La capilla de Tepetícpac en el vendaval de la historia | Letras Libres
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La capilla de Tepetícpac en el vendaval de la historia

En 1552, la capilla de Tepetícpac fue derruida por un ventarrón, sin embargo, no se hizo ningún esfuerzo por reconstruirla. ¿Se debió a los contenidos de sus maderas pintadas?, ¿a la conducta de sus señores? Esta investigación indaga en aquel misterio.

La primera capilla de Tepetícpac, en la cima del cerro El Fuerte, contiguo al más conocido “cerro Cuauhtle”

“Códice Santiago Tepetícpac”, 1761. En exhibición en el Archivo General del Estado de Tlaxcala, 2015.
 

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 o Cuauhtzin, fue construida, como los datos arqueológicos recientes corroboran, en el área central del conjunto ceremonial

La vasta zona arqueológica de Tepetícpac, en el municipio de Totolac, se extiende entre los cerros Cuauhtzin y El Fuerte, y abarca según los datos del inah 98 hectáreas, con más de ciento cincuenta terrazas, seis plazas y quince edificios y templos. El proyecto Famsi registra para el conjunto arquitectónico una extensión de 800 metros de largo y al menos 30,000-40,000 metros cuadrados. Al mando de los arqueólogos Aurelio López Corral y Ramón Santacruz Cano, el Centro INAH Tlaxcala desarrolló ahí trabajos de exploración, conservación y restauración en el periodo 2010-2017. Sobre esta zona arqueológica, véase la excelente descripción de Lane F. Fargher, de Purdue University, “In the shadow of Popocatepetl: Archaeological survey and mapping at Tlaxcala, México”. La capilla por su parte fue restaurada en 2015. Esta capilla estaba construida sobre la Plataforma 2 de la zona arqueológica, frente a la Plataforma 1, sitio del juego de pelota, y la Plaza 1, la más extensa del conjunto.
 

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 prehispánico de Tepetícpac, sede de la casa señorial reinante en esa cabecera, la más antigua de Tlaxcala, y su fundadora.

La capilla debió estar en pie y en funciones unos veinte años: de 1533, cuando una Real Ordenanza determinó que toda cabecera del reino debía contar con una iglesia,

Charles Gibson, Tlaxcala en el siglo XVI, Ciudad de México, FCE, 1991, p. 43.

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 hasta 1552, cuando un viento muy fuerte la derribó, por lo cual fue definitivamente demolida en 1553. Leemos en los Anales de Tlaxcala, documento indígena escrito en náhuatl, cuyo original se conserva:

1552. Año 8 Pedernal. En este tiempo hubo un acontecimiento espantoso, cuando la iglesia de Tepetícpac fue arrastrada por el viento.

Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Colección Antigua 872, también denominada Anales antiguos de México y sus contornos 18: 770. Véase transcripción y traducción en Camilla Townsend, Here in this year. Seventeenth-Century Nahuatl annals of the Tlaxcala-Puebla valley, Stanford, Stanford University Press, 2010, pp. 164-165. Y también la tesis de doctorado de Frances Krug, “The Nahuatl annals”.

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Esta demolición, obra del viento, fue simultánea a un importante cambio de política en materia de construcción eclesiástica en Tlaxcala. Según datos de la época, hasta ese entonces existían en la provincia unas sesenta pequeñas iglesias, construidas en asentamientos de importancia histórica o contemporánea (particularmente, en caminos). Se les llamaba capillas o ermitas, en náhuatl santopan (lugar de santos), yn santome yncal (casa de santos), incluso con el término prehispánico teocalli (templo). En el año 1553, la Iglesia, tanto el obispado –llamado de Tlaxcala, pero con sede en la ciudad de Puebla de los Ángeles, o Cuetlaxcohuapan– como la orden franciscana que dominaba entonces en toda la provincia de Tlaxcala, determinó demolerlas en su mayoría. Las más significativas serían conservadas, y la construcción eclesiástica se concentraría en erigir grandes monasterios con sus iglesias –a semejanza de la iglesia y monasterio franciscanos de la ciudad de Tlaxcala– en las cuatro cabeceras de Tlaxcala (Ocotelulco, Tizatlan, Quiahuiztlan y Tepetícpac), pero ya no en su centro histórico, sino en sus respectivos territorios. El plan original, de 1550, fue edificar los cuatro monasterios en un perímetro más reducido, uno por cabecera: Topoyanco, Atlihuetzía, Hueyotlipa y Atzompa (sustituido después por Atlancatepec), que correspondían a las cuatro iglesias de las cuatro cabeceras (frente a la ciudad de Tlaxcala, al otro lado del río).

