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De Rusia con amor La capitulación de Trump y sus efectos

Las investigaciones sobre la injerencia rusa se han vuelto un dolor de cabeza para la administración estadounidense. La reunión entre Trump y Putin acentuó la crisis.

En septiembre de 2015, unas semanas después de que Donald Trump anunciara su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, redacté junto con Enrique Krauze una declaración para denunciar sus ataques contra los inmigrantes mexicanos, lo mismo que su racismo, autoritarismo, intolerancia y agresividad contra sus oponentes.[1] Las acciones emprendidas desde su presidencia  han aumentado esas preocupaciones, pero si alguno  de esos desaciertos tuviera que llevarse las palmas tendría que ser su insólita actuación en la cumbre de Helsinki el pasado 16 de julio, la primera reunión oficial entre Trump y Putin. Este artículo analiza aquel encuentro y explora las posibles razones de la conducta del presidente y sus repercusiones.

 

Preámbulo a la Cumbre: El elefante en la cristalería

En la cumbre del G-7 en Singapur, Trump acusó al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, de “declaraciones falsas” y se negó a firmar el comunicado; además dijo que Alemania “estaba totalmente controlada por Rusia”.[2] En una reunión de la OTAN, el presidente llamó “obsoleta” a la organización, amenazó a los países miembros con reconsiderar la ayuda en caso de ataque (más tarde dijo que esto podría ocurrir con Montenegro)[3] si no aumentaban su cuota y nombró a la Unión Europea enemiga comercial. En una entrevista previa a su reunión con la primer ministra británica Theresa May, se quejó de que ella no había seguido su consejo para negociar el Brexit (presentando una demanda legal a la Unión Europea), dijo que Boris Johnson –que acababa de renunciar en protesta por la política de May– sería un excelente primer ministro y, que si ella no cortaba de tajo con la UE, él reconsideraría un tratado bilateral con Estados Unidos.

Frente a este trato ignominioso hacia las democracias occidentales, Trump ha manifestado una opinión favorable hacia dictadores y autócratas, como Kim Jung-on, Viktor Orbán, Rodrigo Duterte y Recep Tayyip Erdoğan. Su simpatía por Vladimir V. Putin es la más inaudita por ser este el responsable de anexionar Crimea y desestabilizar Ucrania, cuando derribó un avión de pasajeros que volaba sobre dicho país en 2004. También ha sido acusado de intentar asesinar a opositores que residen en Reino Unido y de intervenir en Siria a favor de Bashar al-Assad que, a su vez, ha destruido a su país, asesinado a cientos de miles de sirios y desplazado a millones. En el encuentro del G-7, Trump pidió el regreso de Rusia a dicho grupo, del cual había sido excluida tras su anexión de Crimea en 2014.

Previo a la cumbre, hubo múltiples advertencias públicas del riesgo que afrontaba Trump. Es conocida su habitual falta de preparación, combinada con su arrogancia  (está convencido de que es “un genio estable”, como afirmó en la OTAN), y ahora tendría frente a él a un astuto exmiembro de la KGB, un líder bien preparado que ha lidiado con tres presidentes estadounidenses. Ignorando las admoniciones, el cordero americano se dedicó a jugar al golf en su campo de Escocia el fin de semana anterior al encuentro, mientras el lobo ruso se afilaba los dientes. De antemano, Trump había dicho que más que un adversario, Rusia era un competidor (en la conferencia de prensa, agregó: “un buen competidor” y aclaró: “eso es una alabanza”). Tres días antes de la reunión, el vicefiscal general de Estados Unidos Rod Rosenstein anunció que el consejero especial Robert S. Mueller III había acusado a doce oficiales militares de la inteligencia rusa de inmiscuirse en las elecciones presidenciales de 2016. Esa alcanzó a ser la última advertencia.

 

¿Qué trataron Trump y Putin en la reunión secreta?

