El humor político en los tiempos del mal humor social | Letras Libres
artículo no publicado
Ilustración: Jonathan López

El humor político en los tiempos del mal humor social

VIÑETA I: EL MONERO VS. LA INMEDIATEZ DE INTERNET

Trino: El cartón político atraviesa un muy buen momento, sobre todo porque los políticos nos dan muchos temas que tratar: Peña Nieto nos ha dado material abundante. Veo una gran creatividad en el humor político que se hace actualmente.

Calderón: Me parece que estamos en un segundo renacimiento: la cantidad de jóvenes que están haciendo caricatura es asombrosa. Muchos de ellos son excelentes. Pienso en Polo Jasso, Ricardo Cucamonga, Bef. Hay una explosión de talento. Por otro lado, los periódicos están pasando momentos de crisis y es difícil para los moneros publicar su trabajo. Lo común es que te digan: “El chiste ahora está en que publiques en la red.” Pero todos los que publican en la red te dicen: “A mí lo que me gustaría es verme en papel, en un periódico.” El medio impreso sigue pesando mucho.

Trino: Para mí es muy importante estar en las redes sociales. Lo difícil es cobrar por ese trabajo. Obviamente nos pagan en el periódico y está bien, pero no recibimos nada por la difusión en las redes. Por eso nada más publico en papel. No podría hacer El rey chiquito solo para darle gusto a los seguidores de internet. El asunto es cómo poder publicar en redes sociales y que además sea redituable, porque poco a poco se van cerrando los espacios. Nosotros seguimos teniendo una ventana, Paco Calderón en Reforma y yo en El Financiero, otros más en La Jornada o en Milenio. A mí me gustan muchísimo las redes sociales, por eso subo mi tira a la red cuatro días después de que aparece publicada en el periódico. Así me lo piden en El Financiero porque a ellos les interesa que haya tráfico hacia su página.

Calderón: Yo soy un poco más vejete: no conozco a ningún caricaturista que se haya dado a conocer exclusivamente por redes sociales. Los puedo seguir una vez que los ubico en un periódico. El problema con las redes es que todavía no le encontramos la cuadratura al círculo, no sabemos cómo hacerlas rentables. Porque el caricaturista también tiene que comer.

Trino: Lo que realmente nos está quitando la chamba es la inmediatez. Me explico. Uno como cartonista trata de pensar lo que acontece y hacer un chiste sobre eso. Haces tu dibujo, lo mandas y aparece publicado al día siguiente. Pero entretanto alguien ya sacó un meme con una idea mejor que la tuya, y además la difundió con rapidez en las redes. Cuando tu cartón aparece ya es noticia vieja, ya pasó. Eso nos obliga a pensar más, a escudriñar con mayor profundidad en el chiste, adelantarte un poco más en el humor. Se trata de una auténtica competencia en la que estás luchando contra el público, que tiene buen sentido del humor y hace cosas muy buenas. Hay memes ante los que no me queda sino decir: “¡Maestros, qué maravilla, cómo es que no les están pagando a ustedes por hacer esto!” Nos gusta mucho esta competencia, esa batalla contra la inmediatez.

Calderón: Coincido. Se trata de una competencia, aunque yo veo que la inmensa mayoría de los memes son chistoretes, y yo, al menos en mi cartón editorial, trato de ir más allá del mero chiste. A veces tienes que caer en eso, pero normalmente tratas de hacer un análisis y después lograr que sea lo más sintético posible. Tiene que ser más elaborado, más pensado, más sutil. Generalmente, el meme busca ser absolutamente explícito, que a la primera te estés botando de la risa, aunque sea un chistorete bobo. Por otro lado, hay muy buenos memes. Recuerdo una vez que me devané los sesos para un cartón dominical en el que hacía un análisis de los candidatos. Lejos de que me dijeran que había hecho un buen cartón, me advirtieron: “¡Te fusilaste un meme!” Después vi el meme al que se referían y era exactamente la misma idea. A veces pasan esos garbanzos de a libra, no se puede hacer todo.

