Cortázar: papeles inesperados

Septiembre 21, 2009 | Tags:

Desde hace quince años, Aurora Bernárdez, viuda, heredera y albacea de Julio Cortázar, había declarado que la obra inédita o no recopilada del autor de Rayuela era considerable y el paso del tiempo no la ha desmentido. Editadas por Saúl Yurkiévich, su amigo cercanísimo y crítico de cabecera, se publicaron postumamente novelas primerizas (Divertimento y El examen), ensayos como Teoría del tunel o Imagen de John Keats, tres tomos de correspondencia y algunas otras cosas que irán tomando su lugar en la edición en nueve tomos de las Obras completas de Cortázar que está en curso de publicación en Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores.

Papeles inesperados (Alfaguara, 2009) no es, entonces y para decirlo con propiedad, un libro inesperado. Y no lo es porque una buena cantidad de los artículos recogidos por Bernárdez y Carles Álvarez Garriga se habían publicado en muchas partes del mundo, en los últimos años de la vida de Cortázar, fallecido en París el 12 de febrero de 1984. El lector de Papeles inesperados se reencontrará, si vivía en México en aquellos últimos diez años de la vida de Cortázar, con textos que habrá leído en El sol de México, en Proceso y en el suplemento Sábado de unomásuno.

Esa es sólo una parte del libro, la otra, la más interesante para los lectores de Cortázar y para los investigadores literarios es la buena cantidad de inéditos que Papeles inesperados ofrece. Se trata de casi una docena de “historias”, como los editores han titulado prudentemente a esos textos, para no contrariar la estricta conciencia que Cortázar tenía de lo que era y de lo que no era un cuento. A esa sección se agregan tres “Historias de cronopios” inéditas, un fragmento desechado de El libro de Manuel (1972), piezas juveniles, comunicados de prensa no enviados, recuerdos de Beckett o de Neruda, autoentrevistas, denuncias y ponencias políticas, presentaciones para catálogos de exposición (destaca una sobre el pintor oaxaqueño Rodolfo Nieto) y varios poemas, también inéditos, pues Cortázar fue en extremo severo con su poesía, un campo polémico. Entre sus lectores se discute mucho si la poesía fue la verdadera alma de su obra (así lo creían Octavio Paz o Yurkiévich) o si sus poemas, como lo dijo otro admirador de su obra, el crítico peruano José Miguel Oviedo, eran “conmovedoramente malos”.

Ante un libro como Papeles inesperados es inútil reponer la discusión sobre si se deben publicar los inéditos, los borradores, los textos preteridos u olvidados, las piezas de circunstancia, de un autor. Ha quedado probado que los herederos de literatos, aun violando la voluntad libre y manifiesta de los finados, suelen publicar, amparándose en las razones más nobles o apenas ocultando los cálculos más ruines, todo aquello que quedó en “los fondos de cajón” de un autor o en la frágil memoria de sus archivos cibernéticos. En cualquier caso, la advertencia es clara: escritor que no quiera que su obra crezca póstumamente a placer o a criterio de su interesada familia o de la curiosa humanidad, debe quemar papeles o borrar memorias. En el caso de Cortázar, dados los plenos poderes que él otorgó a Aurora Bernárdez, al cumplirse la voluntad de ella se cumple la de él. Y dado el trabajo desarrollado por Bernárdez y sus amigos, que también lo fueron de Cortázar, puede decirse que los resultados han sido ejemplares: se le ha estado publicando con generosidad y pulcritud.

¿Qué tanto, entonces, contribuye Papeles inesperados a la imagen acabada de Cortázar, al destino de su obra? Creo que en poca cosa. Es notorio por qué los fragmentos estrictamente literarios, como los que corresponderían a Un tal Lucas (1979), ese tardío alter ego de Cortázar, no fueron publicados en vida suya. Son borradores y bocetos donde, desde luego, brota aquí y allá su genio junto con las huellas de su agotamiento: para nadie, entre los entendidos, es un secreto que la prosa breve de Cortázar nació perfecta, en el medio siglo, con los cuentos de Bestiario (1951), Final de juego (1956) y Las armas secretas (1959). Él, que no tuvo ni empacho ni falsa modestia en presentarse como uno de los mejores cuentistas de la historia, lo sabía. Y en cuanto a la novelística, Papeles inesperados no agrega gran cosa, lo cual me decepciona pues yo soy de aquellos que nunca se han atrevido a releer, en serio, Rayuela (1963), que me entusiasmó como a todo el mundo y que, en algunas ocasiones, les he ofrecido a jóvenes lectores como material de lectura. La última vez que lo hice me sorprendió el disgusto rayano con la indignación de un par de muchachas veinteañeras ante la misoginia utilizada por Cortázar para dibujar a su célebre personaja, La Maga. Las mujeres de mayor edad, en aquel taller, fueron más tolerantes ante Rayuela o menos políticamente correctas.

