Jhumpa Lahiri: Cambiar de lengua | Letras Libres
artículo no publicado

Jhumpa Lahiri: Cambiar de lengua

Jhumpa Lahiri

En otras palabras

Taducción de Marilena De Chiara

Barcelona, Salamandra, 2018, 256 pp.

Vladimir Nabokov, Joseph Conrad, Jorge Semprún, Milan Kundera, Samuel Beckett o Agota Kristof cambiaron de lengua en su literatura: en unos casos el cambio fue forzoso, en otros deliberado, en otros sucedió de manera casi natural. La escritora de origen bengalí Jhumpa Lahiri abandonó el inglés para entregarse al italiano por voluntad propia. En otras palabras es el relato de ese cambio y una explicación del mismo.

El amor al italiano de la autora de El intérprete del dolor y Tierra desacostumbrada viene de un primer viaje a Italia que hizo con su hermana, y el primer libro en italiano que compró fue un diccionario. De ese primer encuentro con el idioma dice Lahiri: “Siento un vínculo y un desapego a la vez, proximidad y lejanía. Siento algo inexplicablemente físico: me despierta una inquietud persistente y absurda, una tensión exquisita. Es una especie de flechazo.” Entre el viaje a Italia de 1994 y el traslado de la escritora con su familia a Roma en 2014 pasan veinte años en los que la relación entre Lahiri y el italiano se desarrolla en el exilio, a través de clases particulares y con breves visitas al país motivadas por congresos o promociones de sus libros. El traslado a la ciudad es otra cosa: formaliza esa relación en la que Lahiri se siente primero extraña, insegura, torpe, pero firmemente decidida.

El proceso no de aprendizaje del idioma, sino de algo mucho más profundo, el proceso de entrega, aparece expresado en diferentes metáforas: cruzar un lago, escalar una montaña, la metamorfosis de Dafne en laurel contada por Ovidio… También el primer relato que Lahiri escribe directamente en italiano (“El intercambio”, sobre una traductora que se instala en una nueva ciudad con lo mínimo y se cuela en un showroom privado en el que desaparece su jersey negro, una de las pocas posesiones que se ha llevado consigo) es una especie de metáfora sobre lo que le supone a ella ese cambio de idioma en su escritura.

Escribir en la lengua propia, de la que conoces todos los matices y posibilidades, se parece mucho a desbrozar un camino: tratas de abrirte paso a través de las malas hierbas y la hojarasca para encontrar el sendero más claro y limpio. Escribir en una lengua ajena es otra cosa: no hay maleza, solo lo fundamental, las herramientas básicas con las que construir y explicar relatos tan complejos como el mundo. El cambio de lengua produce situaciones paradójicas: por ejemplo, es el primer libro en el que habla de ella y que está escrito en una lengua que no es la suya. Es un libro con un tono marcadamente confesional y de intimidad a pesar de estar escrito en una lengua que no domina como la materna. Y al mismo tiempo que es un libro que rompe con sus anteriores obras (es un ensayo, pero tiene también algo de diario), sigue una línea de continuidad, porque el tema sigue siendo, en parte, el mismo: la identidad, el (des)arraigo, saber quiénes somos.

Jhumpa Lahiri empezó a escribir el manuscrito de En otras palabras en cuadernos. Cada capítulo, concebido como las redacciones que mandan de deberes, era revisado y corregido por su profesor primero y por dos amigas escritoras después. Y así se fue construyendo este diario del aprendizaje lleno de detalles sobre la lengua, reflexiones sobre la escritura, revelaciones y alguna que otra peripecia familiar (como la llegada a Roma en pleno agosto, con la ciudad casi vacía y funcionando a medio gas). También aparecen aquí algunos guías que Lahiri elige: los escritores italianos a los que lee y en los que busca empaparse del idioma y hacerlo suyo. Lee a Cesare Pavese, Alberto Moravia o Natalia Ginzburg, entre muchos otros. Y también busca referentes: qué otros escritores hicieron eso antes, cambiar de lengua. El modelo de Agota Kristof y su delicado y rotundo La analfabeta se cuela casi en cada capítulo del libro.

Cuenta Lahiri que sus libros se han interpretado erróneamente en clave autobiográfica. Pero sí comparte algo con muchos de sus personajes: esa especie de doble identidad del hijo de inmigrante, que está a medio camino entre la cultura de origen y la de asimilación. En el caso de Lahiri, eso se mostró con claridad en las lenguas: en casa hablaba bengalí y fuera inglés. “No conseguía identificarme con ninguna de las dos: una siempre estaba oculta tras la otra, aunque nunca completamente […] Mis dos lenguas no se ponían de acuerdo, parecían adversarias irreconciliables, la una insufrible para la otra. Pensaba que no tenían nada en común excepto a mí, por lo que me sentía una contradicción viviente. […] Creo que estudiar italiano fue una fuga del largo enfrentamiento entre el inglés y el bengalí, un rechazo tanto de la madre como de la madrastra, un camino independiente.” Con la llegada del italiano, la lucha se convierte en un triángulo, “una estructura compleja, una figura dinámica”. En su caso, la identidad está ligada a la palabra y al idioma: “Estaba suspendida entre dos lenguas en vez de arraigada. Tenía dos lados, ambos imprecisos. El ansia que experimentaba, y que a veces aún experimento, proviene de un sentimiento de insuficiencia, de mi sensación de ser una decepción para los demás.” Y en otro capítulo escribe: “Pienso que ese triángulo es una especie de marco que contiene mi autorretrato. El marco me define, pero ¿qué contiene?”, se pregunta.

Este libro de Jhumpa Lahiri es un viaje de introspección. Y aunque existe la tentación de leerlo como una especie de testamento literario, en parte por el tono confesional, es en realidad un anuncio: anuncia que va a venir algo nuevo –espera– aunque aún no sepa qué. ~


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