Psicoterapia para crisis nacionales | Letras Libres
artículo no publicado

Psicoterapia para crisis nacionales

Jared Diamond

Upheaval. Turning points for nations in crisis

Nueva York, Little, Brown and Company, 2019, 512 pp.

Los países son propensos a sufrir devastadoras crisis: caos político, calamidades económicas, guerra civil, desastres naturales, pandemias. Hoy, por ejemplo, graves crisis sacuden Siria, Yemen, Venezuela y el Congo. Las crisis son complejas, tienen muchas facetas y, a veces, también afectan a países ricos y      desarrollados. En Reino Unido está el Brexit. En España, el impulso secesionista de Cataluña. En 2008, una crisis financiera sacudió el mundo. Hoy, Estados Unidos debate una y otra vez sobre las amenazas que minan sus venerables condiciones democráticas.

En su libro más reciente, Upheaval. Turning points for nations in crisis, Jared Diamond, quien ganó el Pulitzer en 1997 con Armas, gérmenes y acero, intenta persuadir a sus lectores de que las crisis nacionales se parecen mucho a las personales y que, por lo tanto, pueden afrontarse de la misma manera en que proponen algunos psicoterapeutas. Diamond hace todo lo posible por demostrar que, a pesar de las enormes diferencias entre los individuos y los países, su enfoque puede aplicarse para diagnosticar y resolver crisis nacionales. Pero ¿en realidad pueden compararse los países y los individuos en situación de crisis? Su argumento no es muy convincente.

De los muchos defectos de su análisis, hay tres que sobresalen. En primer lugar, sin decirlo explícitamente, Diamond hace del voluntarismo –la suposición de que querer es poder– un determinante crítico del éxito o el fracaso de la gestión de una crisis, tanto en el caso de los individuos como en el de los países. Algunas personas tienen la voluntad de hacer todo lo necesario para superar sus crisis y otras no. Desde la perspectiva de Diamond, puede decirse lo mismo de los países; algunos tienen lo que hace falta tener para superar una crisis y otros no. Pero suponer que los resultados dependen mayoritariamente de la voluntad es cuestionable. ¿Puede una madre adolescente desamparada en un campo de refugiados resolver su crisis simplemente ejerciendo su voluntad? Describir la voluntad como una variable que conduce el comportamiento de un país entero es aún más problemático. La voluntad de un país es un concepto demasiado nebuloso para explicar una debacle nacional. El argumento de Diamond supone de manera implícita –o prescribe– la existencia de la unidad nacional. La posibilidad de construir un consenso nacional es, en su opinión, una condición clave para la gestión exitosa de crisis. El problema es que la unidad nacional es escasa y difícil de crear, mientras que su ausencia es más común y, a menudo, la causa misma de la crisis.

Un segundo defecto en el análisis de Diamond es que da por sentado el papel del altruismo internacional a la hora de ayudar a un país en crisis. Está claro que el apoyo desinteresado de otros es con frecuencia esencial para la gestión de una crisis personal. Diamond afirma que se trata también de un factor clave para sobreponerse a las crisis nacionales. El problema es que este comportamiento, incluida la ayuda a otros países que lo necesiten, suele estar más motivado por los intereses y la política que por la generosidad. Si bien el altruismo a veces mueve la ayuda internacional, lo más común es que el apoyo externo llegue tarde, sea insuficiente, tenga condiciones muy duras o simple y trágicamente no exista.

Una tercera debilidad de la propuesta de Diamond es lo poco que se basa en el amplio y rico cuerpo de investigaciones sobre las causas, la prevención y los remedios de las crisis nacionales. Aunque el libro incluye referencias a algunos de los principales trabajos en este campo, sus descubrimientos están claramente ausentes del análisis del autor y, más aun, de sus recomendaciones.