Buena parte de los textos de Papeles inesperados son políticos y muestran al Cortázar más maltratado por el tiempo: el publicista ideológico luchando desesperadamente por conciliar la autonomía de la literatura con el ánimo militante y la pendencia revolucionaria. Amigos suyos, como lo fueron Paz y Mario Vargas Llosa, asombrados ante su conversión radical, lo justificaron por la inocencia adolescente de su periplo, por el candor de catecúmeno con el cual se equivocó. Lectores más distantes encontramos, en cambio, ceguera, vanidad, obcecación, puerilidad.

La empresa de recuperación del Cortázar inédito o poco conocido que quizá concluye con Papeles inesperados, ha tenido mejores momentos. Se reeditó hace años (primero en Alfaguara y después como parte del tomo IV de las Obras completas), Imagen de John Keats (1951-1952), ejemplo de ensayo libre y de biografía literaria como los hay pocos en varias lenguas. En ese tomazo, redactado en el tránsito entre Buenos Aires y París, Cortázar se autorretrató en el espejo del romántico inglés y con esa imagen prefiero seguir leyendo. La idea general de Keats, dice el argentino, es “que el mundo es deplorable, pero la vida –en o contra el mundo– guarda toda su belleza y puede, en la realización personal, transformarlo. Otra idea conexa es que el llanto debe remplazarse por el grito, la elegía por la oda, la nostalgia por la conquista.”

(Publicado previamente en El Ángel de Reforma)

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Comentarios (15)

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Estimado César: todo el mundo conoce el famoso "balancín de la crítica" con el que los antiguos, aquellos que todavía escribían en latín, solían poner fin a sus prólogos: si quis fuerit, cui non placeant nostra; illum ut meliora det, hortor; si hubiera alguien a quien no le gustase lo que ofrecemos, le exhorto a que presente algo mejor. De acuerdo con él, esperamos que publique en breve una novela menos indigesta que "Rayuela". No se olvide de hacernos llegar la referencia. Esto no es una pataleta ni nada parecido: se trata sencillamente de subrayar que una crítica es incompleta si sólo derriba: es crítica por lo que aporta, por lo que construye a partir de los escombros.

Ave Cesar, pero a no confundirse, ave de rapiña.

nada más para aclarar que no es "Bolaños"
es Bolaño

No puedo sino coincidir con César en la discusión habida bajo esta excelente entrada de Christopher Domínguez.

Resumo la experiencia Rayuela como una muy sencilla: obra devorada, con fruición y entrega cuando tenía 22 años, motivado tal vez por sus reflexiones sobre el jazz y el conocimiento que tenía de sus posiciones politicas. Al intentar releer Rayuela, después de varios años, la experiencia ha sido decepcionante, simplemente se me ha caído de las manos. (Igual experiencia con el Nocturno de Chile de Bolaños, no tanto así con Los Detectives Salvajes, para algunos su mejor trabajo, pero hasta ahí.)

Los cuentos... Bueno los cuentos de Cortázar son otra historia, con excepciones mínimas. Militan efectivamente contra la experiencia Rayuela, y nos hacen olvidar sus tristemente equivocadas posiciones políticas. Mejor aún, nos invitan, casi nos obligan, a buscar a Borges. Entonces descubrimos otra dimensión, y comienza otro juego.

