Se nos murió el humor

Marzo 10, 2014 | Tags:

En la semana seguí con mucha atención el insólito caso de Álvaro Cueva y su teoría de la conspiración sobre el “falso Chapo Guzmán”. Según Álvaro —quien estaba de vena cuando escribió su artículo—, El Chapo era en realidad un actor de Televisa de apellido Goyeneche (¿producto del amor entre Sergio Goyri y Arturo Peniche, Álvaro?). La reacción de los lectores ante lo que era una evidente provocación —tan clara, maravillosamente falsa— es digna de estudio casi académico. A mí, al menos, me preocupa. Revela, creo, la permanencia de viejos vicios mexicanos que ahora parecen florecer con fuerza inusitada. Este es el México de la incredulidad crónica, pero también el de la falta absoluta de sentido del humor.

Pensemos en otro caso, el de Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki y sus discursos al recibir el Oscar el domingo pasado. Dada la relevancia de los premios y la enorme audiencia que los sigue año con año, la ocasión parecía ideal para que alguno de los dos aprovechara el escenario para compartir algún pensamiento sobre México. Algunos esperaban que Cuarón le “dedicara” el Oscar al país. Otros, con menor afectación, se habrían conformado con un mensaje de aliento para un país que, quizá, lo necesita. En lo personal, me parece que el calibre del triunfo de Cuarón tal vez habría ameritado un guiño. Para nadie es un secreto que a México le hacen falta alegrías, aunque sean vicarias, simbólicas o pasajeras. Pero Cuarón no lo creyó así y está en todo su derecho. Sobra decir que no hay absolutamente nada que reclamarle. La relación de cada persona con su patria es tan íntima como la relación con su fe. Por eso me resultó tan sorprendente la reacción —mezcla de indignación y patriotería— de un buen número de personas que, presurosas, tacharon a Cuarón de “arrogante”, “soberbio” o “mal agradecido”. “Debió compartir su premio con México”, leí por ahí. “Le debe mucho a su país”, decía alguien más entre otras variaciones al tema de la obligación casi moral al chovinismo.

En la redacción de Letras Libres comenzaron a pensar cómo reaccionar ante la felpa de solemnidad ramplona. Alguien tuvo la idea de pedirle un texto a Román Cabeza, uno de nuestros más audaces colaboradores, profesor de cine y astuto observador cultural. A las pocas horas, Cabeza había mandado un texto fantástico en el que inventaba un escenario creíble pero claramente falso. De acuerdo con Cabeza, la desatención de Lubezki, Cuarón y la actriz mexikeniana Lupita Nyong’o no tenía ninguna importancia. Resulta, explicaba el texto, que Meryl Streep, la multiganadora del Oscar, tiene algo de mexicana y, como tal, nos pertenece un poco. Cabeza urdió una “investigación genealógica” al mismo tiempo verosímil y enteramente absurda. “El bisabuelo de Meryl Streep vivió en Pachuca como parte de un equipo de mineros que llegó a esa ciudad en 1902”, escribe Román Cabeza. “Se trataba de la hoy  difunta compañía Carston Miller y Asociados, una empresa pujante, especializada en yacimientos de cobre y cal, establecida en los albores del siglo XIX en el estado de California. Pues bien: Balthazar T. Streep pasó una década en Pachuca (…)” El texto sigue en este tenor por varias líneas más. Después, Cabeza tuvo la genial idea de “calcular” exactamente el porcentaje de Meryl —y, por lo tanto, de sus premios— que corresponde a México. “A partir de mis cálculos deduje que Streep es 25% mexicana y, por lo tanto, 25% de sus nominaciones y premios nos pertenecen legalmente. Tiene 18 nominaciones y tres Oscar, de modo que 4.5 nominaciones y .75 galardones son totalmente nuestros (…)”.

