En defensa de la blasfemia
Por Daniel Gascón

El reciente atentado contra la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo como represalia por bromear sobre la victoria de los islamistas en Túnez es un nuevo episodio en la larga lucha entre la religión y la libertad de expresión. En los últimos años hemos vivido la fetua de Salman Rushdie, el asesinato de Theo Van Gogh, la controversia de las caricaturas danesas, la retirada de la novela La joya de Medina, o la presión para que la ONU aprobase una ley contra la blasfemia. El islam ha sido el protagonista violento de estos acontecimientos lamentables. Pero este año se celebran los quinientos años del nacimiento Miguel Servet, un mártir de la libertad religiosa que fue ejecutado por Calvino en Ginebra y que nos recuerda que, aunque quizá no en todas partes cuecen habas, a lo largo de la historia en muchos lugares han asado herejes.
A veces, como con Rushdie, una teocracia ha condenado a muerte a un ciudadano de un país democrático. En otros casos –como el de las caricaturas danesas, donde algunos musulmanes se sintieron molestos porque los dibujos vinculaban el islam y la violencia, y para manifestar su indignación provocaron unas protestas que causaron más de cien muertos- los medios occidentales se han mostrado cobardes y el papel de dirigentes democráticos como José Luis Rodríguez Zapatero ha sido deshonroso. Pero, aunque los ejemplos más célebres se han producido en Occidente, son muchas las personas de otros países perseguidas por disentir frente a la ortodoxia religiosa oficial. Defender el principio de la libertad de expresión es algo que no solo nos debemos a nosotros, sino también a quienes viven bajo el terror de los fanáticos religiosos.
En Francia la condena del ataque al semanario ha sido general, aunque siempre hay elementos deprimentes. El Consejo Nacional del Culto Musulmán “condenó firmemente” el incendio y recordó que “para los musulmanes caricaturizar al Profeta es inaceptable”. El periodista de la revista Time Bruce Crumley escribió: “Esas travesuras islamófobas no solo son fútiles e infantiles, sino que piden abiertamente las respuestas violentas de extremistas, a quienes sus autores aseguran desafiar orgullosamente en nombre del bien común”. Con respecto a las víctimas, no es más que una variación de la vieja frase que excusa las violaciones diciendo que las chicas con minifalda van por ahí provocando. La explicación solo tiene sentido si eliminamos la responsabilidad de los musulmanes, como si, a diferencia de otros creyentes y no creyentes, ellos no fueran capaces de realizar una elección moral: solo pueden reaccionar pavlovianamente a la ofensa. Y, también, si concedemos a la religión y sus prohibiciones una importancia superior: seguramente, no aceptaríamos que los madridistas nos ordenasen cómo debemos hablar de Mourinho (que, además, no es una idea: es un tipo que existe), pero algunos parecen dispuestos a que les dicten cómo hay que hablar de Mahoma o Jesucristo.
Ismael Grasa dice en La flecha en el aire: “Reconocer que existe un ámbito religioso es ya un hecho religioso. La libertad de culto o el respeto a las creencias religiosas deberían considerarse ya implícitos en derechos reconocidos como el de la libertad de expresión, de conciencia o de reunión. Todos estaríamos así más protegidos”. Para Grasa, “En el caso de la blasfemia no se puede decir que haya dos derechos que se enfrentan –el de expresión y el de religión o conciencia-, igual que no hay dos silencios que se enfrentan. El límite de la igualdad es la libertad del otro, no las creencias del otro. […] El creyente, por su parte, no tiene opuesto, sino que cree. Lo que, en términos de derecho, no le da ningún privilegio particular”.
