Pieces of a woman o el duelo como espejo | Letras Libres
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Pieces of a woman o el duelo como espejo

El póster oficial de Pieces of a woman muestra un close-up de Vanessa Kirby mirando a alguien, con expresión de éxtasis. En algunas versiones el cuadro es más amplio, y vemos que el objeto de su mirada es un Shia LaBeouf barbado que no muestra tanta emoción. La suma de esta imagen y el título de la película hacen pensar al espectador que aquello que se promociona es una película romántica que explora la sensibilidad femenina a través de una protagonista que desborda emociones. Nada más lejano a la realidad. Quizás en otros tiempos no sería necesario aclarar que la foto publicitaria lanza un mensaje equivocado, pero cada vez más eso basta para descartar una cinta. Lejos de ser cine sensiblero, la película más reciente del húngaro Kornél Mundruczó es casi una defensa del derecho a la intimidad. Hacerla pasar por melodrama es una traición a la sobriedad de su material.

Lo siguiente suena a spoiler, pero es solo el evento que detona la acción: un matrimonio joven planea que su bebé nazca en casa. Llegado el momento, las cosas salen mal. Tras un trabajo de parto infernal, la recién nacida muere. A partir de ese momento comienza el verdadero drama: Martha (Kirby) nota que nadie a su alrededor puede entender su duelo, o siquiera notarlo. Su esposo Sean (LaBeouf), su madre Elizabeth (Ellen Burstyn), sus colegas del trabajo y todo el que sabe que perdió un hijo tienen una opinión clara y recalcitrante sobre cómo debe reaccionar. No importa que fue ella quien durante veinticinco minutos (que se presentan en su totalidad a cuadro) agonizó de dolor. El fotograma descrito arriba –Kirby viendo a LaBeouf con los ojos a media asta– corresponde a un momento de su parto fallido. La mujer siente que se le va la vida, en sentido literal. El larguísimo plano secuencia comienza con las contracciones de Martha y la llegada de Eva (Molly Parker), una partera suplente. La cámara de Mundruczó sigue las contorsiones y aullidos de Martha (“Esto es horrible”, dice entre eructos), las reacciones torpes y asustadas de Sean, y se acerca al rostro de la angustiada Eva, que hace todo lo posible por sacar a flote la situación. Kirby se roba la secuencia tan solo por volver creíble algo tan intangible como el malestar físico, pero la actuación contenida de Parker es igual de admirable: debe mostrar calma ante padres primerizos, aunque intuye que la situación no es normal. Algunos dirán que la duración y el detalle con los que Mundruczó filma el parto son excesivos y hasta sádicos. Pronto, sin embargo, se revela la función de este prólogo. Por un lado, le da dimensión física a la pérdida de Martha; por otro, hará aún más notable su falta de expresividad en las secuencias que siguen (y que en la historia equivalen a meses enteros). Pareciera que el episodio le atrofió la capacidad de sentir.

Pieces of a woman será un título recurrente en las próximas entregas de premios, y será tentador compararla con Marriage story (2019), de Noah Baumbach. Después de todo, las dos películas son dramas sobre el derrumbe de un matrimonio joven; en ambas hay suegras histriónicas y controladoras y abogados cuyo mayor talento es atribuirle a cualquier gesto una intención criminal. Pero las semejanzas son superficiales. A diferencia del relato de Baumbach, el guion de Kata Wéber (a quien Mundruczó, en la secuencia inicial, le da crédito de coautora) consigue extraer la miel de escenas potencialmente dulzonas. Por ejemplo, la presentación al espectador de los personajes que estarán en pugna a lo largo de toda la cinta: Sean, Martha y su madre Elizabeth. Mientras que Marriage story daba a conocer a sus protagonistas a través de collages que los volvían adorables, Pieces of a woman muestra a su pareja de una manera que hace que uno se pregunte por qué están juntos en primer lugar. Sean es un trabajador de la construcción que habla demasiado fuerte y llena los silencios con chistes; así compensa su inseguridad. Martha, en cambio, es retraída. Parece aliviada de abandonar el baby shower que le organizaron sus compañeros de oficina, pero vuelve a mostrarse tensa cuando se reúne con su marido y su madre en una agencia de autos. El encuentro deja ver las corrientes cruzadas que amenazan su relación: Elizabeth le regala a la pareja una camioneta nueva y, durante el papeleo, le recuerda a Sean que es impuntual –e inferior–. “[Tu madre] me quiere castrar”, le dice este a su esposa. Ella intenta aligerar el momento, pero a uno le queda claro que este tipo de diálogos son frecuentes en la relación. El rostro cansado de Martha delata desgaste. En su matrimonio hay una brecha de clases y todo sugiere que el futuro bebé ofrecía una solución: la posibilidad de amalgamar piezas que no embonaron de forma natural.

