La bitácora en línea del escritor José de la Colina.
Ledesma, vate de Chamacuero

Me entero de que en los últimos días de diciembre ha muerto un viejo amigo al que hace mucho no veía: Evaristo Meza García, alias Evaristocles, un guanajuatense desmedidamente flaco, medianamente albino y poeta recóndito (gracias a permanecer, decía, “espléndidamente inédito”). Lo conocí una mañana de 1955 en el café y horchatería Chufas, en la calle de López, ciudad de México, y con él pasé algunas tardes paseando la Alameda y Paseo de la Reforma, platicando (en el siguiente orden o en otro) de muchachas, de cine, de literatura y de la vida considerada en modo tan global como filosófico.
Evaristocles, cuando no decía sus propios poemas, solía recitar los de un poeta coterráneo al que yo creía heterónimo suyo; pero un día, muchos años después, y cuando ya él se hizo perdedizo, hallé en una librería anticuaria un manoseado libro que le había pertenecido y cuya portada pregonaba:
MARGARITO LEDESMA
(HUMORISTA INVOLUNTARIO)
POESÍAS
Prólogo del lic. Leobino Zavala,
San Miguel de Allende, 1922
Este vate, Margarito Ledesma, era, decía, de “la bendita tierra que me vio nacer”: Chamacuero de Comonfort (¿O Comonfort de Chamacuero?), cabecera de un municipio del Bajío, y he aquí que apenas se alejaba de ella en algún viaje de sólo una decena de kilómetros, le dedicaba transidas y frutales endechas como la siguiente:
Adiós, paraíso encantado,
vergel de sabrosas limas,
a ti van mis humildes rimas
hoy al partir de tu lado
como el que pierde la vida.
Y al sentir el desencanto
de separarme de ti,
siento loco frenesí
y he llorado tanto… tanto.
Poco después habría de enterarme de que Margarito Ledesma y sus Poesías eran invenciones del prologuista, el Lic. Leobino Zabala (Uriangato, 28 de junio de 1887-San Miguel de Allende, 27 de diciembre de 1974); a menos que éste fuese a su vez invención de un tercer autor, y entonces se daría un caso de mise-en-abîme, como en los dibujos en que un pintor pinta un cuadro en el que hay un artista idéntico pintando un cuadro en que se muestra un tercer idéntico pintor que pinta ese mismo cuadro, y así “hasta el infinito”.
El licenciado, a final de cuentas, además de satisfacer su demonio o su ángel lírico-humoristico, había creado un personaje con un propio modo de ser, de ver el mundo y de ejercer, mediante la métrica y la rima, una inocencia que, involuntariamente por su parte, pero voluntariamente desde su creador, es decir el licenciado Zavala, se caricaturizaba en un modo de ver el mundo concentrado en la (digamos) maqueta de Chamacuero, un pequeño lugar en la vasta topografía mexicana… Pero ¿pequeño, dije? No. Recuérdese lo que decía Jules Renard en su Journal: “Mi pueblito es el centro del mundo, porque el centro del mundo está en cualquier lugar.”
Merecedor de que Gabriel Zaid lo recibiera con dos poemas en su exigente Ómnibus de poesía mexicana, Margarito Leobino, o bien Leobino Margarito, a escoger, fue un poeta a la vez astuto y naïf, un vate universal y del terruño y, en fin, el hombre que honró al alma chamacueriana con sus inspiradas poesías.
En este artículo de despedida a mi amigo de juventud Evaristo Meza García, alias Evaristocles, saludo de paso al fantasma del Lic. Leobino Zavala y lo dejo diciendo, a través de Margarito Ledesma, uno de sus poemas mayores y más profundos y sentidos. (Pero antes vayan tres aclaraciones pertinentes. 1ª), cuando se dice “no hay más remedio que enyerbanos juntos” eso no significa la invitación a un estático, y extático, “viaje” de mariguana, sino “meternos bajo la hierba”, es decir bajo un herboso, y acaso hermoso, sepulcro, o bien ingerir hierbas venenosas para cometer suicidio. 2ª, en una línea se dice atariado y no atareado, por falso problema de métrica. Y, 3ª, Romero es la traducción al idioma margaritense del nombre Romeo. Éste y Julieta son los protagonistas de la universalmente aplaudida y llorada tragedia de don William Shakespeare, de la cual don Margarito nos ofrece una mexicana paráfrasis precursora del cine de don Emilio Fernández, aunque no hay fotogenia de cejas alzadas, ni de oscuros rebozos, ni resonar de espuelas en patios empedrados.)
