La boda de Elena Garro y Octavio Paz

Junio 3, 2014 | Tags:

Alrededor de la pareja que formaron Elena Garro y Octavio Paz se han tejido múltiples ficciones, casi todas surgidas de testimonios y lucubraciones de la escritora y su hija, y aumentadas por la falta de rigor historiográfico de quienes no contrastan los dichos con los hechos.

Una de ellas es la que gira en torno a su boda. Garro afirmó que Paz la manipuló, que ella iba a la escuela un día y que Paz y sus amigos la desviaron al juzgado sin ella estar sobre aviso. Se presentó así como víctima de una conspiración que puso fin a su vida estudiantil y casi liquidó su ímpetu artístico, como se lee en artículos aislados entre 1978 y 1979, y en su libro Memorias de España (1992).

Lo cierto es que la juvenil Helena –con la marcada hache que Octavio añadió a su nombre– estuvo bien consciente del casorio.

La inteligencia de Garro orilla a descreer de su ingenuidad. Una recopilación de diversos testimonios y documentos oficiales –que obtuve tras una compleja aventura burocrática– permite hacer una cronología más objetiva.

En febrero de 1937, luego de dos años de noviazgo, Paz se fue a Yucatán. Desde ahí, el 7 de mayo, envió a Garro una carta avisando que volvería a la capital y le pedía que se casaran para viajar juntos al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Valencia. Aun cuando ella argumenta que procedieron con premura y discreción, el poeta le dio la noticia a su madre, quien, de acuerdo con una carta que dio a conocer Guillermo Sheridan, le respondió: “Yo hijito te juro que si tu y Elena se entienden y crees ser feliz con ella pues casate yo lo unico que quiero es tu felicidad” (http://goo.gl/PGOmE8).

Ya en México, Paz realizó los trámites correspondientes en el escaso tiempo disponible antes del viaje. El matrimonio se celebró bajo la vigencia del Código Civil de 1932 que establecía como edad mínima para casarse los veintiún años (de no cumplir con este requisito se necesitaba el permiso de los padres). Asimismo, los novios estaban obligados a entregar un escrito en el que, además de vaciar datos personales (ocupación, domicilio, etcétera), declaraban que no existían impedimentos legales. Se exigían también documentos que acreditasen la edad, las capitulaciones matrimoniales y el certificado médico de que no había enfermedades que impidiesen procrear. Hay que subrayar que en ese tiempo la imputabilidad penal comenzaba a los dieciocho años, por lo que si Paz, Garro o sus testigos hubieran mentido o falsificado información podían ser consignados.

De acuerdo con los documentos, el jueves 20 de mayo Paz y Garro entregaron en la oficialía primera del Registro Civil la solicitud de matrimonio para constituir la sociedad conyugal. El lunes 24 presentaron los análisis médicos prenupciales y se casaron el 25 con Salvador Toscano, Rodolfo Dorantes Tamayo, Rafael López Malo y Raúl Vega Córdoba (quien sería el abogado de Paz en su divorcio en 1959) como testigos. El procedimiento, pues, tomó varios días, supuso varios actos de presencia y se llevó a cabo de común acuerdo entre las partes, pues en todas las fojas del expediente consta la firma de Garro.

Es extraño que en el expediente no estén las actas de nacimiento de la pareja. Cuando se casaron, a Garro le faltaban casi siete meses para dejar de ser menor de edad. Ella lo narra así:

Por su parte, Paz me exigía: “¡Debes aprender a decir: no!”... Tenía mucha razón y si lo hubiera aprendido a tiempo no hubiera dicho “sí” aquella mañana de 1937 en la que yo debía examinarme de latín y en la que se atravesaron entre el examen y yo Paz y sus amigos, tiraron mis libros bajo la escalera de una oficina sucia y me ordenaron callar cuando escuchara la fecha de mi nacimiento. Todo iba de prisa y a paso militar. [...]

