Todo está en el aire | Letras Libres
artículo no publicado

Todo está en el aire

Hay una “nube” que no se parece en nada a la que conocemos. Una nueva internet compuesta por nanochips invisibles al ojo humano, aunque se especula con que algunos insectos pueden verlos.

La primera habilidad de estos procesadores microscópicos, cuyo tamaño linda con el átomo, es mantenerse siempre en su sitio. Si hace viento, lo aprovechan para producir energía y aguantar en su sitio: todo les alimenta.

La segunda habilidad es comunicarse entre ellos. Una vez esparcidos o sembrados desde un avión o flotas de drones los microchips forman una red que solo forzando la analogía se podría comparar con internet o con la rudimentaria internet de las cosas.

La tercera capacidad es captar toda la información disponible por medio de sus sensores. Esta información está siempre recombinándose, yendo y viniendo; no se almacena en servidores, está en el aire (es la auténtica “nube”): su propia tensión, la geometría viva de sus vínculos, la mantiene flotando entre el enjambre de chips. De alguna manera este sistema ha copiado el método del propio mundo, que se mantiene vibrando en doce números. Solo consume lo que produce, que es todo. El roce de un bit ya engendra un voltio. La info también es energía (si la sabes convertir).

La cuarta habilidad de cada hotspot es interpretar lo que siente. Un cerebro ínfimo, vinculado a todos los demás, es pura consciencia de sí y del mundo. La quinta le otorga la capacidad de reproducirse, pero solo en el caso improbable de su propia muerte, que podría predecir con el tiempo justo para clonarse (y esta predicción in extremis sería la séptima habilidad).

Esta red pululante es privada, pertenece a alguien anónimo. Entre los iniciados se rumorea que la desarrollaron en Estados Unidos y que, al encargar la fabricación a otro país, los chinos y/o los rusos se quedaron con el prototipo y ahora han desplegado este nuevo mundo, que se superpone al habitual. Pero podría ser de otra manera, incluso al revés. En 2015 grandes compañías estadounidenses descubrieron que los chinos, al construir la placa base para sus equipos, habían insertado en el hardware procesadores espía más pequeños que la punta de un lápiz (Bloomberg.com, 4-10-2018: “Cómo China utilizó un pequeño chip para infiltrarse en las empresas estadounidenses”, Jordan Robertson y Michael Riley).

En teoría, la única forma de neutralizar uno de estos nodos flotantes sería aislarlo de sus compañeros en una cápsula hermética sellada al vacío. Pero el sistema, al detectar una ausencia, repone enseguida el elemento eliminado y abre un expediente de crisis. Aunque se consideran indestructibles, a un micro podría caerle un rayo o cualquier otro accidente fortuito. La octava habilidad de estos entes sociales sería, obviamente, la autodestrucción. Si un nanochip se viera aislado de sus vecinos se suicidaría en el acto. No soportan la soledad.

Si es cierto que alguien ha desarrollado esta red que cubre y tal vez duplica el mundo y que otra potencia la ha usurpado, el primero habrá reaccionado. Esto explicaría esos intentos por capturar, aislar y analizar partículas, así como la creación y siembra de una red alternativa –según cómo se mire, sería la original– y la lucha a muerte entre ambas.

El mundo ordinario, ajeno a estas hiperrealidades, solo habría detectado los efectos más llamativos de la feroz pugna que, según esta hipótesis, se estaría desarrollando de forma invisible por todas partes y que podría explicar cierta crispación y polarización universal que se suele achacar a los bajos sueldos, mentiras apiladas, escasez de sexo/tiempo, etc.

Personas muy sensibles, tal vez poetas, o personas sin wifi, podrían captar mensajes o rumores de esta red, chasquidos que serían imperceptibles para el resto de la población. Claro que en este momento esas personas sensibles sufren la hostilidad y la aceleración del mundo, lo que quizá no les permita reparar o detenerse a analizar estas fugas y, en ese sentido, la red estaría segura en su invisibilidad. Además, ¿quién les iba a hacer caso?

¿Para qué sirve esta malla inteligente y sostenible que envuelve el mundo? Es el poder en su estado más etéreo. El poder funciona mejor si es inapreciable. Te seduce sin que te des cuenta. De lo contrario, podrías rebelarte, rechazarlo o acatarlo sin entusiasmo. Esta red que permea el globo crea ambientes, exhala fragancias que pueden sedar o enfurecer a las criaturas, inyecta sensaciones o edulcora memes.

Además, los nodos tienen otra aptitud tan asombrosa que si no la hubiera visto en acción no la creería: se introducen en el cerebro de las personas y les injertan directamente ideas, frases, imágenes, canciones... Hasta la fecha todo han sido experimentos restringidos y variados (hay pruebas piloto que afectan a países enteros). Así, los habitantes de una región entera pueden recitar de repente la Historia abreviada de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas (que cumple 33 años de su publicación) y empiezan a comportarse como conjurados Shandys, máquinas solteras, etc.; otras demos consisten en que varios millones de personas empiezan a odiar a sus convecinos de repente, se cambian de equipo aunque gane, etc.

El supuesto enfrentamiento entre dos (o tres) tecnologías similares y rivales podría explicar la demora en la implementación definitiva del plan (aunque si ya estuviera activado no tendríamos forma de saberlo). También puede ser una excusa para tapar errores. O quizá es que no saben bien qué hacer. El caso es que todo está en el aire. ~


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