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El narco, el relato que falta en Galicia

¿Por qué teniéndolo todo, desde los personajes a la trama, los muertos, las madres contra la droga, no se ha escrito más sobre el narcotráfico en Galicia?

En diciembre de 1991, pocos meses después del inicio de la Operación Nécora, la mayor redada policial y judicial contra el narcotráfico en Galicia hasta entonces, el periodista Perfecto Conde publicaba La conexión gallega, del tabaco a la cocaína. Era un trabajo periodístico enorme, no solo limitado a los atestados policiales y los sumarios judiciales, y elaborado por quien había sido jefe de investigación en Interviú, además de corresponsal en Galicia para El País y periodista en Televisión Española. El libro, publicado por Ediciones B, fue presentado en A Coruña por el escritor Manuel Rivas. Pero nadie se hizo eco. Ni acudieron medios de comunicación ni hubo una sola reseña. Quedó silenciado.

Y así ha ocurrido prácticamente hasta la fecha, cuando Fariña, el libro de Nacho Carretero ahora secuestrado por una juez, parece haber traído a la memoria española, como si fuera una gota en el desierto, el narco gallego. Lo cual en gran parte se debe a la decisión judicial y la serie de televisión basada en el libro. Porque escasean los títulos que aborden estos episodios, ya sea desde el periodismo o incluso el relato de ficción. Apenas otro texto periodístico como La operación Nécora, de Felipe Suárez, y novelas como Todo es silencio, de Rivas, Narcos y A guerra do tabaco, de Carlos Reigosa, Denso recendo a salgado, de Manuel Portas, y Todo Ok, de Diego Ameixeiras. Muy poco bagaje para tamaña historia. Y es conocido: sin un relato es difícil asumir y acercarse a lo sucedido. En el País Vasco lo saben bien.

“Es llamativo que no se haya escrito más con esa materia prima. Es llamativo que no se haya escrito más en Galicia y también en la literatura española. Resulta todavía más llamativa la ausencia de obras de ficción sobre el narcotráfico, con todas sus complicidades, zonas oscuras e intrigas, cuando parecía que casi todo el mundo se había puesto a escribir novelas de “serie negra”, concede Rivas. Y lo mismo opinan Perfecto Conde y Diego Ameixeiras, preguntados por esta revista: “En Latinoamérica (Colombia, Argentina, México, Brasil, etc.) se ha desarrollado, a lo largo de los últimos años, una extensa bibliografía sobre el narcotráfico que comprende docenas de libros. Pasó igual en Estados Unidos, donde el cine y la televisión hicieron suyos el tema hace ya tiempo. Y no digamos en Italia, país en el que también se cuentan por docenas los libros que abordaron los temas de las distintas mafias y el narcotráfico y en el que se originaron fenómenos literarios que alcanzaron difusión internacional, como es el caso de Roberto Saviano”, reconoce Conde.

El interrogante es por qué. Por qué teniéndolo todo, desde los personajes a la trama, el crimen, las motivaciones, los muertos, las víctimas, las madres contra la droga, nadie haya escrito más. Para Rivas tiene que ver con los obstáculos para meterse de lleno en un asunto que de primeras no es cómodo. “Y si hablamos de verdad de literatura, trate de lo que trate, tenemos que hablar de apostar la cabeza. Escribir en profundidad. Enfocar lo que no está bien visto y contarlo de forma no estupefaciente. Si no se ha escrito más sobre esa zona oscura que es el narcotráfico y su entramado económico y político se debe, en gran parte, a esa distracción o desenfoque de la mirada, producido por el conservadurismo ‘óptico’. Ha sido el efecto desde el exterior de obras literarias, Saviano, por ejemplo, y series de televisión, Narcos, claramente, lo que ha producido esta especie de revolución óptica sobre el narcotráfico. Cuando se publicó Todo es silencio en 2010, lo que nos habíamos encontrado era… mucho silencio. Un silencio mudo, diría”, afirma el autor.

