Blog de la redacción

01 de Julio

Así las cosas

El país que hizo de los escaques, los alfiles y el jaquemate mitología íntima y geopolítica, le niega a sus ciudadanos la posibilidad de perderlo todo en un golpe de dados: por ley cierran los casinos, salvo en cuatro esquinas del territorio ruso.

Destinada a cortar de tajo la perniciosa vaina de la ludopatía, esta legislación, obligará a los enfebrecidos y los arruinados a tomar algún vuelo hacia las antiguas repúblicas soviéticas, destino de las ahora prohibidas casas de juego.

Con una ley como esta, se afianza Rusia en la modernidad de los mercados negros y los eufemismos: de ahora en adelante no hay casinos en Rusia, hay “Clubes deportivos de póker”.

– PD


Las antologías de poesía son, definitivamente, un fenómeno más ligado a la cultura pop –aunque glamourosamente marginal– que a la historia editorial de lo Sublime. Este postulado, que vale para México, vale todavía más para la Argentina. Muestra de ello es que, según informa Revista Ñ, acaba de publicarse la Antología de la nueva poesía argentina, de la editorial Perceval Press, fundada y dirigida por el actor Viggo Mortensen.

Conocido por su incursión en las últimas creaciones de David Cronenberg, así como por su caracterización de “Aragorn” en la saga de El señor de los anillos, Mortensen es todo un renacentista contemporáneo: toca jazz –tiene varios discos–, se interesa por el arte abstracto –y pinta él mismo–, es seguidor ferviente de un club argentino de futbol y, por si fuera poco, asegura que le gusta mucho la nueva generación de poetas argentinos. La selección, a cargo de Gustavo López –fundador de la revista Vox– incluye a autores como Joaquín Gianuzzi, Washington Cucurto y Fabián Casas.

– DSP

30 de Junio


Categorías: Medios

Vistazo a la semana

Los orígenes de las obras literarias parecen estar obligados a contener al mismo tiempo lo vibrante de una revelación y la familiaridad de lo cotidiano: una mezcla de momento “¡Eureka!” y empeño recompensado. En el periódico El Clarin, ocho escritores hispanoamericanos hablan acerca del origen de algunos de sus trabajos.

Ismail Kadaré acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias de las Letras. A propósito de este acontecimiento, el suplemento Laberinto, de Milenio, publica esta entrevista con el albanés realizada en 2001.

El futurismo cumple cien años. En la Tate Modern una exposición muestra los postulados, los alcances y las posibilidades de aquella vanguardia. En el London Review of Books publican una reseña de la exposición. Así mismo, en Slate, hacen una crónica por entregas de un viaje a Italia para celebrar el aniversario.

Le Monde presenta un interesante artículo sobre el éxito, cada vez mayor, de las compañías de autoedición (como Lulu o Author Solutions) y la seria competencia que representan para las grandes casas editoriales de formato tradicional.

Lo hemos escuchado en demasía: que las poblaciones se hacen viejas con mayor velocidad, que no hay suficientes nacimientos y que para el 2050 habrá sólo dos personas entre 24 y 64 años por cada adulto arriba de 65. (El rango es 4 a 1 en los países industrializados en este momento). En el reporte especial que preparó The Economist sobre el envejecimiento de las poblaciones, llegan a una conclusión poco reconfortante: “Querámoslo o no, vamos de vuelta al mundo antes de Bismark, cuando la vida laboral no tenía un punto final establecido.”

El Cultural, suplemento del periódico español El Mundo, dedica su dossier de portada a Juan Carlos Onetti, en el centenario de su nacimiento. El dossier cuenta con dos perfiles del uruguayo, a cargo de Jorge Rufinelli e Ignacio Echevarría, y con una reseña de sus cuentos, artículos y textos de miscelánea.

La muerte de Michael Jackson la semana pasada será uno de esos raros eventos que se antojan sobrevalorados y sin embargo sus implicaciones no se terminan de comprender del todo. Un texto y un video: una serie de interrogantes sobre la vida y obra del rey del pop y el video de Steve Martin, el cómico estadounidense, intentando una imitación del bizarro cantante.

