Imagen primera de Margit Frenk | Letras Libres
artículo no publicado

Imagen primera de Margit Frenk

I

La primera imagen que tengo de Margit Frenk no es la de una mujer sino la de su voz cantante.

A principios de 1969, cuando cursaba el segundo año de la preparatoria, conocí a una muchacha de mi edad, Yolanda Iris Alatorre Guzmán, y a su hermano, Enrique, alias “Argel”. Nos hicimos muy amigos. Íbamos juntos a todas partes. Me hice amigo de sus padres, Enrique Alatorre Chávez y Yolanda Guzmán de Alatorre... Una de las costumbres que tenía esta familia singular era la de reunirse las tardes de los sábados para cantar en casa del hermano mayor de Enrique, Antonio Alatorre, y de Margit Frenk. Tuve el privilegio de escuchar al llamado Grupo Alatorre en vivo, acompañado por Joaquín Gutiérrez Heras, en la casa donde vivían. Cantaban con gracia y entrega a cuatro voces Canciones españolas del Renacimiento que, como supe más tarde, Margit y Antonio se habían traído de su estancia en París en 1952. Aquella música desde luego me impresionó y sigue siendo de mi gusto... No he sido discípulo de Margit sino algo mejor para mí, su oyente y su amigo, su lector y aun en cierto modo su editor.

II

La segunda imagen que de ella tuve y que aún me acompaña es la de su fino pulso como traductora y revisora de obras para el fce como El alma romántica y el sueño, los libros de Ernst Robert Curtius, El gusto literario, hechas al alimón –voz de origen taurino– con Antonio Alatorre. Esa firme fineza y ese oído inteligente siempre me gustaron, y han sido para mí un modelo.

III

Tengo la fortuna de estar dando este testimonio sobre una autora e investigadora cuyas lecciones me han sido dadas indirectamente, no a través de la cátedra sino en el plano editorial o en la Academia Mexicana de la Lengua, donde durante varios años convivimos alrededor de las respuestas a las cuestiones que se les presentan semanalmente a los miembros de la Comisión. No solo eso. Tengo además la rara ventura de haberle hecho un programa para la serie Los maestros detrás de las ideas, producida por la unam, y en consecuencia de conocer algo de su genealogía familiar e intelectual. Y de haber estado al frente de la gerencia editorial cuando se hicieron los dos tomos del monumental corpus de la lírica antigua.

IV

Margit Frenk nació en Hamburgo, Alemania en 1925. Su madre, Mariana Frenk-Westheim, llegó a México en 1930, en compañía de Ernst, su primer esposo, cuando la niña Margit tenía cinco años. Venían huyendo de la persecución de los nazis alemanes contra los judíos. Al morir Ernst, Mariana se casó con el historiador de arte Paul Westheim. Junto con su hermano Silvestre, Margit se crió en una familia de refugiados que tenían que trabajar duro para salir adelante. El amor y la pasión por las letras, la sencillez, el ingenio y el gusto por la poesía los heredó de Mariana Frenk, quien fallecería seis años después de celebrar lúcidamente su centenario. La biblioteca de Mariana fue el jardín de letras en que se crió esta niña despierta, cuyas lenguas maternas serían el alemán y el español pero que no ignoraría ni el francés ni el inglés, y cuya vocación por recoger versos y refranes populares se remonta a su adolescencia.

Mariana perteneció junto con su esposo Paul a esa emigración ilustrada que trajo a México a Margo Glantz, Juan Brom, y desde luego a los refugiados españoles como Ramón Xirau, con quien sostendría de joven una gran amistad. La alegría de vivir a través de las letras y el júbilo al que lleva la comunión letrada es uno de los legados de Mariana hacia su hija Margit, a quien desde muy joven la atrajeron las muestras de la poesía popular. A su estudio ha dedicado investigaciones eruditas que han renovado por completo ese campo.

V

La poesía popular de tipo tradicional, como la definieron Dámaso Alonso y José Manuel Blecua en su Antología de la poesía española (1956), es el eje alrededor del cual se constela la obra crítica innovadora y monumental de Margit Frenk. Y aquella primera imagen que tengo de ella, como parte de un coro que recreaba la música polifónica del Renacimiento con el llamado Grupo Alatorre, no es un dato periférico. En aquellos villancicos y canciones aflora lo que podría llamarse las voces de las musas anteriores a la escritura, los espacios de la voz, para decirlo con una fórmula de la propia Margit en el capítulo i de su libro Entre la voz y el silencio (1997). Es un proyecto que está más allá de la literatura, donde lo que está en juego es la definición y caracterización de las formas en que la oralidad se transmite y acrisola en lo que luego se transmutará en poesía culta... Es un proyecto donde se despliega una memoria y una resistencia de orden eminentemente político. No es casual que Margit haya sido la lectora y compañera de Antonio Alatorre, cuya obra Los 1001 años de la lengua española puede ponerse sin demasiada violencia en el horizonte donde se inscribe su itinerario intelectual y crítico. Ese norte de la oralidad conducirá a Margit a asediar la idea y práctica del concepto de literatura a través de la fundación de la Revista de Literaturas Populares que viene dirigiendo desde hace años con un equipo en que se encuentran Mariana Masera, Araceli Campos y Martha Bremauntz, entre otros.

VI

Una red está tejida con líneas y agujeros. Espacios llenos y espacios vacíos, como la música, con voces y silencios. Margit Frenk se ha dado a la tarea de reconstruir la pervivencia y supervivencia de la tradición en el plazo que va desde los albores de la Edad Media hasta los tiempos de Cervantes, en el cual se abre como un arco la memoria de las transformaciones. Desde esa reconstrucción ha sido capaz de renovar la lectura de las letras hispánicas, no solo salvando fuentes soterradas como son las de las voces de la poesía popular, sino iluminando con ese conocimiento fresco los pliegues y dimensiones de una teatralidad ubicua, encubiertos bajo las formas en apariencia fijas de la letra escrita. Un ejemplo de ello son sus estudios sobre la más famosa novela de Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que conoce casi como si ella estuviera hecha de la misma madera que la mesa sobre la cual escribió el autor de las Novelas ejemplares. ~


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