Menudencias sobre el joven Cervantes | Letras Libres
artículo no publicado

Menudencias sobre el joven Cervantes

Podemos entender la palabra vida tal como se usa en la expresión “vida de Cervantes” en dos sentidos: Primero, vida de Cervantes es la serie de los hechos de su existencia, es decir, la vida externa, vista desde fuera. Esta vida de Cervantes se conoce, muy mal, pero algo se conoce. El segundo es la existencia vista desde dentro, como la vivió el escritor, esta es propiamente la vida de Cervantes, la realidad interna de su existencia. Esta vida está encerrada bajo doble llave y no podemos ni podremos nunca conocerla. Toda vida es enigmática, misteriosa. Considerada desde fuera y también considerada desde dentro. Ni siquiera nuestra propia vida, aún viviéndola, podemos conocerla bien. La conocemos muy mal.

Nadie sabe, dice Balzac, cuáles han sido los hechos verdaderamente importantes de una vida. Entendiendo importantes como se entiende usualmente, como los hechos de mayores consecuencias. Tal vez el momento de mayores consecuencias fue, digamos, un día que salimos a comprar un chamoy o unos cigarros de chocolate a una miscelánea y ahí encontramos a la mujer que nos hace sufrir injustamente por quince años. Una cosa nos lleva a otra, pero no sabemos por qué. La vida es impulsada por fuerzas misteriosas.

Y si esto es con nuestra propia vida, qué no será con una vida ajena, distante por casi quinientos años, y con poca, pero importante, información.

Nuestra vida pasada es tan impredecible y oscura como la vida futura que nos está esperando. No sabemos por qué hacemos las cosas. La vocación, por ejemplo, es inexplicable. Por qué una muchacha quiere ser pintora y no financiera o bióloga. La elección en el amor es igualmente inexplicable. No están a nuestro alcance los dos grandes temas vitales, ni el trabajo ni el amor.

Acerquémonos un poco con estas salvedades, que no son tortas y pan pintado, sino esenciales, a los misterios de la vida cervantina.

Nace Cervantes en 1547. Es decir, Cervantes es seis años menor que el Greco, diecisiete años mayor que Galileo, id est, para Cervantes el Sol gira alrededor de la Tierra inmóvil. Cincuenta y dos años mayor que el otro monstruo del Barroco español, don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Y más significativo, diecisiete años mayor que Shakespeare, aunque los dos mueren el mismo año. Cervantes y Shakespeare son barrocos, es decir, han aceptado la exageración y la fealdad en la visión artística.

El padre de Cervantes es sordo y es médico, no un médico de ahora, con consulta adinerada, sino médico de hace quinientos años, es decir, casi un peluquero. El doctor Cervantes, como su ilustre hijo, vivió en las ansias de la pobreza y conoció la cárcel. La madre de Cervantes parece haber sido, sostiene Américo Castro, judía por parte de su madre, la abuela del escritor. Esto es decisivo porque Cervantes será preterido y sufrirá pobreza por no ser cristiano viejo. Como se observa en esta cita de la época: unos “caballeros franceses [...] tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras” que acompañan una embajada de su país en la corte de Madrid, preguntan por Cervantes, a quien su Quijote ha vuelto célebre: “Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad”, narra Francisco Márquez Torres, amigo de Cervantes, quien refiere el suceso. “Halleme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: ‘¿Pues a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?’ Acudió otro de aquellos caballeros [...] y dijo: ‘Si la necesidad le ha obligado a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia...’.”

Bueno, sí y no. ¿Quién puede creer que el agobio de la miseria haya ayudado alguna vez a alguien? De seguro quien esto sustente no ha de estar precisamente en la miseria. Pero también es verdad que con ciertas ayudas de las que se creía merecedor Cervantes, como el famoso destino en el Soconusco si se le hubiera concedido, si el rey Felipe II hubiera anotado en el margen del memorial presentado por don Miguel “como se pide”, en vez de escribir, como se escribió, “busque otra cosa en que se le haga merced”, no habría Quijote que festejar. ~