VIÑETA II: AHORA HAY PLENA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Trino: Jis y yo comenzamos en La Jornada con El Santos, una tira cómica que hoy sería imposible que apareciera en un periódico. En La Jornada nos dejaron publicarla porque en ese tiempo estaba Carlos Payán, que tenía una visión diferente de lo que podía publicarse, además de que en ese momento existía Histerietas, el suplemento de caricaturistas. Hoy, en cambio, sería complicado publicar El Santos, incluso en La Jornada. No sé qué pasó, hubo un retroceso. Lo que ahora se busca son las suscripciones. En aquella época Payán nos decía: “Hay mucha gente que canceló la suscripción del periódico por culpa de ustedes, por sus cochinadas de El Santos.” Siguió publicándonos y fue un momento muy emocionante en ese sentido.

Siento que gozamos de una libertad estupenda. En Reforma nunca tuve problemas de censura. Lo mismo en El Financiero, aunque ahora mi humor es distinto. Sí hago tiras con asuntos políticos, pero son las menos. Los políticos son muy cínicos, lo que ellos quieren es salir en una caricatura, les encanta. Me acuerdo de una caricatura que hice de Jorge Castañeda cuando estaba en Relaciones Exteriores. Era una Crónica marciana en la que los extraterrestres se llevaban a punta de látigo a los terrícolas a su planeta, y todos iban supercontentos. Los extraterrestres les preguntan por qué. “Porque ya no voy a trabajar con Jorge Castañeda.” Al otro día me hablaron de la oficina de Castañeda porque querían comprarme la tira cómica. Coleccionan los cartones donde hablan mal de ellos, a los políticos les fascina aparecer en los cartones.

En cuanto al cartón político, he visto cómo desarrollan sus cartones sin ninguna censura los moneros de La Jornada, Calderón en Reforma o Alarcón y Garci en El Financiero. Censura la que había en la época de López Portillo, incluso en la de De la Madrid.

Calderón: El próximo año voy a cumplir cuarenta años de vida profesional. Cuando comencé a trabajar, literalmente en el siglo pasado, no podías reírte del presidente, de sus ministros, del ejército, de los curas, de la Virgen de Guadalupe. No podías reírte de nada, en ese sentido era muy limitante. Por otro lado fue una buena escuela, como le sucedió al cartón español en la época de Franco, en donde aprendías a tirar con torpedos, es decir, el chiste iba por debajo del agua, tenía que ser muy sutil. La gente se reía porque sabía de lo que estabas hablando. Ningún político se quejaba de lo que ponías, porque era un humor muy inocuo. Ahora los chistes llegan a ser no digamos explícitos sino muy procaces. Yo tengo libertad plena ahora. Quizá los cartonistas que están empezando piensen que hay muchas barreras que tumbar. Siento que ahora se está confundiendo el insulto con el humor. A veces se cree que la libertad consiste en decirle a alguien que es un imbécil. Pero si eso es todo lo que dice tu cartón no sé dónde se encuentra el humor. El chiste está en que puedas confrontar al político con sus propias palabras, con sus actos, que te puedas reír de su persona política, y no nada más reírte porque fulano es gordo. El insulto me parece una solución fácil y aburrida. No solo basta dibujar bien, tienes que ser chistoso, tienes que tener humor, tienes que pensar un poquito.

VIÑETA III: HUMOR DE IZQUIERDAS Y DE DERECHAS

Trino: Les pregunto a mis cuates cartonistas de izquierda: ¿qué pasaría si López Obrador gana la presidencia? ¿Lo criticarían del mismo modo en que critican al presidente actual? Tenemos que seguir siendo críticos, uno no puede ponerse de parte del gobernante. No me gustaría verlos tomando partido del mismo modo que antes había moneros progobiernistas. Por supuesto que hay humor partidario. Jis y yo decidimos no tomar partido por nadie. Mi postura es anti-pri, anti-Morena, anti-pan, no siento que ninguno de ellos me represente. No encuentro a nadie de quien yo diga: “Estoy de acuerdo.” Como caricaturista, hay una distancia que debes tomar, ver las cosas desde la barrera. Veo que otros cartonistas son muy dados a apoyar a ciertos candidatos, eso no me gusta.