Subimos la escalera y llegamos a un despacho en el que un hombre de gafas leyó, según me enteré después, la epístola de Melchor Ocampo. [...] Me aburrió el texto y me senté en un sofá de bejuco, ¡no tenía mucha calidad literaria! “¡Póngase de pie, que se está casando!”, exclamó indignado el oficinista, que resultó ser don Próspero Olivares Sosa, el juez casamentero de México. Me puse de pie, y Próspero ordenó: “Firme aquí”, y firmé. Tenía mucha prisa en llegar a mi examen de latín y, antes de subir la escalera, Paz y sus amigos me prometieron que llegaría a tiempo. ¡No llegué nunca! ¡Nunca! Pensaba en el examen y no escuché la fecha de mi nacimiento, y resultó que en el acta que firmé tenía más años para resultar mayor de edad.

El episodio también fue narrado por Helena Paz Garro en sus Memorias (2003) con algunas variaciones a lo dicho por su madre:

También en España me relató que no quería casarse con mi papá y que éste fue con un grupo de amigos por ella a la Facultad, cuando iba a pasar su examen de latín, y la llevó a un juzgado mugriento en el centro, en el que se haría famoso el juez Próspero Olivares Sosa, y que de repente éste dijo:

–Levántese que se está casando –y luego preguntó–: ¿se puede saber por qué no hay una persona mayor, responsable de esta boda?

–Por las razones que ya le he explicado –le cuchicheó mi padre.

Vale señalar que el Lic. Olivares Sosa era un juez probo y un catedrático reconocido, cuya fama incluía la especie de que un matrimonio celebrado por él era garantía de perdurabilidad. Desfilaron ante su juzgado políticos, empresarios y artistas como María Félix y Jorge Negrete. Antonio de Ibarrola, distinguido profesor universitario, recordando su probidad, dice: “profundamente humano fue como oficial de nuestro Registro Civil Próspero Olivares Sosa, que por otra parte no pudo escapar a la ironía. ¡Casó a unas cien mil parejas, y al morir todavía tenía amigos!” (Derecho de familia, Editorial Porrúa, 1981, p. 247). Tratarlo como un juez venal capaz de doblar la ley o esquivar reglamentos no es verosímil. Tampoco, en caso de serlo, que Paz pudiese comprarlo con sus muy magros ingresos.

Siguiendo con su relato, Garro contó que al concluir el acto volvió a casa de sus padres, creyendo que su vida proseguiría el curso normal:

Y luego no me quería ir con él. Me quedé en mi casa. Mi papá me echó de la casa. Porque Octavio dejó un recado: Que iba a pasar por mí a tal hora en la noche y que, si no me iba, él tenía muchas influencias políticas, le iban a aplicar a mi papá el artículo 33, que es expulsarlo de México.

Helena Paz Garro, por su parte, dice que “ya casada, mi madre no se quiso salir de su casa y se escondió en ella un mes”: enclaustramiento imaginario, toda vez que el 13 de junio ya viajaban rumbo a España. También dice que su abuelo José Garro odiaba a Paz y se opuso al matrimonio. De haber sido así, ¿por qué no hacer valer el recurso de nulidad, aplicable en ese caso por la minoría de edad de su hija? (que también disponía de esa opción jurídica.) Por último, es poco verosímil que con el carácter enérgico y decidido que siempre demostró, Garro hubiese aceptado la vigencia de un contrato matrimonial con el que, se supone, no estuvo de acuerdo.

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Comentarios (29)

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(PARECE que encargaron a Adame a justificar y remendar algo turbio del pasado). 

Estimado Ángel Gilberto Adame,

En su texto ha hecho omisión sobre la edad declarada por Elena Garro en el acta de matrimonio que dice: 21 años. Por ello, al declarar ser mayor de edad no hay consentimiento firmado de los padres, por lo que también habría que resaltar que curiosamente no se encuentran ninguno de ellos entre los firmantes como testigos. ¿Estarían presentes Doña Josefina Lozano, Don José Antonio Garro o Doña Esperanza Navarro? Eso, creo, no lo sabremos.