Ameixeiras lo relaciona más con el poder del periodismo frente a la ficción para relatar las andanzas de los narcos gallegos: “Aquí hemos hecho mucha más literatura sobre el pasado que sobre los titulares de los periódicos. Sucede que el narcotráfico, en todas sus dimensiones, nos lo han contado brillantemente los periodistas especializados, y es difícil superar ese relato. Si intentas escribir una novela sobre Sito Miñanco, lo mejor es que te acabe saliendo un reportaje”. Sin embargo, desde el periodismo, Conde también expone una serie de trabas: “Es un asunto difícil que requiere mucha voluntad y bastantes medios para investigarlo y difundirlo. Incluso tiene sus riesgos hacerlo por las querellas, amenazas, incomprensión, etc. Por otra parte, se da la circunstancia de que en Galicia, y en España en general, nunca han sobresalido la investigación ni la edición pioneras. Es más fácil publicar en Galicia una tesis subvencionada sobre algún aspecto de la poesía medieval que un ensayo acerca de la penetración de la economía sumergida en la vida política de nuestro tiempo. Y resulta, desde luego, menos arriesgado”. A lo que el periodista añade la cuestión económica de los últimos años: “El llamado periodismo de investigación ha sido una víctima más de la crisis económica y política que nos ha caído encima”. Sin dinero, sin apuestas, no hay investigación, solo clics.

Un relato peliagudo

En febrero, Fariña fue secuestrado por orden de una juez a instancias del exalcalde de O Grove, José Alfredo Bea Gondar, por vulneración de su honor en uno de los párrafos del libro que lo relacionaba con el narco. La noticia espoleó e indignó a la opinión pública. Pero no es la primera vez que un relato sobre el narco produce amenazas. Así lo cuentan Rivas y Conde con sus propios libros, si bien también es verdad que nunca llegó a suceder lo ocurrido con Fariña a pesar de que eran tiempos mucho más oscuros en Galicia. De hecho, el exjefe de Interviú cuenta que en 1991 recibió “alguna amenaza verbal y una sola querella judicial, que ganamos la editorial (Ediciones B) y yo, por supuesto. Y poco más. Felizmente no puedo presumir de ser un perseguido de los narcos ni de nadie por culpa de mi libro”.

Rivas sí tuvo algunos problemas más puntillosos con Todo es silencio. “A los pocos días de publicarse, en la editorial gallega Xerais recibieron una carta no precisamente amistosa de la hija, de profesión abogada, de Marcial Dorado [narco que llegó a compartir velero con el actual presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo]. Entendía que el gran capo de Todo es silencio, de nombre Mariscal, era una reencarnación de su padre. Envió una segunda carta en la que proponía tener un “encuentro” con el autor. Ni Mariscal era Marcial ni me pareció prudente celebrar ese encuentro”, comenta. Su intención con la novela, además, no era poner cara a los personajes reales, sino indagar en por qué no se estaba escribiendo sobre todo aquello. “La novela comienza así: ‘La boca no es para hablar. Es para callar’. Después, lo que quería era adentrarme en la historia íntima, merodear en la zona secreta del ser humano, allí donde se produce la combustión del bien y del mal: ¿por qué en una pandilla de adolescentes, de amigos, se dan derivas vitales tan diferentes? Y vérmelas con la gran cuestión: la naturaleza del poder. Porque la verdadera droga, dentro y fuera del narco, es el poder”.

Secuestro “inapropiado”

En lo que todos están de acuerdo es en que el secuestro de Fariña es cuanto menos “inapropiado”. Ameixeras va más allá: según él, “es un auténtico despropósito. Nacho Carretero es un gran periodista. Todavía cuesta asumir que haya sucedido algo así, pero se ha formado un caldo de cultivo idóneo para que pensemos en un futuro muy delicado para la libertad de expresión”.

Para un periodista como Conde, al que le pareció “un buen libro, por mucho que pueda contener algún error o desenfoque”, lo sucedido es una “solemne tontería”. Ahora bien, insiste en que si muchos lectores han conocido ahora las tramas mafiosas del tráfico de drogas en Galicia, no pueden detenerse únicamente en este trabajo periodístico. “No, ni la versión libresca de Fariña ni su edición audiovisual dicen nada que se pueda parecer a la última palabra sobre el narcotráfico gallego, que sigue pidiendo a gritos que le metan mano un Truman Capote o un Osvaldo Bayer de nuestro tiempo. ¿Y no podríamos preguntarnos qué podría hacer cinematográficamente un Coppola o por lo menos un Oliver Stone con este tema? Nos falta mucho camino por andar. Y yo estoy seguro de que se andará”. Igual la próxima gran remesa del periodismo (o la literatura) llega desde las costas gallegas.