Calderón: No es ningún secreto que me han puesto el sambenito de ser “el monero de la derecha”. Lo que no dicen es que publiqué más de quinientos cartones contra Vicente Fox y quizás un poco menos, porque voté por él, contra Felipe Calderón. Cuando digo “en contra” quiero decir cartones en los que los ponía en ridículo, me burlaba de ellos. Del lado de la izquierda no he visto ese tipo de cartones. Mi fórmula para hacer cartones ha sido siempre: sin odio y sin piedad. No tengo problemas personales con nadie. A la hora de hacer el cartón me digo: “Esta va a ser la víctima del cartón, pégale con todo, que duela.”

Como en cierto sector no están acostumbrados a reírse de López Obrador entonces dicen: “¡Es el caricaturista de la derecha! ¡Es que odia al pueblo! ¡Es clasista, racista y todo lo demás que exista!” Yo pregunto: ¿Dónde está el racismo? ¿Porque pinto morenos a los morenos? ¡Es que son morenos! ¿Cómo quieren que los pinte? Otros pintan a los maestros como si fueran profesores del Colegio Madrid. Yo les digo: “Así no son los maestros de las marchas, ve las fotos.”

El año pasado hubo un simposio de caricaturistas y me tocó compartir la mesa con Sergio Langer, un humorista judío argentino muy bueno. Él me dijo, refiriéndose a los sujetos que dibuja: “Yo sí los odio. Odio a mis víctimas, las aborrezco.” Ves su trabajo y te mueres de la risa. La verdad es que no existe una fórmula que nos sirva a todos. Si el trabajo es humorístico, me importa un cuerno si los odias o no los odias, lo relevante es que el resultado final sea chistoso.

VIÑETA IV: EL REINO DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Trino: Lo políticamente correcto me da muchísima güeva. Obviamente sí ha afectado la manera en que trabajo, especialmente en Twitter. Si ahora dices “esta persona es ciega” te dicen “no, no se dice así, se les dice personas con discapacidad visual”. Me parece absurdo. Son nombres nuevos para las mismas cosas. Protegen tanto que se pierde el sentido del humor. Ya no puedes decirles enanos a los enanos sino “gente pequeña”. El humor políticamente correcto está acabando con el humor de verdad. Lo políticamente correcto es una tendencia reciente de la izquierda, porque la derecha siempre ha tenido ese rollo. No puedes hablar de Cristo, ni de Dios. Estoy dibujando mi tira y de pronto me encuentro diciendo: “¡Híjole, mañana me van a criticar por decir tal palabra!”, por mencionar a “los enanos de Santa Claus” o por decir “el cieguito que va caminando” o “el viejito”, ahora te sientes obligado a llamarlos “personas de la tercera edad”. Lo que tienes que hacer ante eso es que te valga madre, sigo haciendo y diciendo lo que me parece. El Santos tenía miles de cosas políticamente incorrectas y, obviamente, a mucha gente no le caía en gracia. Decían: “Claro, como ustedes son burgueses y vienen de familias acomodadas de Guadalajara, entonces se dedican a burlarse de las minorías.”

Calderón: A mí me pueden endilgar muchos sambenitos pero no el de ser políticamente correcto. Me parece que lo políticamente correcto es un atentado a la democracia. Por un lado quieren igualdad y por otro exigen privilegios. “No quiero que me toques, que te burles de mí.” A lo que yo digo: “Perdóname, si eres joto, te voy a decir joto, y si eres negro te voy a decir negro, y si eres ciego te voy a decir ciego, si eres inválido no te voy a decir minusválido, te voy a decir inválido.” Yo soy gordo, pelón, reaccionario y mocho, y lo acepto. ¿De dónde sale eso de que “a estos tócalos con pincitas, no se vayan a ofender, no se vayan a sentir atacados”? Son incapaces de reírse de sí mismos.

