No seas indiferente | Letras Libres
artículo no publicado
Fotografía: Dmltrijs Mihejevs

No seas indiferente

En enero pasado se conmemoraron 75 años de la liberación de Auschwitz. Este testimonio advierte, en particular a los más jóvenes, que el horror se cultiva en los campos de la indiferencia.

Queridos camaradas del horror en los campos, estimados invitados y amigos:

Soy uno de los pocos que siguen vivos, de los que estuvieron en este lugar casi hasta el final, antes de la liberación el 18 de enero. Mi llamada “evacuación de Auschwitz” terminó después de dieciséis días. Resultó ser una marcha de la muerte. Mis compañeros y yo caminamos en una columna de seiscientas personas. Parecía casi imposible sobrevivir y estar aquí hoy.

Perdónenme porque me voy a emocionar con lo que voy a decir. Esto es lo que me gustaría contar, en primer lugar a mi hija y a mi nieta, que están aquí en esta sala. Pero me quiero dirigir a los coetáneos de mi hija y mi nieta, a las generaciones más jóvenes, incluso a aquellas más jóvenes que ellas. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial no era más que un adolescente. En la Primera Guerra Mundial mi padre fue soldado. Fue herido en varias ocasiones. Fue un drama para mi familia y ocurrió una y otra vez.

Mi madre era de la frontera entre Polonia, Lituania y Bielorrusia. En esa zona los ejércitos iban y venían, saqueando, violando y quemando pueblos para no de- jar nada a los que vinieran después. Así que se podría decir que tengo una experiencia de primera mano sobre la guerra. Y, sin embargo, aunque solo habían pasado veinte o veinticinco años, en mi adolescencia esos años parecían lejanos, como las revoluciones polacas del XIX o la Revolución francesa. ¡Y solo habían pasado veinte años! Cuando hoy conozco a gente joven, entiendo perfectamente que después de 75 u 80 años les aburra esto. Consideran que la guerra, la Shoah, el Holocausto es algo aburrido, al igual que el genocidio.

Y en realidad los entiendo. Por eso les prometo a los jóvenes que no les voy a narrar mi sufrimiento. No voy a contarles lo que experimenté, mis dos marchas de la muerte ni cómo acabé la guerra pesando 32 kilos, al borde de la muerte y completamente exhausto. No voy a contar lo peor, la tragedia de las despedidas cuando eres consciente del destino que tendrá la gente a la que quieres. No, no les voy a contar eso. Lo que quiero expresar a mi hija, a mis nietos y a las siguientes generaciones tiene que ver con ellos mismos. Veo que está entre nosotros el presidente de Austria, Alexander Van der Bellen. ¿Recuerda, señor presidente, cuando se reunió conmigo y con el Comité Internacional de Auschwitz? Usted dijo que Auschwitz no fue algo caído del cielo. Se podría decir que es algo obvio. Es completamente obvio. Claro que no cayó del cielo. Es un cliché. Y sin embargo es una cuestión que nos ayuda a entender ciertas cosas. Imaginémonos en el inicio de la década de los treinta en Berlín. El Bayerisches Viertel, el barrio bávaro, está a solo tres paradas del parque zoológico. Un día de principios de los años treinta, podías leer una inscripción en los bancos del parque que decía: “Los judíos no pueden sentarse aquí.” Puedes pensar que es incómodo, injusto, que no está bien. Pero, al fin y al cabo, hay otros bancos donde sentarse. Ese barrio estaba habitado por intelectuales, la inteligentsia alemana de origen judío. Albert Einstein vivió allí, también la escritora y premio Nobel Nelly Sachs o el político y empresario Walther Rathenau, que fue ministro de Asuntos Exteriores.

En el barrio había una piscina pública con una inscripción en la puerta que decía: “Se prohíbe la entrada a judíos.” Podría decirse: bueno, no es muy agradable, pero hay muchos sitios en Berlín a los que puedes ir a nadar, hay lagos y canales. Al mismo tiempo, podías leer en otros sitios un aviso que decía que a los judíos no se les permitía pertenecer a asociaciones de canto alemanas. Bueno, si los judíos quieren cantar y tocar música, pueden hacerlo en otro sitio.

Lo que luego ocurrió es que se extendió una orden, más una orden oficial que una inscripción, que decía: “Los niños no arios no pueden jugar con los niños arios alemanes.” Bueno, no pasa nada, pueden jugar ellos so- los. Más tarde se leían carteles que decían: “Solo vendemos pan y comida a los judíos después de las 5 de la tarde.” Vaya, bueno, esto te complica un poco la vida. Pero, después de todo, puedes comprar una vez pasadas las 5 de la tarde.

