Crónica | Letras Libres
artículo no publicado
  • En 2003, Shirin Ebadi se convirtió en la primera mujer musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz. El gobierno de Irán la hostigó durante años por su trabajo a favor de la democracia y los derechos humanos. Este es el testimonio de cómo usaron a su marido para desprestigiarla.
  • En 2003, Shirin Ebadi se convirtió en la primera mujer musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz. El gobierno de Irán la hostigó durante años por su trabajo a favor de la democracia y los derechos humanos. Este es el testimonio de cómo usaron a su marido para desprestigiarla.
  • El rock estuvo proscrito en Cuba durante décadas. Esta crónica del reciente concierto de los Rolling Stones –una señal de apertura para algunos y una operación cosmética para otros– muestra el carácter contradictorio y anacrónico del régimen.
  • El rock estuvo proscrito en Cuba durante décadas. Esta crónica del reciente concierto de los Rolling Stones –una señal de apertura para algunos y una operación cosmética para otros– muestra el carácter contradictorio y anacrónico del régimen.
  • Leila Guerriero (Junín, Argentina, 1967) ha ganado una batalla: sus perfiles y crónicas muestran que el periodismo riguroso y bien escrito no ha muerto, como parecen afirmar una y otra vez los fatalistas y los nostálgicos. “No soy comunicóloga, ensayista, socióloga, filósofa, pensadora, historiadora, opinadora, ni teoricista ambulante”, dijo poco después de ganar el premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por “El rastro en los huesos”, una crónica que sigue los pasos del Equipo Argentino de Antropología Forense. Es que no le hacen falta mayores etiquetas: Leila Guerriero es periodista, así se reivindica, y sabe bien que ese oficio es un arcón inmenso donde entran todas las convicciones de nuestro tiempo. Por lo demás, siempre insiste en que lee más literatura que periodismo, ve más cine de ficción que documentales y devora más historietas que libros de investigación. Sus reportajes hilvanan, finalmente, esas destrezas: la investigación exhaustiva, la precisión del lenguaje de una escritora elegante y plenamente consciente de las formas y las ideas de una ensayista incisiva. Esa es su marca de fábrica. Si bien publica todo el tiempo, aquí y allá en revistas y diarios de todo el mundo, ha escrito cinco libros: Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico (Tusquets, 2005) –sobre una oleada de suicidios en un pueblo petrolero en los años noventa–, Frutos extraños (Aguilar, 2009) –sus crónicas reunidas de 2001 a 2008–, Plano americano (udp, 2013) –veintiún perfiles de artistas y escritores–, Una historia sencilla (Anagrama, 2013) –una crónica que cuenta la historia de Rodolfo González Alcántara, un bailarín entrañable que compite en el Festival de Malambo de Laborde– y el reciente Zona de obras (Anagrama, 2015) –que compila sus intervenciones teóricas y críticas sobre el oficio del periodista–. Esta charla se prolongó durante casi tres horas en un café de Buenos Aires un frío sábado por la tarde.
  • Leila Guerriero (Junín, Argentina, 1967) ha ganado una batalla: sus perfiles y crónicas muestran que el periodismo riguroso y bien escrito no ha muerto, como parecen afirmar una y otra vez los fatalistas y los nostálgicos. “No soy comunicóloga, ensayista, socióloga, filósofa, pensadora, historiadora, opinadora, ni teoricista ambulante”, dijo poco después de ganar el premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por “El rastro en los huesos”, una crónica que sigue los pasos del Equipo Argentino de Antropología Forense. Es que no le hacen falta mayores etiquetas: Leila Guerriero es periodista, así se reivindica, y sabe bien que ese oficio es un arcón inmenso donde entran todas las convicciones de nuestro tiempo. Por lo demás, siempre insiste en que lee más literatura que periodismo, ve más cine de ficción que documentales y devora más historietas que libros de investigación. Sus reportajes hilvanan, finalmente, esas destrezas: la investigación exhaustiva, la precisión del lenguaje de una escritora elegante y plenamente consciente de las formas y las ideas de una ensayista incisiva. Esa es su marca de fábrica. Si bien publica todo el tiempo, aquí y allá en revistas y diarios de todo el mundo, ha escrito cinco libros: Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico (Tusquets, 2005) –sobre una oleada de suicidios en un pueblo petrolero en los años noventa–, Frutos extraños (Aguilar, 2009) –sus crónicas reunidas de 2001 a 2008–, Plano americano (udp, 2013) –veintiún perfiles de artistas y escritores–, Una historia sencilla (Anagrama, 2013) –una crónica que cuenta la historia de Rodolfo González Alcántara, un bailarín entrañable que compite en el Festival de Malambo de Laborde– y el reciente Zona de obras (Anagrama, 2015) –que compila sus intervenciones teóricas y críticas sobre el oficio del periodista–. Esta charla se prolongó durante casi tres horas en un café de Buenos Aires un frío sábado por la tarde.