Como ha explicado Christopher Hitchens, muchos de los grandes avances en el desarrollo de la humanidad fueron tildados de blasfemia en su momento. Por ella fueron juzgados Sócrates, Jesucristo, Galileo y Giordano Bruno. La mentalidad totalitaria siempre ha intentado cortar el paso al pensamiento. Y para ello ha declarado que hay ciertas áreas que no se pueden discutir (o, en el caso del islam, ni siquiera representar), o sobre las que se aplican reglas distintas. En cierto nivel, la historia de la civilización es rescatar esas zonas del chantaje de la religión, crear espacios para que se pueda pensar libremente. Es una tarea que, frente a la verdad revelada y sus certezas sin pruebas, se ha basado en el empirismo, en el individualismo, en el coraje y en la duda. Y también en el sentido del humor. Los fanáticos, esos “autistas morales”, como dice Isabel Turrent, se sentirán ofendidos por los chistes, por los besos en público, por las madres solteras, por la investigación científica, por la igualdad entre los sexos, por los derechos de los gays. Son ellos quienes deben cambiar. Mientras tanto, si hacemos lo correcto, no nos queda otro remedio que ofenderlos.
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Comentarios (14)
Veo un problema en las declaraciones, en apariencia conciliatorias, del Consejo Nacional del Culto Musulmán:
En una sociedad libre, ¿qué derecho tiene cualquier grupo a denunciar (esperando un cambio de conducta) idea o acto alguno, inacceptable debido a sus creencias, que no sea contrario a las de la sociedad en su conjunto, si tal idea o acto no es universalmente dañino? Es como si los judíos ortodoxos quisieran imponer sobre toda la sociedad su repudio a la ingesta de la carne de cerdo, o algunas religiones cristianas sus creencias sobre el aborto (la sociedad del estado norteamericano de Mississippi fue más reflexiva en su conjunto que algunas legislaturas locales mexicanas; saludos, Romántica). No hay que dejarse intimidar por el fanatismo de ningún color.
Según su lógica Liborio, ningún acto o idea pueden ser denunciados. Porque para quienes los cometen o piensan, los actos o las ideas no son contrarios a sus creencias, y por tanto no son contrarios a las del conjunto de la sociedad. En una sociedad libre sucede lo contrario de lo que usted pareciera querer: En una sociedad libre todos pueden pensar y decir lo que les de la gana, incluidas las denuncias de lo que repudian, y nadie tiene derecho a imponerle silencio a quien piensa de manera opuesta a la propia.
Un saludo cordial
Andrés Paniagua Curiel
Don Andrés:
Le agradezco el saludo, pero más le agradecería una reflexión sobre lo que realmente escribí. En primer lugar, nunca dije que NINGUN acto o idea puedan ser denunciados. En segundo, el verbo denunciar le imparte al acto o idea una connotación de ILEGALIDAD. Justamente de eso hablamos, de la separación entre la esfera civil y la religiosa. La sharia no tiene por qué tener aplicación universal. El conflicto entre ámbitos de poder es más agudo al haber sido Mahoma un líder político Y religioso. En el catolicismo las cosas son distintas: aunque las escrituras hablan de los dos Reinos, Constantino provocó la confusión entre los asuntos de César y los de Dios. Los musulmanes tiene derecho a protestar, si así lo desean, por la caricaturización de su Profeta (El Profeta, según ellos). Igual derecho al que tiene un dibujante no musulmán o incluso ateo a caricaturizarlo, Ni hay nada que DENUNCIAR.
Disculpe usted Liborio, pero lo que escribí es precisamente la consecuencia de una reflexión sobre lo que escribió. Aunque usted no haya utilizado las mismas palabras que yo, lo que usted dice equivale lógicamente a decir que ningún acto o idea pueden ser denunciados. Lo único que hay que hacer es desenmarañar la siguiente oración suya:
"¿qué derecho tiene cualquier grupo a denunciar (esperando un cambio de conducta) idea o acto alguno, inaceptable debido a sus creencias, que no sea contrario a las de la sociedad en su conjunto, si tal idea o acto no es universalmente dañino?"
Veamos, si la respuesta a la pregunta es "ninguno", entonces su oración es equivalente a la siguiente, que es más clara y explícita porque peca de redundancia:
Ningún grupo tiene derecho a denunciar (esperando un cambio de conducta) idea o acto alguno, inaceptable para dicho grupo a causa de las creencias del grupo, si el acto o la idea no son contrarios a las creencias de toda la sociedad, a menos que el acto o la idea sean universalmente dañinos.