En The New Republic, Leon Weiseltier escribe sobre la postura de Obama ante el conflicto iraní y sobre el empeño del presidente estadounidense por exhibir su diferencia respecto del gobierno anterior en todo lo relacionado con el mundo islámico.

A propósito del torneo de Wimbledon que se acerca en estos días a su punto más emocionante, volvemos una semana atrás para recuperar el extenso perfil que publicó la New York Times Magazine del gran ausente de este año en Inglaterra: el español Rafael Nadal.

El nieto de Milton Friedman, Patri Friedman, está convencido de que explora en la misma dirección que su abuelo y su padre, David. Llevando un paso más allá las ideas sobre la inutilidad del Estado, Patri ha dejado su puesto en Google para fundar una compañía cuya meta es establecer comunidades libertarias flotantes en mitad del océano. La revista Reason glosa los pormenores de la empresa.

Por último, en Colombia está por terminar el festival Malpensante 09, organizado por el grupo que publica la revista del mismo nombre. En la Revista Ñ hacen una crónica de los sucesos.

- La redacción

29 de Junio


Categorías: Política

El riesgo de la antipolítica

Todas las iniciativas cívicas son respetables pero algunas son más respetables que otras. La idea del voto en blanco pertenece a esa segunda categoría. Aunque comprensible por el pobre desempeño de muchos actores individuales y colectivos de nuestra "clase política", el acto, en el fondo, participa de la misma mentalidad dependiente que imperaba en el pasado: antes se esperaba que el Presidente de la República lo hiciera todo; ahora se espera lo mismo de los legisladores, los partidos, los gobernadores y los políticos en general. Nosotros los ciudadanos somos meras víctimas, sólo estamos -en el mejor de los casos- para protestar, y la mejor protesta es una huelga de votos caídos, un gandhismo instantáneo, happening mediático, un acto que dura un minuto y, mágicamente, transforma al país. No es así. La propuesta es desaconsejable, por varias razones:

1) Distorsiona, confunde, devalúa el sentido del voto, ante una mayoría de ciudadanos que lleva poco tiempo de ejercerlo. En la cuenta larga de la historia, han pasado apenas unos minutos desde el nacimiento de nuestra democracia, aunque en realidad hayan pasado poco más de diez años. "México transitó -dice Vargas Llosa- de la dictadura perfecta a la democracia imperfecta". La frase reconoce un progreso que nosotros no valoramos. Todas las democracias son tensas, conflictivas e insatisfactorias. El votante debe aprender a mejorar la democracia, pero la manera de hacerlo es ejerciendo el voto cada vez con mayor inteligencia e información, no denegándolo.

2) Da a entender que no hay opciones políticas. Más allá de los magros resultados de los partidos, sólo el EPR y los abogados de la anulación del voto parecen creer que en México todas las propuestas políticas y todos sus representantes son iguales e igualmente deficientes.

3) Generaliza la naturaleza de la elección. "Para los anulistas -escribe el politólogo Inocencio Reyes Ruiz- no hay la mínima consideración a la diversidad de regiones, estados, municipios y comunidades. Para ellos la elección del próximo 5 de julio es singular, única e indivisible. Es cierto que la renovación de la cámara de diputados es de indudable trascendencia para la vida pública del país, pero no es la única; y para millones de votantes no es la más importante. El 5 de julio hay varias elecciones y muchas votaciones: seis gobernadores, 11 congresos locales, centenas de alcaldes, millares de regidores. Hay municipios gobernados tan atrozmente que la anulación del voto sería la ratificación del poder caciquil. Lo mismo se puede decir de los gobernadores: hay estados donde los ciudadanos, hartos de la arbitrariedad y la corrupción, quieren votar para derrocar al partido postulante. Hay comunidades enteras, en fin, en que votar es asegurar la continuidad de buenos gobiernos".