Ahora, querido lector, estará usted de acuerdo con que cualquiera con dos dedos de frente deduciría que cada palabra de lo escrito por Román es absolutamente falso. No solo eso: cualquiera con una mínima intuición de los mecanismos de la ironía sabría que el propósito del autor es ridiculizar a los que se rasgaron las vestiduras tricolores  tras la indiferencia de Cuarón. Pues bien, resulta que los lectores del blog de Letras Libres no lo entendieron así. Para el viernes por la tarde, el texto había sido compartido 4 mil veces en Facebook y recibido 136 comentarios. Una minoría virtuosa entendió tono e intención y celebró la simpatía de Román. Pero una mayoría se lo tomó en serio. ¡Muy en serio! No solo se les escapó la ironía; se les escapó el sentido del humor. Solo algunas de las perlas: “Retírate de la escena literaria porque nomás haces el ridículo”, “Este es uno de los artículos más estúpidos que se han escrito”, “Qué pena el nacionalismo barato y absurdo de este sujeto (el autor del texto). Ni Cuarón, ni Nyong’o, ni Streep, ni nadie le deben nada a México”, “¿Es neta? ¿como se pueden atribuir nominaciones y oscares de Meryl Streep a México? no por que tenga un abuelo nacido en nuestro país quiere decir que tenga sangre Mexicana”, “Como siempre, el mexicano queriéndose agarrar del éxito de alguien más”. Créame, lector: el etcétera es largo.

Cómo diría Héctor Suárez: ¿qué nos pasa? La combinación de nuestra inagotable devoción por las teorías conspiratorias y el extravío del sentido del humor es realmente peligrosa. Perder la capacidad de entender nuestras desgracias a través de la ironía, el sarcasmo y el simple y llano ejercicio del sentido del humor implica una suerte de gran derrota simbólica. La solemnidad no solo es hermana del melodrama, también lo es del desánimo crónico. Y aunque las dificultades por las que atraviesa México son innegables, no me parecen ni de lejos suficientes como para claudicar. Tal y como ocurrió con aquellas histéricas voces que exigían que se cancelaran los festejos del bicentenario porque “no había nada que festejar”, nos haría mucho bien comprender que nuestra era, los años que nos ha tocado vivir como mexicanos, no son excepcionales en sus aflicciones. Ceder al patetismo generacional es una mala receta.

Termino con una anécdota. En el proceso de defender el texto de Román Cabeza en las redes sociales me encontré con un interlocutor que me interpeló con la siguiente joya: “pues cómo quieres humor, ni que tuviéramos tu divertida vida de niño rico”. Pensé de inmediato en otros “niños ricos” del siglo pasado que apostaron por el humor y la más fina farsa para enfrentar su propia época de privaciones y dificultades. ¿Qué pensarían Cantinflas y Palillo si vieran el país ignorante y solemne en que nos hemos convertido? “Tanta carpa para nada”, dirían. “Tanta carpa para nada”.

(Publicado previamente en el periódico Milenio)

 

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Comentarios (28)

Mostrando 28 comentarios.

Como me dijo alguien después de estos dos textos y sus lamentables comentarios: Vasconcelos estaba equivocado, no somos la raza cósmica sino la raza cómica....

Quería dejar un comentario en este espacio, pero no me da tiempo entre mis ocupaciones rasgavestiduras y salvadora de las redes sociales.

 

Aliviánense, bola de apretados. 

Al fin y al cabo ni vi la peli... ;D

Gracias por el artículo, es importante seguir conociéndonos como mexicanos y me parece que el escrito ayuda

Saludos 

Una cosa era hacer chistes en tiempos de Cantinflas, cuando el país estaba creciendo y había oportunidades, y otra es seguirlo intentando en un agujero del que todos quieren escapar.

Además, de tanto robarse chistes de la tele gringa, los niños ricos de ahora ya no tienen gracia.

Estudia la historia de México, no tienes ni idea de lo que hablas

Desempleo, inflación, proteccionismo

fue el tiempo de las luchas de los ferrocarrileros, los maestros, los doctores, guerrilla, todas terminadas en represión

Eso le pasa al mexicano, cree que todo tiempo pasado es mejor y no ve el contexto histórico, no puedes comparar el México de hace 60 años con el actual

De acuerdo. Nomás que no nomás le pasa a los mexicanos, sino a todo el mundo: no seas gacho. Lo que pasa con nosotros es que, además, somos bien tercos y "siempre fieles".

Qué importa Cuaron? si dice o no dice, me tiene sin cuidado, tengo cosas mas importantes de las culaes ocuparme.....

Totalmente en desacuerdo acerca de que Alfonso Cueron al recibir el Oscar como mejor director tuviera que compartir con la audiencia algun pensamiento sobre Mexico, acaso es necesario?. Alfonso Cuaron es un mexicano cosmopolita, universal, sus contemporaneos en el mundo del cine saben quien es y de donde viene. Debemos superar ese complejo de inferioridad de que cuando un mexicano alguien triunfa queremos que se grite a los cuatro vientos. 

muy solemne el articulin leon, ya no quiere ser mexicana la plebe, nomas checa los nombres de los niños. ¿Quien quiere llevar el apellido peña ? ¿ No es sintomatico que los diputados del estado de Sonora hayan prohibido algunos nombres feos?