Ocurre una cosa muy chistosa. En mis cartones, cada vez que tengo que pintar gringos o europeos o cualquier fulano de raza blanca, trato de pintarlos lo más feos que se pueda. Nadie cuando ve esos cartones me acusa de racista. Pero en el momento en el que dibujo a una persona morena, me digo: “A este no lo voy a pintar feo porque es un niño o una mujer, lo voy a dibujar moreno y bonito.” ¿Y qué me dicen? “¡Ah, racista! ¡Odias al pueblo, tienes una obsesión contra los morenos!” A lo que yo digo: “Vivo en México, donde el 90% de la población es morena.” “Sí –me contestan–, pero tú no eres moreno.” Otros me dicen: “Cuando te dibujas te pones como un Adonis.” Pero no es cierto, siempre me pinto como un hipopótamo. Te arrojan un odio que traen hacia sí mismos. Tal vez tenga que ver con el mal humor social que señaló Peña Nieto, la gente está enojada. Hay buen humor político, pero la gente está de mal humor.

Trino: Llevamos muchos sexenios viviendo un mal humor en la sociedad y, sin embargo, no ha habido una etapa en la que yo sienta que no se pueda hacer humor con lo que ocurre en la política. Cuando Fox y el panismo llegaron al poder parecía que no iba a haber material para hacer humor, porque los priistas eran muy cínicos, pero no fue el caso. Así sucedió también cuando, en 1992, explotaron los ductos de Pemex en el centro de Guadalajara y brotó un malestar muy grande contra el pri, que gobernaba la capital (que incluso hizo que los tapatíos –en realidad, los apatíos, porque somos bien apáticos–, reaccionáramos y votáramos por el pan). Estos clímax sociales ayudan a que afloren muy buenos cartonistas porque objetivan el mal humor de la gente. Somos una válvula de escape. Cuando hacemos cartones muy agresivos contra el gobierno expresamos ese coraje popular. Con humor reflejamos ese enojo.

Calderón: A mí me encanta hacer humor en un ambiente de mal humor social. Si no los hago rabiar siento que no estoy haciendo bien mi trabajo. Los caricaturistas somos como los submarinos, vamos un poco a ciegas, escuchando el sonar, de pronto oyes poing y avientas el torpedo. Pegas la oreja al sonar, pasan segundos y no oyes nada. “Chin, pasó de largo: nadie comentó mi cartón, no tuvo mayor impacto, fue una mala tarde.” Pero si de repente te dicen: “¡Ah, racista, asqueroso, reaccionario, por qué no te mueres!”, me digo: “¡Le pegué y les dolió hasta el alma!”

VIÑETA V: EL TRABAJO PROPIO

Calderón: Aunque hay quien ve cierto parecido entre mis cartones y los de Abel Quezada, siempre me he dicho: “No quiero ser el segundo Abel Quezada, quiero ser el primer Paco Calderón.” La combinación de imagen y texto fue un formato que me pidieron en El Norte, cuando empecé a trabajar ahí y me seguí luego con ese estilo los domingos. Entre semana trabajo más con el gag: utilizo la menor cantidad de palabras posibles y trato de que el chiste esté en la situación, en el dibujo mismo. Los cartones del domingo son más elaborados porque funcionan como editoriales. Son formatos distintos pero la crítica no perdona y me dicen: “¡Claro, se ve que este señor no tiene ideas y entonces tiene que hablar y hablar y hablar.” Pero cuando sacas un cartón con una sola palabra te dicen: “¡Ah, claro, es un simplón, no tiene juicios!” La receta ideal me la dio el caricaturista Rafael Freyre: “Estate siempre atento a las críticas porque quizás haya alguna que te sirva, una que te señale un error, pero en general nunca pierdas el tiempo con los críticos.” Si algo pudiera aconsejarle a un joven caricaturista sería eso: atiende a las críticas, pero no pierdas tu tiempo con los críticos.

