Downtown, corazón defeño

No hace mucho recuerdo el caos del centro histórico de la ciudad de México. Calles en mal estado, basura, ambulantes y ruido ensordecedor. Incluso así, siempre habían existido motivos de peso para armarse de valor y recorrer sus calles: el Salón Corona, el Cardenal, el Café Tacuba. Sin embargo, algo sucedió hace un par de años. La calle de Madero se convirtió en paseo peatonal, los ambulantes se fueron, hay menos basura, las calles se pisan mejor. El centro –su primer cuadro– se ha convertido de nuevo en el corazón del D.F., en una renovada zona de belleza y goce.

Los beneficios no son solo para los visitantes sino también para los locatarios, muchos de ellos con decenas de años trabajando ahí y que ahora, tras aguantar meses de polvo y desastres viales, se han favorecido con los cambios: habitan calles remodeladas, visitan ellos mismos comercios nuevos y tienen más clientes.

En el siglo XVII, el ahora número 30 de la calle Isabel la Católica fue el Palacio de los Condes de Miravalle, un edificio imponente que ha sido rescatado recientemente por Grupo Habita para crear no solo un hotel boutique, sino una singular plaza que reúne a dignos exponentes del arte, la culinaria y el diseño mexicano. Veinticuatro tiendas elegidas cuidadosamente conforman Downtown, además de dos restaurantes.

El hotel Downtown, que da nombre a la “plaza”, es el corazón del lugar. Su decoración de toques industriales resalta la esencia colonial de cada espacio y las diecisiete habitaciones que lo conforman están decoradas formidablemente con detalles bohemios –como los clósets vestidos con cortinas de terciopelo y los balcones de las suites–. A un lado se abrió recientemente el Downtown Beds, un hostal de bajo costo con un área de comedor –“El merendero”– donde se sirven antojitos garnacheros y cervezas.

La terraza del hotel (a la que hay que llegar por un elevador de más de cien años) es soberbia. El área del bar es cómoda y la vista es privilegiada. En el área de la piscina se sirve lo mejor de la carta de bebidas. Hay que probar el mezcal de la casa, un blanco de agave espadín, suave pero con una excelente potencia y sabor. El tinto de la casa también es una buena elección: ochenta por ciento Cabernet Sauvignon y veinte por ciento Shiraz. Y si el ánimo es más aventurero los cocteles son una buena alternativa. El “Chela & town”, por ejemplo, es una arriesgada mezcla de cerveza clara, licor de frutas tropicales y una dosis de ron.

La visita a uno de los dos restaurantes me parece necesaria: Azul Histórico, del chef Ricardo Muñoz Zurita, y Padrinos, la más reciente apertura de la cadena Bajo de la Tintorera, de los chefs Federico Rigoletti y Roberto Craig.

Azul Histórico se ubica en el patio central de Downtown y su cocina no necesita mayor presentación. Se trata de una de las mejores propuestas de cocina mexicana que podemos encontrar no solo en la ciudad, sino, me arriesgo a decir, en el país. Muñoz Zurita, apasionado investigador y maestro cocinero, concentra en sus Azules (CU, Condesa y Centro) los sabores tradicionales de la gastronomía mexicana y los lleva a lugares inexplorados con platillos como los buñuelos de pato bañados en mole negro y con festivales mensuales que le rinden tributo a una región distinta del país. (En estos días se puede disfrutar del festival oaxaqueño, y es imprescindible probar la hierba santa enrollada, la sopa de piedras o el estofado del Istmo.)

El jardín vertical le da un fondo imponente al restaurante Padrinos, el solo hecho de sentarse ahí es salirse de la imagen usual que tenemos de comer en el centro histórico (las cantinas, las taquerías, los restaurantes de abolengo). La carta es estupenda: tiritas de Zihuatanejo, filete de res trufado con arúgula y parmesano, hamburguesa Puntarena (de atún), todas buenas elecciones.

Por los pasillos de Downtown abundan tiendas. La boutique de Carla Fernández, la poblana Talavera de la Reina, por ejemplo, o la galería de arte popular Caracol Púrpura y la tienda de elaborados diseños textiles indígenas del oaxaqueño Remigio Mestas Revilla. Vale la pena detenerse en los pasillos con sus majestuosas escaleras con el mural de Manuel Rodríguez Lozano de fondo, El Holocausto.

En el segundo piso se encuentra la tienda Culinaria Mexicana, deleite para los amantes de la buena mesa. Claudio Poblete y Silvia Ayala, investigadores y entusiastas de las gastronomía nacional, recorrieron el país buscando productos únicos: mermeladas artesanales, tortilleros, morteros, aceites de oliva mexicanos, vinos de Ensenada o piedra caliza para los tortilleros que mantiene la temperatura...