Trump solicitó la cumbre con Putin, en la que se incluía un encuentro secreto de los dos presidentes (que duró dos horas), solo con la presencia de un traductor estadounidense y uno ruso. Que Trump haya participado sin la asistencia de consejeros clave –como el secretario de Estado, Mike Pompeo; el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y el jefe de gabinete, John Kelly– es muy sospechoso y alimenta el rumor de que el Kremlin posee información comprometedora en su contra. No hay antecedente en la historia estadounidense de algo semejante. Como aperitivo, el avión en que viajaba Putin violó el espacio aéreo de Finlandia, el anfitrión de la cumbre, y el jerarca ruso hizo esperar a Trump media hora antes de la reunión (algo similar a lo que Trump hizo en la cumbre de G-7). Peor aún, el simple hecho de reunirse con Putin, legitimó a Rusia como algo más que “un poder regional” –como la calificó Obama– y la elevó al nivel de una “potencia mundial”. El parlamentario ruso Aleksei Pushkov declaró con júbilo: “Hoy la atención del mundo se centra en Helsinki. Es claro para todos que Rusia y Estados Unidos están decidiendo el destino de la humanidad, ahora que los dirigentes de los dos países más poderosos del planeta están reunidos”.[4]

El presidente ruso fue el primero en hablar y dio información específica de los temas que habían discutido:[5] la no proliferación de armas de destrucción masiva (incluidas las situadas en el espacio porque generarían un gasto insostenible para Rusia), el terrorismo y la crisis regional en Siria (en la que Putin tiene una gran inversión militar), la cooperación estadounidense para ayudar a los refugiados de dicho conflicto (a fin de compartir los costos), la desnuclearización de Corea del Norte (un aliado de Rusia), la crisis de Ucrania (mientras hablaba a ese respecto pidió a Trump darle un “ligero empujón”  a la dirigencia ucraniana para llegar a una solución), la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán (país con quien Rusia colabora) y la reorganización de una coalición empresarial ruso-estadounidense para lograr negocios exitosos.[6] Al final, Putin hizo mención a “la llamada interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses”: nunca había ocurrido, dijo, ni ocurriría y ofreció crear un grupo bilateral de seguridad cibernética que manejase situaciones futuras. “Estamos contentos con los resultados de nuestra primera reunión”, dijo el dirigente ruso, y le dio las gracias a “Donald”.

Trump habló la mitad del tiempo que Putin, mencionó fugazmente alguno de los temas discutidos y se centró en la “supuesta” interferencia rusa en las elecciones. Culpó a los demócratas de haber creado “las peores relaciones entre los dos países”. Afirmó que seguía la noble tradición estadounidense de la diplomacia del encuentro (engagement), frente al conflicto y la hostilidad de sus adversarios políticos. En realidad, ante la amenaza de un enemigo poderoso, la diplomacia de ese país ha sido todo menos apaciguadora: Kennedy enfrentó a Jruschov cuando este instaló misiles en Cuba, y Reagan apodó “Imperio del Mal” a la Unión Soviética y sus satélites, al tiempo que incrementó el presupuesto para crear un sistema antimisiles.

 

La capitulación de Trump

Los gestos a veces nos dan una pista sobre acontecimientos que desconocemos. Después de la reunión secreta, Putin entró en el salón donde se ofrecería la conferencia de prensa con una amplia sonrisa de triunfador; Trump, a su vez, apareció cabizbajo, apagado y sin mostrar su habitual soberbia.

Un periodista cuestionó a Trump sobre un tuit suyo en el que afirmaba que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se habían deteriorado debido a “las tonterías y la estupidez de Estados Unidos, y a la investigación de Mueller”. “¿Considera a Rusia responsable de algo?”, cuestionó el periodista. El presidente consideró que “ambos países han sido responsables, los Estados Unidos han sido tontos, todos hemos sido tontos […] todos tenemos culpa […] pero ahora hemos dado un paso adelante con Rusia”.[7] Agregó: “Pienso que la investigación [de Mueller] es un desastre para nuestro país, ha separado a nuestros países. No hubo ninguna colusión, todo el mundo lo sabe” (repitió la palabra colusión cinco veces). Más adelante defendió su victoria electoral: “Fue una campaña limpia, brillante, derroté a Hilary Clinton con facilidad […] Es una vergüenza que haya incluso una pequeña nube sobre esto […] es ridículo lo que está ocurriendo con esta investigación”.

Otro periodista preguntó a Putin: “¿Por qué los estadounidenses y el presidente Trump deben creer su declaración de que Rusia no intervino en las elecciones de 2016, en vista de las pruebas que han aportado las agencias de inteligencia de Estados Unidos? ¿Consideraría extraditar a los doce oficiales rusos que fueron acusados de intromisión en los comicios?”