Permítame decirle que su línea de argumentación sobre la probidad del Lic. Olivares Sosa no tiene sustento, porque al no haber ni acta de nacimiento ni consentimiento probatorio de los padres, ejerció su cargo bajo omisión de pruebas y respaldándose únicamente en la palabra de los dos jóvenes contrayentes (¿buena fe, soborno o dejadez? eso tampoco lo sabemos, pero como bien dice, con el magro salario de Paz bien sólo le pudo alcanzar para la buena fe o la poca diligencia del juez). La honorabilidad de tal licenciado la argumenta también con un testimonio, ¿por qué habríamos de creerle sólo al profesor Antonio Ibarrola en su libro Derecho de familia y no a Elena Garro en sus Memorias de España 1937 y decenas de cartas personales donde repite cómo sucedieron los hechos?

Una incorrección además que le hago saber, es que Raúl Vega, efectivamente uno de los testigos de la boda, no fue el encargado del divorcio (aquellos divorcios exprés que se expedían en los juzgados de Ciudad Juárez y que también se encargaron de divorciar a famosos como Marilyn Monroe o a Anthony Quinn, para ejemplificar también con personajes de revistas rosas) del que no fue notificada personalmente Elena Garro (ella se enteró muchos años después), sino que fue Esteban Briones Martínez, apoderado legal de Paz para tales efectos.

Creo que la vida en conjunto de Paz y Garro es turbia y probablemente tendríamos un mejor entendimiento si Paz hubiera dado su versión de los hechos, pero al parecer no lo hizo o no lo han dado a conocer todavía. Quienes los estudiamos deberíamos saber que sólo nos aproximamos a los hechos a través de los testimonios y que tales afirmaciones tendrían que ser en todo caso matizados y no oscurecerlos con ese odio heredado por generaciones. Tendríamos que templar los ánimos para dar un mejor entendimiento a la vida de dos de los más destacados escritores de las letras mexicanas.

Con un saludo afectuoso,

Liliana Pedroza

Estimada Liliana:

Gracias por tu puntual comentario. Desde un punto de vista jurídico, solo me explico que sucedió lo siguiente: Cuando el matrimonio entre ellos se celebró, el texto del Código Civil vigente, en su artículo 98, fracción I, establecía:

"Al escrito a que se refiere el artículo anterior, se acompañará:

"I. El acta de nacimiento de los pretendientes y, en su defecto, un dictamen médico que compruebe su edad, cuando por su aspecto no sea notorio que el varón es mayor de dieciséis años y la mujer mayor de catorce".

Luego, interpretando esa disposición a contrario sensu y con las declaraciones de los testigos afirmando "que no tenían impedimiento legal para casarse", no es descabellado afirmar que Garro y Paz declararon ser mayores de edad, que no tenían el acta de ella para acreditarlo, que su aspecto no la delataba y los testigos corroboraron su dicho. Eso deja sin responsabilidad al entonces Oficial.

Por lo que se refiere al divorcio, Vega Córdova sí fue el abogado responsable. Paz lo reconoce en las cartas que le envió a José Luis Martínez. Como el juicio se llevó en Ciudad Juárez, él buscó a un abogado que le diera seguimiento por corresponsalía, práctica que es todavía común entre los litigantes.

Como se dice ahora "Se la aplicaron" por mal informado...

Una aportación: Fui Consutor Jurídico en el Registro Civil del Estado de Chihuahua, y como parte de mi trabajo e investigaciones sobre las actas del estado civil, puedo decir que hay una gran probabilidad que en la época de celebración del matrimonio de Garro y Paz, no se solicitaran las actas o partidas de nacimiento.

Es muy probable que el Código Civil, el Reglamento del Registro Civil o la ley aplicable en ese momento no contemplara la presentación de las actas de nacimiento de los contrayentes pues había otros medios como cédulas de identidad y la declaración de los testigos para asegurar la identidad de los solicitantes.

Inclusive, en esos tiempos muchas personas no estaban registradas civilmente en su nacimiento, por lo que se obviaba tal requisito llegando al punto de que se optaba en algunos trámites por la presentación de la fe de bautismo católica en sustitución del acta de nacimiento.

