La politización de todas las cosas

Diciembre 10, 2012 | Tags:

“Politizar" es una palabra relativamente nueva en castellano. No aparece en el Diccionario de la Real Academia Española (edición de 1970). Significa al menos tres cosas: una concentración excesiva en la política a expensas de las diversas zonas de la realidad, una concentración excesiva en los aspectos más superficiales de la propia política, y la primera acepción que consigna el mismo diccionario, en su edición vigente: "Dar orientación y contenido político a acciones, pensamientos o personas que, corrientemente, no lo tienen".

El uso primero es evidente en la prensa, los medios y las redes. Después de un siglo en que la política fue el coto privado de los políticos, es natural que lleve años ocupando amplios espacios de la atención nacional. Frente a la política, se desvanecen las otras esferas de la vida: los problemas sociales, los temas de la salud y la enfermedad, la ecología y la naturaleza, las cuestiones de religión y fe, las manifestaciones del arte, las letras y el pensamiento, las finanzas y los negocios, las iniciativas ciudadanas, la ciencia y la tecnología, las migraciones, el mundo exterior... casi todo salvo el deporte y la "cultura del espectáculo". El fenómeno empobrece a quienes lo ejercen y lo consumen: día con día hay hechos ajenos a la política, más importantes, influyentes o trascendentes que los hechos políticos.

Una derivada de esta politización puede hallarse en las columnas y comentarios menudos que siguen los gestos, los rumores, los chismes y -sobre todo- las declaraciones de los políticos de todos los niveles. Es casi un deporte en el que se pierde el contexto social, la perspectiva histórica, la discusión de ideas, la valoración ética, el análisis lógico. En una palabra, el estudio de fondo -estructurado, fundamentado, estadístico, comparativo- de la política. En esa variante de la politización, la opinión desplaza al hecho, la ocurrencia al análisis, la política permanece en la espuma de los días, la politización se disuelve en politiquería.

El tercer significado es más interesante y complejo. El propio Diccionario lo recoge en una segunda acepción: "Inculcar a alguien una formación o conciencia política". Se trata de un uso positivo, por ejemplo en el caso de una sociedad apática o inconsciente de sus derechos. Politizarla es contribuir a su autonomía y madurez. Pero el uso puede tener también una cara negativa. Ocurre cuando se da una "orientación y contenido político a acciones, pensamientos o personas" cuya naturaleza es, o debería ser, esencialmente ajena a la política.

Entendida así, la politización es un fenómeno antiguo. En la historiografía inglesa, por ejemplo, se practicó por mucho tiempo la llamada interpretación Whig, que leía los hechos históricos bajo los patrones y valores políticos que favorecían la larga permanencia del partido Whig. En la historia mexicana (tanto la liberal como la conservadora y la revolucionaria) hay buenos ejemplos de este uso distorsionado del saber para legitimar al poder.

En la esfera de la cultura, la politización puede desembocar en lo que Jean Paul Sartre llamó "la militarización de la cultura". A un libro, una obra de arte, un descubrimiento científico o un producto cultural de cualquier índole, no se le juzga -si se le juzga- por su calidad o su valor intrínseco, sino por la real o supuesta filiación política de sus creadores. Si es "amigo", la obra es "buena"; si es "enemigo", la obra es "mala" o, finalmente, no existe. Con la "politización de todas las cosas" se pierde el sentido mismo de la creación y el saber. Por eso preocupa tanto que cunda en medios universitarios.

Una forma particularmente insidiosa y obsesiva de esta politización es la teoría conspiratoria. Quienes incurren en ella no preguntan sobre la verdad objetiva de los hechos sino por el "poder" que adivinan o imaginan -sin probarlo nunca- "detrás" de ellos. El poder elevado a categoría explicativa absoluta. No abundaré sobre esta patología intelectual y moral, tan presente en la retórica populista latinoamericana de estos años.