COMO JULIETA CON ROMERO
El corazón humano de la gente
es cual una vejiga que se llena.
Echándole más aire que el prudente,
se va infle e infle hasta que truena.
Y ya que el mío también es de cristiano,
se ve muy atariado y sumergido,
pues si siguen cargándole la mano,
el día menos pensado da el tronido.
Ya ves, tus papás no se convencen
y no me dejan platicar contigo.
Está muy bien, yo no los contradigo;
pero siempre está bueno que lo piensen.
Pues no pueden hallarse muchas veces
personas, como yo, que sean honradas,
que sepan aguantar sus pesadeces
y no anden con chismes ni asonadas.
Yo procuro granjearlos cuanto puedo
y les doy la banqueta y los saludo
y me echan unos ojos que da miedo.
Y aunque ven que uno sufre y que se afana,
parece que les tiene sin cuidado.
Ya ves, ya remacharon la ventana
y al zaguán le metieron un candado.
De arrimarme a tu balcón no hay modos,
ni pisando quedito y sin botines,
pues sale tu mamá y me avienta orines
y grita cosas para que oigan todos.
La verdad que ya yo me desespero,
si siguen así estos asuntos,
no hay más remedio que enyerbarnos juntos,
como lo hizo Julieta con Romero.
(Publicado en Milenio Diario)
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Comentarios (4)
Gracias, querido Pepe, por evocar a Margarito Ledesma, lirida asordinado, y por recoger el que, a mi entender, es su mejor poema (junto al titulado "El Gran Napolión", general al que adjudica la nacionalidad norteamericana).
Es de lo más simpático, Ledesma/Zabala, como otros ilustres partícipes en el destemplado panteón de las letras "provincianas", el gran nayarita Amado Piña o el auténtico "Filósofo de Güemes"...
Es gracioso que don Margarito haya escrito unos "Orillejos" que comienzan:
Desde luego, don Margarito quiso decir "Ovillejos", como se llama en poética a esta estrofa (aa bb cc cddc) desde Cervantes:
Obviamente a don Margarito le sonó más "orillejos"...
Por último, si escribes "Empalme de González" en google, te pone ante los ojos el mapa donde ves que el sitio existe, cerca de Celaya y de... Comonfort de Chamacuero, Gto. Por desgracia en Comonfort hay calle Gabriela Mistral, pero no hay calle Margarito Ledesma.
Abrazo.
Guillermo Sheridan
Tiempo ha que no recordaba al insigne Margarito, hasta hoy que lo vuelve usted a mi presenta. En los ya lejanos tiempos de la escuela supe de su existencia a través de un artículo de Excélsior y compré el pequeño volumen (jamás supe de la publicación de otro) del involuntario humorista, disfrutando en múltiples ocasiones, a veces con hilaridad, su lectura. Con el paso de los años un día lo busqué y constaté que ya no lo tenía. Ignoro por qué ruta se fue mi librito; espero que haya caído en manos de alguien que lo aprecie. Hoy, por supuesto, poca esperanza tengo de volver a comprarlo. Recuerdo muy en especial y me hace sonreír el recordarlo, aunque entonces me hacía reír su lectura, el poema en que narra la corrida de toros de Silvete. Por cierto, el artículo de marras mencionaba que don Leobino era el notario público de San Miguel. Probablemente el único en aquellos entonces.
A Luis Navarro: Tiene usted razón: es anglicismo, y lo peor: es deliberado. Siempre me ha hecho gracia esa expresión inglesa según el cual el suicidio "se comete" (como los delitos, que creo que no lo es), y pensé que iba bien con el tono irónico de la nota. Disculpe usted si el tono resultó fallido.
Feliz año, Navarro.
Gracias por recordar al inmortal Margarito Ledesma.
Pero ¿qué es eso de "cometer suicidio"? Suena a fatal anglicismo. En castellano, que se sepa, la gente "se suicida", no "commits suicide"... Me extraña muchísimo, señor. Feliz año.
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