Si consideramos que los actos y las ideas no son contrarios a las creencias de quienes los cometen o las piensan, entonces debemos concluir por extensión que ningún acto o idea, cometido o pensada por miembros de la sociedad, son contrarios a las creencias de toda la sociedad. En vista de esto, su cláusula "el acto o la idea no son contrarios a las creencias de toda la sociedad" es siempre válida y por tanto según su oración ningún grupo tiene derecho a denunciar actos o ideas.
¿Ya ve como si lo dijo?*
Desgraciadamente no es mucho mi francés, pero, si usted cita en ese idioma, estará al tanto de que lo que dice el tal consejo va en el sentido de pronunciarse públicamente en contra de ciertos actos. Y aunque concordásemos en que el término tiene connotaciones legalistas, está bastante claro que el grupo no está hablando de levantar una denuncia penal - no hay que caer en sofismas.
En cuanto a lo demás solo puedo repetirme: En una sociedad libre el caricaturista tiene derecho a reírse de lo que le de la gana, el musulmán tiene derecho a pronunciarse públicamente contra lo que le dé la gana, y nadie tiene derecho a hacerles violencia o a imponerles silencio.
Lo saludo cordialmente
Andrés Paniagua Curiel.
*Admito que queda la segunda cláusula "a menos que el acto o la idea sean universalmente dañinos" pero no nos vamos a poner a discutir de universales absolutos porque esas son categorías que solo funcionan en la metafísica y hasta donde yo entiendo usted niega la existencia de tales cosas.
La semántica es importante en esta discusión, don Andrés. repito (por última vez) porque creo que el tema está agotado, estamos de acuerdo, y su pretensión es tratar de exhibir mi naturaleza represiva con su lógica. Pronunciarse a favor o en contra de algo, no equivale a denunciar. Por supuesto que mucho menos en el sentido penal. Aún si se abstienen de la violencia, resiento la imposición de cierta idea por parte de una denominación religiosa, INCLUSO en grado de tentativa. Para mí a eso se refiere el vocero musulmán con lo de denunciar lo que los caricaturistas hacen, al prohibir el islamismo la representación de Mahoma (acto blasfemo para sus feligreses). Puede pronunciarse contra todo lo que desee, pero al denunciar el acto, me parece que espera que quien desee caricaturizar al profeta se abstenga de hacerlo, porque es ofensivo PARA UN SECTOR DE LA SOCIEDAD. A mi juicio se trata de un intento de intimidación sutil. Pues mala suerte. Me tienen sin cuidado sus denuncias, y en algunas sociedades tales denuncias son hasta ilegales (pregúntenle al sacerdote Valdemar, de la Arquidiócesis Primada de México).
Pues que quiere que le diga Liborio, el diccionario deja margen para nuestras dos interpretaciones.
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=denunciar
http://fr.thefreedictionary.com/d%C3%A9noncer
http://www.thefreedictionary.com/denounce
Yo prefiero creer en la buena fe del consejo y leer "denuncia" como una legítima expresión crítica de inconformidad y rechazo, usted prefiere encontrar una amenaza sutil en la palabra.
Que bueno que no se deje intimidar por esa amenaza que usted opta por percibir. Desgraciadamente la moda señalar con el dedo a quienes tienen convicciones y creencias diferentes, y de hacer generalizaciones indiscriminadas, ha hecho que prospere un clima de intolerancia y suspicacia cada día más denso, y son cada vez más los que reaccionan sin miramientos ante las amenazas que creen encontrar en su entorno. Le recomiendo esta historia:
http://latimesblogs.latimes.com/lanow/2011/10/a-muslim-woman-from-san-diego-is-suing-southwest-airlines-after-being-taken-off-a-flight-in-march-after-crew-members-deemed-h.html
Yo creo que ya va siendo hora de ponernos a defender la libertad de todos en vez de estar acusando a quienes nos disgustan de querérnosla quitar.
Saludos cordiales
Andrés Paniagua C.