Trump se adelantó a responder que esos oficiales “no tenían nada que ver y [los investigadores] admiten que aquellos no estaban envueltos en la campaña [electoral]”. Esto último es una patraña, pues la acusación proporciona numerosos detalles de que esos doce agentes sí habían intervenido en la campaña, algo que el  fiscal federal Rod Rosenstein le había informado de manera oficial a Trump antes de su viaje. Putin confrontó al periodista: “¿Puede usted nombrar un solo hecho que pruebe de modo definitivo que hubo colusión? Esto es un total disparate [...] No hay evidencia basada en hechos reales” (Trump asintió con su cabeza). Se trata de otra tergiversación, pues el fiscal especial Robert Mueller ha dedicado  dieciocho meses a reunir de manera meticulosa sus pruebas y ha acusado a docenas de personas durante su investigación. De hecho, a finales de agosto de 2018, ya siete de los involucrados habían sido sentenciados o se habían declarado culpables. Putin hizo una oferta inusitada: Mueller “podría enviarnos una solicitud oficial a fin de que nosotros interroguemos a los individuos que él cree que han cometido algunos crímenes, [también] podríamos permitir que representantes de Estados Unidos, liderados por Mueller, entren a nuestro país y estén presentes en el interrogatorio [...] Pero este esfuerzo debe ser mutuo, por ello esperamos que los estadounidenses se muestren recíprocos [...] que nos permitan interrogar a los oficiales de la inteligencia de Estados Unidos que nosotros creemos que tienen algo que ver con acciones ilegales en  Rusia”.[8] Trump alabó esto: Putin “nos ha hecho una oferta increíble, ha propuesto que nuestros investigadores vengan y trabajen con sus investigadores acerca de los doce acusados”. Eso equivaldría a poner al zorro a cuidar al gallinero. No se refirió a la condición impuesta por su contraparte pero, inmediatamente después de la cumbre, Putin solicitó que el exembajador de Estados Unidos en Rusia, Michael McFaul –un crítico del Kremlin–, pudiera ser interrogado en Moscú. En un inicio, la Casa Blanca anunció que estaba considerando dicha petición, pero la rechazó rápidamente cuando estalló la polémica.

Un periodista le preguntó a Trump: “El presidente Putin ha negado tener algo que ver con la intervención en la elección de 2016, [pero] las agencias de inteligencia estadounidenses han concluido que Rusia sí lo hizo. ¿A quién le cree usted?” La respuesta del presidente fue: “Dan Coats [jefe del Consejo Nacional de Seguridad] y otros me dijeron que ellos creen que es Rusia y el presidente Putin ahora me ha dicho que no es Rusia [...] no veo una razón por la cual sería responsable. Yo tengo gran confianza en mis agentes de inteligencia, pero el presidente Putin fue extremadamente fuerte y poderoso en su negativa de hoy”.[9]  Esto significa que Trump le cree más a Putin que al informe preparado por todas las agencias de seguridad de Estados Unidos. El mismo periodista cuestionó a Putin: “¿Usted quería que Trump ganara la elección?” “Sí, quería”, respondió el presidente ruso, “porque él habló de retornar la relación con Rusia a lo normal”.[10]

La pregunta más embarazosa se la hicieron a Putin: “¿Tiene el gobierno ruso algún material que comprometa al presidente Trump o a su familia?” En vez de responder con un no categórico, Putin, riéndose, dijo: “He oído esos rumores que alegan que conseguimos esos materiales [en 2013] cuando Trump estaba visitando Moscú [...] yo ni siquiera sabía que estaba ahí. ¿Usted cree que nosotros tratamos de obtener material de cada uno de nuestros visitantes?”

 

Ni en sus más grandes fantasías, el Kremlin podía anticipar la victoria cabal en la cumbre. El ministro de relaciones exteriores ruso Sergey Lavrov –que en 2017 se reunió con Trump en la Casa Blanca­– exclamó entusiasmado que el encuentro: “Fue mejor que súper, [fue] ¡fabuloso!”

Opuesto al slogan favorito de Trump, Rusia en vez de América resultó ser primera. En el viaje de regreso a Washington, Trump no habló con los periodistas que le acompañaban en el avión, pero se tornó huraño al escuchar los vientos adversos en la televisión de su país, que pronosticaba la tormenta que se formaba en Washington.

