Vive sin libros

Diciembre 5, 2011 | Tags:

¿Puede alguien a estas alturas seguir creyendo que leer es bueno? Supone cambios drásticos en el humor, tiempo desperdiciado sin trabajar, experiencia de desdoblamiento, latidos del corazón elevados, insomnio, gastos superfluos, menos espacio en la casa. En fin que se trata de un vicio al que es difícil mantener y que produce maridos que llegan a casa borrachos de Moby Dick o Vargas Llosa y se vuelven entes insoportables, dicen sus pobres esposas, e individuos violentos capaces de hablar del capitán Ahab por hora y media mientras la mujer les dice, en el rincón y hecha un mar de lágrimas: “¡Ismael, por favor, ya no más!”

Con tristeza puede verse a jóvenes evadir la realidad mientras leen un libro tras otro y luego caminar por las aceras a altas velocidades, embriagados de Cortázar y vomitando conejos en las esquinas. ¡Pobres muchachos los nuestros, terrible época en que les ha tocado vivir donde se publica un libro cada medio minuto y donde es posible bajar novelas por internet, invento del demonio que ha puesto ésa y otras depravaciones al alcance de cualquiera!

Lamentable cáncer la literatura. Preparatorianos talentosos, futuros ingenieros en sistemas, posibles administradores de empresas, que un día descubren el espejismo de los libros y deciden estudiar Letras o volverse poetas. Con los años, los observo mendigando en las redacciones de los periódicos: “Me da una errata que corregir, por el amor de Dios”.

De los libros no se salvan ni siquiera los ricos. Bibliotecas enormes en casas sirven de escenario para que bibliómanos cuarentones lleven a sus invitados a probar ediciones reposadas (“¡Ah, un Nabokov de 1955!”, “Qué delicia, esta primera edición de Cien años de soledad!”), como si el sabor fuera diferente sólo por la fecha de publicación. ¡Ilusos! Han creado una cultura de la exquisitez (“Un Borges siempre combinará mejor con un Bioy, nunca se te ocurra leerlo al alimón con Roberto Arlt, porque ¡caramba! eso no es de gente decente”), sin darse cuenta que sólo lo hacen por la embriaguez, por experimentar ese vértigo de las palabras agolpándose unas tras otras, por los personajes entrañables, por las frases perfectas.

He visto a las mejores mentes de mi generación deshechas por los libros inútiles, por una poesía que no sirve para nada, malgastadas en ensayos que no dan puntos para el currículo. Y es que el problema, hemos de reconocerlo, no es el consumo en sí sino la inmoderación. Los médicos siempre han recomendado una bibliografía saludable para la vida: un poco de queso robado y búhos que no ululan, el manual del IETU o Soy mujer, soy invencible y ¡estoy exhausta! Pero los viciosos no saben contenerse, no saben seguir regímenes. Una mañana despiertan con antojo de Pérez Reverte, a la mañana siguiente han dejado todo por los guiones de Woody Allen. Saltan de un género a otro, cruzan siglos enteros y países en apenas una semana, sin detenerse en la pirámide alimenticia que nos recomienda: absténgase de la ciencia ficción, eleve su contenido de columnas políticas. Los viciosos nunca cuentan el número de páginas que consumen para decir: “Ya basta, ha sido suficiente”. Después de atragantarse 6 aventuras de Wooster y Jeeves, sienten culpa y la única forma de quitarse ese sentimiento ¡vaya condena! es seguir leyendo.

La literatura deja marcas, qué duda cabe. Abdómenes prominentes, traseros planos, una vista gastada por las páginas. ¿Qué le estamos haciendo a nuestro cuerpo?, y peor aún, ¿por qué dañamos nuestra mente con esa información innecesaria? Millones de personas han demostrado que se puede vivir sin Pessoa o sin Octavio Paz, que se es feliz sin una página siquiera del Quijote. Pero los consumidores de libros son seres derrotados, distraídos, perdidos. La literatura crea individuos incapaces de saber dónde están las llaves del carro, pero prestos a citar a Umberto Eco, cada que un acompañante dice por casualidad la palabra “monasterio”.

Cuidemos a nuestros adolescentes. Videos clandestinos en Youtube han dado cuenta de alumnos grabados mientras leían Un mundo feliz. Ha sido un escándalo mayúsculo, sobre todo cuando uno de los estudiantes, sin dejar de reírse como un tonto, habló de la euforia que le provocaba Ibargüengoitia. Ha sido uno de los casos más bochornosos que me ha tocado presenciar. El director del plantel tuvo que salir a desmentirlo todo, a fin de que ningún padre de familia creyera que ahí -en un instituto tecnológico- se estaba propiciando el consumo de novelas.

Pero el asunto no puede acabar ahí, en una mera anécdota. Se sabe de jóvenes que llevan a la escuela libros QUE NO pertenecen a ninguna asignatura y que a escondidas ojean durante los recreos, mientras sus compañeros –sin duda, los más sanos y quienes a fin de cuentas sacarán adelante a este país- practican el deporte o flirtean con las chicas. La Asociación Estatal de Padres de Familia ha pedido a las autoridades aplicar la “Operación Mochila” a fin de decomisar cualquier libro que no haya sido pedido por los profesores. Y se trata de algo que es urgente extender a otros colegios, para cumplir uno de los objetivos centrales de este Gobierno: trabajar para que la literatura no llegue a tus hijos.