Este plan fue formulado en el cabildo indígena: acta del 13-1-1550, Actas del Cabildo del Ayuntamiento de Tlaxcala (ACAT), transcripción, traducción y edición de Eustaquio Celestino Solís, Armando Valencia R. y Constantino Medina Lima, Ciudad de México, ciesas/agn/Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, 1985, p. 286.

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 Finalmente la iglesia diocesana y la orden franciscana determinaron la construcción de los monasterios en un perímetro más amplio de la provincia: Topoyanco (Ocotelulco), Nativitas, Ixtacuixtla y Hueyotlipa (Quiahuiztlan), Atlihuetzía, Santa Ana Chiauhtempan y Huamantla (Tizatlan), y Atlancatepec (Tepetícpac).

1554, el año de fundación de los monasterios de Topoyanco y Atlihuetzía, aparece en Historia cronológica de la noble ciudad de Tlaxcala (hct), transcripción, traducción, presentación y notas de Luis Reyes García y Andrea Martínez Baracs, Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala/CIESAS, 1995, #163: 155. Los otros monasterios fueron todos construidos y fundados entre 1564 y 1580.
 

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Cada uno de los conventos tendría a su cargo “visitas”, o pequeñas capillas en su territorio respectivo.

La demolición proyectada respondía a varios factores, unos más evidentes que otros. Tantas capillas debían tener un personal que las cuidara, y eso significaba un esfuerzo pesado para las comunidades cercanas. Además, como no podían ser debidamente atendidas por los frailes, quedaban –en última instancia– en manos de las comunidades, lo que permitía, en esas fechas aún tempranas de la conversión religiosa forzada de toda una civilización, una libertad peligrosa para ellas. Algunas crónicas mencionan excesos de comida y bebida en las consagraciones de los templos.

Francisco Cervantes de Salazar, Crónica de la Nueva España, citado por Gibson, Tlaxcala, p. 42: “En 1560 Cervantes de Salazar registró que más de cuatrocientas iglesias (de visita) habían sido edificadas en Tlaxcala y muchas ya habían sido abandonadas, por gasto excesivo, clero insuficiente o por los excesos en bebida y comida de los indios en las ceremonias de dedicación.”

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 El 18 de diciembre de 1553, el ayuntamiento indígena hacía un balance de las obras efectuadas durante el año, como consta en el acta del cabildo:

Y en todas partes de Tlaxcala se quitaron algunas casas de santos, aunque esto primero se le comunicó al obispo de Tlaxcala don Martín de Hojacastro; por su autorización se hizo, ordenó al guardián fray Francisco de Lintorne. Y él vio en cuántos lugares se destruyeron, ya que por ellas se causaba grandes molestias, por la frecuencia con que veían (se ocupaban) en las casas de los santos. Por esto, se ordenó que solo cuatro estarán edificados: el de San Francisco en Ocotelulco, el de San Esteban en Tizatlan, el de los Reyes en Tlapitzauacan (o Quiahuiztlan) y el de Santiago Mayor en Tepetícpac, y los demás donde parezca bien que existan teocalli (templos). Así se hace, el padre guardián lo sabe; para que no se tomen a juego los santos y muchas veces con eso se trastornan allí algunas cosas.


ACAT, #488.
 

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La Historia de la Ciudad de Tlaxcala, anales que escribió don Juan Buenaventura Zapata y Mendoza, gobernador indio de la segunda mitad del siglo XVII, basado en su propio tiempo lo mismo que en materiales más antiguos, añade lo siguiente:

1553. Entonces se demolieron las ermitas (teopancaltin) y se destruyeron las maderas pintadas (tlapalquahuitl), por orden del guardián.

HCT: #162: 154-155.

