Uruguay, rey de América

Julio 25, 2011 | Tags:

Uruguay ya es el país con más campeonatos sudamericanos en la historia. Vuelve a ganar en Argentina, como la última Copa América que se disputó en tierras gauchas, en 1987. Otra vez frustró las ambiciones de una selección argentina que pretendía hacerse con el trofeo en su país. Aquella vez, en 1987, eliminó en semifinales 1-0 con un recordado gol de Antonio Alzamendi a la selección que un año antes se consagraba campeona mundial en México.

Esta vez, la celeste volvió a ganar con justicia la 15ª Copa América que galardona sus vitrinas. Fue el mejor equipo del campeonato. Se impuso en la final con autoridad por 3-0 ante el equipo más odiado del torneo: Paraguay, que llegó al partido decisivo sin haber ganado un solo partido y basando su juego en la defensa y en la brillantez de su portero, Justo Villar.

Un Paraguay que venció a Brasil en cuartos por penales sin haber casi buscado la portería durante todo el partido. Un Paraguay que frustró los sueños finalistas de Venezuela en los penales, en un partido en el que recibió tres tiros en sus palos y gozó de una actuación descollante del colosal Villar –por lejos, el mejor arquero del torneo. Confiaba Paraguay en repetir suerte contra Uruguay. Pero la tercera fue la vencida para la justicia futbolística (esa que, en realidad, no existe).

El oficio de los uruguayos pudo más que el ímpetu venezolano o los arrebatos de talento brasileños al enfrentar a Paraguay. La defensa paraguaya jugó una final terrorífica que facilitó enormemente los ataques de Uruguay. Villar volvió a atajar pelotas imposibles. Pero no pudo obrar el milagro ante una defensa que parecía aliada con el contrario.

Desde los primeros minutos, el guión de la final en el Monumental de Buenos Aires –el único partido que se jugó en la capital argentina– se escribió como se esperaba, con Uruguay atacando y Paraguay exclusivamente defendiendo. El primer gol llegó en el minuto 11, pero ya habían pasado dos atajadas providenciales de Villar (la segunda de ellas vino seguida por otro paradón con las manos en el área paraguaya, pero esta vez no del arquero, sino del defensa Ortigoza: el árbitro brasileño no la vio).

Y es que si los palos jugaron para Paraguay ante Venezuela, en la final lo hicieron para el lado contrario. En el primer gol de la final, Luis Suárez –elegido a la postre mejor jugador del campeonato– remató para que el balón se desvíe en un defensa paraguayo y haga inútil el esfuerzo de Villar, pegue en el poste derecho y se introduzca en el arco.

Tras el 1-0, Villar siguió siendo el principal obstáculo para la goleada uruguaya, tapando dos remates de Diego Forlán que tenían destino de red. Pero otra vez Ortigoza fue protagonista, esta vez regalando un balón a Arévalo Ríos ante el área paraguaya, que el charrúa aprovechó para dejar solo a Forlán que con un remate fuerte y cruzado imposibilitó cualquier esfuerzo de Villar. 2-0.

Dar vuelta el partido se antojaba un milagro: un equipo que había renunciado a atacar durante todo el campeonato debía remontar frente a un equipo más sólido, con mejores individualidades y que lo estaba pasando por encima.

Intentó algo Paraguay en la segunda parte. La ocasión más clara para acortar distancias fue un remate de Nelson Haedo Valdez que se estrelló en el travesaño. Pero en todo momento estaba más cerca el tercero de Uruguay que el primero de Paraguay.

Sobre el final, Forlán marcó su segundo gol en esta competición y en esta final, sellando un resultado justo para un equipo sólido cuyo director técnico, Oscar Washington Tabárez, viene recibiendo apoyo de su asociación nacional desde 1995, lo que le permitió conformar un “grupo de amigos” (como lo definió Forlán, que se suma a su padre y a su abuelo en la tradición familiar de ganar la Copa América) que trabajan en conjunto para lograr sus objetivos por encima de los egos individuales.