4) Alienta la antipolítica. Para un curso rápido sobre los estragos de la antipolítica es bueno acercarse al caso venezolano. En los años noventa, el repudio radical e indiscriminado de los partidos por parte de un sector influyente de la sociedad venezolana (en particular de los intelectuales y las figuras mediáticas) provocó la emergencia natural del caudillo que llegó al poder para limpiar ese "miasma", "para salvar al país" y... para quedarse con él a perpetuidad. En las elecciones parlamentarias de Venezuela en 2005, la oposición optó por no competir, lo cual dio un cheque en blanco al régimen chavista. Si un caudillo llega al poder en México, llegará para quedarse. Los votos en blanco o en negro le tendrán sin cuidado.

5) Desalienta la participación ciudadana. Una consecuencia natural de la antipolítica -por esencia negativa, reactiva, pasiva- es la desmovilización. Y esto es lo más grave porque el país sufre un déficit inmenso de participación cívica. Esta participación no puede residir sólo en el acto de votar por un partido o anular, en su caso, un voto. Necesitamos vigilar permanentemente a los partidos y a los representantes populares, como ocurre en cualquier democracia madura. Y necesitamos mucho más: la verdadera participación cívica no es instantánea: es prolongada, constante, fragmentaria, silenciosa, difícil y anónima. Se ejerce de abajo a arriba: en la manzana, la delegación, el municipio, el estado, el país.

Octavio Paz dijo que México se ha visto siempre bajo la imagen histórico-mítica de una pirámide. Desde hace apenas dos décadas trabajamos para desmontar pacíficamente, piedra por piedra, esa pirámide, para construir una plaza pública libre y abierta. El proceso no llevará siglos pero sí años, quizá largos años. Su instrumento específico es el voto, esa sencilla pero imprescindible expresión de la conciencia individual en una democracia. No es aconsejable pervertirlo.

- Enrique Krauze

27 de Junio

El hombre que fue su máscara

En una emotiva página de Un tal Lucas, Julio Cortázar sugiere que, a partir de cierta edad, comenzamos a morirnos en las muertes sucesivas de nuestros chamanes juveniles, de los olvidados gurús que, arrumbados entre trebejos en el desván de la memoria selectiva, vuelven un buen día, de forma sorpresiva y más bien escandalosa, a recordarnos que a pesar de nuestro olvido y de las mil distracciones cotidianas, de las carreras y los papeles que llenan nuestras horas, ellos seguían ahí, viviendo y respirando, sufriendo acaso o, tal vez, planeando un nuevo libro, otra película o el quincuagésimo álbum.

A veces ya no pensábamos tanto en ellos, se habían quedado atrás en la historia; other voices, other rooms nos reclamaban. De alguna manera estaban siempre allí, pero como los cuadros que ya no se miran como al principio, los poemas que sólo perfuman vagamente la memoria.

A contracorriente de esa idea, y aunque a veces lo hubiéramos preferido, Michael Jackson nunca perteneció a esa categoría de la desmemoria. No fue él el ídolo escondido en lo más profundo del cajón de nuestros placeres culpables. Por el contrario: para bien y para mal, fue una paradójica luminaria omnipresente, incapaz de diluirse del todo en el tráfago de nuestros agitados tiempos. Su muerte, inesperada, sorpresiva, hasta cierto punto irreal (pues aún nos quedan sus discos y sus videos inolvidables), no es sino la demostración extrema de esa afirmación. De ahí la incredulidad y la desazón que durante algunas horas nos invadieron a tantos el jueves pasado, luego de conocer la noticia.

Ciudadano Ilustre de la República del Escándalo, Michael Joseph Jackson (1958-2009) terminó por conferir a su época la amarga sal y la tristísima pimienta que exige la sociedad mediática para devorar a sus astros con deleite. Cada vez que los nuevos ritmos y la belleza de estrellas juveniles reemplazables amenazaron su luz largamente parpadeante, Jackson pudo encontrar, incluso a pesar suyo, el combustible propicio para avivar la hoguera en la que acabó por consumirse.