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Lo cual da a entender que la propia decoración de las ermitas, en particular los retablos pintados sobre madera, fue claramente censurada y destruida: toda una época, en la que persistía la religión antigua y la atrevida exposición de algunos de sus elementos, perdida para siempre. Este episodio remite al de la iglesia de Santa Ana Chiauhtempan, que los franciscanos sustituyeron porque la primera –demasiado cercana a la sierra de Matlalcueitl (la Malinche), lugar de veneración de la diosa de ese nombre antes de la conquista española– recibía una devoción excesiva, sospechosamente precristiana.

Suma y epíloga de toda la descripción de Tlaxcala, edición de Andrea Martínez Baracs y Carlos Sempat Assadourian, Ciudad de México/Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala/ciesas: 106-108; Andrea Martínez Baracs, Un gobierno de indios: Tlaxcala, 1519-1750, fce/Fideicomiso Colegio de Historia de Tlaxcala/ ciesas, 2008, pp. 205-7.

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Lo cual nos lleva a varias preguntas: ¿por qué no fue reconstruida la capilla de Tepetícpac, desplazada por Atzompa y luego por la remota Atlancatepec? ¿Pudieron contribuir a esta omisión los contenidos de sus maderas pintadas, la conducta de sus señores? ¿O la importancia simbólica del centro ceremonial de Tepetícpac?

En el Posclásico, provenientes de las Siete Cuevas, los teochichimecas se establecieron en el alto cerro de Tepetícpac para emprender la conquista del actual territorio tlaxcalteca:

La primera fundación fue la cabecera de Tepetícpac, la cual fundó y pobló el único señor y rey, llamado Culhúa Quanez, que fue el primer señor de los teochichimecas texcaltecas, venidos de las partes del poniente en cuanto a nuestro centro, de muy lejanas partes, desde las Siete Cuevas, pasando grandes desiertos y montañas, ciénagas y ríos, y otros trabajos y peregrinaciones.

Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala. Relaciones geográficas del siglo XVI: Tlaxcala, edición de René Acuña, Ciudad de México, UNAM, 1984, p. 271.

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El cronista mestizo tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo describió cómo los chichimecas culhúas, a partir de Tepetícpac, poblaron primero y se enseñorearon después de la provincia que se llamaría Tlaxcallan:

Habiendo pues poblado los chichimecas en los riscos y peñascos, que quieren decir en lengua nahua, Texcalticpac o Texcalla, que andando el tiempo se vino a llamar Tepeticpac Texcallan y más adelante se llamó Tlaxcallan [...], que esta fue y en este lugar la fundación de este reino y provincia, siendo señor único Culhuatecuhtli de los texcaltecas, y este teniendo un hermano menor que se llamó Teyohua-Iminqui Chichimecatecuhtli, bajó de Tepeticpac Texcalla, a Ocotelulco que quiere decir el barrio alto del pino o en el altozano del pino, y la casa que pobló se llamó Culhuacan Tecpan en memoria de Culhuacan, de donde vinieron.


Diego Muñoz Camargo, Historia de Tlaxcala (HT), edición de Luis Reyes García, Ciudad de México/Tlaxcala, Gobierno del Estado de Tlaxcala/ciesas/uat, 1998, p. 106.
 

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Los chichimecas de Texcalla se fortificaron en los riscos de Tepetícpac, lugar que eligió su dios Camaxtle: “allí había de ser el principio de su monarquía”. Estarían mucho tiempo en pie de guerra:

fortificados en los riscos de Tepetícpac, con muchas albarradas y fosas, y otros reparos y pertrechos de guerra, y muy grandes y profundos despeñaderos que tiene la propia sierra de peña tajada [...] Y puestos ya en orden para venir en rompimiento de la guerra [...], estando ya todos juntos en lo más alto de la cumbre de la sierra de Tepetícpac, entraron a hacer oración en el templo de su ídolo Camaxtle, ante el cual pusieron mucha caña de carrizo y jara y puntas de varas tostadas con sus lengüetas y arpones, y cantidad de nervios y pluma para hacer flechas y saetas, y puesto esto invocaron al demonio con muy grandes oraciones [...]

 HT: 96-98.