En su lugar, Diamond se basa en la lista desarrollada por una escuela de terapeutas que propone doce factores que permiten predecir cómo sobrevivirá un individuo a una crisis. La lista incluye “reconocer que uno está en crisis, aceptar la responsabilidad propia a la hora de hacer algo, obtener ayuda material y emocional de otros individuos y grupos”. Diamond entonces adapta esta lista a los Estados nación y explica que “los factores que los terapeutas han relacionado con los resultados en las crisis individuales demuestran que la mayoría de los factores de una lista tienen analogías reconocibles en la otra”. Los doce factores que considera efectivos para las crisis nacionales incluyen la existencia de “un consenso nacional en torno a la idea de que el país está en crisis, la aceptación de que el país es responsable de lo que hay que hacer, la obtención de ayuda material y financiera de otros países”. Para demostrar su teoría con ejemplos históricos, el autor analiza las crisis que han sufrido Finlandia, Japón, Chile, Indonesia, Alemania, Australia y Estados Unidos. Explica que su libro es un estudio “comparativo, narrativo y exploratorio acerca de las crisis y el cambio selectivo que se produce a lo largo de muchas décadas” en estos siete países, “desde una perspectiva del cambio selectivo en las crisis personales”.

Los casos de estudio de estos siete países y sus muy diferentes crisis nos proporcionan un tour por estas sociedades, guiados por un lúcido sherpa de 81 años que combina los talentos de un erudito, un buen escritor y un hábil contador de historias. Nos introduce, por ejemplo, a la crisis de Finlandia en 1939, cuando el país de 3.7 millones de personas recibió el ataque de la Unión Soviética y fue abandonado por sus aliados. La lucha fue intensa y desigual, y Finlandia perdió un 5% de su población masculina, una proporción que sería equivalente hoy a nueve millones de estadounidenses fallecidos en una guerra. Sin embargo los finlandeses consiguieron mantener su independencia frente a la urss, a pesar de que los superaban en una proporción de cuarenta a uno.

El retrato que hace Diamond de los esfuerzos de Finlandia es fascinante, pero su intento de encajar aquella crisis en sus doce factores es insatisfactorio. Ignora explicaciones alternativas sobre el éxito de Finlandia y eleva las anécdotas personales de sus amigos finlandeses al nivel de datos definitivos.

Diamond narra también con gran destreza una crisis que afectó a Japón en el siglo XIX. Sin embargo, de nuevo concluye su historia imponiendo su análisis terapéutico, que en este caso tampoco funciona bien.

Su estudio de la crisis chilena de 1973, cuando el general Augusto Pinochet derrocó al presidente Salvador Allende, elegido democráticamente, tiene las mismas deficiencias de análisis. Están ausentes las fuerzas económicas y el panorama político internacional y sobran las opiniones y anécdotas de los amigos chilenos de Diamond. Sobrestima la calidad de la democracia antes de 1970 y el rol de la agricultura en una economía dependiente en exceso de la minería; solo toca de manera superficial las presiones y choques que existían entre izquierda y derecha potenciados por la Guerra Fría. La solución de la crisis –y el regreso de Chile a la democracia– se dio a través de un compromiso político admirable y poco común, y a que los partidos estuvieron dispuestos a compartir y alternarse en el poder. Diamond también subestima el rol que tuvieron los activistas internacionales en la defensa de los derechos humanos y la importancia de los precios globales del cobre en el desempeño de la economía, y minimiza el impacto que tuvo el fin de la Guerra Fría.

El esfuerzo enérgico pero poco convincente que emprende Diamond para demostrar que el caso chileno encaja en su lista distrae más de lo que contribuye a nuestro entendimiento de aquella crisis. Del mismo modo que Armas, gérmenes y acero –aunque más riguroso– acudía demasiado a la geografía para explicar acontecimientos complejos y multidimensionales, Upheaval depende demasiado de la psicología.

En cierto modo, eso no importa. A pesar de que el análisis es reduccionista y, por último, defectuoso, las virtudes narrativas de Diamond son más que evidentes. Hay que ignorar sus intentos de encajar sus doce puntos terapéuticos en las historias que cuenta e igualmente ignorar sus correctas pero poco originales reflexiones sobre los riesgos que enfrenta hoy día la humanidad (armas nucleares, cambio climático, agotamiento de los recursos y desigualdad). En cambio es mejor dejar que este observador con experiencia y un extraordinario ojo para los detalles que revelan grandes verdades nos guíe en una interesante expedición alrededor del mundo y a través de momentos clave de siete países. Upheaval funciona más como un diario de viajes que como una contribución a nuestro entendimiento de las crisis nacionales. ~

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Traducción del inglés de Ricardo Dudda.

Publicado originalmente en The Washington Post.


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