Trino: Yo, en cambio, más que el cartón de una sola imagen, me gusta desarrollar una historia. Me gusta mucho la tira cómica, a pesar de lo complicado que resulta hacer crítica política a través de personajes. Como no dibujo políticos, mi cartón más político es El rey chiquito. Cuando comencé a publicar esta tira, en los años ochenta, el rey sugería un poco a Salinas de Gortari, por lo chaparrito. No era sobre México, pero al mismo tiempo sí era sobre México. Somos un país medieval con gobernadores que son como pequeños reyecitos.

VIÑETA VI: EL CARTÓN POLÍTICO EN MÉXICO Y OTRAS LATITUDES

Trino: El año pasado, cuando estaba muy reciente el atentado contra Charlie Hebdo, Jis y yo estuvimos en Francia. Advertimos la vena escatológica del semanario que incluso a nosotros nos ruborizó. Luego de tantas barbaridades que hemos hecho, veíamos eso y decíamos: “¡Ay, cabrón, se les pasó la mano, aquí están muy gruesos!” Es decir, realmente gozan de una libertad total. He visitado algunos países latinoamericanos, como Ecuador, Colombia, Chile y Perú donde el cartón político es bastante malo. En México tenemos muy buenos cartonistas políticos en general, como Rocha, Magú, por supuesto, Paco Calderón, Juan Alarcón, Garci y Polo Jasso. En México veo una alineación de grandes cartonistas que no se quedan atrás de lo que se hace en otros países. Afortunadamente vivimos una etapa muy buena. Cosechamos lo que en su momento sembraron Abel Quezada, Rius, Naranjo y Helio Flores, a los que les tocó un país más represivo. Todos ellos comenzaron en medios muy cerrados y tuvieron que abrir brecha. Ahora hay tantos periódicos como ideologías, medios con distintas maneras de pensar, lo que hace que la competencia sea muy buena.

Calderón: En Francia existe una absoluta libertad para publicar, lo mismo que en Dinamarca. Lo que ocurrió con Charlie Hebdo fue un caso excepcional. Es falso que no se pueda publicar porque te condenan a muerte; no es cierto, puedes publicar lo que quieras.

Como en todas partes, en México hay caricaturistas muy buenos, maletas y muy malos. México, Argentina y Brasil van a la cabeza del humor político latinoamericano. Los ingleses son particularmente buenos para la caricatura política, tienen una tradición larguísima y extraordinaria. España salió del franquismo con un humor muy ácido, que a mí me gusta mucho. Francia se ha ido más hacia lo escatológico. Pero hay otros países donde la caricatura política es muy mala. Las caricaturas en los países islámicos son deplorables, todo es antisemitismo y no salen de ahí. En otros países, la caricatura no está en su referente cultural. Tienen muy buenos artistas pero no hay cartón político como tal. Me refiero a países como Japón, China, Singapur o Taiwán. No se les da por una cuestión cultural. Pienso que la caricatura política es más bien occidental. En algunos países de África y en el mundo árabe es frecuente enterarse de que mataron o apedrearon a algún caricaturista.

Trino: La sociedad mexicana ha comenzado a ser más tolerante pero no en todos los estados. Jalisco, en donde vivo, ha cambiado mucho, ha pasado de ser una sociedad muy cerrada y muy mocha a una sociedad más plural. Jis y yo nos presentamos en vivo en el Jam de moneros, y nos cuidamos mucho si vamos a Guanajuato o San Luis Potosí. Ahí evitamos tratar temas tan fuertes como los que tratamos en la Ciudad de México o en Oaxaca. En México hay todavía sociedades muy cerradas, en las cuales no son bien recibidos los chistes sobre Cristo o sobre religión. Pueden incluso abuchearte. México está formado por muchos Méxicos, son muchos países en uno.

VIÑETA VII: ¿DEBE HABER LÍMITES EN EL HUMOR?