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Guilhem Olivier ha llamado la atención recientemente sobre el resto de este pasaje de Muñoz Camargo: la ceremonia completa de creación de este conjunto sagrado incluyó verter sobre él la leche de una doncella, producida gracias a algún brebaje: una gota, reunida en un cuenco de piedra negra, un teotetl, que, tras secarse sin más por tres días, de pronto comenzó a hacer espuma, como pulque, hasta cubrir todo el altar y las cañas, plumas y flechas de la ofrenda. Un sacerdote o guerrero, revestido con la piel de un sacrificado y rociado con esta espuma, dispara una de las flechas rituales, lo que desata una lluvia mágica de flechas sobre el enemigo huexotzinca.

Guilhem Olivier, Cacería, sacrificio y poder en Mesoamérica. Tras las huellas de Mixcóatl, “Serpiente de Nube”, Ciudad de México, FCE/UNAM/CEMCA, 2015, pp. 118-122.

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 Y las cenizas abigarradas de esa ofrenda ligera, el alma de algún modo de esas guerras peleadas con flechas, plumas y carrizos, debió ser recogida en alguna vasija y envuelta en telas; un envoltorio sagrado llamado las Cenizas de Camaxtle.

Ese templo de Camaxtle en la más alta cima de la sierra sin duda formó parte del centro ceremonial del altépetl de Tepetícpac, que significa “En la cima de la montaña”. Los datos arqueológicos muestran que ese centro ceremonial fue una construcción muy vasta que abarcaba los dos montes mencionados atrás, mientras que la capilla fue construida frente a la principal plaza y el juego de pelota.

La victoria y la pacificación permitieron la proliferación de casas señoriales y su expansión en el territorio reclamado por Tlaxcala; a partir de Tepetícpac habían nacido otras tres cabeceras o altépetl, organización política que la conquista española solo reforzaría. Aunque en adelante la cabecera de Tepetícpac quedó en último lugar tras Ocotelulco, Tizatlan y Quiahuiztlan, conservó su sitio como una de las cuatro cabeceras que se repartieron tras la conquista española la provincia entera, y su papel fundador siempre fue reconocido.

En algún momento posterior a la conquista los cuatro señores de Tlaxcala fueron bautizados; sus nombres fueron, por Ocotelulco, don Lorenzo Maxixcatzin; por Tizatlan, don Vicente Xicoténcatl; por Quiahuiztlan, don Bartolomé Citlalpopocatzin; y por Tepetícpac, don Gonzalo Tlehuexolotzin.

Diego Muñoz Camargo, ht: 205, sostiene que Hernán Cortés organizó el bautizo de los cuatro señores, pero ni él ni alguno de los cronistas de la conquista lo registraron. Agradezco a Laura Collin Harguindeguy por señalarme este punto.
 

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 Las armas de Tepetícpac pueden verse en el cuadro principal del Lienzo de Tlaxcala, en el cuadrante inferior izquierdo. La Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala presenta por separado las cuatro casas señoriales de Tlaxcala. El cuadro 2 muestra “La casa de la cabecera de Tepetícpac de Tlehuexolotzin”: la representación del cacique, su casa y sus armas:

Las armas desta casa de Tlehuexolotzin es un lobo feroz, cabeza de oro y plumajes verdes, con perpendículos de plumas amarillas y chapas de oro.

Los palacios (tecpan) de las cuatro cabeceras de Tlaxcala se encontraban cerca los unos de los otros, en lo alto de otros tantos cerros en la zona suroeste del actual estado de Tlaxcala, en la ribera poniente del río Zahuapan. La ciudad de Tlaxcala fue fundada cerca de esa área densamente poblada, al otro lado del río. A partir de ese punto, los territorios respectivos de las cuatro cabeceras fueron dibujados en forma radial: Tepetícpac al norte, Tizatlan al este, Ocotelulco al sur, Quiahuiztlan al poniente. Frente al muy poblado y bien irrigado suroeste, contiguo a poblaciones importantes como Huexotzingo, Cholula y la propia Puebla de los Ángeles, el norte y el este de la provincia se extendían hacia las llamadas tierras de guerra, áridas, poco pobladas, que eran defendidas en el periodo de la conquista por una importante población otomí. El norte de Tepetícpac durante el periodo virreinal siguió teniendo una población dispersa, en su mayoría otomí, y sufrió más que otras áreas de la provincia la invasión de los ganados, que destruían sus siembras y otros medios de vida.

