No passion spent de George Steiner | Letras Libres
artículo no publicado

No passion spent de George Steiner

A propósito del reciente fallecimiento de George Steiner, reproducimos un fragmento de esta reseña de uno de sus traductores y lectores más atentos. Apareció en marzo de 1998, en el número 256 de Vuelta. Esta sección ofrece un rescate mensual del material de la revista dirigida por Octavio Paz.

George Steiner es una de las figuras clave de las humanidades de nuestro tiempo y una de las inteligencias más vivas de nuestro fin de siglo. Dueño de una aguda conciencia de la situación a la vez excéntrica y central en la que se debaten las artes del lenguaje en los tiempos del eclipse de la palabra, poseedor de un saber alucinante de las amenazas y riesgos que el lenguaje vive en la edad de los campos de concentración, la guerra civil generalizada, la usura, la barbarie totalitaria responsable de la decadencia de la civilización fundada en las letras, la crítica y la ilustración, el autor de Lenguaje y silencio (1967), Después de Babel (1975) y Presencias reales (1989) –tres de sus obras más importantes– ha practicado una verdadera reinvención de las artes de la lectura, la crítica literaria y la interpretación de textos. Esa reinvención de las artes se afinca en dos grandes horizontes: de un lado, el cosmopolitismo, la conciencia de la pluralidad y unidad de la cultura que le viene de saberse hijo y ciudadano de la cultura de Europa Central; del otro, un sentido crítico de la urgencia ética y compromiso moral –y aun religioso– a que está llamado el lector depositario de un saber donde confluyen el pensamiento y las artes, la filosofía, la lingüística, la poesía, la historia, el teatro, la antropología y la música, entre otras disciplinas.

Con Steiner la crítica literaria deja de ser una disputa en torno a diferencias, una gramática de la simpatía o un ejercicio ciego de restauración textual para pasar a ser el oficio salvador y salvaguarda, la tarea imprescriptible, custodia, de la memoria y de la conciencia recobradas a través de la forma, del lenguaje y de la literatura. Ética, historia, política y estética se responden y resuenan entre sí en ensayos o bien panorámicos e inteligentemente comprehensivos o bien a través de singulares ataques –en el sentido musical de la palabra– a temas y sujetos cuyo valor, como en el caso de Charles Péguy, parece apremiante restablecer.

Mérito y afán de George Steiner es hacer metódico énfasis en los vínculos indisociables, inextinguibles que existen entre el texto y su contexto, entre el documento, la historia y la corriente tradicional –más acá de los documentos– en la que se inscribe y prorroga. Tendiendo puentes entre los Fantasmas de la Patria y la Patria de los Fantasmas –para evocar una voz de Gabriel Zaid– entre monumentos y documentos, literatura e historia, George Steiner demuestra que la convivencia crítica, la riqueza de enfoques múltiples son la base de un ejercicio crítico basado en la vida de las ideas: en la pasión intelectual. Entendida así, la crítica literaria resulta un ejercicio singular de autoconocimiento, un esfuerzo por dar cuenta explícita de los reflejos, inscritos como jeroglíficos (no es casual la reiteración del verbo descifrar) de los cuales es portadora y transmisora la obra; en fin la crítica literaria como un noviciado de la comunión artística y como una empresa inicial de la filosofía de la cultura. ~