Más mujeres de Kafka | Letras Libres
artículo no publicado

Más mujeres de Kafka

La vida amorosa de Kafka no se agota en los dos intentos frustrados de fundar una familia, uno con Felice Bauer y otro con Julie Wohryzek. En dos de sus viajes el escritor entabló aventuras amorosas. Sobre uno de ellos no tenemos muchos detalles, pero en el segundo viaje encuentra una enigmática muchacha: G. W., “la suiza”, como le dice en la carta donde figura lo poco que sabemos de ella. Kafka la honró con otro monumento literario, “El cazador Gracchus”. Todos los hechos de la vida del artista resuenan en su literatura.

Además de estas dos desconocidas, debemos registrar a Grete Bloch, amiga de Felice que medió cuando Kafka rompió su compromiso, y a Dora Diamant, la compañera del escritor en sus últimos años de enfermedad y muerte. Se cree que Grete tuvo un hijo de Kafka, que murió a los siete años y sobre el cual el escritor no supo nada, pero esto no se ha podido comprobar.

No muchas veces la posteridad se ha asomado tan intensamente al interior de un ser humano como en el caso de Kafka, que era tan reservado.

Falta aquí por supuesto el más famoso amor de Kafka: Milena Jesenská, católica emancipada, inteligente, casada con otro escritor. Kafka la inmortalizó en sus cartas. Si los compromisos y rupturas inspiraron El proceso, Milena le dará su última novela. El castillo es una novela teológica de atributos muy kafkianos –el apartamiento y la dilación–, en la que los rasgos autobiográficos son más que evidentes.

Amigos, enfermedad y muerte

Kafka disfrutó también de la amistad. Ligado indisolublemente a su nombre está el de Max Brod, el amigo y biógrafo. Como es sabido, gracias a este hombre, que desobedeció la petición expresa de Kafka de destruir todas sus obras, conocemos los diarios, las cartas, las novelas, los cuentos y las fábulas del monstruo de las letras.

A mediados de su segundo compromiso con Felice Bauer, Kafka supo que tenía tuberculosis, una enfermedad que en aquellos años significaba una condena a muerte. La actitud de Kafka hacia ella fue compleja. Kafka creía que él mismo la había provocado para liberarlo y romper con todo, “con Felice, con la oficina, con Praga, con su padre”.

Liberado de compromisos y penosas obligaciones, Kafka escribió relatos profundos, magistrales. Poco después conoció a su último amigo, el doctor Robert Klopstock, joven estudiante de medicina “ambicioso, inteligente y muy literato”, que lo cuidó hasta el final. Pero antes se instaló en Berlín en un piso con Dora Diamant. Allí escribió muchos relatos, todos destruidos por ella a petición y ante la presencia de Kafka.

A principios de marzo de 1924 se agravó la enfermedad: la tuberculosis había atacado también la laringe y no quedaba la menor esperanza de salvarlo. En abril se le trasladó al sanatorio del doctor Hoffmann y ahí, el 3 de junio de 1924, un mes antes de cumplir 41 años, murió. Sus restos descansan en Praga, la ciudad que amó y odió, pero que siempre lo retuvo.

Kafka fue un incansable lector de biografías y autobiografías, de diarios, confesiones y cartas. Creía que mucho puede aprenderse y disfrutarse de lo que la gente escribe de su propia intimidad. Ahora la lección en él mismo: pocas veces la posteridad se ha asomado tan intensamente a la interioridad de un hombre como en el caso asombroso del callado y reconcentrado Kafka, sin saberlo y acaso contra su voluntad, maestro de sus contemporáneos, el poeta que al hablar de sí mismo habló por todos los de su tiempo.

Si hay alguna duda de que supo ver el horror que venía, piénsese nada más en lo que pasó poco después de su muerte: las tres hermanas de Kafka asesinadas por los nazis, Grete Bloch asesinada por los nazis, Milena asesinada por los nazis. Muchos, muchísimos testigos de su vida muertos por los nazis. La Gestapo registró la vivienda de Dora Diamant e incautó los manuscritos de Kafka, la biblioteca del escritor y gran parte de su correspondencia perdida. Y, sin embargo, el gran creador de mitos de nuestro tiempo sobrevive al recuerdo de aquel horror.

Kafka escribió fábulas atroces, pero la realidad poco después de su muerte habría de sobrepujarlo en barbarie y espanto. ~