Radio cultural | Letras Libres
artículo no publicado
Ilustración: Hugo Alejandro González

Radio cultural

Cada vez hay menos estaciones dedicadas a la buena música en la radio pública. Recuperar esa tradición –con contenido disponible en internet– sería un gran servicio para la cultura mexicana.

Las comunicaciones inalámbricas son el antecedente técnico de la radio. La prensa, su antecedente cultural.

Las primeras han tenido un crecimiento extraordinario, gracias a la telefonía celular, que comunica a millones, aunque de dos en dos. Son simétricas: se habla y se responde. Así también han sido las de radioaficionados, patrullas y taxis (de hecho, telefonía).

En cambio, la radiodifusión es asimétrica. Un emisor difunde contenidos programados a miles de receptores, que no pueden responder por la misma vía. Una estación de radio tiene algo de revista: contenidos, creadores y público interesado en su programación.

Históricamente, la radio fue el segundo medio masivo, después de la prensa. Con la cual compite difundiendo noticias sin esperar al día siguiente (y gratis, una vez que se tiene el receptor); además de música y teatro (imposibles para la prensa). Tuvo una posición dominante hace un siglo, sobre todo entre la población que no lee. Declinó cuando aparecieron el cine hablado y la televisión. Se defiende donde no hay cine ni televisión: los receptores de automóvil.

Constantino de Tárnava Garza (1898-1974) fue estudiante de ingeniería electrónica en la Universidad de Notre Dame en los años de auge de los tocadiscos y la radio. Inventó una mejora en uno de los bulbos de los receptores de la RCA Victor, y se ganó la representación de la firma en México. Nació en Monterrey, de ascendencia polaca (Tarnawa). Su padre era uno de los dueños de la Fundidora de Monterrey.

En 1919, armó un transmisor con desechos militares que compró en los Estados Unidos y creó una cabina de audio en su casa. Usaba música de fonógrafo y de pianola. Pero en 1923, “con mi hermano Luis, iniciamos en forma las trasmisiones culturales” con un piano Steinway, pianistas y cantantes; un trío de guitarras, una declamadora y música para arco y serrucho (Dinorah Zapata Vázquez, La radio de Tárnava, Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Información de Historia Regional, 2002, p. 7).

La radio en México nació cultural. La XEH de Tárnava difundía una Velada Clásica: Joyas Musicales de la Relojería Suiza, de nueve a once de la noche. Además, un Concierto en Miniatura de la Manteca Regia a las nueve y cuarto de la mañana. Y, sin patrocinio, un Teatro Sinfónico de una a dos de la tarde, con éxito sorprendente, porque el joven poeta Ramiro Garza resultó un genio de la animación cultural. Tárnava lo había invitado a leer poemas de su primer libro en 1949 (cuando tenía diecinueve años), y acabó reclutándolo como colaborador permanente. La radio cultural en México debe mucho a estos dos Garzas de Monterrey.

Una idea notable del joven Garza fue invitar al público a votar telefónicamente en un “Torneo Musical”, por ejemplo: entre dos cantantes. Todavía más original fue el torneo entre dos grandes músicos: Dámaso Pérez Prado y Federico Chopin. “El Mambo número 5 y luego la Polonesa. Enseguida el Mambo del Ruletero y el Vals Brillante número 3.” Garza defendía a Chopin, otro locutor a Pérez Prado. Lo más notable de todo fue que empataron en la votación. Ante el escándalo, Garza declaró: “Sepan ustedes, los que renegaban de Pérez Prado, que él fue músico de conservatorio en La Habana, y que tiene grabadas dos obras maestras en RCA sello rojo clásico: la Suite vudú [...] y un Concierto para bongó” (Ramiro Garza, Radiomanías. Apuntes, ideas y recuerdos, Ciudad de México: Grupo Editorial Tomo, 2004, p. 17). Ambas pueden escucharse en YouTube. Además de que tienen interés por sí mismas, son obviamente precursoras del mambo.

En 1924, el secretario de Educación Pública José Vasconcelos creó la XEEP, primera estación cultural (más bien educativa) de tiempo completo, hoy Radio Educación. En 1937, apareció Radio Universidad. En 1940, la XELA, un proyecto de la cultura libre: aficionados que aportaron sus propias discotecas para crear una Estación de la Buena Música. Luego hubo otras, como la XEN, que fue la Radio Mundial de la Ópera unos siete años. Todo esto además de programas aislados, como La Hora Clásica de H. Steele y Cía. en la XEW o el Concierto para la Juventud de Radio 620.

La radio cultural prosperó durante el primer medio siglo de radiodifusión en México. Después declinó, aunque el gasto en educación superior y la población universitaria se multiplicaron a partir de 1970. Hoy abundan los graduados incultos. La educación y la cultura dejaron de ser lo mismo.

En el sector privado, no queda una sola estación cultural. Y las del sector público transmiten cada vez menos música, en favor del rollo, las noticias y los “comerciales” no comerciales: de puro narcisismo institucional.

Producir noticieros radiofónicos cuesta más que tocar discos, y sale sobrando en la radio cultural. La comercial está llena de noticieros y (a diferencia de los periódicos, donde es rarísimo que un lector compre todos) el auditorio tiene a su disposición todas las estaciones. ¿Qué es lo que justifica producir noticieros en la radio cultural? Ganar peso político.

El apetito por el micrófono de los políticos y profesores aspirantes a funcionarios es insaciable. La radio hablada (con honrosas excepciones) es una plaga que ha secado la música.

Se puede apagar o enmudecer la radio cuando los parlanchines toman el micrófono. Pero es difícil atinar el momento en que vuelve la música. Hace falta una aplicación electrónica que lo haga automáticamente.

Mientras tanto, hay miles de grabaciones de audio y video en YouTube. Numerosas de Bach (y en muchos casos con varias interpretaciones de la misma pieza). También de Julián Carrillo, Conlon Nancarrow o Joaquín Gutiérrez Heras. Se puede seleccionar, no solo por compositor, sino por intérprete (por ejemplo, Glenn Gould), por instrumento (dos cornos) o por género (cuarteto con piano). También combinaciones (sonatas de Mozart). El inconveniente son los anuncios.

Hay cientos de estaciones en el mundo que difunden música clásica en la web. Predominan las que incluyen radio hablada y anuncios. La mejor de todas es Venice Classic Radio, libre de ambas molestias. Difunde música continua a todas horas, y en la pantalla muestra el disco que está tocando. Su selección es excelente, y va desde la música barroca hasta Stravinski. También es excelente la secuencia programada. Ha tenido mucho éxito y ahora tiene dos canales entre los cuales se puede alternar.

No costaría tanto aprovechar su contenido tal cual para que llegara a los receptores, no solo a las computadoras. Lo verdaderamente costoso sería disponer de una antena y espacio en el cuadrante. Si el Instituto Mexicano de la Radio dedicara a Venice Classic Radio una de las estaciones comerciales con las cuales pierde dinero, perdería menos y le haría un gran servicio a la cultura mexicana.

Otra posibilidad sería conseguir el patrocinio de varios benefactores para comprar el traspaso de una estación comercial.

El auditorio para la buena música no es tan pequeño. Hay quizá 200,000 personas interesadas en la Ciudad de México y sus municipios conurbados. De las cuales quizá un tercio está escuchando Opus 94 o Radio Universidad en cualquier momento. ~


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