Por último agrego, que hay que considerar que las actas de nacimiento de las personas no eran consideradas como documentos de común uso en cualquier trámite determinado, pues la dificultad de su obtención en razón de la distancia y costo, no permitieron un fácil manejo hasta entrada la era de la automatización.

Gracias por tu comentario. Desconozco si esa práctica se seguía en la capital. El primer reglamento en la materia es de fecha 16 de septiembre de 1987. Cuando el matrimonio entre ellos se celebró, el Código Civil vigente, en su artículo 98, fracción I, establecía:

"Al escrito a que se refiere el artículo anterior, se acompañará:

"I. El acta de nacimiento de los pretendientes y, en su defecto, un dictamen médico que compruebe su edad, cuando por su aspecto no sea notorio que el varón es mayor de dieciséis años y la mujer mayor de catorce".

Luego, interpretando esa disposición a contrario sensu y con las declaraciones de los testigos afirmando "que no tenían impedimiento legal para casarse", tu explicación se vuelve razonable.

Así, no es descabellado afirmar que Garro y Paz declararon ser mayores de edad, que no tenían el acta de ella para acreditarlo, que su aspecto no la delataba y los testigos corroboraron su dicho. Eso deja sin responsabilidad al entonces Oficial.

Un buen trabajo de investigación sin duda, independientemente de la vida sentimental de la pareja, prefiero quedarme con la obra de cada uno de los protagonistas, amén de lo anterior, si me permite, comencé leyendo un artículo en "Letras libres" y concluí leyendo un artículo para "El mundo del abogado", en este caso podría decir que la pluma del autor fue ajena.

            El articulo transforma referencias biograficas, que no historicas en una defensa impertinente de O.Paz y un ataque a la credibilidad de dos testigos mas calificadas que el propio  Angel Gilberto Adame, ¿como asumir que las fuentes y razonamientos de este, son a toda prueba veridicos y correctos, solo en terminos de desmerecer las de Elena y Helena? huele a diatriba y me niego a pensar en misoginia.

 

            Desafortunado uso de estos elementos biograficos conseguidos con mucho merito por A. Gilberto Adame, que merecian transformarse en un delicioso e interesante articulo, sin olvidar que ambas mujeres son parte de la historia de O. Paz, para bien o para mal. 

 

             Detodas maneras es interesante la informacion un Abrazo

Si leiste el artículo, éste no está basado en mi "credibilidad" frente a las de ellas. Obviamente la mía es inexistente en este caso, por la simple razón de que yo no intervine en él. Lo que hago, ya que nadie lo había hecho, es cotejar sus dichos contra los documentos públicos que obran en el Registro Civil y que generan prueba plena conforme a la ley. Por eso tus preguntas carecen de sentido.

Puede que el artículo no sea de tu agrado, pero el simple hecho de elaborar esa objetiva compulsa, no me hace sujeto de tus subjetivas descalificaciones.

           Lamento la interpretacion que hace de mi comentario, es el riesgo de la adjetivizacion, con todo la unica manera que tengo de conocer como usted piensa es por lo que usted escribe, a ello me refiero, aunque existen muchisimas posibilidades que haya una congruenca entre los que se escribe y el codigo de valores de cada quien. No me retracto porque no lo descalifique a usted sino al planteamiento que subyace en el fondo de su articulo y que es " O. Paz dice la verdad y las E/Helenas mienten". Nuestro Paz no requiere ser defendido de nada ni de nadie, el ya es quien es para siempre. Y no descarto y usted tampoco deberia de hacerlo, que en algo contribuyeron estas damas  para la majestuosidad de su obra, no me imagino al temperamental maestro Paz, teniendo como musa a una apacible y sumisa mujer, el desamor si es que lo hubiera habido tambien puede tornarse en inspiracion.

