Vida y destino | Letras Libres
artículo no publicado

Vida y destino

Juan Gabriel Vásquez

Volver la vista atrás

Madrid, Alfaguara, 2020, 480 pp.

Examinar el pasado –país extranjero donde, según el novelista inglés E. P. Hartley, todo se hace de otra manera– y echar mano a lo que una erudita investigación pueda sugerir sin incurrir en el oprobio de la novela entendida como subcorriente de L’École des Annales es una prueba que pocos narradores consiguen salvar con donaire.

Juan Gabriel Vásquez lo ha logrado ya varias veces y cada lance ha hecho crecer la deleitable limpieza de su castellano y la autoridad de su escritura. Su largo y provechoso comercio literario con el pasado fue quizá lo que llevó a Vásquez a intentar la biografía de su amigo Sergio Cabrera (Medellín, 1950), uno de los más singulares cineastas de nuestra América, con la íntima prevención de no escribir una biografía al uso sino, más bien, imponer al proceso su celo por las misteriosas y severas reglas del oficio de novelista que supo escoger desde muy joven. El resultado ha sido la novela de las distopías del siglo XX que solo un escritor latinoamericano de admirable vocación ecuménica como Vásquez podía componer: su gran novela.

En Historia secreta de Costaguana (2007), Vásquez recuperó, paródicamente y con deslumbrante originalidad, los orígenes del país apócrifo creado por Joseph Conrad. Lo hizo con gran arrojo y, a la vez, con un brillo estilístico infrecuente. En Volver la vista atrás, sin embargo, Vásquez reprime su imaginación y se ciñe a todo lo inconmoviblemente fáctico que una vieja y estrecha amistad con Cabrera pudo brindar a una investigación que cubre mucho más de medio siglo.

Las semillas del tiempo que Vásquez escogió son las de una familia extendida de refugiados españoles –ancestros de Cabrera–, aventados a América por la Guerra Civil a fines de los años treinta del siglo pasado. El clan llega a República Dominicana, donde se repone de desgracias y penurias apenas lo justo para dispersarse de nuevo. Una parte del clan irá a Colombia. De entre estas figuras, y a mediados de los años cincuenta, emerge Fausto Cabrera, actor teatral, padre de Sergio y de su hermana, Marianella.

El Fausto de Vásquez es tan soñador como voluntarioso y, ciertamente, muy propenso a los golpes de suerte. Muy pronto se hará de un lugar en la escena teatral colombiana donde él y su esposa antioqueña, Luz Elena Cárdenas, llegan a ser también celebridades del teatro y de la naciente industria de la televisión.

De un modo muy natural –¿acaso no es un refugiado republicano?–, Fausto se ha hecho comunista como solo la gente de teatro se hacía comunista en América Latina en los años cincuenta: carbonaria y misioneramente. En un recodo de los años sesenta el camarada Fausto es invitado a ser lector de español en la mejor academia de idiomas de la República Popular China. Una sequía laboral, la incertidumbre del momento político y una crisis matrimonial convergen a un tiempo para que el camarada Fausto resuelva entonces mudarse a Pekín con toda la familia.

El fervor y la gratitud de Fausto por tener la ocasión de levantar una familia en un paraíso obrero-campesino son tan desmesuradamente inhumanos como la utopía que los inspira y que impone a su familia. En los días de Pekín, Fausto se muestra como un patriarca atrabiliario y fanático de la versión china del marxismo-leninismo. Tiraniza y alecciona a sus hijos como lo habría hecho el príncipe Bolkonsky de haber sido un maximalista lector del Libro Rojo del presidente Mao.

Si hasta aquí la novela discurre como un andante desenvuelto, inteligente y regocijante, la historia de Sergio en Pekín exige ahora de Vásquez que despliegue toda la arboladura de un gran artefacto narrativo, pues se trata nada menos que del Bildungsroman de un adolescente colombiano en mitad de la gran Revolución Cultural china. Sergio y Marianella viven el trecho final de su adolescencia en Pekín, donde aprenden el chino y se hacen guardias rojos mientras viven solos en la desierta vastedad de una especie de hotel Overlook pequinés.

Sus padres han regresado a Colombia para unirse a la guerrilla del epl (siglas del Ejército Popular de Liberación, de filiación maoísta) y mientras hacen la revolución colombiana han confiado la manutención y crianza de sus hijos a la generosidad de la República Popular. Es en la China de los guardias rojos donde, en salas del circuito diplomático, Cabrera descubre el cine de autor. Esa fascinación ya nunca lo dejará.

Llegado el momento, Sergio y su hermana Marianella también abandonan China para unirse ellos también a la guerrilla del epl. Las últimas cincuenta páginas, que narran cómo la familia se aparta paulatina y peligrosamente del sangriento conflicto armado colombiano, son atenazantes.

El continente de esta ambiciosa novela de distopías y utopistas es una retrospectiva filmográfica de Sergio Cabrera llevada a cabo en Barcelona en 2016, la misma semana en que Fausto, nonagenario, muere repentinamente en Bogotá. No será spoiler revelar que, luego de la retrospectiva, Sergio y Silvia, su esposa, logran darle a una grave crisis matrimonial un final acaso provisorio pero muy feliz.

Un triunfo mayor de Volver la vista atrás son sus inopinados momentos de humor. El tipo de humor que, leyendo en la alta noche, absorto en el hechizo de su fluida escritura, en la fatalidad y los dilemas de sus cautivadores personajes, te sorprende al pasar de un párrafo a otro y despierta a tu pareja con tus carcajadas. ~


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