Yo es otra | Letras Libres
artículo no publicado

Yo es otra

Tedi López Mills
Cascarón roto
Ciudad de México, Almadía/UNAM, 2021, 152 pp.

 

En Cascarón roto, Tedi López Mills (Ciudad de México, 1959) dialoga –como en sus dos libros autobiográficos anteriores, Libro de las explicaciones (2012) y La invención de un diario (2016)– con distintos registros de la escritura: la poesía, la historia y la filosofía. Decir que es una obra personal tiene sentido si se entiende la autobiografía como un género constituido de afinidades y desacuerdos intelectuales que se reinterpretan en un tiempo y un espacio determinado. La autobiografía es el espacio simbólico que contiene la memoria de la autora: una genealogía afectiva moldeada (¿o atravesada?) por el bilingüismo, una genealogía intelectual marcada por las universidades públicas (la UNAM, la Sorbona) y por largas estancias en el extranjero. La conciencia de la propia extranjería produce una identidad ambivalente y, más que una identidad, una voz, capaz de verse a sí misma desde afuera (desde las alturas que imagina) y desde la renarración de la experiencia. Ve el árbol y ve el bosque.

Una constante en su obra es el cuestionamiento del mundo y de sí misma. López Mills se aparta de los entusiasmos coyunturales (“narcoliteratura”, “metooísmo”) y, por lo tanto, de las nuevas agendas culturales –hoy ya envejecidas– que definen los temas y a las protagonistas de las producciones editoriales. Sujeta a las demandas de su propia inteligencia, López Mills no quiere ser escuela, ni eslogan, ni políticamente correcta, y por lo mismo resulta profundamente perturbadora, original y contemporánea. Comprometida con la duda, su escritura reinterpreta las vanguardias europeas (Rimbaud, Mallarmé), mexicanas (Owen, Gorostiza, Paz) y anglosajonas (Eliot, Pound, Williams). Produce una escritura de claroscuros: concisa y hermética y, a la vez, brutalmente honesta.

El libro está dividido en cuatro ensayos: “Aviones”, “Cascarón roto”, “(Entremés)” e “Impertinencia” que exploran tres archivos: el íntimo (animado por lecturas y preguntas existenciales), el privado (las historias familiares) y el público (la vida literaria). “Aviones” describe su miedo a volar y recrea la historia accidentada de la familia Mills –“naranjeros y luego empacadores de naranjas”– de Orange County: Edward y Edith y sus hijos: Edward (“Ted”), Joan (su mamá), Maure y Judy. En un ambiente familiar afectado por el accidente repentino (de un tío piloto) y por el alcoholismo (de un tío veterano que ya nadie pela), se instala el silencio como una manera de lidiar con las pérdidas físicas y simbólicas de las personas. El tío “Ted” se estrellaría al poco tiempo de realizar su sueño: ser piloto de un Spitfire. No “en un bombardeo contra el enemigo” sino en un “ejercicio de rutina”. López Mills comparte las cartas de los comandantes de la base de la Fuerza Aérea canadiense enviadas a su esposa. Comenta la frialdad de la escritura burocrática y su insistencia en subrayar que la muerte había sido instantánea. López Mills desvía lo anecdótico del texto para meditar sobre la muerte y sobre la idea del “tiempo” frente a la muerte, es decir, sobre la toma de conciencia ante el acontecimiento final sobre el que no podemos articular una experiencia. Lo único posible es imaginar la propia ansiedad ante una caída fatal durante una turbulencia de vuelo, donde en todo caso se experimenta el miedo, pero no la muerte.

El trauma del accidente aéreo se repite de nuevo, años después, cuando la autora pierde a su mejor amiga en un vuelo de Mexicana de Aviación en 1986 rumbo a Puerto Vallarta. “Pero el miedo no admite conocimientos que lo desmientan. Su recoveco es la imaginación.” El texto pasa de la tragedia a la digresión: “Hay que atiborrar el espacio, ahuyentar el vacío.” La escritura permite llenar los espacios de silencio, completar las historias familiares a medio contar y darle un nuevo significado al vacío que dejan. El tiempo del escritor también se llena de congresos, ferias y festivales, agrega la narradora con ironía: “los escritores viajan mucho”. “Son escritores internacionales que discurren acerca de sus propios nacionalismos o nacionalidades con lucidez, pero con sentido del humor; a fin de cuentas, el público debe reír.” López Mills transita de las vidas y viajes trágicos a la descripción de los encuentros literarios, francamente cómicos. Retrata al escritor-artista que viaja para entretener y llenar (o no) los espacios públicos. “Algún miembro del público levanta la mano y pregunta sobre las fosas. Uno de los escritores lanza una metáfora; la fosa es lo escondido de la sangre [...] Sus colegas están de acuerdo. Uno de ellos quisiera añadir un dato reciente sobre las fosas recientes de Guerrero o Guanajuato, pero el moderador le avisa que se acabó el tiempo.”

El segundo ensayo, “Cascarón roto”, está compuesto de veinticuatro fragmentos (diálogos, apuntes, comentarios y citas) en torno a la amistad. López Mills revisa las definiciones clásicas de Platón, Aristóteles, Cicerón y Montaigne y después examina la amistad entre filósofos más recientes como Derrida, Agamben, Nancy. El hilo conductor –muy lacaniano– de este apartado es el conflicto y el destiempo: la amistad a primera vista, las amistades que se tejen y se destejen, los grupos que se crean y se disgregan, las exclusiones que se establecen. “Si no se piensa homogéneamente tal vez la amistad sea imposible. El desacuerdo se percibe como una agresión.” A manera de ejemplo, cita su desencuentro con el movimiento feminista más reciente:

Yo: –¿Por qué la exclusión?

–Ay, no me digas... ¿De veras te habría gustado participar? ¡No estás de acuerdo con nosotras! Admítelo: es generacional... A veces piensas como mi papá... Creo que no eres muy feminista...

El ensayo central o “(Entremés)” ofrece un texto más ligero donde la narradora describe cómo el amor complica y transforma la amistad entre tres amigos de infancia. Parte del relato ocurre en París, pero nuevamente lo anecdótico pasa a un segundo plano. Las amistades, como figuras geométricas en permanente transformación, alteran sus puntos de intersección (inclusión, exclusión y distancia), de acuerdo con las coincidencias y disidencias que ocurren en las conversaciones siempre afectadas por los malentendidos y lo no dicho.

“Impertinencia” revisita el concepto de la identidad nacional en la poesía mexicana del siglo XX. “Lo mexicano mío –endeble, improbable– podría ser la complicación de un tiempo en un espacio...” En este ensayo López Mills realiza un último recorrido –en picada– de los poetas modernistas y del grupo Contemporáneos. La transcripción y elección de los fragmentos muestra el contraste entre versos completamente desgastados y estrofas que conservan todavía su potencia poética y lo obvio, la ausencia de escritoras.

Cascarón roto reflexiona sobre las dificultades de un oficio que vacila entre el anhelo de vuelo (la libertad creativa) y las constricciones económicas y culturales que lo determinan (y lo limitan). López Mills cuestiona el sentido de ser escritora, lectora y pensadora en un contexto aún obsesionado con su nacionalismo. Desde un flujo de conciencia frágil y tremendamente lúcido, la autora apuesta por una poética no identitaria, que sobrevuela y se estrella con la rigidez del canon y con las etiquetas, tan a la orden del día. Resquebrajada su voz revela: “Yo es otra”, y se reconecta, a través del ensayo, con la parte más enloquecida de la literatura, la poesía. ~