            Me agrada su articulo y por si no le hubiera sido claro, aprecio el gran valor  del trabajo de investigacion  solo lamento que le diera el enfasis de desacreditacion. Le informo que mande su articulo a mis amigos , sin ningun comentario, no me gusta eso,le prometo que lo seguire leyendo con mucho gusto, y lo comentare, creo que esa es una manera de saber que un articulo no es intracendente.

 

Mis respetos         

No encuentro la diatriba y, mucho menos, la misoginia. Primero: porque Elena o Helena no es todas las mujeres y. segundo, todas las afirmaciones del autor están seguidas de la fuente dura o de las palabras de lo involucrados.

     Igual, encuentro valiosa la información que, bien cocinada, serviría para más de un artículo.

 

 

Estimado Don Luis.

                   Aunque en el medio literario es frecuente el desencadenamiento de la pasion, ¿quien no conoce las monumentales disputas entre Gabriel Garcia Marques y Mario Vargas Llosa o entre Octavio Paz Pablo Neruda? por mencionar los pocos que conozco, y que es indisoluble este sentimiento del pensar y actuar de literaros y poetas, creo que en ocasiones este puede llegar a obnubilar su vista y la objetividad y finalmente  su propio trabajo. No dije estimado Luis, que el autor del articulo mintiera, solo que precisamente utilizando las pruebas a su alcance, no con fines de profundizar  la historia sino con evidente afan de desacreditar las opiniones de otras personas, que por lo demas insisto estan mas que acreditadas para enunciar su propia version de la historia, su propia historia.

                   El Diccionario académico recoge la palabra diatriba con el significado de ‘discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo’ y creo que es el caso.  No asevere que hubiera misoginia, porque no creo que nuestro autor merezca ser insultado y calificado por un solo acto y sin conocerlo, por eso dije "me niego a pensar en misoginia", aunque bien que lo parece, pero para practicar la misoginia no se necesita hacerlo contra muchas,  una es suficiente.

 

                    Lo respeto Don Luis, solo los que tienen valor, manifiestan sus ideas y si como usted lo hacen con inteligencia, creo que hasta se puede dar el dialogo. Saludos 

         

 

 

 

 

 

 

 

 

 Diccionario académico recoge la palabra diatriba con el significado de ‘discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo’ 

Un trabajo de investigación interesante, sin embargo, prefiero que la calabaza siga siendo carroza. No indaguemos por los que ya lo están. Amén de lo anterior, comencé leyendo un artículo en Letras libres y terminé leyendo uno del mundo del abogado, la pluma fue ajena en este caso.

 

Con tu criterio "de no indaguemos por los que ya no están", Heródoto, James Boswell, Benito Pérez Galdós, Stefan Zweig, Emil Ludwig o el propio Octavio Paz, más que historiadores, son simples juglares o cuenta cuentos.

Cualquier artículo es bueno para fines de llegar al tope requerido para salir con cada nueva edición de Letras Libres. Fuera de eso: bullshit...!

Los argumentos del articulista me parece que son débiles y no ayuda a vislumbrar hasta qué punto torcieron la versión de la boda ambas partes, la Garro y Paz. Un artículo fallido.

Estimado señor Hernández, de lo que entendí del texto, el autor revela una fuente objetiva que ningún otro autor había contemplado: los documentos oficiales del Registro Civil. La versión de Garro es ampliamente conocida. Sólo para orientar, ¿cuál fue la de Octavio Paz que usted afirma conocer? Disculpe mi ignorancia, ya que no conozco ningún texto del poeta en el que se refiera a este episodio. Muchas gracias.

Muchos esctritores emprenden el proyecto de reinventar su pasado desde la eficacia de la palabra. Esclarecer esas zonas biográficas desde los datos nos permide disminuir nuestras ansias de admiración y juzgarlos con imparcialidad. 

