artículo no publicado

Si Rosa Montero no fuera española

La escritora ha obtenido el Premio Nacional de las Letras.

Rosa Montero, que acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras, dice que en casa tiene una biblioteca absurda. Como no le caben los libros, se deshace de los que ya ha leído, y en casa no están sus libros favoritos, sino los que quiere leer. La anécdota, seguramente exagerada, muestra características que la definen: la curiosidad, la pasión y la generosidad de quien se arriesga a descubrir algo.

Si Rosa Montero no fuera española, sería una de esas figuras legendarias que cuando se ponen de moda tantos parecen haber leído desde siempre aunque la descubrieran ayer por la mañana. Como a ella sí que la leemos desde siempre cuesta un poco más verla.

Se ha definido como narradora, ensayista y periodista, por ese orden. A veces las tres actividades van juntas: se necesitan la sabiduría irónica y melancólica de la novela y la claridad mental de un buen ensayista para escribir una columna como “La mudanza”: 25 líneas que resumen toda la vida. Al leer esa columna es difícil reprimir la sospecha de que los novelistas escriben novelas para poder escribir las cosas que de verdad importan: los artículos de periódico.

Para ella son dos cosas muy distintas: “En el periodismo hablas de lo que sabes, de lo que te han contado, de lo que te has informado, de alguien al que has entrevistado. En la novela no sabes qué sabes: es como ese sueño que sueñas con los ojos abiertos. Por eso en novela hay que tener mucho cuidado con la documentación. Te pasas de documentación y la revientas, porque entonces haces una jaula. En periodismo hablas de los árboles y en novela intentas hablar del bosque, tratas de tener una mirada de conjunto. En periodismo, la exactitud y la ausencia de equívocos son un valor, y en novela manda la ambigüedad. Cuanto más ambigua sea, cuantas más interpretaciones puedas darle, incluso cuanto más contradictoria sea, mejor. Creo que escribo desde dos puntos de partida radicalmente distintos cuando hago periodismo y cuando hago novela. Detesto la novela utilitaria, creo que es la traición de la novela. Las novelas animales, didácticas, ecológicas, feministas me parecen la traición de lo que debe ser una novela”, ha dicho. Ha declarado que la ficción es lo que le da estructura, lo que la aleja de la dispersión.

Rosa Montero ha publicado una quincena de novelas, en las que ha jugado con géneros muy distintos. Ha escrito novela histórica, como Historia del rey transparente, y novela de anticipación, como La función delta, y también relatos de tono más realista como Te trataré como a una reina o La hija del caníbal, una respuesta a la incomprensión con que se recibió uno de sus mejores libros, Bella y oscura. Ella ha dicho que no le gusta mostrarse en lo que escribe, que huye de lo autobiográfico. Pero inevitablemente lo autobiográfico aparece, en una manera de ver las cosas. Está también en colecciones de no ficción como El amor de mi vida o La loca de la casa. Está en La ridícula idea de no volver a verte: un libro admirable, tan conmovedor como pudoroso, acerca de enfermedad y el fallecimiento de su pareja, Pablo Lizcano, donde explora también la vida de Marie Curie. Esa incursión biográfica no busca “ennoblecer” o dar empaque a lo personal: es una especie de contrapunto que le confiere una intimidad inesperada. Está, también, en el personaje de Bruna Husky, la detective replicante y heroína feminista que protagoniza Lágrimas en la lluvia y El peso del corazón (además de una nueva entrega en la que Montero está trabajando).

Habla a menudo de la soledad, de los inadaptados, de la locura y escoge temas arriesgados. Uno de sus autores de referencia es Nabokov, y en sus libros es frecuente encontrar juegos metaliterarios. Están llenos de pequeñas fugas, que a veces llevan a otros de sus libros. En La carne, su novela más reciente, una exploración sobre la soledad y el deseo, una joven periodista con poco dinero y bastantes problemas está escribiendo un libro que se parece mucho al primer libro de Montero, Crónica del desamor. La protagonista, Soledad, se reúne con Rosa Montero, y vemos un retrato irónico de la escritora a través de la mirada del personaje. El retrato de un Madrid contemporáneo en La carne contrasta con la ciudad futura -pero reconocible- donde vive Bruna Husky.

Ha sido una periodista de referencia en El País, autora de entrevistas perspicaces y a veces tensas, con acotaciones inolvidables: sobre el lóbulo de la oreja de Jorge Sanz, el inglés del Dalai Lama, la frialdad de Claudia Schiffer. En momentos muy difíciles participó en campañas por la despenalización del aborto y contra la tortura. Es una mujer valiente, que fue independiente y feminista en entornos laborales rancios. Cuando en su periódico el crítico de referencia elogiaba la “incorrección política” de una novela que defendía el castrismo, ella no solo refutó al crítico, sino que criticaba décadas de complacencia con la dictadura. Ha sido también pionera en la defensa de los derechos de los animales. No es alguien que busque apuntarse a una causa, pero sabes que, si Rosa Montero la apoya, debe ser una causa justa. Es una liberal en el sentido de Judith Shklar: piensa que lo peor que puede hacer una persona es ser cruel con los demás. Quizá haya otro elemento común que contribuye a que su periodismo y su ficción sean tan poderosos: se toma en serio a los demás.

Al oírla, tienes la sensación de que la vida puede ser más intensa: más indignante y a veces más trágica, pero también más rica y más rápida, más llena de cosas que no sabías que estaban allí. Esa impresión es la que tienes al leerla: quedan muchos libros por leer y por escribir, y aunque a veces la carne es triste, también es muchas otras cosas. Ha escrito: “En realidad me es bastante difícil confiar en la existencia de una media naranja sentimental, de un alma gemela que ande pululando por ahí a la espera de que un día nos tropecemos. Pero en los libros, ah, eso sí: en los libros sí creo. En el susurro embriagador de las buenas novelas. En las historias que parecen estar escritas solo para mí”.