La politización de todas las cosas ha tenido efectos devastadores sobre las relaciones personales. En su tratado de la amistad, Cicerón apunta que la política es causa fundamental de la discordia entre amigos. En el México de estos años, la politización extrema (esa forma intolerante de acercarse a la política o de practicarla) no sólo ha sembrado división entre amigos sino entre hermanos. Familias enteras comienzan a considerar, apenas ahora, los costos del encono ideológico.

Criticar la politización de todas las cosas no significa llamar a la despolitización. No se trata de dejar la política sólo en manos de los políticos. Mucho menos ahora que el PRI ha vuelto al poder. Se trata de alentar la buena politización ciudadana (participativa, matizada, informada, inteligente, alerta) y desalentar la mala politización (ideologizada, fanática, trivial). Se trata de enriquecer la vida política elevando la calidad del análisis político, del debate político y la crítica política. La "politización de todas las cosas" no contribuye a ese enriquecimiento. Paradójicamente, por la confusión intelectual que implica, contribuye a la despolitización.

Por lo demás, la democracia no requiere que empeñemos todo el tiempo -desayuno, comida y cena- en la política. Un buen propósito para el 2013 sería devolver su riqueza y diversidad a la vida nacional. Cuando no todas las primeras planas sean políticas, cuando las distintas esferas de la vida alcancen las primeras planas, tendremos la certeza de vivir en una sociedad mejor.

 

"Una forma particularmente insidiosa y obsesiva de esta politización es la teoría conspiratoria"

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Comentarios (12)

Mostrando 12 comentarios.

Me parece oportuno que el artículo hable de la politización de la cultura porque es una práctica muy generalizada y que me parece carente de interés.  Esta politización de la cultura es una lectura ideológica que no dice nada relevante sobre las obras que comenta. Un ejemplo claro son los comentarios multiculturalistas sobre la literatura. Pienso que esta politización de la cultura (no de la cultura maisntream, sino de la cultura artística) promueve prejuicios sobre las obras de arte y le impide a potenciales espectadores tener una experiencia lúcida sobre las obras. Las ideologías caducan, afortunadamente, las obras de arte perduran y el deseo de ir más allá de los prejuicios siempre existe entre las personas.

Quizás sería conveniente regresar a la tónica de la revista Vuelta, más artículos de literatura, poesía, filosofía, arte; ect.

Considero que el artículo, tiene mucho de razón, sobre todo en estos tiempos en los cuales las redes sociales tienen gran auge, ya que es bastante extraño, ver como cualquier tema público termina siendo utilizado para fines políticos, por ejemplo he visto como una noticia deportiva, termina siendo criticada por ser supuestamente un distractor político orquestado desde el poder, o el hecho de que se descarte de manera automática la validez de una opinión, solo por que es vertida por alguien que no comparte cierta posición ideológica.

Creo que no es sano que como ciudadanos nos enfrasquemos en discusiones que por lo general están basadas más en sentimientos subjetivos que en argumentos, un buen comienzo para intentar un diálogo o una discución política constructiva, sería comenzar por entender que las demás personas cultivan determinada ideología y efectuan decisiones en consecuencia a ella, debido a que en su muy particular punto de vista, lo consideran como la mejor opción posible, es decir, parten de una buena intención, así que debemos mostrar respeto por ello y utilizar solo argumentos si es que buscamos rebatir una opinión.

Ese pobre entender que tenemos de lo que es La Politica se lo hemos embadurnado a todo. Es una mezcla de mochismo, machismo, mascarada y simulación con la que untamos manos y cuya escencia es chingar sin ser chingado -en el ahora-. Nada ocurre por las buenas, nada es de palabra o por buena voluntad. Preferimos el Chisme de la mano de Maquiavelo que la Prudencia de la mano de Gracián.