Don Andrés:
No se me ocurre una manera de defender la libertad de todos sin identificar a los que la están atacando (con bombas o de manera más sutil, más celestial, digamos). Si bien para mí también resulta claro que es totalmente improductivo combatir contra fantasmas fruto de la propia imaginación. Pero nadie es totalmente inmune a ellos, y sólo el conocimiento, jamás los prejuicios, los harán desaparecer. Saludos también.
Liborio, lo dice usted mismo: Para defenderla hay que identificar a quienes atacan nuestra libertad. Hacer acusaciones generales contra miembros y sectores de la población que nos disgustan, aprovechando que el viento sopla propicio para hacer cacería de brujas, solamente contribuye a recrudecer el clima de intolerancia general. ¿A usted no le llama la atención que un artículo motivado por un atentado cometido por criminales no mencione a los perpetradores ni una sola vez? ¿Y que en cambio se lleve entre los pies a Calvino, a Rodríguez Zapatero, al Consejo Nacional del Culto Musulmán, a Bruce Crumley, y de paso tache a "El Islam" -así completito--de protagonista violento?
Sin restarle gravedad al problema real de los extremistas religiosos, dejemos por un momento a Francia y fijémonos en un país donde la libertad de expresión sí está siendo asediada severamente: ¿Será que México sufre la deshonra de encontrarse entre los países más peligrosos para periodistas a causa de "sutiles ataques celestiales"? ¿O será más bien por los balazos, los secuestros y los "coscorrones"?
No hay que confundir detestar (o compadecer en condescendencia) y restringir a quienes profesan una religión, con defender la libertad de expresión.
Un saludo cordial,
Andrés Paniagua C.
Don Andrés:
Debo confesar que cada vez entiendo menos a dónde va y lo que dice en el camino. Bienvenido a su monólogo.
Estimado Daniel, en esto estamos de acuerdo: La violencia contra cualquier persona u organización es inadmisible. La violación de los derechos individuales, cualquier violación de la ley, son inadmisibles como respuesta a una expresión de opinión; así sin calificativos de sujetos u objetos.
Lo que no entiendo es porqué tu crítica se dirige exclusivamente a un grupo de intolerantes ni la necesidad de acusar implícitamente a todos los que profesan una religión.
La premisa en la cita de Ismael Grasa es demostrablemente falsa. Decir que reconocer la existencia de un ámbito religioso es ya un hecho religioso es como decir que reconocer la existencia de un ámbito científico es ya un hecho científico o que reconocer la existencia de un ámbito matemático es ya un hecho matemático.
Pero no regateemos argumentos. Demos por válida la conclusión de Grasa cuando dice que la libertad de culto queda cubierta por los derechos de libertad de expresión, de conciencia o de reunión.
Si aceptamos que la religión no debe ser privilegiada cuando se trata de otorgar derechos, entonces tenemos que aceptar también que la religión tampoco puede ser considerada de manera particular cuando se trata de criticar la intolerancia. La lógica dicta que no podemos aceptar la premisa y negar las conclusiones necesarias. Y bajo ese aspecto encuentro el aspecto más problemático de tu artículo: Criticas la intolerancia y la violencia de los extremistas religiosos, pero omites cualquier mención de otros extremistas, de otros intolerantes, de otros violentos. No se puede criticar la intolerancia de quienes nos disgustan y callar en complicidad con la intolerancia de quienes nos simpatizan. El problema principal es la intolerancia, no el signo bajo el que opera. Tu artículo sería mucho mas consecuente con los argumentos que presenta si se llamara "En defensa del insulto".
Un saludo muy cordial
Andrés Paniagua Curiel
Me es muy grato encontrar comentarios claros, serenos, congruentes. En general, padecemos una ceguera a las paradojas, las trampas de suma cero, que tú percibes y expones con una admirable moderación, estimado Andrés.
Con aprecio te recomiendo "Cubriendo el Islam" de Said y "Extraño Oriente" de Sardar y "Los integrismos.- Ensayos sobre los fundamentalismos del mundo".
