La herencia de la oscuridad | Letras Libres
artículo no publicado

La herencia de la oscuridad

Mariana Enriquez

Nuestra parte de noche

Barcelona, Anagrama, 2019, 680 pp.

Un padre y un hijo emprenden un viaje desde Buenos Aires en dirección a Corrientes. Son los años de la dictadura de la Junta Militar. Ellos están huyendo, pero no de los milicos. Así empieza Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973), que obtuvo el Premio Herralde de Novela 2019. Enriquez publicó su primera novela con veintiún años, Bajar es lo peor, pero a España llegó con dos libros de relatos, Las cosas que perdimos en el fuego y Los peligros de fumar en la cama, y un libro sobre la escritora Silvina Ocampo, La hermana menor, todos en Anagrama.

Los cuentos de Enriquez dibujaban ya un mapa muy personal y sirven para establecer los pilares de su mundo literario, reunido en esta novela: el otro lado, la oscuridad, lo sobrenatural, pero también la historia reciente de Argentina: los desaparecidos de la dictadura, la inestabilidad económica, el Mundial de fútbol del 86, la amenaza permanente de la devaluación y la irrupción del sida. Y están los adolescentes, que suelen ser habituales en sus ficciones. Es un cóctel arriesgado, pero Enriquez mezcla bien los ingredientes y los sirve de manera impecable. Además de esos asuntos está el tema central, el que vertebra en realidad la novela: la herencia y los lazos familiares, el peso de la sangre, como dirían sus personajes. O solo “es la sangre”. Y todo aparece dispuesto siguiendo las reglas del juego de la literatura de terror: hay rituales, culto a dioses oscuros, sacrificios, amputaciones y magia negra. Elementos del folclor popular, Enriquez habla del horror folk, “un tipo de terror que tiene que ver con el paganismo o las creencias religiosas populares vagamente siniestras”. Así, aparecen San La Muerte y San Huesito, que pertenecen a ese mundo pagano popular. Pero también William Blake, Yeats, el tarot, David Bowie y las canciones de Violeta Parra.

Enriquez ha hablado de novela monstruo para referirse a Nuestra parte de noche, y lo es en varios sentidos. Lo monstruoso, en el de terrible, está presente: los malos son malos, verdaderos monstruos. Pero también la deformidad es un elemento recurrente: miembros amputados, mujeres sin boca, niños con los huesos retorcidos para ofrecer sacrificio, etc. Y en parte, tiene algo frankensteiniano por la mezcla no solo de materiales, sino por la propia estructura de la novela: seis partes, cada una de ellas aborda una época y adopta también un punto de vista diferente. Hay incluso un capítulo que se presenta como una crónica periodística. Y también, claro, el monstruo del que se huye y al que se venera: la Oscuridad, cuya naturaleza nunca llega a revelarse completamente.

La primera parte adopta el punto de vista de Juan, un médium sometido al mandato de una secta, la Orden. Juan tiene una enfermedad de corazón que fue lo que posibilitó que quedara a cargo de la poderosísima familia Bradford, una de las fundadoras de la Orden, cuyo objetivo es lograr el trasplante de la conciencia de un cuerpo a otro, es decir, una sofisticada forma de inmortalidad. Juan y Rosario, miembro joven de la Orden, se enamoraron y tuvieron un hijo, Gaspar, del que la secta espera que haya heredado el don de su padre, cuya muerte temen cercana. Rosario ha muerto en un terrible accidente y Juan y Gaspar se dirigen en coche a la casa de los Bradford, al otro lado del país, no se sabe bien a qué, pero se intuye que no es a pasar las vacaciones. Juan tiene un plan para tratar de poner a salvo a su hijo. En la tercera parte, se retoma al padre y al hijo unos años después, en Buenos Aires, pero ahora el punto de vista que predomina es el del hijo: hay salidas con sus amigos, una casa que creen encantada, episodios de violencia, incomunicación y secretos. Juan es casi una sombra y la relación entre el padre y el hijo es cada vez más difícil. En medio hay un breve capítulo, que podría funcionar como un cuento independiente, en el que la Oscuridad es la protagonista. La cuarta parte es el relato del noviazgo de Juan y Rosario: transcurre entre Buenos Aires, Londres y Misiones, aparecen las drogas, David Bowie, la experimentación sexual, el amor libre y, al final, el hijo. Entre tanto sucede el golpe militar. La quinta parte es la crónica periodística. Y en la sexta y última, Gaspar crece, la vida avanza, pero uno no puede escapar nunca del todo y menos de su destino. Hay algunas caídas del pulso narrativo, sobre todo en la parte londinense y en la de la década de los noventa en La Plata, pero son leves y enseguida se recupera. Enriquez parece disfrutar especialmente, además de en las descripciones de ese otro mundo y todos los rituales, en el relato del mundo adolescente y de primera juventud. En esta novela cuenta varias primeras juventudes y de dos generaciones diferentes: la de Juan y Rosario y la de Gaspar y sus amigos. En este libro todo parece tener su doble, su gemelo: el padre y el hijo; la madre y la media hermana; el médium y el falso médium... La vida del hijo repite algunas cosas de la vida del padre, como un mejor amigo homosexual o la pasión por los libros. Son pistas colocadas de manera hábil que permiten al lector anticipar los acontecimientos.

Nuestra parte de noche no es una novela simbólica: la Oscuridad no es una metáfora de nada, ni de la Junta ni de los males del mundo, tiene entidad en sí misma y su desarrollo es paralelo al del mundo al alcance de todos. Si recorre los últimos años del siglo XX de Argentina es porque coincide más o menos con la vida de Enriquez, que sería más o menos coetánea de Gaspar. En todo caso, la Oscuridad, el don y todo lo que hay de sobrenatural y terrorífico viene a subrayar algunos de los temas centrales de esta novela ambiciosa y enorme: la complejidad de las relaciones familiares, el deseo, la dificultad de entendimiento entre padres e hijos, el sentimiento de protección, la idea de familia y los lazos irrompibles. ~


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