Dos poemas | Letras Libres
artículo no publicado

Dos poemas

Esta mano

que se crio en cautividad

no sabe valerse por sí sola.

Teme extraviarse

en la selva de su albedrío,

su entusiasmo animal.

Y por respeto al laberinto

de la vida voluble

cayó en el laberinto de sí misma.

La piel del dorso

es la cara visible de una luna

que guarda su distancia

de este mundo, del mar electrizante

del temblor

y el sobresalto.

Y esos dedos de araña

que acechan a lo lejos

no sabrían marchar de cacería

aunque quisieran. ~

El cuerpo es esta plaza soleada

donde unos viejos hacen tiempo

y el café de la esquina

con su toldo raído y sus sillas metálicas

es el castillo de los indolentes

que han hecho su negocio

del hablar por hablar.

Tu oído, demasiado humano,

no capta lo que dicen:

carece de la astucia del animal terrestre.

Ahora un perro dispersa las palomas

que bullían unánimes

entre migas de pan.

Es un trabajo diurno: una mano de luz

sobre el muro encalado del verano,

el volumen del campanario

barriendo con su sombra el pavimento.

La salud de los vínculos

es esta sencilla homeostasis. ~