 

Tormenta de verano en los EEUU tras el descalabro de la cumbre

Los dirigentes demócratas y algunos republicanos calificaron la actuación de Trump como “traicionera” y “antipatriótica”. A su regreso, el presidente fue recibido afuera de la Casa Blanca con pancartas que decían: “Bienvenido a casa, traidor”. En internet, las búsquedas de la palabra “traición” se incrementaron en 2,943%; en Twitter se usó más de un millón de veces.[11]  A continuación se resumen las principales declaraciones de republicanos importantes.

El senador John McCain (en su última declaración pública antes de su muerte) dijo que “Trump probó no solo ser incapaz de enfrentarse a Putin, sino que parecía que ambos leían el mismo guion [...] Es difícil calcular  el daño infligido por la ingenuidad, el egoísmo, la falsa equivalencia y la simpatía por los autócratas de parte de Trump, pero es obvio que la cumbre en Helsinki fue un error trágico [...] No hay un presidente en la historia que se haya rebajado de forma tan abyecta ante un tirano”. Los líderes de la mayoría en el Senado y en la Cámara, Mitch McConnell y Paul Ryan, afirmaron que los rusos no son amigos ni  aliados y respaldaron la evaluación de los servicios de inteligencia; Ryan añadió: “No hay equivalencia moral entre los Estados Unidos y Rusia, que es hostil a nuestros ideales y valores más básicos […] debemos concentrarnos en hacer a Rusia responsable y terminar sus ataques viles a la democracia.” El congresista republicano y exagente de la CIA Will Hurt: “Durante mi carrera profesional, he visto a la inteligencia rusa manipular a mucha gente, pero pensé que un presidente de Estados Unidos sería manipulado por un antiguo miembro de la KGB”. El senador republicano Jeff Flake declaró: “Nunca pensé que vería el día en que un presidente americano [...] culpara a Estados Unidos por una agresión de Rusia.”  El ex director de la CIA John O. Brennan consideró que la actitud de Trump ha sido “traicionera”: “No solo sus comentarios fueron imbéciles, él estaba en el bolsillo de Putin”. Newt Gingrich expresidente de la mayoría republicana en la cámara y asesor de Trump: “Este es el error más serio de su presidencia y debe corregirlo ¡inmediatamente!” La hija del actual embajador de Estados Unidos en Rusia, Abby Huntsman: “No hay negociación que valga la pena si tira a su propio pueblo y a la nación debajo de un ómnibus.”[12] También sorprendentes fueron varios reproches de Fox News, la emisora favorita de Trump. Neil Cavuto calificó su actitud como “repugnante”: “dejó que ese tipo [Putin] se saliera con la suya y ni siquiera le hizo una crítica leve”. La editorialista del Wall Street Journal Mary Kissel, que compareció en Fox News, agregó: “Putin logró una gran victoria propagandística”.[13]

No obstante, la vasta mayoría de los líderes republicanos guardaron silencio, pues temen que si critican a Trump, sus partidarios a ultranza (“la base”) voten contra ellos en las próximas elecciones. De hecho, algunos congresistas republicanos defendieron al presidente, aseguraron que la cumbre había sido un éxito y denunciaron a los críticos y a los medios de comunicación por sembrar desconfianza en el presidente.

Al final, todo resultó en una tormenta de verano. Al momento de terminar este artículo, los republicanos bloquearon en el Congreso numerosos proyectos demócratas y bipartidistas para frenar las interferencias de Putin, proteger el proceso electoral en Estados Unidos, llamar al traductor estadounidense de la cumbre a dar testimonio sobre las conversaciones secretas y resguardar a Mueller contra las amenazas trumpistas de dar por terminada su investigación.[14] “La sumisión de los intereses estadounidenses frente a un adversario demanda una respuesta, no solo con palabras sino con hechos”, dijo Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el senado, mientras que Nancy Pelosi, líder en la cámara, declaró: “Los republicanos en la Cámara están envueltos en una colosal abdicación de su liderazgo: se rehúsan de manera cobarde a tomar acciones para proteger nuestros comicios de un ataque extranjero [...] al tiempo que intentan eliminar el financiamiento a los estados para proteger su sistema electoral”.[15] 

 