Cuando esa posibilidad falla, el personaje de Kirby intenta reanudar sus viejas rutinas: trabajar, ir al supermercado, probarse labiales en una tienda departamental. A los demás no les parece “normal”: sus colegas le dirigen miradas piadosas, una amiga de su madre la estruja y todos, menos ella, dan por hecho que lo que sigue es enjuiciar a la partera y llevar el caso a los medios. Lo que sea que les ayude a ellos a sobreponerse. Sean y Elizabeth encuentran un nuevo pretexto para competir. Él quiere probarle a su suegra que es capaz de iniciar la demanda (y, al no lograrlo, hace pataleos) y ella lo vuelve a tildar de inútil y le ordena consultar a la abogada de la familia (Sarah Snook). “¡Necesitamos justicia!”, le dice Elizabeth a su hija, como si culpar a Eva restableciera algún tipo de orden. A mayor exigencia externa, más rígida la coraza de Martha –incluso ante el espectador–. Su impasibilidad es otra forma en la que Pieces of a woman evita explotar un material de por sí cargado. Mientras que en otros dramas la protagonista compartiría sus emociones con el espectador (y solo con él), esta cinta mantiene al público fuera de la muralla que Martha construye a su alrededor. Es un recurso astuto para hacer consciente al espectador de su propia inclinación a imponer en otros formas de reaccionar. Cuando Martha se muestra fría, incluso agresiva, con personas no cercanas (como el hombre que temporalmente ha ocupado su cubículo), uno puede caer en la trampa de juzgar los “malos modales” de la protagonista. En momentos como ese, somos iguales a los personajes que le dicen a la joven en duelo cómo debe procesar su pérdida. (“¡Necesitas terapia!”, le dice su hermana, indignada porque la protagonista no se integró a la conversación familiar.)

Pieces of a woman es el primer largometraje hablado en inglés de Mundruczó, quien en 2014 se dio a conocer fuera de su país con la brillante White God, sobre un perro “mestizo” que inicia una revuelta para liberar a los de su especie. Se agradece que su incursión a un mercado amplio no lo haya llevado a suavizar su estilo, más cercano a la sensibilidad realista de otros directores de Europa del Este que de Hollywood. La escena del parto de Martha recuerda a la crónica de un aborto inducido que hiciera el polaco Cristian Mungiu en 4 months, 3 weeks and 2 days (2007). De forma semejante, la intensa discusión entre Martha y su madre sobre qué significa ser una mujer fuerte es un intercambio de close-ups que evoca el cine de John Cassavetes, llamado, por su estilo, el “americano europeo”.

Pieces of a woman no es una película sobre la pérdida de un hijo, ni un alegato a favor o en contra de los partos caseros, mucho menos un drama jurídico que explore la legislación al respecto. Cada uno de estos temas daría para una película dirigida a un público definido. Mundruczó, sin embargo, da la espalda a esas fórmulas y elige un ángulo original para echar luz sobre algo que contamina todo: la cultura punitiva y la práctica de señalar a otros como culpables de lo circunstancial. Todo aquello que es necesario asimilar y dejar atrás. El mensaje es sutil pero poderoso –y, en estos tiempos, subversivo–. “Puede que exista una razón para lo que pasó, pero no la vamos a encontrar en este lugar”, dice Martha hacia el final de la cinta, dirigiéndose a los asistentes del juicio en contra de Eva. Le agradece a la partera su buena intención y dice que su hija no pasó por este mundo para arruinarle la vida a alguien. Es una escena catártica y paga con creces la restricción emocional previa del personaje de Kirby. En tiempos de dedos flamígeros, Pieces of a woman desmantela el victimismo y reivindica el perdón. ~


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