 

Venezuela, la más grata sorpresa

Uruguay fue el mejor de la competición con permiso de Venezuela. La vinotinto mostró más desparpajo y valentía que ningún otro equipo en esta competición, y por eso llegó a las semifinales, con un juego agresivo y creativo que generó las simpatías de los aficionados al fútbol, además de mostrar un estado físico admirable, elogiado por el técnico de Perú, el uruguayo Sergio Markarián.

Con un técnico de 38 años, César Farias, que no se achica ante la adversidad y que les ha hecho creer a sus jugadores que pueden estar a la par de los mejores, la suerte acompañó a Venezuela en los cuartos de final, cuando Chile, con un equipo peligrosísimo (y que los propios trasandinos veían campeón por primera vez en su historia), asedió unos venezolanos que, con fortuna y entrega lograron capitalizar los errores de la defensa chilena para llevarse el triunfo por 2-1.

Pero esa batalla dejó heridas. Venezuela jugó ante Paraguay sin uno de sus puntales del centro del campo, Tomás Rincón, expulsado ante Chile segundos antes del final del partido por una ingenua falta en el centro del campo. La eliminación ante Paraguay en los penaltis fue inmerecida. Como sucedió antes con Brasil, los paraguayos se limitaron a aguantar los embates de sus rivales confiando en la suerte, en los postes, y en la inspiración de Villar.

No conformes con haberlos derrotado merced a la suerte y al portero, los paraguayos fueron a burlarse de los venezolanos al final de la tanda de penales, lo que desembocó en una batalla campal en la cual algunos demostraron que bien podrían ganarse la vida como boxeadores. El escándalo de la Copa.

Más allá de que aún tienen que sacarse algunas ingenuidades, los venezolanos no sólo fueron, después de Uruguay, el mejor equipo del torneo, sino que regalaron varias de las mejores individualidades, como el central Vizcarrondo y el lateral Cichero (dos pesadillas para los contrarios tanto en defensa como cuando suben al ataque), el centrocampista Arango (una de las zurdas más prodigiosas del mundo a balón parado) o el delantero Fedor. No se quedaron atrás César González ni Salomón Rondón. Y dejó la promesa de Yohandry Orozco, un joven de 20 años al que habrá que seguir con atención.

 

(Fuente de la imagen)

"Esta vez, la celeste volvió a ganar con justicia la 15ª Copa América que galardona sus vitrinas. Fue el mejor equipo del campeonato."

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Comentarios (3)

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Sí, ganó, pero eso qué. ¿Acaso tendrá repercusiones mundiales como las raterías de los señores de Wall Street? ¿Habrá algún aspecto del triunfo charrúa que yo no entienda? ¿Me estaré perdiendo de algo, más allá del pasecito a la red? I'm stunned. 

Pues ganó y ya. ¿Por qué tendría repercusiones mundiales? Es un juego de futbol, ni más ni menos que eso. Me parece sumamente divertida la actitud de esta especie de villamelón posmoderno al que le gusta venir a recordarnos que nada cambia en el mundo tras un partido. Ya lo sabemos señor dust, se lo juro. ¿O es que usted es quien necesita algunas explicaciones?

"Ya lo sabemos", me espeta Luis Frost, y yo le pregunto, a cuántos incluye el verbo saber en primera de plural: ¿sólo a su familia?, ¿a usted y a los 11 charrúas que hicieron la hombrada de meter balones en la portería contraria? Dice que le parezco divertido, creo que miente, pues si así fuera se quedaría callado y no me reprendería; de esta manera, tendría asegurada la diversión. Es usted, por lo tanto, un mentiroso. Siga disfrutando los juegos de balompié de la ¿primera? división mexicana que ¡ya arrancó!, y que se divierta con los escupitajos que se arrojan los futbolistas profesionales, los puntapiés que se asestan cuando no los ve el árbitro, los jalones de camiseta y de testículos, las exageraciones cuando los faulean para que el árbitro expulse a su contrincante. Quizá yo necesite explicaciones, pero, en todo caso, se las pediría a quien redactó este interesantísimo artículo.

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