Reescribiendo la historia

Bajo la presión creciente de los congresistas republicanos, los servicios de inteligencia, sus principales asesores y los demócratas, en la mañana del martes 17 de julio Trump intentó enmendar el entuerto. Adujo que había un error en la transcripción de la conferencia de prensa: en vez de decir “no veo una razón de por qué sería [Rusia responsable de intervenir en las elecciones] debía decir “no veo una razón de por qué no sería” responsable. Renegó la palabra de Putin, para darle la razón a los servicios inteligencia, pero saliéndose del guion agregó: “Podría tratarse de otra gente también […]  Hay un montón de gente allá fuera […]  Creo que eso aclarará las cosas muy bien”.[16]  Debe recordarse que, antes de que Trump tomara posesión, todas las agencias de seguridad le informaron acerca de la intromisión rusa en las elecciones. Al salir de su reunión, el presidente declaró: “Rusia, China y otros países, grupos externos […] estaban lanzando ataques cibernéticos contra el gobierno estadounidense”. Tan pronto asumió la presidencia, comenzó a negar la intervención rusa y pronto la tildó de un invento de los demócratas y una cacería de brujas en su contra.

El 18 de julio, un periodista le preguntó a Trump si creía que Rusia continuaba entrometida en las elecciones americanas, y él respondió que “no”. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah H. Sanders, se apuró en aclarar que aquel “no” se refería a que Trump no contestaría preguntas de los periodistas.[17] Sin embargo, el senador republicano Lindsey Graham dijo estar atónito con la negativa de Trump y urgió una reconciliación en las diferencias entre él y los funcionarios de seguridad, mientras que el también senador Richard Burr pidió a Trump tomar en serio los informes de estas agencias. Más severo fue Mark Warner, senador demócrata: “La continua negación por parte del presidente de que la intromisión rusa fue real, cuestiona no solo su credibilidad, sino también su compromiso con la seguridad nacional”.[18]

 

Posibles razones de la catástrofe

¿Cómo explicar la insólita actuación de Trump en la cumbre? Chuck Schumer, jefe de la minoría demócrata en el Senado, se ha preguntado: “¿Qué podría causar que el presidente Trump ponga los intereses de Rusia sobre los de Estados Unidos? [...] La única explicación de esa conducta es la posibilidad de que el presidente Putin tenga información perjudicial contra Trump”.[19] Se especula que el Kemlin tiene un video, grabación o fotos del presidente estadounidense al lado de prostitutas, y que provenían de su visita a Moscú en 2013. Sin embargo, esto no sería material de chantaje para un hombre que, casado con Melania Trump, ha tenido affairs con diversas mujeres, dos de las cuales recibieron dinero (130 mil y 150 mil dólares) para guardar silencio durante la campaña presidencial de 2016 y una ha interpuesto una demanda judicial. Además, la grabación que se dio a conocer antes de las elecciones, en la que Trump se vanagloriaba de poder agarrar los genitales de cualquier mujer, no impidió su victoria. Otra posibilidad es que existan pruebas de que el presidente haya lavado dinero en Rusia, algo más contundente y que probable tema en la investigación de Mueller. Además, acaba de publicarse el libro de Craig Unger, House of Trump, house of Putin, que aporta evidencia sobre mil trescientos transacciones hechas por Trump con la mafia rusa para “lavar” dinero y venderle condominios en sus edificios que lo salvaron de una deuda enorme después del fracaso de sus casinos. Basado en entrevistas con un exmiembro de la KGB y otros dirigentes rusos, el autor concluye que esa mafia está ligada al Kremlin y, por ello, Putin tiene la información que compromete al presidente estadounidense.[20]

Otras versiones señalan que Trump jugó el papel de “tonto útil”, debido a la combinación funesta de su ignorancia, falta de preparación, soberbia y simpatía por los autócratas, por todo lo cual resultó un monigote en las manos del presidente ruso. Recuérdese que, después de su encuentro con Kim Jong-un, Trump proclamó pomposamente que él había terminado con la amenaza nuclear que representaba Corea del Norte. Frente a esto, los servicios de inteligencia estadounidenses han aportado pruebas fehacientes de que el país continúa fabricando material nuclear y misiles intercontinentales.[21]

Una tercera posibilidad es que Trump –un ególatra consuetudinario que se jacta de ser “el más grande negociador”– acordara con Putin continuar su intervención en la política estadounidense con miras a las elecciones de 2018. El propósito sería repetir el éxito electoral de 2016 y mantener la mayoría republicana en las dos cámaras del Congreso. Para tales efectos tendría que descalificar cualquier acusación de intromisión (en particular, la investigación de Mueller) que deslegitimara su presidencia y pudiera provocar un impeachment. De ser así, en contra de la democracia estadounidense, habría elegido “Primero Trump” en vez de “Primero Estados Unidos”.