Para quienes hoy nos ahogamos en las arenas movedizas de la edad adulta –digamos que entre los 30 y los 45 años–, Jackson terminó por ser el referente generacional obligado de una época carente de ellos: a principios de los años 80 del siglo pasado, Elvis era hacía ya algún tiempo el cadáver fofo de un cuarentón decadente, los Beatles se habían convertido en un buen recuerdo de mejores días y su líder, el más preclaro abanderado del Peace & Love, moría violentamente en un acto que contradecía todos sus postulados. En una era sin grandes dioses ante los cuales postrarse, signada por los últimos estertores del punk y por los estrambóticos arreglos de la música disco, por bandas que en aquel entonces apenas empezaban a esculpir el pedestal de su leyenda, Jackson encontró el terreno propicio para erigir, gracias a la suma de sus virtudes (una atractiva voz meliflua, sus imposibles pasos de baile, el carisma de muchacho negro capaz de superar la adversidad de una infancia deprimente a golpe de ritmo y aptitud vocal más un puñado de canciones memorables), su endeble Tierra Prometida, la jaula de oro de sus temores más íntimos y de sus inconfesables pulsiones que terminó por ser su Neverland particular.

Como Elvis Presley o como la más cercana Britney Spears, Michael Jackson representa esa otra Historia Americana: la pesadilla del ángel caído, la del ídolo que tocado por la Diosa Fortuna erige su propia leyenda a base de talento y tesón para después dedicarse a derruirla con la paciente constancia de la polilla.

La historia de Michael Jackson parece sellada por el título de su éxito de 1979: No, definitivamente él no supo detenerse cuando tuvo demasiado, y antes que el moderno Peter Pan que hubiera querido ser, se transformó en el Fantasma de la Ópera, una máscara patética detrás de la que nunca pudo ocultarse un alma enferma y atormentada.

– Víctor Cabrera

26 de Junio


Categorías: Derivas, Literatura

Guía de criptolexemas fabulosos

Sé que para muchos lectores el título de este artículo constituirá un misterio. Es por eso que me apresuro a aclarar: Un criptolexema es, por ejemplo, para aquellos que no lo saben, la palabra criptolexema. Esta definición, que bien podría considerarse paradigmática (si no fuera tan pueril), alude a una de las dos características principales del criptolexema, a saber: el ser un significante cuyo significado se ignora. “Fanzine” podría ser uno de ellos, “rho” otro, y, para recordar el arquetipo con el que, hace ya algún tiempo, inauguraba su estudio, la palabra clepsidra.

La segunda propiedad de los criptolexemas, puntualizaba en aquella ocasión, no es menos importante sino que, por el contrario, lo es más, y constituye su especificidad misma. Pues, más allá de la llana ignorancia, de lo que aquí se trata es del placer estético que esas palabras provocan en nuestro espíritu, el cual, para algunos (aunque podrían ser menos), es consustancial al goce literario, razón por la que esas voces enigmáticas poseen una extraña belleza, y al no formar parte del acervo cultural medio ni ser imprescindibles en la vida diaria, hacen que el hablante, al toparse con ellas, en vez de llenarse de vergüenza lo haga de inefable júbilo.

El motivo de estas líneas no es otro que el presentarle al lector los últimos avances de mis investigaciones de esta terra incognita.

Para ello, siguiendo los derroteros fructíferos de la clasificación, trataré de esbozar los rudimentos taxonómicos de la criptolexicología, con la única esperanza de animar a aquél que quisiera a sumarse a mis empeños.

