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¿Puede blockchain salvarnos de la corrupción?

Aunque se hizo famoso por las historias sobre Bitcoin y el comercio ilegal en la dark net, el software blockchain tiene aplicaciones prometedoras. Debido a que permite registrar y rastrear operaciones financieras, podría convertirse en una potente herramienta contra la corrupción.

Bitcoin salió a la luz en 2008 gracias a un desarrollador anónimo que, bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, publicó un artículo en que detallaba su funcionamiento. Bitcoin es una divisa electrónica encriptada (la primera, por cierto) cuya particularidad reside en que permite realizar transacciones entre usuarios eliminando a los intermediarios. En otras palabras, no necesita de los bancos ni de un tipo de cambio fijado por algún gobierno. Nuevos bitcoins son generados por medio de mining: los propios usuarios resuelven problemas matemáticos para autenticar las operaciones realizadas. Una vez autenticada, la transacción puede ser añadida a la cadena de operaciones pasadas. El mining está diseñado para que cada nodo de la cadena sea seguro, transparente y no pueda ser alterado. Los miners obtienen bitcoins por las operaciones realizadas, de modo que el sistema, al mismo tiempo que es autenticado crea valor para quienes contribuyen a mantenerlo. Aquí pueden ver su funcionamiento con imágenes. 

Otra de las características de bitcoin es que permite el anonimato de los usuarios que realizan transacciones con esta divisa. El anonimato de las transacciones monetarias hizo de bitcoin la moneda perfecta para hacer y recibir pagos en la “ruta de la seda”, un sitio que surgió en 2011 y donde se podía encontrar mercancía ilegal y que solo estaba disponible en la cara oculta del internet o “dark net”. Eventualmente el sitio fue cerrado, pero dejó los reflectores puestos sobre Bitcoin. La atención volvió a caer sobre bitcoin cuando se supo que los gemelos Winklevoss, famosos por el conflicto con Mark Zuckerberg en torno a Facebook retratado en la película The Social Network, invirtieron en bitcoin.

Bitcoin no es la única moneda de este tipo. Existen más de 700, aunque solo algunas son capitalizables. Lo que todas tienen en común es la tecnología que permite desarrollarlas y que se refiere a la seguridad e inalterabilidad de los nodos y cadenas que lo conforman: blockchain, un software abierto. Lo que se crea a partir de blockchain puede ser público (como bitcoin o scotcoin) o privado, con permisos designados para un grupo de personas.

Esta tecnología nos deja varias interrogantes alrededor de su status legal: ¿es legal?, ¿es un valor?, ¿dónde se puede usar? Y tal vez la más importante: ¿Qué potencial tiene? Por lo pronto es ilegal en Bangladesh, Bolivia y Ecuador. En otros países ha sido oficialmente aceptada y el resto no ha dicho nada al respecto. No obstante su aceptación, quedan dudas en torno a su manejo como divisa tradicional, por ejemplo, ¿cómo se confiscarían? Otra falla que exploré en el caso de scotcoin es que si pierdes la contraseña el sistema te pide una frase de seguridad que previamente creaste y te advierte que, si pierdes esa frase, no puedes recuperar la contraseña y pierdes todo el contenido de tu cartera digital. ¿Qué tan legal es eso? Por otra parte, hay varios lugares en el mundo donde puedes gastar tus bitcoins, este sitio los enlista. En México puedes comprar cómics  y algunas otras cosas.

Aunque no carece de desventajas, como el gasto de energía eléctrica y la absoluta descentralización, el potencial de blockchain es grande y suena prometedor. Si permite registrar y rastrear no solo operaciones financieras, sino de cualquier otro tipo, sus aplicaciones, por ahora, se antojan infinitas. Por ejemplo, debido a los problema de corrupción en torno al catastro, los gobiernos de Honduras y Georgia planearon implementar blockchain para hacer seguras y transparentes las compra-ventas de inmuebles. Georgia continuó con el proyecto y en Honduras se detuvo, pero es prueba del potencial tan diverso que puede tener blockchain. Incluso el gobierno de Rotterdam quiere usar esta tecnología para registrar los contratos de arrendamiento existentes.

La confianza en blockchain se sustenta en la inalterabilidad de sus libros (ledger). Dice Rick Falkvinge, fundador del partido Pirata sueco, que blockchain compite con los servicios centrales del gobierno, como los registros catastrales y, ya siendo más aventurados, los bancos centrales. Afirma que la modificación de los registros de blockchain es tan posible como alterar un lenguaje: no puedo obligar a una persona a que modifique el significado de una palabra y esperar que esa modificación altere el lenguaje completo. Lo mismo ocurre con los registros de blockchain: obligar a uno de los involucrados a modificar datos de la cadena no tendría ningún efecto. A su parecer, esta tecnología tendrá un efecto similar en el sistema bancario y financiero al que el email provocó en la industria postal. Eso está por verse, pero por lo pronto cabe preguntarse si la tecnología debería ser un sustituto absoluto de los problemas causados por la corrupción como se intentó en los casos de Honduras y Georgia. Disminuir o acabar con la corrupción requiere una transformación social. Si no la logro o no la quiero implementar, ¿se vale que meta una tecnología que arrase con el problema en lugar de educar y transformar?