Hay diversas señales que apuntan a esta última hipótesis. El 27 de julio de 2016, como parte de su campaña, Trump exhortó públicamente al Kremlin a proporcionar los correos electrónicos de Hillary Clinton. Hoy sabemos que al día siguiente Rusia inició el hackeo de la oficina electoral de la candidata. En una conferencia de prensa ofrecida en la Casa Blanca el 2 de agosto de 2018, los dirigentes máximos de la política exterior y la seguridad nacional denunciaron de forma rotunda las acciones intervencionistas rusas en Estados Unidos y prometieron defender los comicios de noviembre. Christopher Wray, director del FBI, aseguró que “Rusia interfirió en la última elección [...] y continúa desarrollando esta maligna operación hasta el presente [...] Es un esfuerzo de veinticuatro horas, siete días a la semana y 365 días al año para sembrar división entre los estadounidenses con vista a las elecciones de otoño [...] Debemos responder con determinación férrea a esta amenaza en extremo seria”. Dan Coats director de la inteligencia nacional, dijo: “Los rusos están procurando cualquier oportunidad […] para continuar sus acciones de penetración a fin de quebrantar nuestros valores fundamentales”. Por su parte, Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional, afirmó que “los rusos tienen la capacidad de hackear la infraestructura electoral, incluyendo las máquinas y los registros de votantes”.[22]

Ese mismo día, en un mitin en Pensilvania, Trump  desestimó la investigación de Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016. Dijo que se trataba de un “embuste que está impidiendo el desarrollo de relaciones constructivas con Putin”. Varios expertos han admitido que la actual administración no ha podido implementar un plan amplio y efectivo para evitar dicha intromisión porque el presidente no ha dado la orden necesaria. Nicholas Burns, exembajador estadounidense ante la OTAN, dijo a ese respecto: “Putin no se detendrá [...] hasta que oiga a Trump dar la orden de manera categórica y convincente [...] Hasta ese momento seguirá percibiendo a Trump como un debilucho”.[23]

Es probable que Putin –con su larga experiencia en la KGB– tenga una grabación de sus conversaciones secretas con Trump, pero las autoridades estadounidenses están en el limbo sobre lo ocurrido. Los medios plantearon que el Congreso debería interrogar a la traductora estadounidense sobre el contenido de las conversaciones, pero a pesar de las peticiones de demócratas y algunos republicanos eso no ocurrió. Dos semanas después de la cumbre, Dan Coats dijo en una entrevista en televisión que todavía no había sido informado por el presidente. En Washington había preocupación de que, en la cumbre, Trump hubiese aceptado las intervenciones militares de Putin en Ucrania y Siria, lo cual pudiera llevar a los países miembros de la OTAN a temer un ataque ruso sin que Estados Unidos hiciera algo al respecto. El 19 de julio, Trump anunció –sin informar antes a los servicios de seguridad[24]– que iba a invitar a Putin a Washington en el otoño, “a fin de implementar muchas cosas que habían discutido en Helsinki”, entre ellas, Ucrania.[25] Como ya se ha dicho, en el relato de Putin sobre los temas discutidos en la cumbre, él mencionó Ucrania y dijo que deseaba que Trump diese un ligero empujón a los ucranianos para llegar a una solución. La preocupante visita de Putin fue eventualmente descartada, pero Trump entonces dijo que se reuniría de nuevo con el presidente ruso.

 

La lucha entre la falacia y la realidad

Diariamente, Trump acusa a los medios de comunicación y opositores de mentir y de difundir “noticias falsas” (fake news). Robando una frase de Stalin, para aniquilar a los que discrepaban con él, Trump acusa a la prensa independiente de “enemigos del pueblo”. Azuza también a sus seguidores para que sean hostiles con los periodistas. Esta estrategia de odio intenta amedrentar a quienes ejercen el periodismo e incrementa el riesgo de ataques físicos contra ellos.

