artículo no publicado

AMLO, ese conductor suicida

Como el personaje de la canción de Joaquín Sabina, Andrés Manuel López Obrador ha marcado estilo. Pero en tiempos recientes ha cometido –y no por primera vez– errores graves en materia de comunicación.

Gracias a la reproducción aleatoria de canciones, el otro día escuché un tema que tenía mucho sin oír:  “Conductores Suicidas” (1992) del gran Joaquín Sabina. La letra me llevó a pensar en lo que le está sucediendo a la comunicación de Andrés Manuel López Obrador.

No voy a negarte que has marcado estilo 
que has patentado un modo de andar 
sin despeinarte por el agudisimo filo 
de la navaja de esta espídica ciudad.

Y sí, AMLO ha sido a lo largo de los años un comunicador eficaz, con un discurso que ha marcado estilo. “El pueblo bueno”, “la mafia del poder”, “el PRIAN”, “no lo tiene ni Obama”, “frijol con gorgojo”, “lo que diga mi dedito” y muchas otras frases ya forman parte del lenguaje coloquial en México, lo que habla del éxito de la narrativa de AMLO y su capacidad para capturar la imaginación de mucha gente.

Volviendo a Sabina:

Pero creo que de un tiempo a esta parte 
te has deslizado al lado marrón 
tú que eras un maestro en el difícil arte 
de no mojarte bajo un chaparrón
.

Y es que “de un tiempo a esta parte”, AMLO ha cometido una secuencia de errores muy graves de mensaje y comunicación:

Sabina expresa en el coro:

¿Cómo te has dejado llevar a un callejon sin salida? 
¡El mejor dotado de los conductores suicidas!

Y uno se pregunta: ¿cómo se deja llevar AMLO a sí mismo a cometer los mismos errores una y otra vez? Porque lo que está haciendo no es la estrategia de comunicación de un candidato serio, que va bien en las encuestas y que está tratando de sumar indecisos. No es tampoco una comunicación que abone a la credibilidad o a la confianza en su motivación y carácter. Es lo que siempre ha sido: una narrativa populista (el “pueblo bueno” contra la “mafia del poder”), dominada por palabras y gestos que activan emociones negativas (enojo y agresión), en la que el conflicto es el motor permanente. Sus constantes y enredadas referencias a personajes de la historia (Madero, Cárdenas) y a personajes y hechos políticos de los años noventa (Salinas, Diego Fernández de Cevallos, el FOBAPROA) comunican que conduce su campaña con la mirada clavada en el espejo retrovisor. Parece que ya se le olvidó para qué quiere ser presidente de México: a AMLO se le olvidó el futuro.

Sería ingenuo decir que esto significa la tercera autodestrucción de López Obrador. Falta mucho camino por recorrer. Pero el hecho es que esta secuencia de errores contradice por completo el mensaje que muchos de sus voceros venían construyendo: “ya se moderó y no hay nada que temer”. Él mismo parece empeñado en demostrarnos que ninguna de las dos cosas es cierta.

¿Habrá quien pueda sacar a López Obrador de su modo natural de ser, pensar y comunicar? ¿O seguirá siendo el mismo “conductor suicida” de siempre, que termina sabotéandose a sí mismo y culpando a los demás? Sabina nos da la respuesta:

No es asunto tuyo me dirás y punto, 
pero reconoce que es duro aceptar 
que no hay ser humano que le eche una mano 
a quien no se quiere dejar ayudar...