La pretensión de que la literatura sea cosa para inocentes hace estragos y más entre los idólatras de García Márquez y Cortázar, autores que son extraordinarios cuentistas, medianos novelistas,y, de surplus, frecuentemente enamorados de cualquier dictador en cuanto éste se sienta con todas sus nalgas sobre (y contra)un pueblo, pero (eso sí, faltaría más) se proclama liberador de pueblos.Y entonces es el himno de gozo de los encantados "lectores inocentes", los incapaces de leer con algún espíritu crítico (que por cierto ni yo ni al aparecer César pretendemos que deba ser exclusivo de intelectuales). Los "argumentos" de los fans de Cortázar y García Márquez no argumentan nada a partir de lo que puedan ser las obras mismas. Sólo aducen que a ellos, es decir a SUS egos embelesados, les encantó leer a SUS escritores , y proclaman, como "argumento", que el día en que descubrieron fue el día más importante en SUS vidas (y eso sí que es dar vueltas alrededor del propio ombligo).Consecuentemente, truenan contra los lectores con sentido crítico,es decir los que no comulgan con ruedas de molino. Autocalificándose como inocentes y puros, como santos lectores sin el vicio de las ideas, y algunos, puesto que las sustituyen las ideas por ideología, ponen ojos en blanco en pura beatitud política y escupen la palabra "intelectual" como insulto. Lo cual los define como blancas palomitas de pensamiento raro (por inexistente).
Nada que hacer, César, salvo reírse, ¿no te parece? Quién te manda ser un elitista sin corazón, que no lee con ojos puros, es decir no lee con la "actitud correcta.
Los "lectores inocentes", además, suelen dictadorcitos y no admiten disidencia, ni siquiera discrepancia.

La obra de Cortázar es maravillosa, recuerdo que lei Rayuela en la materia de literatura hispanoamericana, a todos nos pareció bastante díficil entender su obra, no entendiamos por su forma diferente de narrar, no estabamos acostumbrados a leer ese tipos de obras, ni siquiera El Ulises de Joyce nos había costado tanto trabajo. Pero a mi gusto, su cuentistica me ha gustado más, es increible esa urbe de "Cartas de mamá", de "Casa tomada", "El perseguidor" entre otros tantos cuentos. Cortázar ha sido uno de los escritores más leidosy estudiado, se le ha reconocido por a su obra fantástica renovada, por esa libertad de jugar con el lenguaje literario de manera desenfrenada, por esa gran dimensión de los contenidos y estructuras novelescas, además de ser un escritor preocupado por por la libertad y por el destino creador del hombre, por tener ese vínculo con lo metafísico, social y desde luego por lo político. No obstante la obra su obra se le reconoce por las grandes innovaciones, por versele a la novela,y a la cuentistica desde otra perspectiva, su obra se desprendió de los canones establecidos, se volvió algo inesperado el leer su obra. Su novelistica y su cuentistica simbolizan dos visones diferentes; una abierta y otra más cerrada, sin embargo su obra es deleitante para todos.

Me parece muy gracioso que inmediatamente que alguien critica a uno de los muchos idolillos de barro, como Cortázar o -ahora- el pésimo e infumable Bolaño, aparecen hordas de personajes (me sorprende que no haya más) gritando y pataleando.

Para empezar: señalar los defectos de una obra -en este caso Rayuela- no es atacar al escritor como persona. Simplemente señalo ciertas características que hacen que a mi parecer se trate de una novela muy fallida. A saber: la anécdota es pobre y realmente se regodea mucho con atmósferas muy aburridas y sentimentaloides. Más aún: se sustenta en una TEORÍA. Es una novela de tesis. Para mayor horror: es una teoría ESTÉTICA hecha relato. Es digresiva, carece de acción: es excesivamente intelectualoide. Una novela que precisa ser explicada. Sólo se salva por algunos capítulos. Grandes capítulos, quién lo duda, pero no hacen una novela. Le falta balance: se carga mucho hacia un racionalismo frío y al tiempo sentimental.

¿Qué tiene qué ver lo que yo pueda o no escribir con criticar lo que me parece mal? (además cómo saben quién soy y qué hago). Jamás podría pintar como Picasso (que me fascina) ni como Tintoretto (iguanas ranas), pero tampoco -no soy pintor- podría hacer un paisaje de esos que venden en los tianguis. Muy respetables esos paisajistas, pero no quieren hacerse pasar por la gran obra de arte. Si lo intentasen (como estafas como Sebastian, el escritorcillo Bolaño o poetillas de a peso que abundan por ahí), ¿no podría decir lo que pienso?

¿El arte es feudo de un grupo de "artistas" y los simples mortales tenemos que permanecer embobados alabándo su supuesta creatividad?