Te saludo afectuosamente y seguiré leyéndote con atención.
Estimada Romántica, no creo que sea talento, más bien ha de ser ya se me hizo cuadrada la cabeza de llevar tanto tiempo viviendo aquí. Muchas gracias por tus recomendaciones.
Yo también te mando un saludo caluroso desde la gélida Baviera.
Andrés Paniagua Curiel.
No te dejes, Andrés; después del reposo invernal sigue una especie de euforia desconocida por éstas latitudes. Mi impresión es que la pasión alemana no tiene igual en otra cultura. Si son aficionados a las ranas de humedal, se convierten en los GRANDES EXPERTOS y criadores en el mundo. Si quieren aprender español, se sumergen durante semanas en el idioma y lo llegan a dominar mejor que cualquier catedrático de universidad. Pocas cosas a medias tintas, su música los refleja... ¿Será que me quedé con ganas de estudiar etología en el Max Planck? ¿Que cuando sea grande quisiera caminar la Selva Negra durante semanas?
Una cabeza cuadrada no puede con las contradicciones que una vez llamaste "alegres". La capacidad lúdica es universal y parece que te ha colmado de sabiduría. No olvidaré tus tesis sobre el dominio del género sarcástico, por cuenta y riesgo de Berlusconi; no me había dado cuenta y aún no he tenido tiempo de reponerme.
Saludos afectuosos.
¿Qué decir? ¿Qué comentar? ¿Qué sentir? Me quedo con la posición del prior cisterciense asesinado en Argelia, y ofreciendo una disculpa por el salto de "nivel lógico", quizás muy impropio e molesto a éstas alturas:
"Si un día me aconteciera -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que actualmente parece querer alcanzar a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida ha sido donada a Dios y a este país. (...) Que supieran asociar esta muerte a muchas otras, igualmente violentas, abandonadas a la indiferencia y el anonimato. Mi vida no vale más que otra. Tampoco vale menos. De todos modos, no tengo la inocencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saber que soy cómplice del mal que ¡desgraciadamente! parece prevalecer en el mundo y también del que podría golpearme a ciegas. Al llegar el momento, querría poder tener ese instante de lucidez que me permita pedir perdón a Dios y a mis hermanos en la humanidad, perdonando al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiere golpeado. No podría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo. En efecto, no veo cómo podría alegrarme del hecho de que este pueblo que amo fuera acusado indiscriminadamente de mi asesinato. Sería un precio demasiado alto para la que, quizá, sería llamada la gracia del martirio, que se debiera a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si dice que actúa por fidelidad a lo que supone que es el Islam. Sé de cuánto desprecio han podido ser tachados los argelinos en su conjunto y conozco también qué caricaturas del Islam promueve cierto islamismo. Es demasiado fácil poner en paz la conciencia identificando esta vía religiosa con los integralismos de sus extremismos. Argelia y el Islam, para mí, son otra cosa, son un cuerpo y un alma. (...) Evidentemente, mi muerte parecerá darles razón a quienes me han tratado sin reflexionar como ingenuo o idealista. Pero estas personas deben saber que, por fin, quedará satisfecha la curiosidad que más me atormenta. Si Dios quiere podré, pues, sumergir mi mirada en la del Padre para contemplar junto con Él a sus hijos del Islam, así como Él los ve, (...) cuyo gozo secreto será siempre el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias. De esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios porque parece haberla querido por entero para esta alegría, por encima de todo y a pesar de todo. En este "gracias", en el que ya está dicho todo de mi vida, los incluyo a ustedes, por supuesto, amigos de ayer y de hoy, y a ustedes, amigos de aquí, junto con mi madre y mi padre, mis hermanas y mis hermanos y a ellos, ¡céntuplo regalado como había sido prometido! Y a ti también, amigo del último instante, que no sabrás lo que estés haciendo, sí, porque también por ti quiero decir este gracias y este a-Dios en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea dado volvernos a encontrar, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, Padre de ambos. Amén. Inchalá".
Saludos cordiales
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