El cine contra Nueva York

Noviembre 3, 2010 | Tags:

Each man kills the thing he loves, escribe notoriamente Wilde en la Balada de la cárcel de Reading. Después de romperle la cara a Jared Leto –un tipo bello y rubio como un ángel de Rafael– en El club de la pelea (Fight Club, 1999, David Fincher), Edward Norton explica, lacónico: “Me dieron ganas de destruir algo hermoso.” En medio del incendio forestal, reflexiona Robinson Jeffers en su poema Fire on the Hill, hermoso era el horror de los venados. Esto es bien sabido: algo –que no es morbo–, algo que es un gozo de verdad, existe en presenciar la destrucción de cosas bellas. El cine, obsesivamente, vuelve sobre la demolición de una de sus obras más queridas y más hermosas: la ciudad de Nueva York.

Ya en 1933 el gran simio Kong desató su furia amorosa sobre Manhattan –destruyó un teatro, un convoy del metro, ascendió, encolerizado e inocente, el edificio Empire State (que había sido inaugurado apenas en 1931):

pero la ciudad –furiosa también– lo destruyó a él. King Kong es anterior, por una docena de importantísimos años, a la amenaza nuclear. Ésta trajo a la ciudad, tras una prueba de bombas en el Ártico, a El monstruo del mar (Beast from 20,000 fathoms, 1953, de Eugène Lourié, basado en una historia de Ray Bradbury), un dinosaurio que mató al menos a 180 personas, hirió a 1,500 y causó daños por 300 millones de dólares:

Más miedo nuclear: el que propició Invasion, USA (Alfred E. Green, 1952), en que la URSS detona una bomba atómica en el mero centro de Manhattan. Those damn commies! O la pavorosa Límite de seguridad (Fail Safe, 1964), de Sidney Lumet. En ella, la escalada armamentista termina donde parecía inevitable en aquellos tiempos terribles: Estados Unidos, por error, comanda un ataque nuclear sobre Moscú y el presidente (Henry Fonda, medio disfrazado de John F. Kennedy) debe compensar a su enemigo y ordenar la aplastamiento de Manhattan. He aquí la increíble tensión de los últimos seis minutos de la película:

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(No es ninguna casualidad que también en 1964 Kubrick estrenara Doctor Insólito, enloquecido reverso de Fail-Safe cuyo gozoso desenlace no es la anulación de Nueva York sino del mundo entero.)

La invasión de Godzilla, en el lamentable remake de 1998, es igualmente producto de pruebas nucleares (esta vez, francesas en la Polinesia) pero el daño que recibe la ciudad es, sobre todo, colateral. Por ejemplo: helicópteros gringos que quieren derribar al atómico dragón destruyen, con pésima puntería, parte del edificio Chrysler. En cambio, la hecatombe que sigue al monstruo Cloverfield (Matt Reeves, 2008) y sus pimpollos –que pueden ser extraterrestres o no, jamás lo sabremos– del bajo Manhattan hasta Central Park no es error humano: es puro sanguinario sinsentido. Los humanos son capaces, apenas, de buscar la salida más rápida de la ciudad (no el puente de Brooklyn: el monstruo lo romperá como quien separa un Lego) y maravillarse ante el inmediato futuro de su propia muerte:

Si el monstruo de Cloverfield vino de otro planeta no fue, por supuesto, el primer extraterrestre que destruyó la ciudad. El grupo teatral/radial de Orson Welles emitió por CBS el 30 de octubre de 1938 una adaptación a “noticiero” de La guerra de los mundos de H.G. Wells. En ella un meteorito expulsado de Marte cae a la tierra –Van Nest Park, Grover's Mill, Nueva Jersey–; acto seguido, el meteoro se revela como una nave espacial y ésta destruye a algunos testigos humanos con rayos calóricos. A través del río Hudson los marcianos invaden Nueva York, emitiendo gas venenoso, mientras los pobres humanos son diezmados como una plaga. Famosa y míticamente, el chiste de Halloween de Welles causó un pánico real en la ciudad, que de veras se imaginó sitiada por fuerzas alienígenas. (El programa, en todo su emocionante candor, puede oírse en Archive.org; la nota sobre el “pánico”, aparecida en el New York Times el lunes 31 de octubre de 1938, está acá.) Y antes que la nave tamaño ciudad obliterara el Empire State Building de El día de la independencia (Independence Day, 1996, del chambón Ronald Emmerich) vimos ovnis sobre Manhattan en Mars Attacks the World (1938, aprovechando el furor causado por Welles), La tierra contra los platillos voladores (Earth vs the Flying Saucers, 1956, de Fred F. Sears) o, en el mismo 1996, Marcianos al ataque (Mars attacks!), la última película divertida de Tim Burton.

El fin de Nueva York no ha estado libre de meteoritos: Armagedón (1998), del intratable Michael Bay, es actualmente la más conocida del grupo, que incluye Meteoro (Ronald Neame, 1979, con Sean Connery) e Impacto profundo (Deep Impact, 1998). En ésta, la sentimental directora Mimi Leder elaboró una pasmosa inundación de Manhattan:

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Comentarios (5)

Mostrando 5 comentarios.

Estupendo recuento. Incluso podria decirse, con una gran dosis de un humor mas que negro, que los terroristas del 11 de Septiembre no hicieron mas que cumplir las mas alocadas fantasias cinematograficas del cine americano: destruir Manhattan.
¿Por que sera que cada nacion desea destruir su ciudad mas emblematica: los gringos a Nueva york, los japoneses a Tokio, los ingleses a Londres, los mexicanos, especialmente si son de Guadalajara o Monterrey, al Defeño, etc.?.

amén

pd: chale con el viejo james, ni modo. saludos alón.

me encantó! destruir lo bello -en este caso ny- es también un tema común en poesía. me viene a la mente el poema 'bellísima' en el que eduardo lizalde le dice a una mujer que es tan perfecta que incluso una mutilación la haría más hermosa:

'pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.'

pd. viejo james, no creo que el autor quiera expresar ninguna de las cosas que dices, de hecho siento que su texto es más una celebración del tema, una breve antología, que una crítica a él. con lo que sí estoy de acuerdo es con que la libertad de expresión es lo mejor que hay en el mundo si permite que se escriba sobre temas como éste y que tú puedas comentar cualquier cosa que se te antoje al respecto.

Definitivemente la libertad de expresión es lo mejor que hay en el mundo. Ahora cualquiera puede escribir sobre la estupidez que le plasca. Ni siquiera se sabe qué es lo que el autor quiere expresar con el "artículo". ¿La falta de creatividad de los cineastas, por apelar siempre al mismo recurso cuando faltan las ideas (que es cada vez más frecuente), o el odio de los mismos hacia NY, o alguna otra cosa??

La verdad es que el tema me parece totalmente irrelevante!

Simplemente para delicitar al autor de este articulo. Me pareció ameno y completo. Muy interesante.
Saludos.

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