preparando lonches para los rescatistas, transportando a los médicos en sus bicicletas y motocicletas; abriendo sus casas y liberando sus cuentas de internet para los damnificados; albergando una mascota perdida y verificando los reportes de auxilio que inundan las redes sociales. No ha habido gesto pequeño, pero sí unas cuantas mezquindades que solo nos distraen de dos tareas fundamentales: rescatar primero a los que aún están sepultados y después reconstruir nuestra ciudad.  

Ya habrá tiempo para exigir que los partidos políticos entreguen parte de su bolsa de prerrogativas económicas a un fondo destinado a apoyar a las personas y a las zonas afectadas. (Y digo “entreguen” porque no les estaremos pidiendo una “donación” ni una concesión graciosa. Los dineros públicos no son su propiedad)

Ya habrá tiempo para castigar con el poder de nuestro voto a los, ahora sí, muy legalistas partidos y congresistas que muy diligentemente han declarado que cambiar el destino de sus presupuestos electorales sería violar la ley, pero que aunque quisieran hacerlo de manera legal habría que “discutir muchos asuntos y reordenar la ley”, para los cuales ya no hay tiempo porque el proceso electoral 2018 prácticamente ya comenzó.

Ya habrá tiempo para revisar la negligencia con la que se otorgaron algunas licencias de construcción y el poco rigor con el que se regularon y vigilaron las obras de algunos de los edificios colapsados.

Ya habrá tiempo para exigir la permanente actualización y transparencia del Atlas de Riesgos de la Ciudad de México. Hasta ahora “la autoridad lo clasifica como reservado hasta que el interesado compruebe su interés jurídico”. ¿Después del 19 de septiembre, a qué habitante de esta ciudad le podrán negar un fundado interés en este documento?

Ya habrá tiempo para pedirle cuentas a los medios de comunicación que no solo difundieron rumores sino que metieron su cuchara en un pleito de marcas registradas y pusieron en duda el trabajo realizado por Topos México, generando horas de confusión y cerrando la llave a las vitales donaciones que se recibían.  

Ya habrá tiempo para todo eso. No nos distraigamos ahora, pero no olvidemos las tareas que tenemos por delante. Puede ser que no seamos la ciudad de la furia. Pero sí somos la ciudad de la resiliencia, y estos días han servido para demostrárnoslo.