Vistazo a la semana

Con el pretexto de la próxima aparición de The social network, la película de David Fincher basada en la vida del creador de Facebook, el New Yorker publica un extenso e interesante perfil de este personaje, Mark Suckenberg, quien es, a sus 26 años, uno de los personajes mundiales más influyentes.

En la mítica serie de entrevistas del Paris Review presentan su más reciente conversación, con el novelista francés Michel Houellebecq. Y en El Malpensante, otra entrevista con un escritor francés, en este caso Michel Onfray, a propósito de su nuevo libro, El crepúsculo de un ídolo.

En el suplemento Lire, del diario francés L’Express, Philipe Coste traza un doble perfil de dos novelistas estadounidenses, “rock-stars eternos de la escena literaria”: Raymond Carver y Thomas Pynchon.

Enrique Vila-Matas publica una relectura de Walter Benjamin en el Babelia.

En la revista digital española Frontera D, un extenso reportaje sobre el maestro del reportaje, Ryszard Kapuscinski. Ahí mismo, un texto nos descubre a Patricia Highsmith en su faceta de guionista de cómics.

En Dangerous Minds, una conversación con el visionario de la ciencia ficción William Gibson. Habla, entre muchas otras cosas, de su relación con Twitter.

El Brookings Institute ha realizado un estudio a fondo del impacto que tiene la obesidad en la economía estadounidense. Aquí el reporte. Y esta es una de esas iniciativas que quizá valdría la pena retomar en el país: conocer con seriedad y a detalle, las repercusiones económicas de nuestros “malos hábitos”.

Los editores de la revista Les Inrockuptibles, después dos décadas, la relanzaron hace unos días.

El New York Times revisa las nuevas herramientas que desarrolló Google para acabar con las críticas sobre las cuestionables políticas de privacidad en su plataforma. Las aplicaciones ponen en evidencia a distintos gobiernos que hacen peticiones al hegemónico buscador para borrar cierta información. Wired analiza, empleando estas herramientas, el incremento de censura cibernética del gobierno de Estados Unidos.

En el New York Times también una serie fascinante de imágenes que muestran cómo se capturaron las imágenes del estallido de una bomba atómica.

Michael Lewis, con ese estilo de periodismo de investigación que lo ha hecho famoso, indaga ahora en la historia del misterioso monasterio Vatopaidi y su papel en la reciente crisis económica en Grecia.

Tony Judt sobre el pensamiento cautivo de Czesław Miłosz, después de publicar, de manera póstuma, su último texto autobiográfico en The New York Review of Books, “Meritocrats”.

Y por último, en Slate, la crónica de una peregrinación de judíos jasídicos a la tumba de un rabino en un pueblo de Ucrania.

- La redacción

(Patricia Highsmith)

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Hola: estoy organizando la primera "feria del libro " ¿cómo hago para que vengan a dar una charla a los chicos de esta escuela para que conozcan tu labor así como la expocisión y venta de su material. La "feria" será el 24, 25 y 26 de noviembre. Si conocen editoriales independientes te agradecería me mandaras su contacto: un abrazote

A paso de cangrejo
Artículo de Enrique G. publicado en Letras Libres en octubre de 2007.

Consulté aleatoriamente en la Red para tener antecedentes sobre A paso de cangrejo; lo primero que encontré fue este artículo de hace casi tres años en Letras Libres y eso bastó para que llamara mi atención, pues aunque un sólo ejemplar no he leído de tan reconocida revista, tampoco el libro que comenta, pero considero que los destacados editores, tanto de la revista como del libro, cuidan mucho lo que publican. Esto último y la lectura de obras anteriores de Eco son mis únicos referentes para aproximarme al Paso de cangrejo leyendo este artículo.
Lo firma Enrique G de la G y en mi ignorancia ni siquiera sé si es un pseudónimo, pero encuentro en sus comentarios el espíritu que reina en esta época donde desmitificar a las "deidades" es el deporte de moda, aunque los mexicanos ya tiene tiempo que lo practicamos (qué coincidencia del título del libro de Eco con los cangrejos de los que habla Hugo Sánchez).
Así pues, he leído este artículo justo en el mes del Bicentenario, cuando se ha hablado más de la paternidad del cura Hidalgo y lo anecdótico de otros héroes, que de la sustancia de su papel como insurgentes.
Enrique G. me pareció más empeñado en desmitificar al semiólogo italiano que en debatir o proponer respecto de las ideas plasmadas en el libro que comenta. Baste leer los adjetivos vertidos sobre Eco: Engreído, ingenuo, vulgar, pesimista, carente de perspicacia, etc.; pero lo que es peor, que considere a los lectores hispanoamericanos incapaces de trasladar a nuestra propia circunstancia análisis sobre la realidad italiana.
Quiero pensar que en la candidez que el articulista encuentra en el tema del suicidio haya considerado la posibilidad de un sarcasmo de Eco (que por lo mismo no requiere mayores argumentaciones, lo cual sólo lo sabré hasta leer el libro) y que lo que le pareció incómodo fue la veta de humorista. Caso atípico en la intelectualidad mexicana rechazar este tipo de humor que tanto le celebraron a Monsiváis hasta conseguirle un muro con letras de oro en el Congreso (eso sí de risa) en lugar de, por ejemplo, la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Un libro de un autor como Eco no es de la naturaleza de una telenovela o canción popular con las que para gustarle necesariamente deba uno identificarse con el personaje o con el autor, mucho menos con el título de la obra. Es más, con los anteriores libros del “pesimista” Eco me he sentido más integrado que apocalíptico, si se me permite la paráfrasis; aunque no necesariamente esto represente, en mi caso, un paso adelante.

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