Conocedor de la versatilidad de las categorizaciones, comenzaré por catalogar los criptolexemas de acuerdo a la intensidad de su eco en nuestro entendimiento. Habría, así, un grupo de los llamados criptolexemas familiares, es decir, aquellos que resuenan en nuestra mente, que ya hemos oído o leído, pero que al ser interrogados sobre su significación no atinaríamos sino a balbucir incómoda e insensatamente. Ejemplos de ellos podrían ser “aciago” o “sargazo” y, quizás, “gárgola” y/o “gap”. (El uso obligado del condicional nos recuerda que los criptolexemas sólo admiten una definición estrictamente individual y, en el peor de los casos, una vigencia transitoria.) El segundo grupo, lógicamente formado por los criptolexemas llamados inauditos, es decir, los que no nos suenan para nada, puede, a su vez, desdoblarse en dos subcategorías: la de los primicios, que son los que oímos o leemos por primera vez, y la de los antimnésicos, que son los que, a pesar de haberlos leído o escuchado antes, no alcanzan a anclar en nuestra memoria y se nos presentan, recalcitrantemente, como si lo hicieran siempre por primera vez, es decir, los que, a pesar de no serlo, nos parecen idénticos a los primicios, razón por la cual bien haríamos en olvidar esta subdivisión.

Una segunda clasificación se refiere al grado del uso de los criptolexemas, y nos permite agruparlos en criptolexemas omisos, los que nunca usamos, y los admisos, que son aquellos que, aun sin saber qué significan exactamente, empleamos en ocasiones, y siempre de forma equívoca, en especial cuando tratamos de despertar algún tipo de sentimiento en nuestro interlocutor. Ejemplos de ellos podrán ser “conspicuo”, “contumaz” o “amor”. Cabe agregar que estos últimos poseen la inquietante cualidad de ser inconscientes, ya que el hablante ignora que ignora lo que significan. Por este desvío serendípico descubrimos lo que en realidad caracteriza a lo inconsciente, a saber: el desconocimiento del desconocimiento.

Pero, continuando, existe una tipificación más de los criptolexemas, esta vez de acuerdo a su grado de, llamémosla de ese modo, oscuridad. Tenemos, así, que hay criptolexemas opacos, que son aquellos que, al leer su definición, de inmediato sabemos lo que significan, y criptolexemas umbríos, o sea, los que, aun armados de prolijos diccionarios, no logramos entender. A ellos corresponden dos órdenes: Los que en sus definiciones –¡oh, fruición inenarrable!– constan más criptolexemas (como “dintel de hierro”, que, de acuerdo a la 22ª edición del Diccionario de la lengua española de la Real Academia, significa: “barra de hierro que se embebe en la mocheta de un arco para apear las dovelas”), y los criptolexemas ignotos, que son los que, por más que su definición sea perfectamente inteligible, somos incapaces de comprender. La causa es iluminadora: porque desconocemos su referente. Ejemplo de ellos sería, para la inmensa y perpleja mayoría, “guanacaste”, que, de acuerdo a la autoridad antes citada, es un “árbol tropical de la familia de las Mimosáceas, de fruto no comestible, con forma de oreja, cuyo pericarpio coriáceo es de color café oscuro lustroso y en cuyo mesocarpio, mucilaginoso, de color blanquecino, se distribuyen las semillas, pequeñas y durísimas”.

Hay, por supuesto, más grupos, como el de los criptolexemas etéreos, que son palabras que nadie recuerda, que ningún diccionario incluye, que nunca son escritas ni pronunciadas, y tan sólo flotan en una dimensión inexpugnable, inaccesibles, sí, pero existentes (me gustaría dar un ejemplo, pero, desgraciadamente, los desconozco), o los criptolexemas artificiales (como los involuntarios neologismos de los logópatas o los creados, aviesamente, por los escritores –como los ya clásicos de Joyce).

Yo, por mi parte, lo que más desearía sería ensanchar este inventario con una única palabra, una que, hueca de significado y huérfana de referente, sirviera tan sólo para embellecer el discurso –un significante absoluto, hecho de pura estética, que llenara insocavablemente el vacío que va dejando en mi espíritu cada criptolexema cuyo significado llego a comprender. Su definición en el diccionario rezaría:

“                      ”.

– Salomón Derreza

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