Pues ya van dos colaboraciones de "humor" en LL que son de índole cuasi masturbatorio, en LL es donde más lo han disfrutado. Era obvio que el del tipo que abandonaba Facebook y este del Oscar mexicano que no fue mexicano son artículos en son de broma, pero hay bromas que son buenas y otras que son malas, y esas dos colaboraciones en cuestión de humor espontáneo e inteligente son pésimos. Y además hasta incomprensible para muchísima gente ... Sería bueno hacer un poco de autocrítica y no sólo achacarlo al mal genio de los demás.

Me pregunto si algún artículo de Ibargüengoitia, habitual usuario de la ironía y el sarcasmo humorístico, sufrió iguales represalias. A mí parecer el artículo falló precisamente en cuanto a qué únicamente: "una minoría virtuosa entendió tono e intención y celebró la simpatía de Román."

¡Cuánta pedantería!

A mí me desagradó el artículo de Román, pero definitivamente éste está mucho peor. Pretender que los lectores de Letras Libres no entendimos el humor de Román Cabeza y por eso despreciamos su texto es la peor forma de NO RECONOCER que el texto en cuestión es una porquería.

Mi estimado Krauze, deberías reler a Ibargüengoitia o a Jardiel Poncela. Sus textos forman parte de esa minoría virtuosa que cada vez se extraña más en la "escena literaria".

En fin, no sé en realidad qué pensarían Cantinflas o Palillo al ver el país en qué nos hemos convertido, los que me vienen a la mente después de leer tu desafortunado artículo son Tin Tan y Marcelo y su memorable: "No me defiendas compadre"

 

Saludos

Y yo me preguntaría porqué no lo escribió algún otro muerto, uno que haya entregado su última columna mucho antes de estos tiempos horrorosos en los que todo hijo de vecino puede responder en una página de web, pero mejor no me lo pregunto porque luego se enojan.

En fin, de cantinflas no sé pero tintan era bien pacheco y bailaba mejor: porqué no son ellos en lugar de belinda los que entretienen a la bandera del día de hoy? Quizás porque el señor cabeza está allá, en Edmonton y nosotros acá, en la soledad.

Ojalá hubieras puesto de ejemplo, no a Cantinflas ni al Palillo,  que al final solo son personajes y no los seres humanos del día a día, al que te lava el carro o a la sirvienta de tu casa o al tirabichi de tu cuadra para que fuera aceptada tu defensión (seres humanos que todos conocemos, no así a esos dos personajes que mencionaste).

El mundo de las Redes sociales no es el mundo 3D. Ustedes que viven de la palabra y muchos que viven solo de ideas, han tomado las "opiniones" de las Redes sociales como parámetros para diagnosticar "enfermedades" u obtener tendencias nacionales, y no es así. En las redes sociales la gente escribe más solemne, más crítica, más valiente y más mentiras. Las Redes sociales son el mundo que deseamos tener y los nick, el ser humano que deseaos ser, cosa imposible en la práctica.  En el cara a cara, en el día a día y en la práctica, si bien " el simple y llano ejercicio del sentido del humor" y la "fina farsa" nunca han existido, la "carrilla", el albur y la broma pesada siguen vigentes, cosa de que convivas más con la gente que lleva a cabo trabajos físicos, Te lo digo yo, que me dedico al cambaceo.

Oiga, Rebeca, me interesó mucho su comentario por un par de términos que empleó, que nunca había leído: "tirabichi" y "cambaceo".  Si anda por ahí, ojalá me confirme lo que significan.  Me parece que tirabichi quiere decir algo así como trabajador del servicio de limpia, barrendero, o quizás lo que en México, DF conocemos como pepenador,  y cambaceo significa venta a domicilio, de casa en casa (tal vez derivado del inglés canvassing).  Por lo demás, escribe usted que la interacciones lingüísticas en redes sociales son menos "reales" (yo diría mejor sinceras o espontáneas: OJO, solo a nivel lingüístico, y en foros abiertos) que las personales. Y pues así es; pero yo argumentaría que eso no se debe tanto a la mentira: la gente también miente y exagera en sus interacciones en persona.  Más bien pienso que la lectura y la escritura constituyen desafíos adicionales que no todos están dispuestos a enfrentar como se debe.  Saludos 

Hola Liborio. Ya ando por aquí para responderte. Confirmo lo que explicas sobre el significado de esas dos palabras. Tirabichi es un trabajador de limpieza, solo que aquí en Hermosillo le llamamos así solo al que recoge la basura de casa en casa, al que trabaja en el relleno sanitario pepenando basura, es al que llamamos pepenador. Y sí, cambaceo es la venta de casa en casa, yo vendo servicios a maquinaria y equipo. 

