Un espacio para adentrarse en los pormenores de la industria fílmica, explorar sus múltiples expresiones y descubrir resonancias con otras artes.
La ciudad de México a través del cine
Por Alonso Ruvalcaba

Desde que aprendió a hablar, el cine chilango vive una melodramática escisión, una guerra de clases: nosotros los pobres, ustedes los ricos. (Siempre se han hecho películas sobre las problemáticas clases medias defeñas, pero, como en toda telenovela que se respete, ellas son las que se han quedado en la periferia.) Nosotros: los pobres pero honrados, los buena onda, los pícaros, los albureros, los de la calle, los jodidos. Ustedes: los ricachones, los hijitos de papi, los mamones, los ojetes, los fufurufos, los pípiris nais, los incapaces del requiebre o el albur. El cine chilango ha colocado esos esquemáticos conjuntos en algunos barrios de la ciudad, a veces basándose en la realidad, otras exacerbándola.
Tal vez el primer gran símbolo fílmico de la miseria urbana en el DF, y acaso el más perdurable, es Nonoalco. Una y otra vez sus cinematográficas vías de tren marcaron una frontera descendente en la ciudad. Más me vale dejar que lo describa el narrador de Vagabunda, de Miguel Morayta:
La jodidez y la violencia del barrio apresan a los amantes y los colocan en el cantil del suicidio de una azotea rascuache en Del brazo y por la calle de Juan Bustillo Oro; las casas de cartón y lámina a la vera de las vías son el terrible escenario del humor incómodo de Los olvidadosde Buñuel (fotógrafo: Gabriel Figueroa); y cuando Santiago, dueño del cabaret La Máquina Loca, le dice a la rumbera en desgracia Violeta “búscame… bajo el puente de Nonoalco” (en Víctimas del pecado de Emilio Fernández, también fotografiada por Figueroa, minuto 3:55 de este clip), entrevemos claramente lo que esto significa: del otro lado de la ciudad, donde están las últimas oportunidades para las últimas mujeres.
Por supuesto, la película clave del grupo (que también incluye A la sombra del puente de Gavaldón, Manos de seda de Chano Urueta y La mujer y la bestia de Alfonso Corona Blake entre varias más)es Los olvidados. Las recientes El árbol olvidado de Luis Rincón y Nonoalco, memoria ciega, fotografiada por Pedro Gómez Millán, vuelven al barrio conscientísimas de ese hecho. La primera es un intento de reescritura documental de Los olvidados con todo y su Jaibo (en El árbol: Juan, un chavo delincuente, verboso y francamente divertido) y su Pedro (que aquí es la niña Gaby, una pobre chiquilla que apenas puede de amor, odio y miedo a su mamá); la segunda, también documental, puede resumirse en estas frases pronunciadas en off hacia el final de la película: “Los olvidados de hace, digamos, sesenta años, setenta años, por ai la fecha, y los de ahorita de las vías son los mismos”. Nada ha cambiado en Nonoalco.
* * *

Tendemos a olvidar que el Centro no es un barrio (¡o una colonia, por dios!): es la maqueta de la ciudad. Es legítimo entonces que esta maqueta esté dividida en barrios y que algunos de ellos lleven un tatuaje cinematográfico de pobreza y otros no. No hay espacio en este post –en un libro, chance– para detallar el centro de la ciudad como locación, pero unos ejemplos pueden dar la idea.
Nosotros los pobres. Viniendo desde el oriente: La Merced es el sórdido e hiperestilizado escenario de Santa sangrede Jodorowsky; el par de cuadras que recorre Talavera y la plaza de San Miguel Arcángel, el temible laberinto en que no se pierden los protagonistas de De la callede Gerardo Tort. Estrenada en 2001, esta última es un documento también de la vida en la zona antes de su relativo “adecentamiento” (gentrification), en uno de los momentos más tristes del Centro, cuando la delegada Dolores Padierna, tras la explosión de Lobohombo, la agarró parejo contra la noche en la Cuauhtémoc. Un poco más arriba, pasando Bolívar: en las callecitas aledañas al colegio de las Vizcaínas termina prostituyéndose Elena (Miroslava), y su vida es como un espejo roto de su vida anterior de millonaria convenenciera en Trotacalles de Matilde Landeta. El fracasado profesional Kid Terranova –vendedor de nieves ascendido a boxeador y devuelto a la realidad como Campeón sin corona– entrena en los Jordán, que aún están en la calle de Buen Tono…
Viniendo desde el poniente, en cambio, ustedes los ricos: el Changó, en los alrededores del monumento a la Revolución, es el cabaret de buen ver –uno de sus parroquianos es el muy agradecido Pedro Vargas– en el que baila Violeta antes del fin del mundo en (de nuevo) Víctimas del pecado; el hotel Regis le sirve a María (Dolores del Río) para ejercer la aspiración a otro mundo en La otra de Gavaldón –melodramáticas palabras de su hermana gemela y millonaria Magdalena (también Dolores del Río, en un doble papel doblemente mal actuado): “Con esos escrúpulos tontos ¡nunca pasarás de ser una pobre manicurista!”–; siguiendo por Madero: a la altura de Motolinía vive la protagonista riquilla de Cansada de besar sapos en otro DF descaradamente ficticioy en el Sanborns de los Azulejosse reúnen el millonario mexicano Samuel y su abogánster gringo Jordan en esa curiosidad: Man on fire, de Tony Scott, una película chilanga pero extranjera…
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Comentarios (0)
Creo que hubiese sido bueno incluir "EL MIL USOS", no sé por qué pero me parece un extraordinario retrato de ciudad. Sobre todo porque tiene una característica que puede que ninguna de las peliculas que mencionaste tenga, la visión provinciana del personaje, que por momentos es exquisita aunque muy estereotipada. Probablemente el cine de aquellos años estaba completamente cargado al llamado cine de ficheras, estas películas aunque morbosas y repetitivas en sus argumentos retrataban muy bien a cierto sector del distrito federal; políticos ignorantes, licenciadillos influyentes, putas descomunales, etc. Pero dejaron fuera a aquella sociedad descendiente de la que regresó de Europa después de la revolución(supongo que mucho después) porque yo he estado en las Lomas de Chapultepec varias veces y la gente que ahí convive no tiene nada que ver con aquélla que se retrata en la mayoría de las películas que hablan de las clases sociales(son mamones pero cultos). Creo que a los cineastas les enorgullece en demasía la pobreza de México o son demasiado pretenciosos con lo que llaman cine de "realidades". Tal vez el día en que la carrera de cineasta se haga asequible para más personas el cine mexicano de verdad crezca, porque por ahora la mayoría de los cineastas nacidos aquí son muy malos, los mejores relatos de la Ciudad de México los hicieron gente como Roberto Bolaño y Luis Buñuel, otras obras( caso específico de Carlos Fuentes) están demasiado sobrevaloradas.
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