Trump ha dicho que la investigación de Mueller “está repleta de mentiras y corrupción” y que forma parte de “la más sinuosa caza de brujas en la historia de nuestro país”. En contraste, se ha confirmado que el presidente dijo 4,229 mentiras durante sus 558 primeros días en el cargo, un promedio de siete mentiras y media por día; en junio y julio duplicó sus falsedades respecto a los primeros cien días de su presidencia.[26] En un ominoso paralelo orwelliano,  Trump exhortó a sus partidarios a no creer en “esa basura de la gente que fabrica noticias falsas. Recuerden que lo que ven y leen no es lo que está sucediendo. No lo crean”.[27] Pronto, su abogado Rudy Giuliani fue más allá: “La verdad no es la verdad.” Trump ha terminado por acusar a sus críticos de estar atacando al país. Como muchos dictadores de derecha o izquierda (Hitler, Stalin, Castro), Trump identifica la nación consigo mismo: l’État c’est moi.

¿Prevalecerá la verdad contra la falsedad?[28] La respuesta depende del resultado de la investigación de Mueller. Los primeros en caer a la picota fueron Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional de Trump, quien se declaró culpable de mentir sobre sus conexiones con Rusia y está cooperando con Mueller; Carter Page, asesor de política exterior durante la campaña, a quien el FBI acusa de haber sido reclutado por Rusia, y George Papadopoulos, exconsejero que admitió que le había mentido al FBI. Después, Mueller acusó a trece personas y tres compañías rusas de hacerse pasar como activistas estadounidenses e intervenir en las elecciones. Además, Paul Manafort, exjefe de la campaña electoral de Trump, ha sido condenado por ocho cargos, incluyendo fraudes financieros y tributarios, a la par que enfrenta otros diez más, mientras que Michael Cohen, abogado de Trump durante una docena de años, se declaró culpable, entre otras acusaciones, de haber pagado, siguiendo órdenes del presidente, a dos mujeres con las que su cliente había tenido relaciones amorosas para evitar repercusiones adversas en la elección (Trump había rechazado categóricamente que ordenase dicho pago). Pronto le tocará el turno a Donald Trump hijo y a su yerno Jared Kushner, ambos asesores del presidente y envueltos en la reunión con abogados y oficiales rusos en la Torre Trump de Nueva York en 2016. Acosado por la evidencia, el presidente ha aceptado que el propósito principal de esa reunión fue conseguir “basura” contra Hillary Clinton –algo que él había negado en el pasado– pero arguyó que esa acción fue “totalmente legal [...] y se hace todo el tiempo en la política”.[29]

Hasta ahora no hay pruebas contundentes de que Trump haya estado coludido con estos enjuiciados por la intromisión de Rusia, pero dicha intromisión ya fue demostrada, así como el hecho de que funcionarios muy cercanos a Trump cooperaron con los rusos y que él mismo los exhortó a entregar material que le ayudara a ganar la elección. A medida que pasa el tiempo, el círculo se va estrechando, el presidente parece más exasperado y comete más errores.

La cumbre de Helsinki ha sido un socavón para Trump, un traspié que lo perfila como traidor a su nación. Ya se habla abiertamente de un impeachment, sobre todo si en noviembre los demócratas ganan la mayoría en la Cámara de Representantes. Esperemos que, a la larga, la verdad salga a flote y termine esta pesadilla nacional y mundial. ~

 

 

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[1] La declaración fue firmada por 69 destacados académicos, científicos, intelectuales y artistas hispanos, residentes en México, América Latina, Estados Unidos y España, y se publicó en tres continentes.

[2] Debido a la dependencia “entre 60 y 70%” del gas ruso suministrado por el gasoducto Nordstream 2 a través de Ucrania. Merkel respondió que esa cifra era el total del gas importado por Alemania y el importado de Rusia era 30-40%, además afirmó que su país era independiente.

[3] Dijo Trump: “Montenegro es un pequeño país… Ellos podrían ser agresivos y, ¡felicidades!, entraríamos en la Tercera Guerra Mundial.” En su campaña electoral, Trump afirmó que no defendería automáticamente a los aliados de la OTAN por un ataque de Rusia; la decisión se basaría en si el país atacado hubiese “cumplido sus obligaciones con nosotros” (Eileen Sullivan, “President questions  NATO…”,  The New York Times (NYT), 18 de julio, 2018).

[4] Andrew Higgins y Steven Erlanger, “For Putin, the summit he has dreamed of for 18 years”, NYT, 17 julio, 2018, p. A7.

[5] Basado en la transcripción de la conferencia de prensa: “Full text: Trump and Putin’s press conference transcribed”, Politico, 16 julio, 2018.