Por lo demás, te digo que la lectura y la escritura no implican desafío alguno, ya que, junto con la palabra hablada, forman parte del lenguaje mediante el cual recibimos y comunicamos ideas. El lenguaje tiene el único deber de atender las leyes que lo legislan, de allí en fuera ninguna forma de entender la lectura o comunicar ideas tiene directrices. No hay lecturas correctas o incorrectas, ni escritura buena ni mala, solo diversa.

Saludo.

Cierto, Rebeca: nadie irá a la cárcel por violar una regla gramatical, porque en realidad estas surgieron para que lo que decimos o escribimos sea comprensible.  Sin embargo, la responsabilidad de hacerse entender escribiendo cuidadosamente es tan importante como la de leer con atención, y ambas tareas requieren del debido entrenamiento.  A eso me refiero con "desafíos".  El señor Krauze pronuncia loas desmedidas a los escribientes y vitupera a los lectores, sin abrir la posibilidad, apoyada al menos parcialmente en los hechos, de que los autores de los textos sean responsables en parte de lo que ocurrió, es decir, la falta de entendimiento por una parte de los lectores de la intención irónica de lo escrito.  Incluso no toma en cuenta en su alegato a un sector que, aún entendiendo la pretendida vena irónica, juzgó a las contribuciones de calidad pobre; o sí lo reconoce, pero negándonos el sentido del humor, arrogándose el poder, como otro colaborador de Letras Libres, de dictaminar quién sí y quién no lo posee.  Es muy pedante imaginarse, como lo hace Krauze, un lector promedio, o peor aún, ideal; cada lector se acerca a un texto desde su muy particular punto de vista, desde su muy personal experiencia vital.  Eso es irremediable, y el que escribe profesionalmente debe asumir con humildad ese hecho inexorable.  Saludos nuevamente.

En efecto, se ha revelado la ineptitud del público para apreciar el talento irónico de quienes se burlan de las opiniones de ese mismo público. Con lo cual, añadiría que habría que sumar a la ineptitud y falta de sentido del humor de los lectores: el espíritu malagradecido .

 

Los ineptos y amargados lectores que compran Milenio y Letras Libres, especialmente en el caso del artículo de Cueva, son desagradecidos. Porque él se burla de un terrible mal mexicano: la incredulidad crónica, como bien la llama León Krauze. Creo que hablo por todos cuando digo que ser incrédulo, sospechar, mantener cierto nivel de escepticismo o incluso dudar de que lo que nos cuenta los medios masivos o lo que nos declara el Gobierno Federal, es un vicio terrible, quizá más: una plaga. Ganaríamos mucho si confiáramos plenamente en las declaraciones oficiales.

¿Para qué buscar más información en internet? Eso es buscarle tres pies al gato. No tenemos derecho a creer, como nos señaló Cueva, lo que deseemos. Para eso existe el gobierno y los medios de comunicación. Si ellos dicen que detuvieron al Chapo Guzmán hay que creerlo sin chistar. ¿Qué pretenderemos después, pensar por nuestra cuenta? Debemos andarnos con cuidado, al rato terminaremos teniendo ideas propias.

 

El reciente caso de la segunda muerte del Chayo es un claro ejemplo. Los ineptos, malagradecidos y amargados lectores que sospecharon que no había muerto hace cuatro años cuando así lo aseguró el gobierno y el periódico en el que escribe Cueva, hicieron muy mal. Su desconfianza es una enfermedad, un lastre que debemos cargar el resto de los mexicanos que sí sabemos reír y disfrutar las verdades que nos comunican nuestros gobernantes. A ver si aprenden, amargosos. Pero lo dudo, porque los muy tontos ahora creerán que tenían razón que una persona no puede morir dos veces. Si para las teorías absurdas y conspiratorios están buenos. ¿Qué les cuesta creer las cosas como son? El Chayo murió en el 2010 y ahora volvió a morir. ¿Qué de raro tiene eso? ¿O qué tiene de raro que la revista Time publique en la portada a EPN llamándolo salvador un poco antes de la fortuita detención del Chapo? Intelectuales de la talla de Álvaro Cueva, siempre tan elegante, sutil y teórico de los más profundos temas que afectan la sensibilidad del mexicano promedio, está ni más ni menos que a la altura de los de la Time, es decir de lo que saben reconocer y confiar en nuestros gobernantes, o mejor dicho, nuestros salvadores, de quienes jamás debemos dudar. 

