Videojuegos, un romance: Street Fighter, vida comunitaria

Marzo 6, 2013 | Tags:

Hasta donde recuerdo, solo dos juegos de “maquinitas” parecían convocar multitudes de espectadores: Street Fighter 2 y años más tarde, Pump it up. En los noventas, Street Fighter era nuestra versión de la pelea clandestina y suponía también habilidades para las cuales hubiera sido beneficioso tener 3 ó 4 articulaciones de más. Las maquinitas de la esquina reunían a una veintena de preadolescentes de por mi casa quienes se iban turnando por parejas el protagonismo. Era una locura: en la pantalla, había peleadores y escenarios de todo el mundo –Tailandia, Japón, China, Estados Unidos, Rusia, Brasil, India–, aunque por su apariencia cualquiera de esos personajes hubiera parecido extravagante en donde fuera. El juego de Capcom enriqueció nuestra idea de globalidad en una suerte de complemento a lo que habíamos aprendido de geografía con los Mundiales de futbol. Yo acostumbraba a usar al brasileño Blanka porque era el único latinoamericano en el catálogo, de la misma manera que escuchaba a Sepultura por similares razones. Y aunque también estaba Vega –ese español, que por sus movimientos más bien parecía como si a Joaquín Cortés le hubieran implantado la mano de Wolverine– nunca me he sentido identificado con los guapos.

Recuerdo que entre los espectadores siempre había un chico que no podía pagarse una ficha, pero que, si alguien le cedía su turno, era capaz de pasar por una decena de adversarios a tu nombre. Nadie sabía su historia ni de dónde había salido; de vez en vez aparecía en la tienda de la esquina para ofrecer sus servicios a algún niño torpe pero con monedas al que era fácil identificar porque que no podía hacer cosas tan sencillas como la patada en helicóptero de Chun-Li. El trato era simple dado que el recién llegado no aspiraba a la riqueza, sino solo a la celebridad posible en un barrio donde ya nadie salía a jugar futbol a la calle. Y estábamos conscientes que en el momento en que se pactaba el acuerdo, había que ponerse cómodos y decirle a quien tuvieras a un lado:

–Vas a agradecer haber nacido en esta colonia para ver esto.

Porque era verdad. Los dedos del nuevo se torcían más allá de lo humano y con la mirada fija en la pantalla, parecía más bien un niño prodigio en su examen de piano. Todos caían: Ryu, Guile,  Zangief, uno a uno. Por la forma en que utilizaba a cada personaje, cualquiera diría que el forastero los conocía mejor de lo que dos amigos serían capaces de conocerse entre sí.

El chico sabía también combinaciones de las que nadie más tenía noticia. Realizaba acrobacias impensables para aquellos convencidos de que utilizar el tiger uppercut era una hazaña. Verlo golpear esos botones era otra forma de atestiguar su superioridad, porque a diferencia de los videojuegos de casa –cuyos controles el dueño de la consola te pedía cuidar como si estuvieras manoseando la porcelana de su mamá–, las maquinitas de Street Fighter necesitaban cierta violencia por parte del usuario.

Su derrota fue algo más sencillo de lo que cualquiera hubiera imaginado. Ese día iban empatados a un round, un ñoño y otro chico del barrio. El forastero llegó y pidió el turno. El ñoño se lo cedió y el nuevo se quitó la gorra que llevaba, con el mismo gesto que usaría un peleador callejero: para nuestra sorpresa se había rapado el cráneo, quizá con pretensiones de verse más peligroso. De pronto alguien notó, de modo socarrón, que el forastero se parecía a Dhalsim. Otro chico hizo eco de la burla. Y uno más. Incluso el dueño de la tienda soltó una carcajada. Sin poder hacer nada para controlar la ola de risas, el forastero salió corriendo y nunca regresó. Años después me pareció verlo en un boletín de la PGJ, cuando me encargaba de editar la página de policía de un periódico. Su apariencia había derivado más a Sagat, pero no puedo asegurar que fuera el mismo tipo. Yoga Fire.

En una época donde las carencias de mi casa eran muchas, los juegos de video llegaron a mi vida como una experiencia comunitaria. Años después, cuando vuelvo a esas historias, siempre las asocio con un grupo de chicos cuyos nombres nunca aprendí del todo.  Finalmente nada ilustra tan bien el fervor que mi generación sintió por Street Fighter que la tarde en que asistimos a la función de estreno de la película. Fue nuestra despedida y al mismo tiempo una redención. La enseñanza vino, por supuesto, de la mano de Raúl Juliá: no importa todas las horas de adolescencia desperdiciadas en ese juego, nada superaría la vergüenza de que M. Bison haya sido tu último papel en la vida.

