Del convivio al tecnovivio | Letras Libres
artículo no publicado

Del convivio al tecnovivio

Toda la vida humana representación es.

Pedro Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo

El pasado mes de marzo, a una escasa semana de su estreno, la obra El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca dirigida por el cineasta español Carlos Saura (con producción de la UDG y apoyo del programa Efiteatro) logró presentarse en el Teatro Helénico de la Ciudad de México bajo un ánimo celebratorio y espectacular, pero no exento de tristeza y de cierta tensión, ya que tanto público como actores sabíamos que esa sería la última representación que veríamos en vivo por un buen tiempo. La crisis desatada por la pandemia del coronavirus y sus reglas de distanciamiento social se instalaron desde un inicio como una declaración de guerra para el arte teatral en forma de cancelaciones de obras, giras, festivales y demás eventos relacionados, sembrando un clima de incertidumbre y ansiedad concentrada en la economía y seguridad social de los artistas escénicos, quienes en México subsisten en la raya de la precariedad y el trabajo remunerado en el día a día.

Ante los primeros días del nuevo orden pandémico, el teatro comenzó a pensarse fuera de su ámbito natural, no sin cierto recelo y desconfianza por ser un arte que requiere del convivio, definido este por Jorge Dubatti como “la exigencia del cuerpo presente de artistas, público y técnicos en una encrucijada espacio-temporal”, aunque tuvo que integrarse como muchas actividades cotidianas a la dinámica de encuentro que se vale de la intermediación tecnológica, un tecnovivio, en palabras del investigador argentino, con las dificultades y retos que esto representa.

Iniciativas por parte de la dramaturga Mariana Hartasánchez, quien se ofreció a escribir veinte monólogos destinados a igual cantidad de histriones para representar su evento por medio de una llamada de Skype, o el programa de clases magistrales “Títeres resistiendo al coronavirus”, organizado por Jimena Montes de Oca y Paolina Orta, surgieron como una primera oleada a la que diversas instituciones culturales se unieron rápidamente para atenuar la inevitable crisis. Ya sea en función de un ejercicio de presupuesto destinado a actividades canceladas o como ayuda directa, las convocatorias por parte de la Secretaría de Cultura, Teatro UNAMy el Centro Cultural Helénico han permitido a la comunidad de artistas escénicos la oportunidad de contar con una vía de subsistencia pasajera y de experimentación con el medio virtual.

Los resultados mostrados por la convocatoria “Contigo en la distancia” de la Secretaría de Cultura presentan escarceos de cierto interés con un modo de relación a este ámbito, pero sufren mayoritariamente por presentar productos realizados sin cuidado y bajo la presión de la fecha de entrega, desatendiendo las posibilidades que estos espacios de interacción ofrecen y con las que podría jugarse más allá de la relación frontal o los usos convencionales. Los productos ofrecidos difícilmente pueden competir tanto en calidad como en contenido con productos de consumo espectacular familiarizados a estos medios, lo que nos lleva directamente a la polémica que despierta el teatro en video.

Si bien la grabación de representaciones teatrales fue una de las primeras opciones en las que se pensó ante el confinamiento, este formato ha existido siempre en una querella constante entre los que defienden a ultranza el teatro como presencia y los que ven en el video la posibilidad de conocer obras a las que de otra forma difícilmente se podría acceder. Más allá de los purismos, es una realidad que el teatro grabado no puede de ninguna manera ser comparado con la experiencia presencial, simplemente por los límites que un espacio escénico impone al registro audiovisual. Sin embargo, compañías y teatros como el National Theatre de Londres, el Teatro Cervantes de Argentina, el Teatro Schaubühne de Berlín, The Wooster Group de Nueva York, entre muchos otros, han abierto para el espectador asiduo y a los estudiosos del teatro un arca de contenidos invaluables que han funcionado como un ejercicio de memoria del cual seguramente vendrán reflexiones y trabajos interesantes a partir de una revisión exhaustiva que no hubiera sido posible bajo otra circunstancia. La oferta mundial de la que se ha provisto la etapa de confinamiento es inmensa y variada.

En el caso que ocupa a nuestro país es importante mencionar la urgencia que requiere valorar la preservación del teatro como registro audiovisual, ya que los productos mostrados en las obras del Festival Cultural Digital Zacatecas 2020 o los archivos de la Compañía Nacional de Teatro, por mencionar dos ejemplos, no compiten con la calidad y el cuidado mostrado a nivel mundial. Ya no digamos en las formas espectaculares con las que el National Theatre graba sus producciones, dado el negocio alterno que esta empresa sostiene con las transmisiones a nivel mundial, pero sí con una atención al detalle de una perspectiva visual más comprometida a la acción en escena y una calidad de audio que permita percibir adecuadamente la representación.

Los tiempos de pandemia también han registrado la aparición del “teatro desde casa” con funciones en vivo vía Zoom. Sus resultados han sido desiguales porque intentan empatar el acontecimiento teatral a un medio que no le es natural. Habrá que seguirle la pista para ver si puede evolucionar o si solo fue un mero ejercicio contingente.

Digno de mención es el ciclo presentado por Teatro UNAM “Acción + Aislamiento: 15 ejercicios de liberación virtual”. En él artistas de diversas procedencias ofrecieron una interesante colección de perspectivas sobre el cuerpo bajo condición de encierro en videos de corta duración y con muy buena calidad de grabación. Además de los ejercicios, los espectadores pudieron observar un comentario crítico de la filósofa y artista de performance Miroslava Salcido y de la responsable de la curaduría de dicha propuesta Zavel Castro.

Si bien al momento de la redacción de este artículo los resultados de algunas convocatorias nacionales aún no se encontraban en circulación, el clima de saturación de productos culturales en línea como distracción a la emergencia sanitaria ya comenzaba a ser también extensivo al quehacer teatral virtual. Puestas en una encrucijada de funcionar como dispersión, circulando contenidos de bajo costo que no pueden ser remunerados en un futuro inmediato, o en calidad de ayudas provisionales, algunas de estas iniciativas se han mostrado como una mera cortina de humo a la debacle financiera y social que impactará a los integrantes de la comunidad escénica sobre cuyo futuro prevalece una incertidumbre desalentadora en lo referente a la convivencia y sus nuevos condicionamientos. En el tiempo que sigue a esta crisis sanitaria, el arte teatral tendrá que ubicarse dura y lentamente dentro de ese nuevo modo de relación y cambio que afectará a todos los espacios y costumbres de la vida cotidiana. ~


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