Y el más claro ejemplo de la naturaleza muchas veces infundada de la incredulidad mexicana es este  comentario, que al hacer mención de la portada de la revista Time, lo demuestra. Si el autor hubiera leído el "infame" artículo, se habría dado cuenta de la ironía misma en el título del escrito, y de las críticas directas que se hicieron sobre el Presidente y las reformas que hasta ahora ha propuesto.

Como dijeron en algunos comentarios anteriores; no basta con leer, hay que saber hacerlo bien.

¡Qué desconfiadote!
"Los mexicanos" tenemos como algo congénito... Al fin y al cabo el humor ha de estar en los genes, parece.

Ver: "The Onion taken seriously":

http://en.m.wikipedia.org/wiki/The_Onion#The_Onion_taken_seriously

¿Será por tanta mezcla de mexicanos con la raza sajona, tan crédula, agradecida e inherentemente humorística?

El Deforma, nuestra Onion, también se toma en serio. Pero eso, por supuesto, no significa que el sentido del humor se muera ni mucho menos. Se trata de que la televisión moldea un gusto por el humor burdo y que acá "escritores" deficientes quieren hacerse los graciosos defendiendo posturas conservadoras, ya que el artículo de Cueva se resume en sostener que quien dude de las noticias de los grandes medios de comunicación es tonto. Y para colmo, quien no se ría de su también burdo ironizar es también tonto. A mí me parece todo lo contrario, que alguien se ría, en este país de la simulación, del más que comprensible escepticismo de la gente o se burla por cinismo o por una deficiencia en la capacidad de comprensión. Distingo entre el artículo de Cueva y el de Cabeza, porque el segundo me hizo carcajear, pero el primero me pareció de una pesadez insufrible.

Es terrible que el mexicano, que se "ríe de todo", se haya convertido en esta extraña criatura. No es sano que no podamos ver con humor nuestra vida cotidiana, quitarle lo solemne a nuestros políticos e instituciones, que es una magnifíca forma de criticarlos, además de las muestras que diariamente vemos en este y otros medios. Como alguien dijo por ahí, el mexicano se ríe de todo, incluyendo la muerte, pero siempre que le sea ajeno. Necesitamos unos "Simpsons" mexicanos, que nos muestre con su humor e ironía (de las primeras temporadas, no de las última que han sacado), todos nuestros defectos y virtudes.

Se dice que el sentido del humor es señal de inteligencia. Leí el artículo de marras de Román Cabeza y entendí la ironía, pero no me suscitó una mínima sonrisa. Busqué al azar otra de sus participaciones y me topé con su juicio sobre el Batman de Nolan: luego de añorar la versión de Tim Burton, remata: "La cinta de Nolan es otra cosa. Al igual que The Dark Knight, es un ejercicio loable pero fallido, ejecutado con mínima gracia y destreza..." ¿En serio?

Es que se les olvidó la liga, don Gustavo:

 

http://www.youtube.com/watch?v=RmWVqTBUvpo

 

Saludos

Ignorancia. Es un complot entre la SEP y loss gringos.

Insatisfacción crónica, la epidemia del siglo 21.

He notado que ahora hay un tipo de personas en las redes sociales que ante cualquier tema de cualquier tipo ya sea noticia, relato, crónica, etcétera, siempre salen con que "pues todo es culpa de los políticos y del PRI" y agregan toda una lista de desgracias nacionales a su dicho, además ya también hasta han embarrado a temas como el futbol que antes era como un escape a la realidad cotidiana y que muchos mexicanos disfrutaban, pero que ahora resulta que si te gusta el futbol es porque estás lavado del cerebro por las televisoras, compañías transnacionales, el imperio, la CIA y etc.

Yo no sé si esas personas de veras se lo crean o quieran creérselo o les resulta bonito y contracultural decir esas cosas o de plano tienen la encomienda de hacerlo.

La  republica de los amargados podria ser el titulo de la siguiente entrega.

 

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