El debate

Con un 21 % de paro, una derrota electoral aplastante y muy fresca, incertidumbre económica, descontento social, debilidad parlamentaria y una incipiente crisis institucional, lo más sorprendente del Debate del Estado de la Nación es que Rajoy no haya logrado vencer a Zapatero. Para buscar un antecedente quizá habría que pensar en Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, que según la leyenda ganaba batallas después de muerto. El líder del PP se ha mostrado falto de propuestas y previsible: Zapatero ha dilapidado la mejor herencia económica de la historia de España y debe convocar elecciones anticipadas. Por su parte, el presidente del gobierno ha reprochado la falta de apoyo y sentido de Estado de la oposición. Sus argumentos defensivos –la herencia no era tan buena- son débiles incluso cuando tiene parte de razón: la crisis española tiene que ver con el crash financiero internacional, y nuestra economía sufre el pinchazo de una burbuja inmobiliaria que había propiciado anteriormente un gran endeudamiento privado, y la caída de la productividad y la competitividad. Pero el PSOE ganó las elecciones de 2008 negando la crisis y en su primera legislatura, donde acertó con medidas como la ley del matrimonio homosexual, no hizo mucho por acabar con esa burbuja o nuestra dependencia del sector de la construcción. Pasó de lanzar medidas populistas y ruinosas –como la devolución de los 400 euros de IRPF o el cheque bebé- a tildar de antipatriota a quien hablaba de los problemas económicos, para adoptar en 2010 unas reformas impopulares, insuficientes y necesarias con el corazón dividido. Aun así, Zapatero ha presentado propuestas y ha estado más ágil en un debate bronco, donde se notaba una mezcla de alivio y hastío: por no tener que volver a discutir y por lo que había que discutir una vez más. Probablemente el debate tenga más de representación que de política: las negociaciones y los acuerdos se producen otros días; es en parte un espectáculo teatral imprescindible, una escenificación de posturas necesaria, pero enfocada a una galería periodística. Y quizá esa representación teatral se le dé peor a Rajoy que a Zapatero, a quien los fracasos dan algo de empaque y que de repente reconoce, demasiado tarde, algún error, y es capaz de incorporar novedades con una mezcla de efectividad y demagogia, como el guiño a la izquierda o el diagnóstico biológico del 15-M, un auténtico brindis al Sol. Espero que, si el líder del PP es el próximo presidente del gobierno, la gestión se le dé mejor que la tribuna, donde una de las pocas cosas novedosas que ha mostrado es que piensa antes en una máquina de escribir que en un ordenador. No creo que después del debate tenga un solo voto más.

"Se notaba una mezcla de alivio y hastío: por no tener que volver a discutir y por lo que había que discutir una vez más"

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