Todo este artículo está pensado para decir que es mentira que Elena Garro se casará sin pleno consentimiento, debido a que, el juez era "probo" y un "catedrático reconocido", lo que refuta ese dicho: ¿por qué casó a personas que no cumplian con los requisitos, en particular, Elena, que era menor de edad -las actas de nacimiento no están en el archivo-, aunado a que no fueron los padres para dar consentimiento de tal hecho? La probidad del juez queda en duda al llevar un acto que es ilegal. La pregunta es: ¿cómo logró Paz que se les casará a pesar de no cumplir con los requisitos legales?

En cuanto a los dichos de Elena Garro y su hija, quedan descalificados, tan sólo por el hecho de que están las firmas de la primera y porque el abuelo no realizó ningún acto para anular el matrimonio, el articulista, tiene un pleno desconocimiento sobre el contexto histórico y cultural en el que se han desarrollado la mayoría de las mujeres, que carecían de derechos plenos y que en la mayoría de los matrimonios, el consentimiento de las mujeres en muchas ocasiones era simplemente accesorio. El argumento de fondo es que Elena Garro si deseaba plenamente casarse con Paz pero después por "despecho" nego haber deseado casarse con él.

Más que contribuir a desmitificar estas figuras, el artículo deifica a Paz, no lo humaniza, por el contrario, pone las figuras de Elena Garro y su hija, como mujeres despechadas y que por ello su testimonio no importa.

Vaya que le valdría bien al columnista, leer un poco más sobre teoría de género, e intentar hacer artículos más logrados.

No estoy de acuerdo con tu opinión. Finalmente, versiones de la historia podrá haber muchas, sin embargo, el artículo destaca que existen documentos que contrastan y atemperan muchos de los párrafos autobiográficos de Elena Garro. Es decir, no puedo inmiscuirme en la subjetividad de Garro, pero cambia mi perspectiva sobre los hechos si me entero que antes de timarla y llevarla frente al juez, se realizó análisis prenupciales. 

Por otra parte, nod udo que Paz haya sido un egoíste infeliz, misógino si quieres, pero este texto es documental, y el Nobel no proporcionó información sobre estos hechos como para añadir su versión y desmentirla. Estoy de acuerdo en que muchas de las mujeres carecieron del pleno ejercicio de sus derechos, aunque dudo que el de Elena sea el mejor ejemplo de ello, por todas las implicaciones de su biografía. 

Felicidades, muy interesante investigación

Excelente artículo, muchas felicidades Gilberto.

El texto presenta una tendencia muy marcada a apoyar la versión de Paz. Es probable que Elena Garro haya exagerado algunos detalles en sus escritos, finalmente era una gran narradora y creadora de ficciones. Por otra parte, es cierto que Paz nunca la perdonó por su romance con Bioy y de ahí se deriva toda una línea de menospreciar y condenar a Elena.

Más a allá de chismes, encierros en el clóset, incoherencias y salud mental, la unión de estos dos grandes escritores fue un garbanzo de a libra y en pocas ocasiones se puede hablar e la unión de dos intelectuales tan brillantes (Sartre y Beauvoir y los Curie, tal vez).

Saludos

¿Cuál es la versión de Paz? Estoy investigando sobre su juventud para presentar un proyecto de posgrado, y no he encontrado un solo documento en el que dé su versión acerca de la boda. Si tienes alguno, ¿me puedes decir cuál es? Gracias, buen día. 

Que buen artículo

Le recomiendo que lea tambièn las secciones "Octavio y Elena" y "Los Paz y Las Garro" del primer y tercer capìtulo  mi biografìa "Octavio Paz y su cìrculo intelectual" ((Fontamara/ITAM 2013)) 

Un cordial saludo.

 

Jaime

Hola.

No concuerdo con el comentario sobre inteligencia e ingenuidad. Puedes ser muy inteligente e ingenuo a la vez. Son cosas distintas. 

Mi humilde opinión. 

Ambos personajes fueron víctima de su megalomanía y no soportaron la tragedia de su cotidianidad.
Octavio era en pesado y Elena, bueno, nunca fue una gran escritora. La boda quizá fue un embrollo, pero queda claro que se casaron porque quisieron.

Sí, creo que porque quisieron y porque se quisieron aunque luego se desquisieran.

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