(Imagen)

"El chico sabía también combinaciones de las que nadie más tenía noticia."

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Comentarios (22)

Mostrando 22 comentarios.

Este blog me hace recordar mi etapa de la niñez, cuando mis primos y yo jugabamos estas cosas, me gustaba mucho, aunque perdia muy seguido, pero cuando ganaba me parecia genial, en lo personal yo nunca jugue en las maquinitas de la tienda, pero luego veia como mis primos y otros niños hasta sabian como sacar los mas grandiozos poderes de cada pesonaje.

Hasta hoy en dia se sigue jugando este juego, ya hasta esta en las computadoras... 

Y habemos algunos, ya en el tercer piso, deudores  eternos de la nostalgia, quienes aún seguimos jugando. Justamente el fin de semana pasado se llevó a cabo el torneo EVO en Las Vegas -una suerte de torneo mundial de juegos de pelea- me llena de alegría el corazón compartir que entre los asistentes y profesionales existen personas que van desde los 18 hasta los 40 años. Todos tuvimos un origen similar, todos jugamos en esas maquinitas de la esquina. Todos cargamos con nosotros el estigma de ser un videopeleador callejero.

Me acuerdo perfectamente de la música de Street Fighter II, compuesta por Yoko Shimomura: http://bitusica.com/2013/05/05/yoko-shimomura-la-leyenda-detras-de-stree...

Qué demonios es un "ñoño"? ¿Alguien que no es el chico "popular" y que se burla de los demás, del "gordito", del "nerd", como el escritor sin duda lo fue?

Me ha gustado el artículo por los recuerdos que me ha traído. En la actualidad aún lo juego con mis "roomies", hay días en los que las retas se vuelven casí una afrenta de orgullo perosonal. Incluso hemnos denominado "reto Dhalsim" a aquel que, para burlarse del otro, escoge a este personaje para pelear y logra vencer a su oponente. Una vez logrado eso, sube el nivel de ánimo de los participantes. Con todo y mis treinta años, podemos regresas a ese "desperdicio" de horas en las que los retos se vuelven en memorables batallas. Y sí, nunca falta el vago, un amigo nos gana jugando con una sola mano (real).

Que tal, me ha gustado mucho tu artículo, sobre todo porque me parezco a muchos de los personajes que mencionas, solía ser un vago empedernido, fui capaz de aprender a jugar con todos los jugadores; aparentemente Dhalsim, era débil, ciertamente no era explosivo, mas bien lento, pero con sus habilidades podías incluso nockear momentánemente a tu rival y podias mantenerle a raya tras unos buenos cocazos, era más bien lucha de estrategia que de hacer quedar mal sotándole una riestra de golpes a tus rivales, tanto en el juego en sí como a tu rival  a lado del tablero, no podías avergonzar más a nadie que ganarle con este peleador, que por más que intentaban nomas no podían derrotarme. La verdad ahí en la colonía donde jugabamos, las retas se ponían muy reñidas, pero para los de medio perfil, todo por ganar un poco de respeto: una vez que tomaba el tablero en medio de las retas, no había quien me sacara. Gratas memorias y recuerdos de varios kilos de tortillas que dejé de comprar por gastarme el dinero en el juego, el mejor juego de todos.

me parace un buen articulo por que parace recordar los ayeres, es verdad podiamos encontrar a los niños sobre todo en las farmacias, o tienditas en bola jugando estos video juegos que los divertia y ademas los entretenia mucho y que algunos los hacia populares por su habilidad por ganar y eso hacia que tuviesen muhos amigos eso fue lo que dejo la tecnologia en esa epoca.

En Street Fighter II fuí y sigo siendo invencible! Quién de los lectores aquí presentes le entra a una reta? ; )

¡¡¡¡¡OORIUKEN!!!!, yo vivía en una comunidad rural del estado de Guerrero, a diferencia de tí, que probablemente tu experiencia comunitaria fue en una ciudad en donde las identidades se desconocen muchas veces en el presente, se disuelven en el futuro, nosotros si conocíamos quien era quien a la hora del juego, incluso eramos contrincantes en otros espacios y otras arenas, por ejemplo en el fut, en la escuela, en los futbolitos, y jugar Street fitghter era una oportunidad de reivindicación.  Los que jugabamos ahí en la tienda de don Paulino, nos conocíamos bien, algunos los vuelvo a ver cuando regreso a mi pueblo; taxista, albañiles, médicos, abogansters, ilegales, levantados, desaparecidos, como 4 de ellos son maestros, uno de ellos el mas destacado es un gamer aún, el resto emigramos del puebo y de vez en vez regresamos, y cuando nos topamos los sobrevivientes, casi siempre con una sonrisa y saludo lejano no se puede evitar escuchar en el fondo..¡¡¡OORIUKEN!!!!!!!!