Respecto a la cacareada "envidia" que siento respecto a Cortázar... pues lo único que medio envidio son sus cuentos. Esos sí son increíbles. Sus novelas me aburren. Y como mi fatiga se fatiga, mejor no le sigo (algunos cuentos largos de Cortázar también me parecen muy poco logrados, pero son muy pocos).

En fin, si tuviera que envidiar a un prosista en español, sería al maestro Borges. Si envidiara a un poeta... pues a Neruda (entre muchísimos otros). Pero para qué eso de la envidia, no sean tan simples. Nada más digo lo que me parece. Si a ustedes les parece que Cortázar es un dios que jamás se equivoca y pueden echarse sin dormir sus infumables folletines políticos y sus mamotretos racionalistas que hace pasar por novelas, pues bien por ustedes. Yo prefiero "Carta a una señorita en París" a cualquier Maga.

No le tengan miedo a los idolitos. Cortázar es un gran cuentista, quizá el mejor junto a Borges de toda América del Sur (hay otros muchos, muchos, junto a ellos, perdón por no nombrarlos), pero sus novelas son ABURRIDAS. Eso por no hablar de sus poemas y, mucho peor, sus panfletos.

¿Fue congruente? Tal vez (me pregunto qué hubiera pensado el joven Cortázar antiperonista -quien me simpatizaba mucho más- del viejo barbado defensor de dictadores en que se convirtió). Eso no es un argumento para defender estos Papeles inesperados. Un documento y ya; los papeles de baño de un gran cuentista.

De acuerdo con Luis Gómez, de los responsables de los demás comentarios, quisiera decir que son "grandes críticos", lo hacen bien, pero quiero conocer su naturaleza creativa, no cabe duda que se han apropiado del mote "intelectual", hay que hacer una verdadera deconstrucción y análisis -del contexto histórico, político social- antes de referirse a los textos políticos como "pueriles", pueriles me parecen los comentarios conservadores con etiquetas intelectuales, sean más responsables con la creación literaria y dejen de adular su ombligo

Es fácil venir a desmontar obras y posturas en la vida sobre cualquier persona o personaje.Si se está errado o no quién va a venir a apropiarse y hacerse dueño de la verdad. Creo que Cortazar fue fiel consigo mismo, y eso es lo que importa, que haya estado errado, ya eso es otro análisis, pero actuó de acuerdo a lo que creyó. Ojalá la mayoría de los habitantes de este planeta tuviéramos el "candor o inocencia" de Cortazar para lo que han escrito. Creo que el mundo sería más habitable. Con respecto a Rayuela. Conmueve su primera lectura. Lo que ocurre es que después nos creemos con licencias para venir a desmenuzar y despotricar de las obras de los demás. El asunto es... seremos capaces nosotros de redactar aunque sea una página parecida a x obra. Quizá Rayuela sea para mentes juveniles... respeto eso... pero tiene páginas memorables... lo demás... creo que es simplemente envidia...

Mmm, "ideas rebuscadas"... Pues serán muy rebuscadas, pero nunca más que lo que Cortázar pretende hacer pasar como novela en ese ensayo teórico disfrazado de narrativa (y cruzado aquí y allá con momentos prodigiosos). En fin, nadie critica la mayoría de sus cuentos (hay algunos, muy pocos, penosos).

Al final es chistoso: dices que Cortázar no da para una crítica, sin embargo supongo que piensas que una crítica es algo negativo. No es así: una crítica es simplemente una evaluación. Tú misma la hiciste. De todas maneras una obra se disfruta... pero un autor no es un ser intocable ni mucho menos un idolillo al que no debemos tocarle ni un pelo. Si lo leyeras de nuevo sin el afecto quinceañero y embelesado que le tienes, notarías que Rayuela es un mamotreto decepcionante en ocasiones -la mayoría- y en pocos momentos, sublime. Mucha teoría y poca pasión: o peor, un sueño de la razón. Y ya sabemos lo que eso produce.

Leí Rayuela a los 22 años, como era de esperarse no me costó trabajo llegar a la última página, el placer de la lectura, que no cualquier novela ofrece, que pocos escritores logran.
Y no se hable de sus cuentos.
Como aprendí por ahí lo importante de la lectura no es leer sino releer.
Lo que me sorprende es que la obra de Cortazar les de material de crítica, una crítica pobre, con ideas rebuscadas y finalmente fallidas.
Saludos.

Claro, estimado Fabricio, podemos disentir en ciertos puntos. Después de todo este es un foro abierto y no un club de Toby. Es bueno leer tus opiniones.

