Los paipai: cantos que se repiten | Letras Libres
artículo no publicado

Los paipai: cantos que se repiten

Hay quien dice que el nombre paipai –no bautizado– hace referencia a la rebeldía de aquel pueblo. Se volvieron sedentarios, pero no agricultores. Su poesía algo tiene de liturgia de las horas.

Los paipai viven en el norte de Baja California desde hace milenios. Ocupaban una franja que iba del océano Pacífico al mar de Cortés, pero fueron despojados de casi todo su territorio. Ahora se concentran en Santa Catarina, en la falda sur de la Sierra de Juárez, en el municipio de Ensenada, a 1,220 metros sobre el nivel del mar.

El despojo empezó en el siglo XIX, por el vacío de poder central que siguió a la Independencia. Luego, por la juarista Ley de Terrenos Baldíos, que puso en el mercado tierras indígenas. Continuó en el XX. Hay una crónica de 1913 a 1975 de cómo la Revolución y sus gobiernos atropellaron la resistencia pacífica y legal de los paipai al despojo de sus tierras, declaradas deshabitadas: Robert R. Álvarez, “The Paipai of Jamau. A test case for constitutional reform”, Cultural Survival Quarterly Magazine, December 1990, en la web.

Los expedicionarios y misioneros que trataron a los paipai en los siglos XVII y XVIII estimaron que eran unos 1,800. Según el Conteo de Población y Vivienda 2005 eran cuatrocientos, de los cuales doscientos hablaban su lengua. Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (México: Lenguas indígenas en riesgo de desaparición, 2012), los hablantes de paipai censados en 2000 fueron 223, que se redujeron a 199 en 2010. Según la Encuesta Intercensal 2015, había 216 hablantes de paipai.

El paipai, el kiliwa, el cucapá, el cochimí y el kumiai son lenguas afines del grupo yumano de la familia lingüística hokana. Sus hablantes son vecinos en Baja California. Han guerreado entre sí, pero se sublevaron juntos en 1840 para destruir las misiones.

Santa Catarina fue fundada como misión de los padres dominicos en 1796, destruida en 1840 y refundada al lado, sin misión. Tiene ventajas: lluvias estacionales de la sierra y agua de pozo; electricidad (eólica), escuela, régimen comunal (que no permite vender tierra, como en el régimen ejidal), sólida tradición de que todos cuidan todo.

La gente no se va, excepto como jornaleros temporales (para la pisca de algodón, por ejemplo). Prefieren vivir ahí y conservar sus tradiciones.

Combatieron a los frailes “encomenderos” que los retenían en las misiones y sus tierras. Hay quienes dicen que su rebeldía llegó hasta el nombre paipai, que quiere decir: no lavado (no bautizado). Antes, su nombre era akua’ala. Ahora son católicos a su manera.

Se han vuelto sedentarios, pero no agricultores. Cazan conejos y liebres con arco y flecha, honda y piedras. Colectan piñones, bellotas, flores de biznaga, berros. Cuando tenían acceso a la costa, pescaban abulón.

Edward W. Gifford y Robert H. Lowie entrevistaron repetidamente a un curandero paipai y publicaron sus “Notes on the Akwa’ala indians of Lower California” (American Archaeology and Ethnology número 23, 1928, en la web). Entre muchas cosas interesantes dicen que las parejas se eligen mutuamente, pero son monógamas y no hay divorcio. Esta independencia de sus padres se refleja en que no existe palabra para ‘suegros’ en paipai.

Juegan piak con bastones, a tres goles (véase Jugar piak en YouTube).

Producen cerámica (de barro), cestería (de ixtle y palma) y otras artesanías para su uso y para vender.

Hay páginas de la Wikipedia (“Paipai”, “Idioma paipai”, “Misión de Santa Catarina, virgen y mártir”) en español y otros idiomas. Pero no mucha literatura. No están en la Enciclopedia de México ni el Diccionario Porrúa.

Afortunadamente, hay documentales muy ilustrativos en YouTube. El pueblo pa ipai [sic] de 49 minutos (14 de agosto de 2017), de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Paipai, de la serie Entre Lenguas del Cepropie (Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales de la Secretaría de Gobernación), de quince minutos (29 de diciembre de 2017).

Los cantos reiterativos de los paipai tienen algo de maitines y vísperas. Son como una liturgia de las horas y el amor a los ciclos de la naturaleza.

la madrugada

bitchkware

Llega la claridad del alba

y yo me voy.

Me voy cargando la claridad.

(Se repite cinco veces.)

primer cántico del gallo

jama mi xibo

El primer gallo, su primer lloro

el primer lloriqueo, el primero.

(Se repite cuatro veces.)

El primer primer primer primer

primer gallo, su primer lloro.

El primer cántico del gallo.

El primer gallo cantó, cantó.

El primer cántico, el primero.

El primer lloro del primer gallo,

el primer lloriqueo, el primero.

El primer primer gallo.

El primer lloro, el primer lloriqueo.

El lloro del primer gallo,

el primero, el primero.

el levante del sol

nña chipaket

El sol sale y alumbra la tierra.

El sol sale y alumbra la tierra.

El tapacamino encuentra la claridad.

(Se repite una vez.)

El tapacamino encuentra la claridad.

El tapacamino encuentra la claridad.

El sol sale y alumbra la tierra.

(Se repite una vez.)

El tapacamino encuentra la claridad.

la puesta del sol

nña jaw

El sol sol se oculta y se apaga.

El sol sol se oculta y se apaga.

Siempre repitiéndose.

Siempre repitiéndose.

Siempre repitiéndose,

repitiéndose.

media noche

tiñab xub luy

La oscuridad nos envuelve.

Se ha escapado la luz:

oscuridad.

(Se repite veinticuatro veces.)

Fuente: Alonso Vidal, Los testimonios de la llamarada. Cantos y poemas indígenas del noroeste de México y de Arizona, Hermosillo: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora, 1997, pp. 22-24. ~


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