[6] Este grupo existía hasta la crisis de Ucrania cuando se disolvió, lo cual sugiere una distensión de las presiones económicas de los EEUU.

[7] El New York Times (19 julio, 2018, p. A1) reveló que el 6 de enero de 2017, dos semanas antes de su inauguración, Trump había sido informado en detalle por todas las agencias de inteligencia que Putin había ordenado la interferencia en las elecciones.

[8] Putin se refirió a William Browder, un magnate que hizo la mayor parte de su fortuna en Rusia después de la caída de la URSS, colega del abogado ruso Sergei Magnitsky que fue arrestado y puesto en prisión donde murió; Browder lideró la campaña en EEUU para promulgar una ley que impuso sanciones a los que encarcelaron a Magnitsky. Según Putin, Browder ganó 1,500 millones de dólares en Rusia, no pagó impuestos y contribuyó 400 millones de dólares a la campaña de Hilary Clinton (la cifra fue luego reducida por Rusia a 400.000 dólares). Nicholas Goldberg, “What’s Putin beef with billionaire William Browder?” Los Angeles Times, 17 julio, 2018.

[9] Ya en julio de 2017, después de su primera entrevista con Putin, Trump declaró a un periodista de NYT que el presidente ruso había sido muy persuasivo en negar su interferencia y que no creía que fuese responsable.

[10] En la trascripción original la pregunta era confusa y no se incluyó la respuesta; esto se corrigió por los rusos el 17 de julio.

[11] Peter Baker, “The word treason enters the debate”, NYT, 18 julio, 2018, p. A1, A10.

[12] Felicia Sonmez y Mike DeBonis, “Trump’s defense of Russia prompts outrage from some Republicans”, The Washington Post, 16 julio, 2018.

[13] Jason Schwartz, “Fox News hosts take Trump to task after Putin summit”, Politico, 16 julio, 2018.

[14] Nicholas Fandos y Sheryl Solberg, “Republicans block anti-Putin resolutions…”, NYT, 20 julio, 2018, p. A15.

[15] Ibid., “Democrats press for Swift punishment”, NYT, 18 julio 2018, p. A12.

[16] Mark Lander y Maggie Haberman, “A besieged Trump says he misspoke on vote meddling”, NYT, 18 julio, 2018, p. A10.

[17] NYT, 19 julio, 2018., p. A1.

[18] Mark Lander y Eileen Sullivan, “Trump’s ‘no’ adds to swirl of confusion”, NYT, 19 julio, 2018, p. A1, A12.

[19] NYT, 17 julio, 2018, p. A9.

[20] Sean Illing, “Trump’s ties to the Russian mafia go back 3 decades”, Vox, 12 de septiembre de 2018.

[21] Al recibir en agosto los restos mortales de soldados norteamericanos muertos en la guerra de Corea, Trump calificó esta acción de generosa, agradeció a Kim la bonita carta que le envió y agregó: “espero verlo de nuevo pronto”.

[22] Michael Shear y Michael Wines, “Russian threat to mid-terms is real…”, NYT, 3 agosto 2018, p.A16.

[23] Mark Lander, “Foreign policy leaves Trump and team split”, NYT, 4 agosto 2018, p.A7.

[24] Cuando Dan Coats estaba siendo entrevistado por NBC en medio de una conferencia de seguridad nacional a la que él asistía, la periodista dio la noticia de la invitación de Putin; Coats aturdido, pidió: “!repita eso!”.

[25] Mark Lander, “Trump to invite Putin to the capital; key aide stunned”, NYT, 20 julio, 2018, p. A1, A14.

[26] Gleen Kessler y otros, “President Trump has made 4,229 false or misleading claims…”, The Washington Post, 1 agosto, 2018. La más reciente mentira fue negar un estudio que documenta casi 3,000 muertes por el huracán María en Puerto Rico en 2017, diciendo que solo fueron 18 y afirmando que la respuesta fue “un éxito fenomenal, no reconocido”, New York Times, 14 de septiembre de 2018.

[27] Rosa Townsend, “¿Quién es el verdadero enemigo del pueblo?”, El Nuevo Herald, 3 agosto, 2018.

[28] Véase la colección “La era de la posverdad: realidad vs. percepción”, UNO, no. 27, marzo 2017.

[29] Michael Shear y Michael Schmidt, “Trump admits meeting aim: tarnish Clinton”, NYT, 6 agosto, 2018, p. A12.

 


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