En efecto, El mono gramático me parece una obra superior a Blanco, sin embargo parte de la misma idea entre racionalista a la Levi Strauss y del misticismo al revés (también, a mi parecer, excesivamente racionalista) de los pensadores budistas. Al final es un "desencantamiento" del mundo para llegar al vacío.

Claro, Paz niega este vacío a través del juego dialéctico mitad hegeliano mitad budista del "vacío pleno". Pero es una solución intelectual... al fin y al cabo no logra ser sensible. Prefiero un beso a cualquier página explicándome cómo el beso es un reflejo del mundo, su vacío y su plenitud.

De todas maneras, ¿cuál es la diferencia? Sencillo: Blanco es -o pretendió ser- un poema; pero un poema plagado de digresiones, un poema ensayístico. Un poema fallido a mi parecer y por mucho. En cambio El mono gramático es un ensayo -o una novela. Leído como ensayo el libro es muy bueno. Con un sabor muy peculiar y un estilo que roza a la poesía. Un poco demasiado ensimismado y poco claro en ocasiones, pero muy bueno.

Como novela, en cambio, carece de fuerza, de pasión y de -por decirlo así- sangre que corra por sus páginas. Un ejercicio de anti-novela, de novela sobre el vacío: sin anécdota, sin personajes... pura especulación y atmósferas "líricas". Sin mucho interés, sin vuelo. Y claro, como poema pues es muy fallido.

Yo ciertamente lo considero un ensayo. Un gran ensayo.

Ah, ya sé que alguien saldrá a decir que los géneros son una mentira y que hay que romper esas barreras y que el juego de Paz era precisamente borrar las reglas y demás... Pero seamos sinceros, esto no se trata de convenciones, se trata de algo más intuitivo y sensible: cuando leemos un poema en prosa, sabemos que es un poema... nos transporta, nos lleva, nos desgarra o eleva a insospechadas alturas: somos nosotros los que estamos viviendo, cantando. Cuando leemos una novela, sabemos que es eso: podemos sentir la sangre de los personajes en cada página -algo parecido al teatro-: nos identificamos o peleamos con los hombres y mujeres de las páginas... Y claro, en un ensayo buscamos el mensaje, las ideas, gozamos con el estilo...

Son experiencias distintas -análogas en ocasiones, pero distintas-, no convenciones.

Un saludo.

Saludos, César.Puedo coincidir en algunos puntos tuyos sobre "Blanco", pero "El mono gramático" sigue siendo un gran libro, una espléndida interrogación al cuerpo de la escritura y al cuerpo de la realidad.

Me permito escribir en este post no para hablar de los "poemas" de Cortázar (los cuales en efecto son decididamente malos, ejercicios de ingenio, aunque, claro, tienen algunos versos más o menos afortunados), tampoco de los pésimos escritos políticos que el inolvidable cuentista dio en mal redactar. No; mi opinión va en relación con Rayuela, la gran novela de Cortázar.

Recuerdo que mi primera lectura de Rayuela fue alrededor de los quince años. Conseguí el dinero hurtando a escondidas del bolso de mi madre (shame on me) y fui a una librería de viejo aledaña a la Biblioteca de México. Una vez con el libro me interné en los caminos de Chapultepec para leerlo.

La novela me pareció extraordinaria en su momento. Supongo que es lo que le pasa a casi todos: la afinidad con Cortázar, su seriedad sentimental afín a las experiencias vitales de los adolescentes, sus referencias al jazz (que no es muy distinta al snobismo adolescente por la música rock y géneros cercanos como el blues y hasta el mismo jazz), sus teorías literarias muy del gusto de todo aspirante a novelista... al fin y quizá lo más importante: los inolvidables capítulos que representan lo mejor de la obra (el del beso, el encuentro con Trepat, la macabra discusión en el cuarto con Rocamadour muerto).

Pocos años después me dio por leerla de nuevo. Ya fue muy distinta la experiencia: la novela está cimentada en una muy pobre anécdota, sus retruécanos estilísticos parecen más un ejercicio literario que un texto logrado... En fin, toda la novela está llena de especulaciones de índole teórico que la hacen indigesta. Una obra que precisa de una explicación para ser interesante no es una obra: no se sostiene por sí misma. Es la puesta en escena de una teoría estética. Se le nota demasiado el armazón. No, me equivoco: toda la novela se trata de eso: un armazón teórico disfrazado aquí y allá por una retórica sentimentaloide. Novela para adolescentes y, peor aún, para adolescentes con ínfulas de escritor.

