Vida media | Letras Libres
artículo no publicado

Vida media

Redondeo su nombre: tres o cuatro recuerdos.

Un número que tiende a oscurecerse.

Nombre de borde y empeño, nombre de fondo,

canción que de tanto escucharse se desgasta.

Dios ha hecho su mudanza. Aquí no vive.

Cielo, tierra, hemos sido demasiado lentos:

ya se acabó la cuenta regresiva de la infancia

y no me acuerdo del nombre de su perro

ni de qué traía puesto cuando nos empapamos

bajo la lluvia tibia de Querétaro.

Nuestros nombres eran

innumerables abejas, un enjambre o manada,

multitud de sonidos, ni siquiera

el cauce o la desembocadura, ni siquiera el agua.

Recuerdo obstinado, elemento

que al atravesar el tiempo se desgasta.

Esta es la vida media. Con los siglos

hasta los elementos cambian,

se pierden por partes, se vuelven otros

más comunes, más estables. Casi todos

terminan convertidos en plomo.

Hay que decirle al alquimista: dale tiempo.

Queda la vida a contrapelo y esta calle lejana

en la que vivo, quedan las frutas maduras

que esperan de madrugada en sus cajas

frente al mercado vacío. El presente

es punto ciego, ese momento

de la noche a medias donde no se sabe

si las cosas terminaron o están a punto de empezar

de nuevo, todavía. Queda la palabra de su nombre:

un cuchillo de carnicero tantas veces afilado

que casi ya no existe. ~