La persecución contra la religión antigua, sus lugares sagrados, ritos y reliquias, alcanzó a varios grandes señores tlaxcaltecas. En 1527 don Cristóbal Acxotécatl, el cacique de Atlihuetzía a quien Hernán Cortés había dado su imagen de la Virgen –la Virgen Conquistadora, actualmente en la ciudad de Puebla–, se rebeló contra la pérdida de su hijo mayor en manos de los frailes. Cristobalico denunció a su padre como idólatra. El cacique mató a su hijo y a la madre de este, y murió en la horca. Ahorcaron a otros cinco tlahtoque, incluido don Francisco Tecpanécatl de Tepetícpac. Estos episodios se encuentran representados en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala. Don Juan Buenaventura Zapata y Mendoza describió así estas persecuciones (el original está en náhuatl):

Desamparados, por descuido y negligencia, los mataron. Así era, mataban sin razón [...] Entonces, al morir los tlahtoque, empezó el terror. Fue entonces que en multitud fueron al bautizo.

Diego Muñoz Camargo, HT: 237. Véase HCT, #65-68: 105 y #135: 137.
 

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La cabecera de Tepetícpac, la primera de Tlaxcala de la que salieron todas las otras, era depositaria por esa preeminencia de la herencia simbólica tlaxcalteca de mayor importancia, herencia que en 1545

HT: 235-6. El año fue calculado por Luis Reyes (HT, nota 214): don Gonzalo murió en 1545-46 y en 45 Olarte era guardián de Tlaxcala.

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 fray Diego de Olarte, el guardián del convento franciscano de la ciudad de Tlaxcala, eligió destruir con muestras de completo desprecio. Escribe Muñoz Camargo: “don Gonzalo Tecpanécatl tecuhtli, señor que fue de la cabecera de Tepetícpac, tenía escondidas en su casa las Cenizas de Camaxtle, ídolo muy venerado entre los naturales de esta provincia”. Camaxtle era el fundador mítico de Tlaxcala, la representaba; era a la vez su máximo héroe legendario y su dios tutelar. Don Gonzalo confesó a fray Diego de Olarte esta valiosísima posesión. El franciscano obligó entonces a don Gonzalo a traerle las reliquias, tras lo cual el fraile “en presencia de él las quemó y las derramó por el suelo con gran menosprecio de ello, y predicó con grandes exhortaciones a don Gonzalo”:

Al tiempo que las cenizas de este ídolo se desbarataron y desenvolvieron de las envolturas que tenía, dentro de un cofrecillo de palo, hallaron en las cenizas unos cabellos rubios, porque afirman los antiguos viejos que fue un hombre blanco y rubio.

Entre las cenizas desparramadas rodó una esmeralda, “las cuales piedras decían que eran el corazón de los hombres de valor”. Por la tristeza y horror que esta pérdida le causó, o por arrepentimiento por haber sido idólatra en el pasado, según la versión de Muñoz Camargo, don Gonzalo murió poco después, el Jueves Santo, tras confesarse y comulgar, “ante la imagen de Nuestra Señora, en el hospital de la Anunciación”. Por cierto que en 1544 una doble plaga del maíz (chiyahuiztli o chahuiztle y gusanos, nenexme) provocó hambre en Tlaxcala, y el año siguiente se produjo una gravísima epidemia del llamado huey cocoliztli.

HCT, #153 y 154: 149.

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 Años negros.

Siete años después de ese acto consciente de destrucción de las reliquias de Camaxtle, cayó para nunca levantarse la capilla de Tepetícpac, ruina sobre las ruinas del centro ceremonial prehispánico que albergaba el templo de Camaxtle. Por ello fueron actos de meritoria remembranza los trabajos en la zona arqueológica del cerro de Cuauhtzin, en el municipio de Totolac, entre 2010 y 2017, así como la restauración de las ruinas de esa capilla y de su sombra, el palacio de los grandes señores don Gonzalo Tlehuexolotzin, don Francisco Tecpanécatl y don Gonzalo Tecpanécatl tecuhtli. ~

 


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