 El olor que inunda los pasillos viene de la panadería Da Silva, en cuya vitrina se exhiben chouxs, tartas, pasteis de nata, macarons y panes artesanales.

La mezcalería La Botica ocupa un espacio privilegiado. Las opciones son conocidas: su variedad de mezcales es amplia y van bien con una fría cerveza (ampolleta). El minero (agave espadín) es uno de los que sobresale, así como las cremas de mezcal y los cocteles. Las habas picosas, gajos de naranja y quesillo, son elecciones clásicas para acompañar.

En contra esquina a La Botica está La Jersey, tienda del famoso local del mercado de San Juan que venden finezas de la charcutería, una alternativa para quienes buscan un sitio relajado para comer. Las tapas y baguettes, elaboradas con los mejores ingredientes, son formidables. La baguette de serrano y manchego español o la tapa de cuatro quesos son una pequeña muestra de una extensa carta que se degusta con vino de la casa.

El chocolate, sin duda, siempre es un final feliz. La vitrina de Que Bo, “chocolatería mexicana evolutiva”, presume verdaderas hazañas a cargo del maestro chocolatero José Ramón Castillo. Son reconocidos el bombón de mezcal y el chocolate de mango enchilado. Con cuidadas piezas artesanales, en esta chocolatería se puede probar no solamente algunos de los chocolates de vitrina sino también bebidas a base de cacao. El Xocoatl caliente puede ser una bebida que va bien con las tardes de otoño: cacao, toque de chile piquín, pimientas y clavo de olor.

Sin duda, esta fusión de sabores le da un nuevo aire a la zona más entrañable de esta ciudad.

"La visita a uno de los dos restaurantes me parece necesaria."

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Comentarios (16)

Mostrando 16 comentarios.

gracias a la nota esta muy padre rescata lo bonito que es el centro historico de la ciudad de mexico

brenda gutierrez

muy buena la nota

Ademas como se menciona es muy bonito el centro historico de la cd de México y con todos los cambios que estan haciendo las autoridades se puede disfrutar de esos espacios que el centro nos da.

 

brenda gutierrez

Gracias a esta nota esta muy padre .

nos da a conocer lo bonito del centro historico de la ciudad de México y ahora ya con los cambios en esa zona podemos disfrutar con mas tranquilidad esos lugares.

 

brenda gutierrez

Lo mejor de todo es que las autoridades estan analizndo realmente las obra qu deben hacer y los cambio que deben realizarse en la Ciudad, creo que fue un gran acierto la remodelación de las calles del centro historico y el cierre a la circulación de automoviles asi podemos disfrutar no solo de este lugar, sino de todos los que nos ofrece  el Centro Historico de la Ciudad de México.

tienes razon anonimo solo asi se puede disfrutar del centro historico de la cd de mexico con todos esos cambios que han hecho las autiridades ya que antes no se podia ni caminar por la banqueta e ibas caminando al lado de los carros

En el segundo piso se encuentra la tienda Culinaria Mexicana, deleite para los amantes de la buena mesa. Claudio Poblete y Silvia Ayala, investigadores y entusiastas de las gastronomía nacional, recorrieron el país buscando productos únicos: mermeladas artesanales, tortilleros, morteros, aceites de oliva mexicanos, vinos de Ensenada o piedra caliza para los tortilleros que mantiene la temperatura...

Es interesante enterarse de este tipo de lugares "perdidos" en el DF, me llamó mucho la atención la tienda Culinaria Mexicana por sus productos únicos que han buscado a lo largo de la república mexicana, en lo personal, yo soy amante de las mermeladas artesanales, pues desde que mi hermana visitó Chiautla de Tapia (Puebla) en una ocasión trajo una mermelada de jamaica deliciosa y desde entonces soy adicta a este tipo de productos artesanales y 100% mexicanos

Esta nota, confirma que hay noticas buenas muy interesantes, gracias por darnos a conocer lo bonito que hay en la ciudad. Saludos

Gaby, muy buena nota. la comparto. me encantó el espacio.

Hola, a mi me parece un texto que nos invita a apreciar, lo tan ya conocido como el caótico centro de nuestra cd, con un espíritu un tanto benevolente, tratando de seducirnos para darnos a los lectores una oportunidad de "atrevernos" a volver intentar enamorarnos de uno de los lugares más preciados por los defeños. Me encantó tu redacción, por que rompes con el esquema clásico y trillado de las notas comúnes. Felicidades!