Hola,
Me ha gustado mucho tu artículo, pertenezco a la generación de los recreativos y Street Fighter es y será mi videojuego favorito. Me han emocionado tus palabras.
Un saludo de un madrileño.

Interesante articulo!!! que describe muy las experiencias de los que fuimos participes de estos juegos y de la experiencia comunitaria con otros chavos de nuestra infancia......me fascino el articulo de castlevania tambien...saludos y sigue con estos maravillosos articulos

Muy gonzo esta reseña.Muy divertida.

muy parecida a mi infancia . muy buen texto !!! gracias 

:D

Órale, es la primera vez que veo que alguien que escribe de temas periféricos (videojuegos, cómics, música) sabe lo que está diciendo y no basa su artículo en información bajada de Wikipedia y otros sitios web que condensan el conocimiento del mundo en unas pocas líneas más o menos superficiales. Y sé que sabes de lo que hablas porque cualquier otro no habría escrito eso de Yoga Fire, igual el Tiger Uppercut era más sencillo de conocer, Sagat es un personaje popular, pero Dhalsim a nadie le interesaba, por ser el personaje más inservible de todos. Yoga Fire.

Error, amigo. Dhalsim era uno de los personajes más fuertes, probablemente el de mayor poderíos si lo sabías utilizar de manera adecuada. Me pasé horas y horas jugando con una sola ficha y derrotando a los mejores oponentes de mi ciudad (Zacatecas) jugabndo con Dhalsim como mi personaje, inclusive mi fama llegó a tener influencia en la zona, venían de otros barrios con la única intención de derrotarme. Debido a que consederaban que Dhalsim era un personaje muy débil, casi nadie lo utilizaba, lo que sí es verdad es que era el menos popular. Por las características de los peleadores los más fáciles de derrotar con este personaje a tu mando eran Ryu y Ken, y los más difíciles Chun Li y Guille. SAludos. 

Yo me perdí ese tipo de anecdotas y ambientes, a mi no le gustaba para nada que fuera a las maquinitas de niña... tanto por el dinero que se gastaba, como el ambiente de alrededor que nomás no le gustaba. Ya de adolescente abrieron lugares de videojuegos más iluminados, que le daban más confianza y supongo que muchas otras mamás por que ahí veias más equilibrio entre asistentes de cada genero. Pero eran increiblemente caras, así que tampoco se podía dar una el lujo de vivirsela ahí. Al final termine jugando Street Fighter en mi casa, en el supernintendo, y como odiaba pelear contra Ryu (porque la maldita maquina hacía que te lanzara Hadokens a diestra y siniestra que nomás no hubiera logrado un ser humano) siempre lo elegía al principio XD

Así como, supongo, muchos coetáneos de este autor habrán sentido alguna clase de nostalgia; me vislumbro en unos años recordando el juego de nuestra época: The king of figther 2002. También recordaré a los vagos y amos del videojuego, las pequeñas grandes fortunas que gastaba, los compañeros y gratos momentos que pasamos y que el aire se encargó de desgastar. En fin, sólo son juegos de niños.

Qué viejos somos los que estamos. Parece que fue ayer uno de esos días en los que recibía la pequeña alegría de una moneda devuelta que nadie vio.

Casi lloro!!! Muchos recuerdos, sobre todo de todo lo que hacíamos mi hermano y yo para ir a jugar.
Tanta es mi nostalgia que aún sigo gastando monedas por Street Fighter!!
Y con respecto a Raúl Juila, ciertamente fue una pena, en paz descanse!!

Street Fighter!!! cuántas monedas gasté en tu nombre... lo peor del caso es que no fui ni siquiera lo que se dice regular. Pero señalas algo cierto, muy cierto, Street Fighter era de nosotros los proles, gente de barrio que se arremolinaba a ver los combates espectaculares entre dos desconocidos, algunos dotados de semejantes talentos -algunos de ellos no eran buenos más que para eso-.

Quizá lo que lo hizo tan especial es que fue parte de nuestra infancia, y sólo es, es pura nostalgia, pues a nuestro parecer, cualquier juego pasado fue mejor.

-hear hear!

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