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¿Cómo cambió el Real Madrid la historia del futbol moderno?

La actual plantilla del Real Madrid es una de las mejores de la historia. ¿A qué se debe su éxito, tres veces campeona de la Champions en solo cuatro años?

En el inicio tal vez fue Mourinho. No es fácil asegurarlo al cien por cien porque al fin y al cabo el portugués nunca pasó de semifinales en la Champions y dilapidó un presupuesto descomunal. En cualquier caso, reconozcámosle el mérito del que pone la primera piedra: cuando llegó, el Madrid era un club avasallado por el Barcelona, lleno de complejos y sin actitud competitiva. Mourinho apeló al menos a la rebelión, a la autoestima, al grupo salvaje, al “nosotros contra ellos” y devolvió al equipo al lugar en Europa que llevaba siete años sin ocupar.

En cualquier caso, deportivamente, toda esta revolución quedó en poca cosa. Desde que se fue Mourinho del Bernabéu han pasado cuatro años y en el camino han llegado tres Champions League. El dato es terrible para el portugués pero también para sus críticos que insistían en que cada vez que abandonaba un club, lo dejaba arrasado, sin proyecto de futuro. El problema venía de arriba: del presidente que se enamoró en los 50 y los 60 del legendario Madrid de los cinco delanteros y quiso llenar su proyecto de grandes goleadores, despreciando así el resto del juego. Cuando le hicieron ver, poco a poco, que ese no era el camino, el éxito no ha abandonado la capital española.

Empecemos por el gran pilar del equipo: Luka Modric. Modric llegó el último año de Mourinho en el Madrid y sus principios no fueron tan espectaculares como se esperaba de él y su tortuoso fichaje. Tuvo paciencia y pronto empezó a encontrar compañeros con los que asociarse: al año siguiente, el Madrid fichaba a Isco Alarcón, un excelente media punta del Málaga; subía al primer equipo a Casemiro, un voluntarioso pivote defensivo brasileño, y completaba el rompecabezas un año más tarde con la compra de Toni Kroos, incomprensiblemente liberado por el Bayern de Munich de Rummenigge para desesperación de Guardiola.

Por supuesto, todas las portadas se centraron en los cien millones de euros pagados por Gareth Bale, en la abundancia goleadora de Cristiano Ronaldo o en las apariciones fugaces de Benzema... pero el equipo se estaba construyendo por otro lado, por donde se ganan los títulos: el centro del campo. Conforme el Barcelona, el gran dominador, iba vaciando esa zona, el Madrid la fue llenando. El primero en sacar partido de la situación fue Carlo Ancelotti, uno de esos entrenadores “de perfil bajo” que parece que no hace nada pero apenas cometen un error. Ancelotti se vio obligado a jugar muchos partidos con los tres delanteros estrella, pero fue el que dejó claro que ese equipo era de Modric y que Casemiro podía jugar al primer nivel mundial sin problema. Su partido de vuelta en la semifinal europea de Dortmund aquel 2014 así lo atestiguó.

Con Ancelotti en el banquillo, Modric en el campo e Isco como revulsivo en la segunda parte, el Real Madrid remontó ante el Atlético y consiguió la Champions después de catorce años en blanco. Como hablamos de un club impaciente por naturaleza, a Florentino Pérez no le pareció suficiente: para el puesto de Isco fichó a James y a los pocos meses ya estaba tan cansado de Ancelotti que trajo a Rafa Benítez con la ilusión –fallida- de meter algo de mano dura en el vestuario. La cosa no funcionó en absoluto: James dejó dos o tres goles fantásticos pero descompensaba continuamente al equipo en ataque y en defensa. Benítez dudaba entre sus convicciones y las de su presidente y acabó en la calle a los cuatro meses de unirse al club.

El equipo deambulaba en la liga y venía de otro año sin títulos cuando apareció Zinedine Zidane en escena. Zidane ha sido de los mejores centrocampistas de la historia y sabe perfectamente cómo se ganan los títulos. Las lesiones de Bale y el apaciguamiento de Cristiano Ronaldo le ayudaron a instalar su sistema: un 4-4-2 con los laterales haciendo de extremos para poder controlar el balón y, sobre todo, salir al contraataque con mayor eficacia y más control del espacio. Casemiro, Modric y Kroos volvieron a hacerse con el mando y llegó la segunda Champions en tres años. Por si acaso, y mientras la prensa fantaseaba con De Gea o con el fichaje mediático de turno, Marco Asensio subía al primer equipo.

Y así llegamos a esta temporada. La temporada perfecta. La primera en la que el Madrid ha conseguido el doblete liga-Champions en cincuenta años. ¿Y cómo lo ha conseguido? Metiendo a Casemiro, a Kroos, a Modric y a Isco en el campo y asfixiando así a la Juventus, que no sabía adónde ir. Ahora mismo no hay un centro del campo similar en el mundo entero: Casemiro, pese a una cierta torpeza, sabe colocarse y es muy difícil de superar, lo que permite a Modric y Kroos dirigir el juego con comodidad absoluta. Junto a ellos, Isco puede caer a banda o al centro, es decir, puede hacer de Zidane. Le ha costado, pero se ha consagrado como indiscutible y así debería quedar.

Lo del Madrid, por tanto, no es coyuntural ni tiene pinta de que vaya a quedar aquí, aunque en el deporte de élite los ciclos son impredecibles. Si Florentino no se cansa de Zidane y su tranquilidad, si Asensio responde a las expectativas y si el entrenador sigue creyendo en el centro del campo como lugar donde ganar las batallas, llegarán muchos más títulos. Ese ha sido el método que ha utilizado el Madrid para cambiar la historia del fútbol moderno y arrebatar la supremacía a Messi y al Barcelona. Calma en vez de prisas. Toque en vez de pelotazo. Tranquilidad en vez de constante estado de sitio. Andar en vez de correr. Tres Champions en cuatro años coronan a esta plantilla como una de las mejores de todos los tiempos. Las cosas se han hecho muy bien hasta ahora; el reto está precisamente en no estropearlas.