Estimado Bernardo:

Agradezco mucho que compartas tu apreciación del Centro Histórico y de Downtown. Yo no vivo ahí pero sí he vivido toda mi vida en esta ciudad y desde muy pequeña he recorrido esas calles, conozco también recovecos, de ahí viene mi apreciación. Más que idílica creo que la visión que expreso aquí viene de una tranformación real que está comenzando a suceder y que se nota en, como digo arriba y tú mismo lo mencionas,  el primer cuadro, en calles específicas. El valor para mí que tienen estos cambios y nuevos espacios como Downtown es que llaman de regreso a mucha gente, quizá no a los que viven ahí como tú o a los que siempre encontramos la forma de caminar esas calles, pero sí a gente que no lo hace asiduamente. No es el mismo Centro de hace 10 años, definitivamente, pero a la vez lo es y justo ahí está su encanto. Creo que más allá de una moda lo que sucede hoy en el Centro es que se le está cuidando mucho y que, repito, muchos defeños lo revaloran.   

No comparto aquello de los aires indeseables de la Condesa y Polanco que a tu parecer se respiran en Downtown. El lugar es un notable esfuerzo por rescatar no solo un bello edificio barroco sino nombres que para muchos estaban en el anonimato. La tienda de Remigio o la de Culinaria son ejemplos; o la misma Jersey que seguro mucha gente no conoce en el Mercado de San Juan.

Saludos cordiales,

Gabriela

"Había una vez un caótico centro histórico de la ciudad de México donde solo parecía reinar el caos." No pude pasar de esa frase ¡Qué vergüenza Letras Libres! ¿Qué no tienen editor?

 

Eso mismo pensé yo

No suelo involucrarme en este tipo de blogs, pero leer un comentario de este tipo, no hace más que generarme lástima. Mi abuela decía: cuando no tengas nada bueno que decir es mejor quedarse callada. Me parece que cuando un comentario solo tiene critica, es bastante destructivo, si críticas construye sólo así México podrá empezar a trabajar en equipo...
Saludos

Estimada Gabriela:

Vivo en la calle de Donceles. Camino por el Centro Histórico a todas horas y más o menos conozco sus recovecos. Debo decirte que tu visión de la zona es idílica, pues sigue siendo un lugar bastante caótico, sucio y ruidoso. Los ambulantes no se han ido. Si te asomas a Donceles y Argentina, y a Moneda y Correo Mayor, por mencionar algunos ejemplos, verás que proliferan. También abundan los indigentes. En mi twitter (@besquinca) he subido muchas fotos de ellos.

Yo no me iría con la finta de lo que se ha hecho recientemente para "revitalizar" el Centro, pues son puntos muy específicos: Regina, Madero, Juárez (vamos a ver qué tal queda la Alameda). Pero hay muchas otras zonas olvidadas, como las plazas de San Juan, Loreto y la Ciudadela (donde incluso amanecen gallinas degolladas en ritos santeros).

Sin embargo, es precisamente todo eso lo que me hace amar al Centro Histórico. Su atmósfera decadente en medio de tanta vecindad ruinosa y sus cansados muros de tezontle.

He estado en el Hotel Dowtown. He comido en el Azul Histórico, en el Padrinos y la Jersey, y bebido en la Botica. Me parece que han hecho un buen rescate de ese palacio barroco; sin embargo, no deja de ser un intento por trasladar los no siempre deseables aires de la Condesa o Polanco a la zona.

Por último, no creo que el Centro Histórico haya dejado de ser nunca el corazón del DF. Si ahora medio vuelve a ponerse de moda, y las cantinas y restaurantes se llenan, eso es otra cosa. Aquí siempre ha latido la ciudad real, pues desde su primer día se mezclaron -en un caos irresistible, si se me permite la expresión- todas las capas sociales. Y lo mejor de todo es que, en medio del bullico, también es posible distinguir a sus fantasmas.

Saludos cordiales,

Bernardo Esquinca

 

Bernardo, muy buena respuesta. Me he identificado muchísimo con lo que respecto al Centro Histórico has escrito. También conocí Downtown y me resultó un concentrado Polanco-Condesa. El aire auténtico que se respira en en Centro es otra cosa.

Mas coherente el comentario que el ponente...

Totalmente de acuerdo, rescatar zonas de la ciudad significa homogeneizarlas; llevar un pedacito de la Condesa a donde sea que la mediania te permita consumir en aras de desplazar la mancha urbana. No todo lo que brilla es oro.

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