Cultura y democracia | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura y democracia

Juan Pablo Fusi

Espacios de libertad. La cultura española bajo el franquismo y la reinvención de la democracia (1960-1990)

Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017, 183 pp.

La cronología de los acontecimientos y procesos culturales, económicos o sociales no coincide, ni siempre ni necesariamente, con las de los políticos. El final del franquismo en España y la Transición democrática constituyen una buena muestra de estas desemejanzas. La erosión política del régimen dictatorial, a partir de la década de 1960, es mucho menor que la que afecta a la sociedad, a la economía y a la cultura. La transición política de la dictadura a la democracia pasa, necesariamente, por la muerte de Francisco Franco y la instauración monárquica en la persona de Juan Carlos I. En cambio, otras transiciones empezaron antes y acabaron favoreciendo, en su momento, la consolidación de una sociedad abierta. La dé- cada de 1960 supuso la auténtica salida de la larga posguerra iniciada en 1939 y el principio de un conjunto de cambios económicos –los planes de estabilización de 1959 como referencia inevitable–, demográficos, generacionales y culturales, en el sentido amplio de la palabra, desde la relajación moral al consumismo, que se encuentran en los fundamentos de la España actual.

De transiciones antes de la Transición trata el último libro de Juan Pablo Fusi, titulado Espacios de libertad. La cultura española bajo el franquismo y la reinvención de la democracia (1960-1990). Asegura este historiador, profesor durante muchos años en la Universidad Complutense de Madrid y exdirector de la Biblioteca Nacional, que la cultura española hizo su pretransición diez o quince años antes de la muerte de Francisco Franco. Los cambios en lo cultural contribuyeron, junto a otras muchas razones, a explicar que el franquismo no resistiera la muerte del dictador. La cultura y el pensamiento español se habían situado, sostiene, en “un horizonte moral e ideológico radicalmente distanciado del franquismo”; habían recuperado, en algún modo, el pulso de la modernidad. Fusi lo demuestra con erudición y argumentos convincentes en esta obra. Se trata, en lo esencial, del discurso que el autor leyó en el acto de su recepción en la Real Academia de la Historia, el 13 de diciembre de 2015. Había sido elegido miembro de número, en noviembre de 2014, en sustitución del fallecido Gonzalo Anes, que dejó vacante la medalla número 15. El discurso fue contestado por Carmen Iglesias, directora de la institución.

No se trata, como advierte el autor en las primeras páginas, de una historia de la cultura española en las décadas de 1960, 1970 y 1980. En este sentido, estamos ante un libro sustancialmente distinto de Un siglo de España. La cultura, que Juan Pablo Fusi dio a la luz en 1999. En este caso, el objeto de estudio resulta nítidamente definido: analizar cómo el pensamiento y la cultura españolas (desde la literatura hasta el arte, pasando por la historiografía, las ciencias sociales y el ensayo) “fueron replanteándose en aquellos años la realidad problemática del país; y cómo fueron creando, al hilo de ello, nuevos lenguajes para repensarlo, y para, por extensión, reinventar la democracia”. Abre el estudio, a manera de prehistoria, una introducción dedicada a la posguerra y el primer franquismo (“La posguerra como circunstancia”). Las circunstancias de José Ortega y Gasset, uno de los principales intelectuales de la época y exiliado como consecuencia de la Guerra Civil española, sirven como resumen de esta etapa: el filósofo no tenía lugar en aquella España. Su regreso, a finales de los años cuarenta, lo puso claramente de manifiesto.

Las cosas cambiaron, sin embargo, a partir de mediados de la década siguiente. El punto de arranque de la reflexión de Juan Pablo Fusi son las afirmaciones hechas por el filósofo Julián Marías, en varios de sus escritos de los primeros años de la década de 1960, sobre la existencia en España, en aquel entonces, de una “floreciente vida intelectual”. Algunas matizaciones se podían hacer, pero la esencia del argumento era cierta. La vida cultural de posguerra había sido superada y en este campo los cambios estaban resultando notables. A pesar de la censura, algunos intelectuales habían conquistado para sí espacios de libertad, desde editoriales a revistas, pasando por galerías de arte y alguna que otra cátedra universitaria. La lista de nombres propios es larga. También las culturas regionales estaban resurgiendo (Pla, Espriu, Aresti, Oteiza, Chillida, la Nova cançó, etc.). El futuro había empezado y la cultura española se instalaba, en los años 1960-1970, en palabras del autor, en “un horizonte cultural renovado, recobrado, crecientemente plural”. Las maneras de pensar España se transformaron profundamente, gracias sobre todo al desarrollo de las ciencias sociales y la renovación historiográfica –el papel de los discípulos de Ortega o de Maravall, Vicens Vives, Artola, Domínguez Ortiz y tantos otros fue decisivo–. Pensar España era, a finales del franquismo, en buena medida, pensar la democracia.

Algunas cuestiones recurrentes destacan en el fondo del pensamiento de aquellos años: la progresiva contradicción entre la España oficial del franquismo y la España real, los problemas del mal desarrollo hispánico, la articulación de España como nación, las reconciliaciones y la reinvención de la democracia. Esta última estaba, en cualquier caso, en el centro de todas las reflexiones. Del dilema monarquía-república de otros tiempos se pasaba, ahora, a la alternativa entre continuismo o democracia. Era necesario preparar, como aseguraba Julián Marías –el personaje clave del libro de Fusi que estamos reseñando–, el pluralismo. La distancia entre la cultura española de la época y el régimen era enorme. La cultura iba a ser, como fuerza democratizadora y europeizadora, un elemento importante a la hora de frenar toda perpetuación del franquismo después de Franco. La cultura española había hecho su pretransición, como asegura Juan Pablo Fusi en este interesante libro, diez o quince años antes de la muerte de Francisco Franco. La reinvención de la democracia en España fue, sin duda, una cuestión política, pero por encima de todo una reinvención del pensamiento. ~


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