Entonces empiezas a ver un patrón que se asienta. La idea de que hay gente que es excluida, estigmatizada y alienada se integra en nuestras vidas.

Así es como se hace, paso a paso. La gente comienza a ver que es normal, tanto las víctimas como los perpetradores, los testigos y los observadores. Se acaban acostumbrando a la idea de que la minoría que produjo a Albert Einstein, Nelly Sachs, Heinrich Heine, Erich Mendelsohn y muchos novelistas es diferente y puede ser empujada a los márgenes de la sociedad. Se acaban acostumbrando a la idea de que son extraños y extranjeros, es gente que porta gérmenes y causa pandemias. Los orígenes del horror están ahí.

Hay que tener en cuenta esto y recordar las palabras del presidente austriaco. Pero también hay que tener en cuenta qué otras políticas se llevaron a cabo. El 1 de mayo dejó de celebrarse pero se mantuvo el día festivo, se introdujeron vacaciones para trabajadores. El poder sabía cómo luchar contra el desempleo y jugaba la carta de recuperar la dignidad de la nación. Recuperaron la dignidad tras el Tratado de Versalles.

El gobierno también vio que la gente estaba cada vez más insensibilizada frente a la maldad, y fue en ese momento cuando aprovechó para acelerar el proceso de maldad. Lo que ocurrió después se pudo desarrollar de manera inmediata. Los judíos no podían obtener trabajos ni emigrar. Y entonces, rápidamente, fueron enviados a guetos. Y de esos guetos muchos de ellos acabaron en Auschwitz, donde fueron asesinados con Zyklon B de una forma muy moderna, en esas cámaras de gas tan modernas. Y aquí es donde las palabras del presidente austriaco se hacen realidad: Auschwitz no cayó del cielo. Fue un proceso de pequeños pasos hasta que pasó lo que pasó en este lugar.

Querida hija, querida nieta, gente de sus generaciones: no tienen que conocer el nombre de Primo Levi. Fue uno de los internos más famosos de este campo. Primo Levi dijo en una ocasión que si esto pasó significa que puede volver a pasar, y también significa que puede pasar en cualquier parte del mundo.

Permítanme que comparta un recuerdo con ustedes. En 1965, fui con una beca a Estados Unidos. El país estaba en mitad de su lucha por los derechos humanos y civiles para los afroamericanos. Fue un gran honor participar en una marcha con Martin Luther King de Selma a Montgomery. Cuando la gente que participaba descubrió que estuve en Auschwitz, me preguntaron: ¿crees que es algo que pasó solo en Alemania o crees que puede pasar en otro país? Les dije que también podía pasar en ese país, en esa tierra, cuando los derechos civiles son ignorados.

Solo hay una manera de luchar contra eso. Si eres capaz de defender tu Constitución, sus leyes y derechos, el orden democrático, que está basado en la protección de las minorías. Solo entonces podrás vencer todo ese mal.

En Europa muchos provenimos de la tradición judeocristiana. Tanto los creyentes como los no creyentes asumen un canon de la civilización y los diez mandamientos. Mi amigo, mi querido amigo Roman Kent, presidente del Comité Internacional de Auschwitz, que habló aquí hace cinco años, no ha podido venir esta vez. Está débil. Ha estado enfermo últimamente. Kent inventó el undécimo mandamiento. Está influido por la experiencia de la Shoah, del Holocausto, que es la experiencia de una época horrible de desdén. Ese undécimo mandamiento es: No seas indiferente. No serás indiferente.

Y esto es lo que quería decirle a mi hija, a mis nietos. Quiero dirigirme a los jóvenes de su generación, vivan donde vivan, sea en Polonia, Israel o América. Es especialmente importante aquí, en Europa del Este. No seas indiferente cuando veas mentiras, mentiras históricas. No seas indiferente cuando veas que el pasado es relegado para cumplir con demandas políticas actuales. No seas indiferente cuando una minoría es discriminada, porque la esencia de la democracia es que la mayoría gobierna pero la democracia depende de la protección de las minorías. Al mismo tiempo, no seas indiferente cuando cualquier poder o gobierno infringe el contrato social. Sigue los mandamientos, especialmente el un- décimo. No seas indiferente, porque si lo eres no te darás cuenta cuando a ti y a tus herederos les caiga desde el cielo un Auschwitz. ~

Discurso pronunciado el 27 de enero en la ceremonia del 75 aniversario de la liberación de Auschwitz.

Traducción del inglés de Ricardo Dudda.


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