¿Sucede algo? (Nota sobre el arte del actor) | Letras Libres
artículo no publicado

¿Sucede algo? (Nota sobre el arte del actor)

El único mérito a que aspira esta nota es el de concentrar en una sola observación, clara, simple, químicamente pura, aspectos del arte del comediante que andan dispersos y en mezcolanza. Pero concentrar no es poca cosa: los plácidos rayos del sol concentrados por una lente (como hacíamos de niños) prenden fuego.
     La observación es psicológica y verbal y consiste, simplemente, en advertir que en nuestro trato con los demás hacemos, con frecuencia, estas preguntas:
     1) ¿Sucede algo?
     2) ¿Qué tienes?
     3) ¿Te pasa algo?
     Es decir, que con frecuencia no sabemos leer los signos exteriores de una conducta. No sabemos qué manifiestan. Esto es, tendemos a ser más herméticos, más cerrados que lo que se cree, no transparentamos la interioridad. Al actor, cuya tarea es justamente transparentar la interioridad, como se dice "representarla" bajo conducta externa, si quiere progresar en el arte, le conviene tomar en cuenta esta reticencia y esta ambigüedad, tan comunes.
     Por ejemplo: una respuesta frecuente a las preguntas 1) y 2) puede ser "estoy cansada". De ahí se sigue, sin otra premisa, que el comediante no debe representar el cansancio. Por raro que parezca, el cansancio muchas veces no tiene signos exteriores. El mal actor, sin embargo, llevado por entusiasmo funesto, tratará de representarlo. ¿Cómo? Se moverá y hablará despacio, caídos los hombros. Pero eso no es cierto, ahí hay error, el cansancio no se explicita en términos de lentitud y menos de desánimo. Ni en términos de nada, porque si así fuera, y este es todo el punto de la demostración, no preguntaríamos a la persona cansada "¿qué te pasa?" como solemos preguntarle.
     Ahora, si damos un paso adelante diremos que, en verdad, en la vida real es muy poco lo que se traduce del interior al exterior, nuestra tendencia es hacia recatar, no manifestar lo interno. Por muchas razones, miedo a perder el control, pudor, desconfianza, otras como esas, pero sobre todo, y esto es esencial para el comediante, porque no sabríamos cómo hacerlo. Por ejemplo, los deseos no se explicitan exteriormente en general, hambre, sueño, apetito sexual, ni los miedos (¿quétienes?, "tengo miedo") ni los odios ni las convicciones ocreencias (¿cómo se podría hacer eso?), ni, muchas veces, la tristeza, el amor, la duda. La alegría a veces sí, cuando es exultante ("exultar" es "dar saltos de alegría"). No serviría de nada hacer una lista, pero sí dar un criterio estético: un actor con talento es aquel que sabe siempre qué se exterioriza y qué no se exterioriza en una situación dada.
     Pero si casi nada se puede representar (o explicitar exteriormente), entonces, ¿dónde queda el trabajo del actor?, ¿se reduce a poner su carota y ya? Bueno, honestamente, no estaría mal como programa de trabajo, sobre todo en el arranque, porque siempre será mejor que desbarrar representando lo irrepresentable y también porque "poner su carota y ya" es lo que hace en la inmensa mayoría de los casos la gente común y corriente. Obsérvalo y verás.
     Sin embargo, sin representar nada hay amplio espacio para la inventiva artística en el comediante. Considera, por ejemplo, todo lo que puedes hacer sonriendo. Puedes: insultar a alguien, dar un pésame, pedir perdón, preocuparte mucho por algo, decir que estás muy triste, dar una orden seca, en fin, casi todo, si no es que todo, sin el casi. Esto es, al romper la compulsión a representar automáticamente, te puedes permitir hacer otras cosas, por un lado ir contra el lugar común consabido y enlodado, hacer aparecer lo inesperado, como suelen proceder los grandes actores, y por otro lado, matizar, esto es no dar en bloque melodramático, sino con ambigüedad y riqueza, como debe ser.
     Y hasta aquí llegamos, más no cabe en una miniatura. -