Por otra parte, estudios han demostrado que autores que consideramos inofensivos como Stephen King o J. K. Rowling sirven de puerta de entrada a otros novelistas mucho más fuertes y adictivos. Que si como padres descubrimos Harry Potter en el cuarto de los chicos y lo dejamos pasar por alto, somos responsables de que en un futuro, el muchacho termine en las garras paranoicas de Phillip Dick o viajando en las ciudades invisibles de Italo Calvino. No permitamos eso, por favor, señores, vigilemos lo que entra en nuestras casas y que, les aseguro, aunque para sus hijos sea “mero entretenimiento” es algo mucho más peligroso que eso.

Finalmente debemos exigir a nuestras autoridades combatir el tráfico de libros, la compraventa de segunda mano, los préstamos, los robos de las bibliotecas, las adaptaciones cinematográficas, las reseñas elogiosas en los periódicos, incluso hasta los blogs y promover en cambio las presentaciones de poemarios locales, los talleres literarios, las premiaciones de Juegos Florales, las tesis, los simposios y todas esas prácticas que ¡gracias a Dios! nos han ayudado a mantener a raya la adicción de nuestras juventudes a la literatura.

¡Por un México libre de libros!

"He visto a las mejores mentes de mi generación deshechas por los libros inútiles, por una poesía que no sirve para nada, malgastadas en ensayos que no dan puntos para el currículo".

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Comentarios (70)

Mostrando 51 - 70 de 70 comentarios.

Lisa, lo entendiste todo mal! Releelo en tono irónico y nota que tu opinión y la del autor son idénticas.

Lisa, ¿de veras no se entiende? Es un sarcasmo.

Me preocupa tu falta de visión Lisa, necesitas darle una leída extra al texto, no sin antes buscar en la RAE el significado de la palabra: sarcasmo.

 

Saludos.

Creo que no se entendió el tono del articulo... Me recordó el cuento "Usted puede mejorar su memoria" de Luis Britto García. Excelente texto, muchas felicidades.

Interesante. Un post anterior donde también malinterpretaron la intención del artículo solo recibió un comentario. Supongo que por la extensión de dicho comentario pocos lo leyeron.

Jajajaja. Sí, de hecho fue por la extensión. Ya habíamos leído suficiente por un día con el blog. Jijijijijiji

Maravilloso artículo desde el punto de vista de una adicta convencida. Eso sí, mi literatumanía ni tiene cura ni la tendrá. De hecho la lectura del artículo en cuestión ha despertado en mí un apetito voraz y creo que podría zamparme el Ulises de Joyce en un abrir y cerrar de ojos. Con permiso del autor, me lo guardo y espero compartirlo con otros seres aquejados de mi misma enfermedad. Gracias.

Esta pobre enfermedad de literatura me recuerda al Mal de Montano de Enrique Vila-Matas, efectivamente, cuando te enfermas de ella, ya no hay escapatoria.

Muy interesante!!! La verdad me encantó!!! Muchas gracias!!!

¿Cómo los talleres literarios inmunizan contra la pasión por la lectura?  Una brocha así de obesa no es chistosa.  Es más, demasiado rebuscado el texto en su conjunto para ser certero.  ¿De qué se trata, en realidad?  Intento fallidón.

"Intento fallidón". No había leído una expresión así desde el último taller literario al que asistí. Gracias.

De nada.  ¿Intercambiaban críticas por escrito en ese taller? ¿O cómo leyó en aquel entonces la expresión parecida a fallidón?  Sé de talleres en línea, es posible.  Pero varios escritores que alguna vez pertenecieron a uno o más talleres, y que me he topado por ahí, bastante productivos y digamos que exitosos, no perdieron su voracidad literaria por participar en el trabajo colectivo.  Yo diría que en un buen taller la lectura se refina, se alienta y se comparte; ejercicio útil si el participante no posee una formación académica en lengua y literatura.  Si su experiencia personal fue negativa al respecto, me parece que es la excepción y no la regla.

Cada participante entregaba fotocopias. Luego de algunos comentarios realizados en voz alta, te devolvían tus fotocopias con anotaciones. Así era posible leer "intento fallidón" en los márgenes de un texto.

Muy buen artículo. ¡Que ingeniosa manera con la que se describe este "innecesario vicio" por las letras!

 

¡Gracias por compartirlo!

EXCELENTE!!!! vaya que el humor es la mejor vía para la crítica. Me entusiasmó y me hizo reír tanto, que lo agradezco!

Excelente texto. ¡Gracias!

Vaya, habìa comprado el librito de Huchin "Estudias o trabajas" en lugar de darle el dinero a una meretriz. !Me siento robado porque ni un besito del autor me queda¡.

Muy bueno. Sólo un detalle, en el párrafo 5o de tu artículo es "deshechas" no "desechas".

Ups, se les pasó a mis asesores. Gracias, un saludo.

Muchas gracias por advertirnos del error, ya lo hemos corregido. 

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