En 1948 el grupo filosófico Hiperión irrumpió en la cultura mexicana como un cometa: de manera brillante y efímera. Este grupo, formado por exalumnos de José Gaos, pretendía combinar la autonomía de pensamiento con el mayor rigor intelectual para crear una nueva filosofía mexicana comprometida y de altura. De todos los hiperiones, el único que logró realizar plenamente ese afán fue Luis Villoro. Pero su legado va más allá de su obra escrita: hasta el último de sus días, él fue nuestro mejor ejemplo de cómo vivir como un filósofo; tarea que requiere de virtudes poco comunes como la de no sucumbir a las tentaciones del poder o no abandonarse a las pequeñas miserias de la vida académica.
Réplica. Contra la historia virtual
Si Juárez no hubiera muerto… todavía viviría, dice la canción. Pero no es cierto: si Juárez no hubiera muerto, de todos modos hubiera muerto, porque…
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Monsiváis después de Monsiváis
1. Uno de los lamentos más repetidos estos días es: devorado por la prisa y la celebridad, no dejó una obra sólida, ordenada. Otro, no menos popular, advierte: su trabajo está tan disperso,…
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