La Axolotiada en el cine antiguo y el video posmoderno

 

El escritor y cineasta Alain-Paul Mallard nos ha hecho notar, a Gerardo Villadelángel y a mí, algo fascinante. En el Viaje a la Luna, el famoso film de 1902, de Georges Méliès, podemos observar a los astronautas cuando escapan presurosos de los enojados selenitas que los persiguen. Suben precipitadamente a su nave para regresar a la tierra y la cápsula espacial cae en el mar, donde aparecen durante unos instantes, moviéndose rápidamente, unos axolotes gigantes. Se nos escaparon estos axolotes cuando planeamos la Axolotiada, el libro que publicamos en 2011 (Fondo de Cultura Económica-INAH). Hubiesen ocupado un lugar destacado allí. El lector curioso los podrá ver poco después del minuto 11 de la película: 

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¿Por qué Méliès, al lado de las medusas, no fotografió a unos peces comunes y quiso presentar a los exóticos anfibios, con sus patitas, para recibir el regreso de los astronautas? ¿Acaso también cayeron de la Luna? Aquí pueden verse dos fotogramas de la versión en color del Viaje a la Luna:

 

Por otro lado, a los interesados en los axolotes les puede gustar el video de Joel Veitch, un joven cantante y creador de dibujos animados británico. Se trata de The Axolotl Song, de 2010. Veitch dice que “el axolote es el animal con más suerte en todo México, porque exhibe una propiedad llamada neotenia, lo cual quiere decir que llega a la madurez sexual sin pasar por la metamorfosis. El axolote puede ser inducido a metamorfosearse si bebe el viscoso jugo de la salamandra. ¿No es algo brillante? Tuvimos que escribir una canción sobre esto”. Si se quieren divertir, pueden ver el video aquí (dura solo dos minutos):

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El famoso animalito mexicano, emblema de la identidad nacional, tiene una presencia muy grande en las artes visuales. Es sintomático que aparezca tanto en los orígenes del cine como en una animación videográfica inglesa actual.

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"El famoso animalito mexicano, emblema de la identidad nacional, tiene una presencia muy grande en las artes visuales."

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

A Bartra lo cito elogiosamente en mi libro, pero no tuve ninguna línea para su emblemático axolote. En otra ocasión compènsaré esta ausencia del axolote. 

 

Méliès, Viaje a la Luna; Joel Veitch, axolotes y salamandras... Es de agradecerse –e imitarse– la capacidad de asombro de una inteligencia como la de Roger Bartra, que sin imposturas imagina como criatura –civilizada y salvaje–, mira como artista –conceptual–, olfatea como filósofo –kínico (así, corrector, con “k”)–, mastica como antropólogo –no del inah– y escribe como prosista –de los serios, de ésos que están en vías de extinción–. (Por lo demás, en parábola escatológica, cisca en plan Diógenes de Sínope, obedeciendo a un examen político particular –¿liberal?: para el caso el concepto se antoja pequeño– en tanto los comensales de la teoría política demodé –y refritera– apenas van por la ensalada.

 

Me trueno los dedos por que con la lectura de su obra varia –toda, incluso la que dedicó literalmente ¡al cerebro!– escapemos del estado axolotero –o bien permanezcamos en esa fase neoténica, pero a su modo: lejos, en principio, de geografías melancólicas e identidades pazguatas.

 

Chapó por Roger Bartra, una de las mentes mayores de Occidente.

 

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