En fin, tal vez el juicio parece demasiado injusto. Lo es: en ciertos momentos la novela llega a escapar del funesto plan del autor (por cierto, es curioso que las lectoras del libro se hayan escandalizado por la Maga y no por la teoría racionalista, payasa y machista del "lector macho" y el "lector hembra") y adquiere cuerpo. Es el caso de los capítulos mencionados y algún otro prodigio que hay por ahí. El problema es que dichos instantes no alcanzan a sostener un libro muy ensimismado en un racionalismo pedante y, paradójicamente, sentimentaloide. Un surrealismo que conoció la teoría literaria, un espanto.

Me parecería intrigante entender las conexiones y divergencias entre la idea surrealista del arte que tanto fascinaba a Cortázar y su propio quehacer artístico. Para mí es muy claro: el surrealismo fue -o quiso ser- una subversión de la vida; Cortázar, en cambio, era todavía cartesiano: su subversión era una teoría. Por supuesto, estos excesos teóricos ya estaban presentes en el surrealismo, sobre todo si lo comparamos con la espontánea subversión de Dadá. Sin embargo los insoportables devaneos teóricos, psicoanalíticos y filosóficos de Breton en las partes más fallidas de los Manifiestos y de su propia obra no eclipsan la obra poética de Eluard o Desnos. La teoría no se muestra en sus obras: éstas la trascienden. La más importante regla del surrealismo es no tener reglas, no tener teorías. Algo fructífero en poesía, pero lamentablemente casi imposible en prosa. Cortázar nunca pudo dejar de tener reglas, nunca pudo escapar del todo del cartesianismo. No pudo dejar de justificar teóricamente su obra: era demasiado consciente de la literatura.

Algo más sería interesante escribir: el indudable paralelismo (ya advertido por ellos mismos) entre la obra de Cortázar y la de Octavio Paz. Ambos nos dejaron una obra memorable (los esplendidos poemas de Paz; los maravillosos cuentos de Cortázar), pero también es cierto que ambos llegaron a extremos teóricos en su propia obra. Rayuela es en ese sentido muy cercana a la etapa de Paz que incluye Blanco y El mono-gramático. Los parecidos son patentes: tanto Blanco como Rayuela son un esfuerzo desde la razón para trascender a la razón; son un intento desde la teoría misma por alcanzar el silencio más allá del significado. Algo muy interesante en el papel, pero con resultados bastante cuestionables... Son obras que NECESITAN ser explicadas por sus autores. Una IDEA disfrazada de obra.

Pero, al igual que en Cortázar y su Rayuela, Blanco escapa por momentos (muy escasos, por desgracia) del plan de su autor...

En fin, los momentos más ambiciosos y formalmente osados de ambos creadores se vieron truncados precisamente por esa ambición. Olvidaron el cuerpo y la pasión para invocar los fantasmas de la razón. Disfrazaron sus laberintos formales con una teoría sensualista. Pero se quedaron ahí: en la teoría, no le dieron cuerpo a sus criaturas. Ni esa etapa de Paz ni la novelística de Cortázar pueden escapar nunca de su autor: pesa sobre ellos su figura, sus ideas. No adquieren cuerpo.

No importa: nos quedan los inolvidables cuentos de Cortázar... los magníficos poemas de Paz. Lo demás es silencio.

Apenas se puede creer que un escritor de gran inteligencia imaginativa y humorística como Julio Cortázar se convirtiera en un fan servil y medroso (como en el caso de su arrepentimiento por haber criticado el affaire Heberto Padilla)del caudillo Fidel Castro. En efecto, dan "mu" sus páginas políticas: incomprensiblemente son las de un ser pueril más autoengañado que engañado con el bonito dizque socialismo castrista.Y Christopher tiene razón, la parte literaria de estos "Papeles inesperados" no añade nada considerable a la gloria del gran cuentista. Y por cierto más vale no releer "Rayuela": yo lo hice y tuve que forzarme a llegar a la última página. Es ahora, salvo unos pocos momentos, un libro muerto en el que La Maga resulta tan insoportable como debió ser su modelo, la Nadja de Breton.

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