artículo no publicado
  • Algunos pensadores imaginaron que, en una sociedad perfecta, toda persona que escriba tendría que poder publicar al menos su primer libro. Nuestro mundo está muy lejos de ser ideal, pero hay editoriales pequeñas e independientes que ayudan a que muchas de esas primeras obras existan.
  • Hace diez años, el 19 de julio de 2007, se moría Roberto Fontanarrosa. Escritor y humorista, fue uno de los hombres más queridos y respetados de la cultura argentina de las últimas décadas. Su obra y su prestigio se expandieron por todo el mundo hispanohablante. De todas las razones para recordarlo, rescatamos aquí diez.
  • Hasta hace poco, no se tenía una versión en español del Finnegans wake, el libro que, según Joyce, tendría entretenidos a los críticos por doscientos años. Esta es la historia de aquellos que han asumido el reto.
  • La oferta creciente de cursos y aplicaciones para aprender a leer más rápido es consecuencia natural de una sociedad que acepta que, como el tiempo es dinero, no hay que perderlo por nada del mundo. Pero leer es como comer o tener sexo: el esfuerzo por hacerlo lo más rápido posible no puede ser bueno para nadie.
  • El padre del ilusionismo moderno afirmó que “un mago es un actor que representa el papel de mago”. Lo mismo puede decirse de los poetas y de los políticos… y de todos, en realidad: vamos por la vida representando nuestro papel.
  • La literatura ha aprovechado en cantidad las distintas capacidades de los espejos, desde reflejar las imágenes hasta crear dobles y permitir el acceso a mundos imaginarios. Sin embargo, su generosa y muy real habilidad de llevar luz de un sitio a otro ha sido hasta ahora muy poco valorada.
  • Ningún escritor puede saber en qué momento exacto comenzó a serlo. Se trata más bien de un proceso, de algo que ha ocurrido en el pasado, a partir de lo cual ya no se puede vivir sin escribir.
  • Muchos lectores están convencidos de ser superiores a quienes no leen, y sienten por ellos una conmiseración que pronto se convierte en menosprecio. Pero no existe tal superioridad, y esos sentimientos son paradójicos, dado que, en teoría, la lectura promueve la empatía y la tolerancia.
  • En cierto sentido, ‘Cien años de soledad’ es una novela costumbrista, y quizá su supuesto realismo mágico no sea más que una cuestión de perspectivas, o una confusión.