 

El vacío que dejó Jorge Ibargüengoitia, irónico artífice del "difícil arte de la sonrisa", ahora se colma con la satíra precisa y sangrienta del maestro. Delicadeza y acrimonia a partes iguales, el potencial cáustico de su pensamiento madura y prospera con los años, hasta alcanzar niveles que se antojan sobrehumanos -pero no lo son-. Disciplina, método, oportunidad e insistencia, son valores cultivados con tiempo; su recompensa: la sonrisa honda y punzante en los lectores.   

 

 

... Y el cuidado fiel de su guardaespaldas de TODAS las entradas.
- No lo necesita el gran Krauze, ni la revista de nombre perfecto-.

Estoy de acuerdo. Nada más habla  en todas las entradas por hablar. Se nota que tiene buena pensión y poco que hacer con su neurosis .

Caramba, ocupadísimo gato golpeador a sueldo; se le arruina en ello el humor y la acidez que no ha puesto al servicio de algo más digno. A mí no me culpe; admiro sus luminosas cualidades y lamento que las opaque así.

Es vergonzoso su interés personal por una desconocida. Y es de peor gusto tratar de adivinar los sueldos y datos confidenciales de los participantes. ¿Tiene usted algún otro interés/idea/ambición en la vida?
No responda, no importa.

Con Face y su Twitter tiene toda una vida como escritor jovencito que es, hombre.

He sido muy generosa al responderle; no lo merece y no lo haré si no firma con su nombre.

Buena suerte.

Parece sabueso beagle. !  Está en todas las entradas  !

Aquí arriba mi verdadero nombre , vivo en Tlaquepaque Jalisco en la calle de Batalla de...... y usté que no firma con su nombre ¿ cuál es su verdadera identidad ? o puro pájaro hablador. Igual saludos.

¿"Aquí arriba"? ¡¿TODOS los aquíes arribas?!  No, yo no...

Nomás soy Romántica, (asistente) canalizadora de ángeles para la Presidencia. Originaria del D.F., vivo cerca del Oxxo, Jalisco. ¿Qué más necesita usted saber sobre mi "verdadera identidad"?

 

Saludos respetuosos.

 

 

 

Estimado Enrique Krauze,

 

Con afecto quisiera señalar que su artículo es bastante caótico. Empezando con las definiciones que ofrece del concepto de Politizar y que atribuye a la Real Academia de la Lengua Española. Al menos en la versión "en línea" del diccionario no aparecen las dos primeras acepciones que menciona (politizar: 1. tr. Dar orientación o contenido político a acciones, pensamientos, etc., que, corrientemente, no lo tienen. U. t. c. prnl. 2. tr. Inculcar a alguien una formación o conciencia política. U. t. c. prnl.)

Sería interesante que nos explicara con claridad cuál es su definición de política para así entender por qué le parece tan condenable la politización de la vida pública. Cierto, al final de su artículo hace una distinción entre la "buena" y la "mala" politización, pero entonces no se entiende su rechazo inicial a la politización. Quizá hay otros conceptos para nombrar las prácticas sociales que quiere criticar, tales como chismes, teorías de la conspiración, el favoritismo, las interpretaciones facciosas de la historia y demás.

No comparto su preocupación por lo que considera una sobre politización de la vida pública porque creo que los problemas que critica no se derivan de la politización. Más aún, lo que mantiene viva y fresca la democracia es la politización de la vida pública, por lo que pedir una reducción de la politización petrifica la misma democracia. Sí, en democracia lo que hace falta es que se reclamen y ejerzan los derechos humanos en el trabajo, en el transporte, en los caminos, en los centros de diversión, en los medios de comunicación, entre otros más espacios públicos. Cierto, hay que aprender a reclamar y ejercer los derechos sin violencia pero esa es una habilidad democrática que se aprende mediante el uso y práctica de la politización.

Como lo muestran los datos oficiales y el reporte del UNDP sobre la Democracia en América Latina, el déficit democrático en México es aún muy amplio y no podemos darnos el lujo de no politizar el sin número de problemas sociales que México aún tiene que enfrentar.

Saludos cordiales


 


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