Calderón: Creo que todo es sujeto de risa. Yo me muero de la risa con las cosas que hacen Trino y Jis, creo que son herederos de Reiser, un extraordinario caricaturista escatológico francés, que hace unas cosas brutales. Yo no me veo haciendo ese tipo de humor, quizás porque mi trazo es distinto. Creo que el humor no debe tener límites. Por lo mismo, me opongo radicalmente a la corrección política. Hace unos años estuve en Estados Unidos. Los gringos me decían: “Vives en México, debes de vivir en medio de la represión, de la censura, te deben tener checado.” Yo les contestaba: “No, creo que ustedes son los que no pueden decir ciertas cosas.” Les ponía como ejemplo el de un caricaturista del Boston Herald, que tuvo que pedir disculpas públicas porque hizo un chiste sobre Obama y las sandías. “Sí –me contestaban–, aquí no puedes pintar así a Obama.” Y les replicaba: “¿Por qué, no le gusta la sandía? ¿Dónde está lo malo de mostrar a un señor que se come una sandía?” Y me decían: “No, no, ese es un estereotipo.” Ellos no podían ver que los caricaturistas trabajamos con estereotipos. Yo nunca he visto un rey con corona, tampoco a un rico con sombrero de copa. A los únicos que he visto con sombreros de copa son a los pobres, como los porteros de los hoteles o los magos de las fiestas infantiles. Nunca he visto un indio dormido debajo de un nopal. En cambio sí he visto negros comiendo sandías, los he visto en Seattle, los he visto en Nueva Orleans, pero en Estados Unidos no puedo pintar a un negro comiéndose una sandía. En México si dibujo en un cartón a Obama comiendo sandía me dirían: “¡Ah, te pasaste, qué bárbaro, qué racista, lo pones como al Negrito Sandía!” Pero precisamente porque hay gente que se ofende con eso, yo lo voy a poner comiendo sandía. ¿Te ofende? ¡Qué maravilla, ahí te va!

Trino: El humor que Jis y yo hacemos, sobre todo en El Santos, que es nuestro personaje más rasta, sabemos que tiene un límite, sobre todo en la cuestión sexual. No hay problema. Mientras no sea muy soez se puede publicar. Hemos dicho barbaridad y media y no ha habido problemas. En mis Fábulas uso malas palabras sin repercusiones. Pero también estamos conscientes de que si ponemos a El Santos en una situación relacionada con la Virgen de Guadalupe nos vamos a buscar un problema y le vamos a buscar un problema al periódico, porque le van a ir a apedrear los vidrios. Nos gusta mucho la confrontación en ciertos temas, en las drogas por ejemplo, pero ni Jis ni yo tenemos interés en hacer chistes con Mahoma. ¿Para qué? Como no forma parte de nuestra circunstancia no se nos ocurren buenas ideas sobre Mahoma, además de que sabemos que la consecuencia puede ser fatal. Pero sí nos interesa trasgredir cuestiones sociales muy claras, como el negro comiendo sandía. No podemos irnos al extremo de atacar la bandera nacional o la religión porque sabemos que hay personas que no lo van a aguantar. Recuerdo que en una Semana Santa, cuando todavía publicábamos La croqueta: humor perro con Falcón, hicimos chistes sobre Cristo. Fuimos a mostrárselos a Héctor Aguilar Camín, que era nuestro director en ese momento, y él nos dijo: “Por derecho a la integridad de sus personas, pero sobre todo por la integridad de nuestro periódico, no voy a publicar esta tira, no mamen, cómo quieren sacar en Semana Santa a Cristo bailando el hula hula con una corona de espinas.” Entendimos perfectamente que no era el momento de decir esas cosas. Por otro lado, Carlos Payán nos decía algo muy sabio: “Ustedes nunca se censuren. Aquí el que los voy a censurar soy yo.” Algo que me parece maravilloso. Había cosas de El Santos que él pedía revisar. Nos llamaba y decía: “¡Bájenle!” Pero las publicaba. “Ustedes no se limiten porque entonces va a valer madres su humor, van a dejar de ser naturales.” Esa es nuestra norma: vamos a hacer lo que queremos hacer y si no lo publican está perfecto, porque quiere decir que nos estamos pasando de la raya. Sobre todo en cuestiones religiosas, si me paso, voy a sufrir yo las consecuencias, porque obviamente la primera que me va a reclamar es mi mamá. En resumen: uno no se tiene que autocensurar, tiene que ser libre y tratar de publicar lo que se le antoja. ~


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